
TARDES DE COLOR Y ARTE ROERICH
EN LA CIUDAD DE NUEVA YORK
Tan sólo unas palabras…
Petri Martin
Recién había llegado de China. No era un viaje turístico, nunca lo hago. Siempre que me he desplazado a un país ha sido junto a mi marido con motivo de un encuentro cultural y espiritual muy especial. Así ha sido durante más de 30 años. India, Rusia, y en este caso, China. Asistía a la boda de nuestro hijo Israel. Una oportunidad –brindada por las estrellas sin duda–, para profundizar en la vida cotidiana de China. Lei, la esposa de Israel y un encanto, hizo de intérprete y nos desentrañó todas las peculiaridades de este milenario y exótico país.
Tras una semana de descanso y revisar los cuadros del Museo en nuestra casa “Roerich Etxea”, que teníamos que presentar en una exposición a celebrarse con motivo del cumpleaños de Nicolás Roerich, partimos en avión, al otro lado del Océano Atlántico. La ciudad de Nueva York nos esperaba, en particular muchos amigos/as del Museo Nicolás Roerich y el propio Director Daniel Entin. Estaba contenta, todo parecía un regalo de Dios, tan sólo unos años antes no esperaba que pudiera hacerlo, y ahora aquí estaba, de nuevo en un avión, sin imaginar las sorpresas que me aguardaban.
Nueva York es como un “barrio entrañable”, multi-cultural y activo, nada que ver con las películas que vemos en el cine o la TV. Pensaba… por estas calles caminaron los Roerich… y ¿el Museo…? Una casita adosada de cuatro pisos y su ático, de entrada pequeña, pero grande su espacio interior.... Daniel Entin nos recibe expectante y de inmediato nos pasa al interior de la casa, para reunirnos en la cocina. Allí, sentados en torno a una mesita hablamos en forma intimista… y recordé tantos momentos vividos en la cocina de mi caserío, con Enrique F. Orfila, el Dr. Anantakrishna, Lamas Tibetanos, y otros… Después vimos poco a poco todo el Museo y todas las obras de Roerich. Son las pinturas emblemáticas de toda la vida.
Ahora me encontraba frente a Madonna Oriflama, ahí, delante de ella… la emoción recorrió todo mi cuerpo partiendo del corazón, y las lágrimas estuvieron a punto de brotar… me contuve… Leo, mi marido, susurraba… mira, allí está Helena… y allí… Nicolás… y allí la Madre del Mundo. Estaban todas las pinturas que conocíamos bien…, pero como reproducciones. Ahora eran… ¡las de verdad!
Cada tarde, durante varios días, las visitábamos, e hicimos reuniones de meditación rodeados por los cuadros Roerich. ¿Te imaginas?
También me hacía ilusión visitar la Estatua de la Libertad. Una mañana visitamos su isla. Daniel insistía en que lo hiciera. “La Estatua de la Libertad encarna el supremo ideal americano” –decía. Coronada por una estrella de siete puntas, representa los siete rayos de la psicología esotérica, que nos habla de los distintos caracteres de los seres humanos y de las naciones. Los símbolos masónicos están a sus pies. No podía evitar en pensar ¿cuántas veces fue vista y admirada por los Roerich y sus colaboradores, además de los esperanzados inmigrantes que buscaban la Tierra Prometida?
Ahora que he acabado de leer el libro “El Sari Rojo”, de Javier Moro, que relata la vida de Sonia Gandhi, nada mejor que despedirme con las palabras de J. Nehru, sobre Nicolás Roerich, que vi en un cuadrito del Museo:
“Cuando pienso en Nicolás Roerich me asombro del alcance y la gran cantidad de sus actividades y de su genio creativo. Un gran artista, un gran erudito y escritor, arqueólogo y explorador, tocó e iluminó muchos aspectos del esfuerzo humano. La variedad es extraordinaria - miles de pinturas y cada una de ellas una gran obra de arte. Cuando usted mira estas pinturas, muchas de ellas del Himalaya, parece que usted recoge el espíritu de aquellas grandes montañas que se elevaron sobre la Llanura India y que han sido nuestros centinelas en épocas pasadas. Ellas nos recuerdan mucho de nuestra historia, nuestro pensamiento, nuestra herencia cultural y espiritual no solamente del pasado de India, sino de algo que es tan permanente y eterno sobre India, que no podemos menos de sentir un gran sentido de endeudamiento con Nicolás Roerich, que ha plasmado aquel espíritu en estos lienzos magníficos.”
Jawaharlal Nehru (Diciembre de 1947)
Si vas a Nueva York, visita este entrañable Museo Roerich… No lo olvidarás.





