Cuando exponían en el museo Nicolás Roerich de Nueva York los vascos Ignacio Zuluaga y Ramón Zubiaurre (y su hermano Valentín), así como el valenciano José Segrelles, corrían los años 30. Una época donde las naciones se miraban en el espejo del sueño americano. Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Lo nuevo se vuelve viejo y lo viejo da paso a lo nuevo en un ciclo sin fin. Y ¿qué es lo que permanece? ¿los suspiros? ¿las imágenes? ¿la conciencia?

Lo que permanece es el pensamiento, en la palabra escrita, en la música, en el trazo del pincel. Hay una carga psíquica, que se libera al leer, al escuchar una música, o al contemplar una obra pictórica. Una obra de arte es capaz, en medio de la desolación de una ciudad en guerra, de traer belleza a su entorno. Y lo mismo un buen libro y la música.

Sí, no importa cuán degradado esté el aire de una ciudad, o cuán fétida y apestada esté nuestra sociedad. El arte y la cultura universal repele los miasmas creados por las mentes oscuras. De ahí, que los no-éticos salidos de las cloacas, que pretenden dominar un País, lo primero que eliminan es la Cultura. ¡Defendamos la Cultura y el Diálogo! ¡Defendamos la Paz y la Belleza! Ello implica ser individuos éticos. Todos y cada uno de nosotros y nosotras debemos de convertirnos en ¡embajadores de la paz!

UNA NUEVA AURORA

Se hace necesario una gran luz, que se propague como un meteoro. Hay que buscar a aquellas personas que mantienen un mismo ideal, el del ¡amor por la humanidad! Y unirse a ellos y a ellas colaborando en sus proyectos, desde la transparencia y la sencillez, lejos de intelectos emponzoñados por el barro de su propio ego.

Sí, escultores, arquitectos, ingenieros, paisajistas, pintores, diseñadores y otros tantos más comienzan a trabajar con sosiego en pos del ideal de Belleza y Paz en todo el mundo.

Nuevas energías dibujan nuevas tendencias en estos tiempos y se abren paso en medio de la confusión. Nuestra decisión de querer hacer las cosas con ética atrae esbozos armoniosos que siluetean ambientes luminosos y saludables. Se trata de hacer lo correcto generando un nuevo aura y una atmósfera energética más saludable para nuestros nietos y futuras generaciones.

¿ES UNA FLECHA O UN PINCEL?

He aquí un pincel que vuela como una flecha hacia el horizonte de una nueva aurora. Ávido de expresar este deseo de consumar la Paz y la Belleza un artista se abre paso junto a su pintura y sus conferencias. Un espíritu justo, un alma recta, que tiñe sus pinceles desde la boca misma de sus tubos de colores para llevar la pureza al lienzo. Espontáneo y meditativo su corazón es un volcán imantado por las cumbres nevadas donde se encuentran nuestros Maestros anónimos, que a veces en su compasión nos envían las más preciosas señales.

Hablo del artista valenciano Antonio Camaró, conocido como “el artista de la paz y de la concordia”.

El Maestro ruso de las montañas y del color Nicolás Roerich solía decir: Donde hay Cultura hay Paz, y donde hay Paz hay Cultura.

Igualmente su hijo Svetoslav entendió el trabajo de su padre Nicolás a la hora de entrelazar los colores con la armonía de la Madre Naturaleza. Especializado como pintor retratista en sus principios sorprendía a la hora de reflejar la imagen espiritual y emocional de la persona retratada. Toda la familia Roerich se involucró en la actividad artística, científica, pedagógica, filosófica y de actividad pública teniendo como base las ideas de la vida ética. A ellos se unieron renombrados pensadores de su época como Romain Rolland, George Bernand Shaw, Rabindranath Tagore, Albert Einstein.

Antonio Camaró, conocedor de distintos sistemas filosóficos, ha sabido expresar este mismo ideal. En poco tiempo, este artista internacional está consiguiendo fijar una gran creación que ha de producir un pensamiento ético perdurable en la conciencia colectiva. Muy pronto será capaz de capturar en una pieza de arte la respuesta emocional tan ansiada por el público.

¡Estemos atentos!

Leonardo Olazabal Amaral

Nota de la Asociación ADA Roerich: Antonio Camaró y Leonardo Olazabal colaboran juntos desde nuestro Museo-Galería bandera de la Paz Roerich por expandir una Conciencia Ética desde el Arte, la Filosofía y la Cultura.