Museo de la Paz

martes
07 de septiembre de 2010
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Leo con Roge en la radio

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roge_blasco_3_ Roge Blasco: Nos vamos hacia el Asia Central, y lo vamos a hacer a través de Leonardo Olazabal Amaral, Director del Museo Bandera de la Paz Nicolas Roerich, Profesor de Meditación, que está retirado ya desde hace un tiempo en las montañas de Bedia, en donde ha creado la Editorial S.R.

LEO CON ROGE EN RADIO EUSKADI
VIAJE A MOSCÚ PARA LA PRESENTACIÓN
DEL LIBRO “EL CORAZÓN DE ASIA”
DE NICOLAS ROERICH
ENTREVISTA REALIZADA EL  21 DE OCTUBRE DE 2008


Roge Blasco es un popular periodista del País Vasco que empezó su trayectoria profesional en Radio Euskadi con el programa “Levando Anclas”, espacio que lleva presentando desde 1984 hasta la actualidad. Asimismo presenta en la misma radio el programa “La Casa de la Palabra” desde 1997. También presentó y dirigió en Euskal Telebista (ETB) el programa “Dr. Livingstone, supongo” (1988-1995), y en TVE 2 el espacio “Tierra a la Vista” en 1996.


Roge Blasco: Qué tal amigos, os adelanto el contenido del programa de hoy:


expedicin-roerich-asiaEstaremos con Leonardo Olazabal Amaral. que nos presentará el libro “El Corazón de Asia”, de Nicolas Roerich, un libro clásico ya dentro de las expediciones y de la arqueología. Lo escribió Nicolas Roerich, pintor entre otras cuestiones, ya que era un hombre polifacético, un hombre universal, que hace 80 años –ahora se celebra el 80 Aniversario– realizó un viaje al Asia Central que se recoge en este libro “El corazón de Asia”, el cual Leonardo Olazabal acaba de editar y traducir de nuevo al castellano. Leonardo también ha estado durante estos días en Moscú, en el Centro-Museo Internacional de los Roerich. Durante cuatro días ha habido una serie de Conferencias, con profesores venidos de diferentes universidades del mundo, además del embajador de Nepal y de otros lugares de los estados de la India, y también incluso cosmonautas. Nos hablará de cómo ha sido esta reunión de gente alrededor de la figura de Nicolas Roerich, y por otro lado hablaremos de lo que fue esa expedición al Corazón de Asia. Por aquel entonces, a principios del siglo XX, había lugares ignotos todavía en el centro asiático. Roerich recorrió en su expedición, China, Mongolia, el Tíbet, y otros lugares como por ejemplo, Siberia. Hablaremos de todo ello con Leonardo Olazabal, que bien conoce la figura de Nicolas Roerich.

Roge Blasco: Nos vamos hacia el Asia Central, y lo vamos a hacer a través de Leonardo Olazabal Amaral, Director del Museo Bandera de la Paz Nicolas Roerich, Profesor de Meditación, que está retirado ya desde hace un tiempo en las montañas de Bedia, en donde ha creado la Editorial S.R. Ediciones Shambala Roerich. Y desde hace muchos años, seguidor de N. Roerich, un pintor, arqueólogo, un hombre polifacético que nació allá por el año 1874 en Rusia, y murió en India en 1947, después de dejar una ingente obra que está repartida en diferentes museos por el mundo. Le damos la bienvenida a Leonardo Olazabal Amaral. Muy buenas noches, Leonardo.


Leonardo:  Hola, gabon, buenas noches Roge.


R.  Bien, ahora además te has metido en la aventura de editar lo que es “El Corazón de Asia”, uno de los libros que dejó Nicolas Roerich, que por cierto yo tuve oportunidad de leerlo hace bastante tiempo, en una edición argentina, ¿no?


L. Sí, probablemente la Editorial Kier, muy antigua.


R. Pero esta edición está revisada, y por otro lado, con un montón de fotografías de la época y de la actualidad.


L. Cierto, es una obra que era necesaria porque yo hace cosa de 35 años, tuve en mis manos “El Corazón de Asia” en francés, y luego poco después conseguí ésta que has leído tú, de Argentina. Y al abrirse la URSS y la herencia de los Roerich pasar de la India a Moscú, se han destapado cantidad de informaciones de los diarios, de los libros primeros y de un montón de documentos. Entonces, escuchando –porque ya había estado yo en varias ocasiones en Moscú–, me di cuenta que lo que se había publicado hasta ahora era, por decirlo de alguna manera, pésimo, faltaba texto, los nombres no estaban correctamente escritos, y me puse a la tarea de hacerlo. Pedí el permiso, me lo concedieron, y mira por dónde, 35 años después, quién lo iba a decir, he tenido el honor de publicar esta obra que para mí me ha colmado intelectual y espiritualmente.


R. Sí, además lo has presentado ni más ni menos que en Moscú. Has estado el 9 de octubre en Moscú, en donde se ha celebrado una gran reunión alrededor de Nicolas Roerich, con conferencias, con profesores venidos de diferentes partes del mundo, y hasta cosmonautas….


L. Sí. A mi mujer Petri y a mí siempre nos encanta ir a Moscú, porque en este Museo, –que es un palacio antiguo– se centra toda la actividad Roerich. Hay alguna otra herencia aquí, en la India y otra pequeña en S. Petersburgo, pero allí se concentra la mayoría, lo mismo que en Nueva York. Y siempre nos gusta ir porque en las Conferencias Internacionales que se celebran con motivo de su cumpleaños, a partir del 8 de octubre, se reúnen y participan varias academias de ciencias, de arte, además de diversas organizaciones, y ligas internacionales de paz y protección de la cultura. De hecho, suele estar allí el Centro para los Problemas del Pensamiento Cósmico, diversas fundaciones, y la que más me atrae a mí es la Academia Rusa de Cosmonáutica, porque ellos mismos tienen un papel importante en las ideas de Roerich, por ejemplo, en la Estación Espacial Internacional. Los propios cosmonautas han puesto muchas veces en el espacio, la Bandera de la Paz y de la Cultura creada por Nicolas Roerich. Y bueno, verles allí con unos años más, y estar junto a ellos, para mí era muy gratificante.


R. Sí, alguna vez lo hemos comentado y hemos hablado de las expediciones de Nicolas Roerich, y también de tus estancias en Moscú. Ésta es, por cierto, la cuarta estancia de Leonardo Olazabal en Moscú. Y esta vez con la presentación de la edición al castellano de “El Corazón de Asia”. Sí, decía que muchas veces hemos hablado de N. Roerich y de sus expediciones, pero recordemos quién es este personaje porque, claro, abarca tanto… conocemos la tarea de pintor, pero era mucho más, ¿no?


L. Bueno, él era abogado, porque los padres venían de una familia de juristas, y él accedió y estudió derecho. Pero realmente lo que le llamaba era el arte y se consumó como un gran artista desde muy joven; su propio profesor, Kuinji, dijo que él sería un personaje muy especial, un gran Maestro. Y como pintor destacó inmediatamente. Fue el primer defensor en Rusia de todo el patrimonio que estaba semiabandonado, realizó los primeros yacimientos arqueológicos en diferentes lugares, especialmente en la finca de sus padres, en Isvara, Leningrado. Éstas arrojaron una serie de éxitos que en aquella época empezó a llamar la atención públicamente. Nicolas Roerich vivió nada menos que las dos grandes guerras, y tuvo que moverse mucho, tuvo que emigrar y que viajar por el mundo, con sus dotes internas, ya que tenía una magia especial por decirlo de alguna manera –muy poco comprendida en su época–, pero que cuando estabas frente a él te dabas cuenta de que había un halo muy especial, al igual que en su mujer Helena y en sus hijos, todos grandes orientalistas. Nicolas se convirtió en muy poquito tiempo en un Ciudadano del Mundo que luchaba por las causas de la cultura en todo lugar. Decía que para erradicar la violencia había que dar cultura. Entonces él viajó a América invitado por la Academia de Arte de Estados Unidos, allí recorrió numerosas ciudades con unos 500 cuadros suyos. Inmediatamente se ganó la amistad de los científicos y artistas de la época, Einstein, Thomas Alva Edison, o el propio Rabindranath Tagore. Se hizo un grupo de intelectuales alrededor suyo que finalmente, entre masones, judíos y grandes empresarios, le financiaron la expedición al Corazón de Asia que en realidad empezó en Moscú, continuó en la India, y duró cuatro años, de 1924 a 1928, fue una expedición muy especial.


R. Estuvo en la India, China, Mongolia, Siberia, Tíbet. Y fíjate, él en la finca que has mencionado, la de Isvara, tenía un cuadro sobre el Kanchenjunga, y era algo que le atraía muchísimo, el Kanchenjunga que es uno de los ochomiles…, que además creo que lo has visto.


L. Sí, son de esas cosas que cuando estás en Darjeeling o en Sikkim, –en diferentes puntos de los Himalayas–, tienen costumbre de llamarte de madrugada porque hay un momento al amanecer en que la cima del Kanchenjunga aparece despejada, y luego probablemente permanece todo el día ya cubierta. El Kanchenjunga es una de esas montañas míticas, sagradas, espirituales, que en la India y en los Himalayas los grandes yoguis, los místicos, los lamas, la veneran. Es una montaña muy especial, se habla de ella que es la montaña de los Cinco Tesoros, no tanto por el hecho de que pueda contener tesoros físicos, como por el hecho de que ella en sí misma guarda una gran sabiduría. Porque allí nacieron libros y corrientes de pensamiento espiritual muy importantes. En cualquier caso, el viaje de los Roerich, podemos decir que fue una expedición al Asia Central, a estas montañas sagradas, pero también a sus grutas subterráneas, a sus valles, a sus colinas, donde se situaban hermosas lamaserías, algunas derruidas. Luego están los bosques, las praderas llenas de plantas medicinales, llegó a traer 3.000 plantas medicinales de este viaje de cuatro años, de las cuales se exponían una parte en Nueva York, y se estudiaban para diferentes problemas, entre ellos el cáncer. Y sobre todo, investigaron mucho en las leyendas y en las ciudades en ruinas.


R. La expedición era bastante extensa, sólo en animales de carga llevaban 102. Aparte de un montón de personas que le acompañaban, entre los que se encontraban estudiosos de todo tipo.


L. Sí, del norte de la India pasó a Ladakh, de Ladakh cruzaron el Karakorum, hicieron pasos de montaña que no se conocían, a 6.000 metros de altura, y que no figuraban en ninguna carta geográfica, y ellos descubrieron estos nuevos pasos. Investigaron y tuvieron acceso a lugares muy especiales. Salían teletipos y cuando llegaban a oídos de científicos de la época, se reunían con él en algún punto de la expedición. Andaban con él unos meses y luego se iban y se volvían a reincorporar otros. Llegó un momento en que había más de 100 personas en la expedición. Pero fundamentalmente estos cuatro años, el trabajo fue exclusivamente de Nicolas, Helena, Yuri, y un pequeño equipo de gente que estaba a su alrededor.


R. Yuri, que era uno de sus hijos. Y además, la labor fue impresionante porque también pintaba y creó más de 500 obras en el camino, durante este viaje.


L. Sí, y me he dado cuenta, porque se han dicho muchas cosas en estas conferencias, tantas que tengo que descifrarlas y pasarlas por escrito, –ya que nos ponen un traductor y nos tratan maravillosamente bien–, entonces es mucha la información que recibes. Parece ser que durante este viaje, muchas de las pinturas surgían después de investigar un yacimiento arqueológico, es decir, la pintura formaba parte de la investigación arqueológica. Por ello muchas pinturas no tenían título, los títulos se pusieron después. Él no hacía una pintura y la titulaba, sino que investigaba una leyenda, la escribía, hacía poesía de ella, destacaba los aspectos más esotéricos y profundos o científicos, y después hacía el cuadro. Llegó a crear, como muy bien dices, unos 500 lienzos, que la mayoría iban a parar a Nueva York por aquel entonces, y a colecciones privadas.


R. Llama la atención que la expedición que duró cuatro años, con tanta gente, tantos animales, que tenían que pasar pasos dificilísimos y altísimos, que fuera por una geografía totalmente ignota, y que además de todo esto, hicieran estudios y pintaran 500 lienzos y dibujos. Es que no perdieron el tiempo… Y aparte que casi no llevaban equipo quirúrgico por aquel entonces….


L. Sí, hemos tenido mi mujer y yo el honor de ver el equipo quirúrgico que llevaban, hemos visto incluso unas latas de Nescafé, cosillas que se han salvado de aquel entonces, las bolsas de agua que eran como las del oeste americano, y tambien los chalecos antibalas, necesarios ya que eran continuamente hostigados por los bandidos de por allá. Y bueno, hemos podido tocar y sobre todo ver documentos y objetos que pertenecen a ese viaje, porque luego hubo otros viajes también. Pero no hay que olvidar que los exploradores que han recorrido el Asia Central, hacían incursiones muy rápidas por el calor; en el desierto Taklamakan igual tenían un permiso para realizar tres meses de excavaciones y había que intentar descubrir algo en ese corto espacio de tiempo. Pero en el caso de la expedición Roerich no iban a descubrir cosas porque sí, sino que de alguna manera seguían una voz interior. Había una guía interior que él denominaba con la palabra “Kalagiya”, que significa: “Venid a Shámbala”, (que es como decir) a la parte espiritual de las cosas, no conformaros con los tesoros materiales, porque la vida está hecha de aspectos más profundos y más sutiles. Éste era el llamado. Entonces se puede decir que el viaje de los Roerich, fue tanto un viaje físico como interno. Fue un viaje al interior, que en el lenguaje budista-tibetano se denomina “Camino a Shámbala”. Es el lenguaje de la búsqueda de ese conocimiento y de esa sabiduría  que da sentido a la vida. Y ese sentido está plasmado en los cuadros de Roerich. Cuando ves esos cuadros te invade una emoción que te electrifica todo el cuerpo, y yo creo que era por lo que decía Nicolas: “Si mirando a los Alpes, intentas pintar los Himalayas, siempre faltará algo, porque los Himalayas tienen algo especial que no tienen las demás montañas.” Y es esta magia de los Mahatmas, de los Maestros de Sabiduría, la que falta.


R. Se trata no sólo de la expedición física geográfica, sino también, como dice en el libro “El Corazón de Asia”, la parte del viaje espiritual y místico.


L. La verdad es que en la sociedad materialista en la que vivimos, comentar estas cosas a veces asusta un poco. Sobre todo porque siempre se enseña o se muestra la parte más fea de la espiritualidad. Pero en el caso de Roerich estamos hablando de algo muy superior. Y todo lo que él nos mostró está muy protegido hoy día por Rusia. De hecho, nos contaron que en la universidad de Mongolia, en Ulan Bator, una estudiante hizo una tesis sobre esta expedición, y se rieron de ella, y los profesores le dijeron que eso no era importante. Bueno, pues el gobierno ruso ha interpuesto una denuncia formal a ese gobierno de Ulan Bator en Mongolia, para que tomen nota sobre el asunto. ¿Y por qué? Porque esta expedición fue muy especial, muy seria y muy científica. Hay una abundante documentación de todo lo que se hizo día por día, diarios muy profundos y muy científicos como digo, y para que se conozca más, próximamente figurará este trabajo en los textos escolares rusos. Entonces la parte que nos ha tocado a nosotros, de presentar esto ahora aquí, en lenguaje castellano y para España, ha sido eso, una pequeña aportación, un granito de algo mucho más grande de todo lo que hemos visto allí, y que claro, no da tiempo a contar.


R. Estamos con Leonardo Olazabal, editor del libro “El Corazón de Asia”, un libro de Nicolas Roerich en el que recoge lo que fue la expedición a principios del siglo XX de cuatro años por los caminos del Asia Central, por la India, por los Himalayas, por el Karakorum, por el Tíbet, por China, por Siberia. Esto fue una expedición que comenzó el año 1923, que por cierto, llegaron desde Francia hasta Bombay, y de allí a la ciudad de Darjeeling para ver el Kanchenjunga, luego por Sikkim hacia Ladakh, y de Ladakh por el Karakorum ya se fueron internando poco a poco hacia su objetivo. Y de esta expedición salió el libro “El Corazón de Asia”, pero también otros como “Shámbala”, que es esa ciudad que no sé si es real o mística, pero él sí que va al encuentro de ello ¿no es así, Leonardo?


L. Bueno, como los textos budistas más antiguos hablaban de este lugar, e incluso ya había escritos anteriores, él simplemente se limitaba a recoger esta información. De hecho, cuando él enseñaba fotografías de la época, dibujos y pequeñas pinturas de Nueva York, cuando veían los rascacielos de la época, de los años 20, decían todos: “Shámbala, Shámbala”. Y él se preguntaba por qué decían Shámbala, y es que en Shámbala debe haber torres, edificios, bibliotecas… tienen eso metido en la conciencia, y esto le llamaba la atención a él. De algún modo, parece que es un lugar etéreo, no físico, que algunas veces se ve para personas muy puras, muy especiales, y otras veces este lugar desaparece. Pero en cualquier caso, parece ser que hay una comunidad de seres muy espirituales, muy elevados que de algún modo son la avanzadilla de la humanidad del futuro. No podemos decir más por el momento, ya que no podemos concebirlo fácilmente.


R. Leonardo, ¿y desde cuándo estás interesado por la figura de Nicolas Roerich, y todo lo que le rodea, su obra literaria, sus pinturas, sus pensamientos…? Porque claro era de todo, filósofo, arqueólogo…


L. A mí me interesaba la arqueología, y en mi época cuando vine de Francia a vivir aquí a Bilbao, con 13 años –yo soy de Irún y a los 8 años marché a Francia–, estoy escribiendo ahora una novela sobre este tema, y creo que si puedo decir algo que ayude a los demás, mejor que mejor. Cuando vine aquí, como decía, a mí me atraía mucho la arqueología, pero aquí no se enseñaba, no tenía acceso, no era fácil. En la época de Franco todo esto era muy difícil, y en una familia normal trabajadora, más aún. Pero me acogió el padre Apellániz y me llevó a unas cuevas que hay aquí en Galdames y ese día encontramos la flecha más antigua de la época. Aquello ya me estimuló muchísimo, vi lo que era, y con el transcurrir de los años, comencé a interesarme por Asia. Siempre me ha interesado la vida de las personas que pueden enseñarnos algo. He podido entrevistar a yoguis y a personajes que ya no existen, y de todo lo que he visto me quedo con la figura de Nicolas Roerich, porque era sobre todo un Ciudadano del Mundo. Su conciencia va más allá de mirarse al hombro, o a su alrededor. Era un personaje que de alguna manera se ve que tenía alguna conexión con él, porque con los años me voy dando cuenta que están surgiendo cosas que yo no hubiera soñado. Y en ese sentido mi trabajo es una aportación más en esta sociedad en la que nos encontramos, para aquellos que quieran descubrir estos viajes, tanto físicos como espirituales.


R. Bueno, pues ahí está el libro “El Corazón de Asia”, de Nicolas Roerich, que se edita en castellano por Ediciones S.R. Nos lo trae el editor, Leonardo Olazabal que, por cierto y lo recordamos, lo ha presentado ahora el 9 de octubre en Moscú, en el propio centro del Museo de Nicolas Roerich.


L. De hecho, la Directora del Museo, la Sra. Shaposhnikova cogió el libro, lo levantó en el aire, ante las televisiones y los 600 invitados que acuden a las Conferencias, y todos los que estaban allí aplaudieron. Fue un momento muy bonito, porque son muchos años y muchos meses de trabajo en silencio aquí en el caserío, en Bedia. Un tiempo que requiere mucha concentración y mucho trabajo, y estas cosas no se ven…


R. El que quiera encontrar y el que quiera leer este libro “El Corazón de Asia” podrán hacerlo en…


L. Pues aún está por distribuirse (Distribuciones EDICULSA, Tfno. 91.870.02.28), y lo pueden ver aquí en nuestro museo. Ya os digo que el primer domingo de cada mes nos podéis visitar aquí en la Colina de Ereño, en Bedia (Bizkaia), donde tenemos el pequeño Roerich Etxea, un pequeño museo con reproducciones de las pinturas de Roerich. Y también quiero hacer una llamada al Gobierno Vasco y a la comunidad rusa del País Vasco, porque tenemos ahora la oportunidad de traer las pinturas auténticas de Roerich –yo tengo los contactos–, y hacer una exposición aquí o en alguna otra autonomía. También podemos hacer una exposición fotográfica del histórico Pacto Roerich de la Paz, con documentos auténticos de la época. Y si la comunidad rusa quiere visitarnos y ayudarnos con traducciones o de alguna otra forma, será bienvenida.


R. Sí, creo que en el Museo de Bedia tenéis muchas litografías de Nicolas Roerich.


L. Las que nos caben, porque podríamos exponer muchas más, pero no encontramos lonjas donde hacer esto.


R. Pues ahí está el teléfono de Leonardo Olazabal Amaral. Muchas gracias, Leonardo, que vaya bien con el libro.


L. Muchas gracias a vosotros.

 

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