Aquí hoy en Shangri-La, cerca del cielo, el Museo se llena de luz, color, música e incienso puro de Egipto y Arabia. En el jardín Roerich la Bandera de la Paz ha sido izada. Que ondee su símbolo y sus bendiciones lleguen a toda España.
Bienvenidos,
Hoy, 24 de marzo, día del Maestro y del Agni-Yoga, os presento un trabajo literario que viene de la luz, a un mundo de oscuridad o cuando menos de convulsiones sociales.
Ya sé que se suele decir: Ha salido a la luz… en mi caso es al revés, ¡viene de la luz! A un mundo confuso y materialista. Y nada menos que en el año 2012, donde se anuncia el final del mundo tal y como lo conocemos hoy. Un año de corrupciones, de incertidumbres y de indignados, donde premeditadamente se está desmantelando nuestro estado de bienestar. Estoy deseando que llegue ya el año 2013, que será el año de la racionalidad y de la cordura, después de ver que no ha pasado nada extraordinario. A fin de cuentas la destrucción y la decadencia es parte del cambio y de la evolución.
Me sorprendió leer el otro día unas líneas atribuidas al Maestro que dice:
Nosotros conocemos vuestros libros,
pero ¿vosotros tenéis en vuestras
bibliotecas los nuestros?
Lo que quiere decir que “Ellos” tienen la facilidad de “ver” el trabajo realizado o las obras creadas, y esto me da que pensar…
Mi novela fue creada hace muchos años… y fue aparcada hasta que llegara su momento. Y ese momento ya ha llegado.
Se trata de una novela documentada, ya que hay referencias históricas relacionadas con hechos reales de mi vida. Otros relatos son fruto de experiencias meditativas y espirituales, o de sueños lúcidos y vívidos, relacionados con mis prácticas yóguicas. La novela es también un canto al mundo del péndulo o de la radiestesia. Se puede decir que es la primera novela dedicada a este arte psíquico. Tres monedas chinas y tres almas tan humildes como extraordinarias son los protagonistas.
Dividida en dos partes, la Primera titulada: “La Colina de laurel”, la vida transcurre entre las paredes de un caserío del siglo XVIII, en éste en el que ahora mismo os encontráis, un caserío con mucha historia como veréis pronto, asentado sobre una colina y rodeado de pequeños árboles de laurel.
La Segunda Parte está titulada “Kalagiya, el Canto de Shangri-La”, y está dedicada a Nicolás Roerich, a Francia, India y China.
Aquí, León, Cristina y Chandra son nuestros tres aventureros que llegan hasta las puertas o entrada de la mítica y obstinadamente buscada “Shámbala”, la Fortaleza de la Luz y de los Maestros de la Humanidad.
Sin miedo y sin misterios, los hermanos León y Cristina, se dejan guiar por una palabra de origen muy antiguo… Se trata de Kalagiya, es una llamada cuyo significado esotérico es: ¡Venid a Shámbala!… Kalagiya es el permiso o salvoconducto espiritual para iniciar el viaje que les llevará a los pies del Maestro.
Una vez que tiene lugar el encuentro con el Maestro, se dan las primeras lecciones, que servirán para orientar sus vidas y para comprender que todos nosotros debemos propiciar un mundo más saludable, luminoso y bello como paso previo a una Nueva Era más justa y humana. Lo mejor de todo esto es que las palabras del Maestro son tan sencillas como luminosas, sin ambages, emociones y disipando espejismos, tan abundantes hoy día.
Esta novela desprende amor, valentía y confianza. Amor, por el papel de los abuelos y la amistad irrompible de los protagonistas. Valentía, por la actitud de toda la familia en tiempos tan difíciles y confianza, por el mensaje de esperanza que se desprende en cada capítulo de la novela. La misma no tiene nada de mágico o extraordinario, salvo por el hecho de que lo que se cuenta es verdad. Es mi vida y mi esencia. Las vivencias relatadas son tanto humanas como espirituales, por eso no caducan.
Sus capítulos son como chispítas de luz que dan sentido a la vida, luciérnagas de conocimientos…
También hay nuevas revelaciones sobre los Roerich que no se conocían y que a partir de ahora me copiarán hasta la saciedad, como ya ha ocurrido anteriormente con otros de mis libros. La siembra ya está hecha. Ahora es responsabilidad del lector o lectora entender correctamente su mensaje.
Como dice Helena: “Regocijémonos porque las semillas que fueron sembradas están dando una buena cosecha”. Y también dice: “Un gran mensaje no puede ser absorbido por un oído mediocre”.
Por eso pienso que el mensaje debe ser bello y ponerse al alcance de todos para que al menos “algo les quede”. Así nacen mis libros, mis fotos y mis vídeos. De la nada y sin apenas recursos consigo realizar éstas mis creaciones que al mundo quiero dejar. Por el Yoga, por los Maestros y por vosotros.
Espero que os guste. Gracias por venir.