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Investigación en París

  Investigación…
Tras la pista de un retrato de Nicolás Roerich
pintado por Svetoslav

         Me desplacé a la bonita ciudad de París junto a mi mujer Petri y mi hija Idoia. Detrás estaba la investigación del paradero del cuadro “Nicholas Roerich with Sacred Casket” (Nicolás Roerich con el Cofre Sagrado), realizada por su hijo Svetoslav en el año 1928. Soñé con el cuadro en repetidas ocasiones, lo que no es extraño habida cuenta de que estoy las 24 horas del día dedicado al estudio de la ingente obra que ha producido el conjunto de la familia Roerich. Además una reproducción del mismo nos acompaña en nuestro hogar desde hace más de un cuarto de siglo. 
      Según informaciones de Internet procedentes de Estonia, este cuadro se hallaba en el Museo Luxemburgo de París, y desde hacía ya un mes y medio yo había iniciado una conexión epistolar con este museo, donde me informaron que muchos cuadros de aquella época fueron trasladados al Museo Nacional de Arte Moderno Georges Pompidou.
      Nos desplazamos entonces al Centro Pompidou para ver si esto era verdad, y comprobamos que la pintura no estaba allí. Así que, tras la visita de ciertos lugares especiales de esta esotérica ciudad, continuamos el trabajo epistolar y de investigación.
      Averiguamos que en el mismo Museo Pompidou figura otro retrato de Nicolás Roerich realizado por su hijo, pero se trata de otra pintura ejecutada en 1938. Esta pintura pertenecía al Centro Roerich de París, muy activo en la década de los años treinta, y que guardaban una colección de pinturas prestadas a ellos por el Museo Roerich de  Nueva York.
      Volviendo a investigar en Internet, un lugar donde se da por igual la buena información como también la basura y confusión informativa, nos encontramos con que se decía que el citado cuadro se hallaba en el museo del Louvre. Pronto pudimos comprobar que no era cierto, ya que desde el Departamento de Conservación del Louvre nos confirmaron que la mayoría de las obras ejecutadas por artistas nacidos después de 1820, fueron trasladadas al Museo de Orsay, y por lo tanto ellos no la tenían.
      Una vez puesto en contacto con el Museo de Orsay para obtener respuesta, la responsable del servicio de Documentación aseguró que el cuadro “Nicholas Roerich with Sacred Casket, de 1928” no figura en las colecciones del Museo, pero sugirió que consultara en el Museo Nacional de Arte Moderno de París, el cual conserva las obras de colecciones posteriores a 1914.
      También nos dijeron que según ciertos escritos, un lienzo de Roerich habría sido escondido –por la llegada de los alemanes en 1940– en una embajada de un país de Europa del Este, y que luego desapareció…
      Nada más lejos de la realidad. Ya que un tiempo después por fin descubrí que el citado cuadro nunca había estado en Europa y mucho menos en Francia. En palabras de Daniel Entin, Director del Museo Roerich de NYC: ¡el cuadro nunca salió de América! Lo tiene una persona particular, seguidora de Roerich, en su propio hogar en Arizona.
      Por lo tanto, queda desmentido que el cuadro se hallara en el Museo de Luxemburgo, como afirmaba la Sociedad Roerich de Estonia, ni tampoco se halla en el Museo del Louvre, como aparece en la web del Museo Virtual N. Roerich, que ahora tendrán que corregirlo.
      Por mi parte ¡Misión cumplida! El cuadro está bien localizado y bien hallado, ahora volveré a soñar con él de otra manera. ¿Me revelará algún secreto más de los que ya me ha hecho durante estos últimos años?
                                                            Om Tat Sat.
                                                 Leonardo Olazabal Amaral
    Shanga Maitreya del Museo Bandera de la Paz N. Roerich –Spain–
      

 

La bendita paz

LA BENDITA PAZ

En este día de ansiosa paz compartida
este día en que la concordia es anhelada
una reflexión os dejo de manera sentida
pues quiero ver esta Tierra apaciguada.

De poco sirve esa contienda inmoderada
que tantas vidas erróneamente sacrifica
el hombre en su arrogancia poco claudica
sólo persiste en ver la razón exasperada.

He aquí la bandera de la paz enarbolada
clamando ver en los hombres la armonía
cantando con ellos esa fraterna melodía
uniendo su brazos en una ronda soñada.

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Todos los fines de semana de verano

   MUSEO N. ROERICH (Privado y Educacional)

TODOS LOS FINES DE SEMANA DE VERANO

EN HORARIO DE 5 A 8 DE LA TARDE
ENTRADA LIBRE: PREVIA INSCRIPCIÓN

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Invitación al arte

INVITACIÓN AL ARTE
75 ANIVERSARIO DEL MASTER BUILDING
– CIUDAD DE NUEVA YORK –

En el año 1929, un sueño se hizo realidad. La primera piedra angular fue colocada en lo que luego se convertiría en el rascacielos de 24 pisos más original de la ciudad de Nueva York. Se trataba del primer edificio con ventanas en los ángulos del mismo, proporcionando luz a sus apartamentos y unas magníficas vistas exteriores. Además, contaban con un baño privado y espacioso, algo inusual en los hoteles-apartamentos de la época. Una placa de mármol negro nos recuerda que el edificio estaba dedicado al artista, a las artes y a la paz. El Edificio “El Maestro”, mira al bello parque y largo paseo Riverside.
Gracias a los esfuerzos de la Sra. Mildred Speiser –inquilina e historiadora– pudimos saber todo lo relacionado con tan emblemático edificio.
La visión y objetivo fue posible gracias al impulso de un grupo entusiasta de personas. Especialmente por el Sr. Louis L. Horch y el Profesor Nicolás Roerich. Hay que decir que el Sr. Louis L. Horch fue el principal mentor económico del edificio, llevando a cabo un cuidadoso y exitoso programa para el edificio de estilo “Art Decó”.
El edificio fue un centro neurálgico, donde se encontraban los principales representantes de la comunidad artística de Nueva York. Era eso mismo: ¡La Primera Comunidad del Mundo Moderno en la línea de un verdadero Ashram! Su objetivo era fomentar la belleza en el mundo, ya que la belleza es un poder real. Fue un punto de encuentro y atracción para los artistas de la época, y nada parecido se ha vuelto a hacer desde entonces.
Leonardo Olazabal Amaral

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Lapis Exillis

  LAPIS EXILLIS
El Tesoro del Mundo

 Llamada La Piedra Negra y del tamaño del hueso de un melocotón, resulta ser la Joya más preciosa, el péndulo más preciso, que el ser humano ha llegado a ver y tocar… jamás.
 Su radiación invisible, lejos de los rayos X de Madame Curie, han servido de guía a reyes y gobernantes de Corazón Puro. Así fue en el pasado… El Rey Salomón, rey de Israel, considerado el hombre más sabio y justo de la historia; Akbar el Grande (1556-1605) en la India, antiguos emperadores y reyes de China, Mongolia y Tíbet, la tuvieron –en su cofre de marfil– durante el tiempo suficiente como para crear nuevos estados y civilizaciones.
 Es el tesoro mejor guardado del mundo. Un meteorito, que cayó del cielo hace millones de años, con una carga condensada de información vibrada procedente de la Constelación de Orión.
 ¿No fue, mirando a esta región del Espacio Cósmico que empezó todo el Zep Tepi, la Edad de Oro del Saber del antiguo Egipto predinástico, el período real de la Esfinge?
 La Piedra Negra tenía y tiene –aún hoy día– la extraña cualidad de que ningún alma oscura, ningún ser abyecto, ningún corazón seco, se acerque a ella.
 De hecho, a su poseedor, avisa a tiempo de todo acontecimiento, ya sea negativo o positivo:
* Cuando se oscurece… significa: Cuidado, camino incorrecto…
* Cuando una estrellita o diminuta esfera de luz brilla sobre ella: Éxito asegurado.
* Cuando teniéndola en la mano, se vuelve más pesada de lo normal: Peligro, accidente, batalla, sangre, conspiración.
* Cuando hace vibrar las corrientes nerviosas y los chakras menores de la mano: Honores, reconocimiento, sensibilidad.
* Si su poseedor tiene sueños con el fuego, avisa de convulsiones planetarias y guerras cercanas.
* Cuando la piedra permanecía estable, como un guijarro más, ello indicaba que todo estaba bien, y que el camino estaba despejado, que todo era correcto.
 La Chintamani es conocida desde tiempos inmemoriales en las regiones del Himalaya. Y como Lapis Exillis se la conoció en las Escuelas Antiguas de Sabiduría Eterna de Occidente. No las de ahora, que no son nada más que unas expendedurías de cursos variopintos, creados para el enriquecimiento propio y el sustento de una economía basada en el sibilino marketing empresarial, y dirigidas por individuos que no superan la media de la estatura humana.
 Sí, Lapis Exillis desenmascara a los poseídos, a los místicos de postín, a los tiranos, a los vestidos con las tinieblas del bajo astral, a los mercaderes que venden sombras y toda clase de espejismos… a los iluminados que no lo son.
 ¿Cabe mayor poder y gloria que este don? La calidad humana, mental y espiritual del poseedor de La Piedra Negra, ha de ser lógicamente excepcional. Individuos, hombres o mujeres, de gesto sencillo, mirada luminosa y carácter de toro… Sí, he dicho de toro, porque se requiere de una gran Fuerza de Voluntad, para dirigir a una masa humana que se rige más por los caprichos de su cuerpo, que por tener la mente de un iniciado, los leales “Caballeros de Shámballa”. Sí, ese ejército que sigue la máxima de San Agustín: “Señor, dame la voluntad de actuar según tu voluntad”.
 Cuatro de estos seres que trabajaron desde la Supraconciencia, fueron:
 Nicolás K. Roerich, su mujer Helena I. Roerich, y los hijos de ambos, George y Svetoslav.
 Un 6 de octubre del año 1923, la Plaza Vendôme de París se iluminaba no sólo con los primeros rayos luminosos del amanecer… sino con los rayos de la luz proveniente de un cofre sagrado del siglo XIII que contenía la Joya de los Maestros… La Chintamani, El Tesoro del Mundo, que Nicolás inmortalizó luego en varios de sus lienzos.
 Esa mañana en París, las Fuerzas de la Luz provenientes de la Gran Fortaleza de Shámballa, arribaban como un paquete postal más, pero con todo su poder y grandeza, disimulada y no percibida por el ojo ordinario. Así llegó a manos de los Roerich.
 La Piedra Negra de la Fraternidad de Maestros del Himalaya (obsérvese que no digo Maestros Ascendidos), tomaba una nueva misión, ahora en manos de los Roerich, con motivo de su partida a la lejana India. La Travesía en el buque a vapor “Macedonia” no sólo llevaba a gente curiosa o interesante, sino que esta vez, varias almas custodiaban un cofre, que contenía el Mayor de los Tesoros… Un tesoro que debía salvarse de la desolación y oscuridad que iba a acontecer en las décadas siguientes por todo Occidente.
Leonardo O. Amaral
Director del Museo Bandera de la Paz N. Roerich
Para saber más: www.shambala-roerich.com:
Es curioso que cuando escribía este artículo en la mañana (11 A.M.) del día de Luna Llena del 2 de diciembre de 2009, recibo un paquete de correos certificado, que viene del Museo de Nicolás Roerich de Nueva York, conteniendo un ladrillo del rascacielos “Master Building” de 1929, donde estuvo el glorioso Museo Nicolás Roerich.

 

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