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Invencible

 

India, el loto sagrado y resplandeciente, acogió entre sus radiaciones divinas a la familia Roerich. Nicolás, Helena y sus hijos Yuri (George) y Svetoslav, incorporándose poco después la que sería la mujer de este último, la Sra. Devika Rani, cuya digna presencia era reverenciada en toda India. Los Himalayas (Darjeeling, Kalimpong y Kulu) fueron su hogar, su jardín y su laboratorio de trabajo. En este espacio sagrado, la totalidad de los Roerich desarrollaron al máximo sus cualidades artísticas, filosóficas y científicas, mientras que el lado espiritual de cada uno de ellos, resplandecía como las auroras boreales, mezclándose con los altos efluvios y rayos cósmicos que sólo en un lugar como en los Himalayas se pueden dar.

Ellos mismos fueron un depósito de conocimiento vertido desde los ashramas superiores, para traer al mundo una nueva psicología espiritual, ¡la de la Síntesis! Kulu y después Kalimpong fueron dos grandes columnas de fuego por las que se podía ascender al Infinito y luego bajar trayendo la “Memoria de las Edades”, depositada allí por los antiguos Rishis y Yoguis, y anclarlo en lo Supramental.
El Agni-Yoga recoge los valores del Universo y de sus Jerarquías Creadoras. Le llaman el Yoga desconocido del Fuego, por sus distintas manifestaciones en función de cada Plano Cósmico. No están sino unos pocos preparados para comprenderlo. Pasarán muchas generaciones antes de que pueda entreverse su completa aplicación. Pero no importa, el hecho es que Nicolás y Helena nos dejaron muchas señales en su camino. Una de ellas, ¡sus lienzos! Pinturas que evocan en nosotros el pensamiento abstracto, una comunicación más allá de las palabras, donde los símbolos cobran vida y una identidad vibratoria reconocible. Otras, sus artículos y escritos.

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Esta obra es la primera dedicada a Lapis Exillis o Chintamani

CHINTAMANI

Autor: Leonardo O. Amaral

 Esta obra es la primera dedicada a Lapis Exillis o Chintamani.

Custodiada en lo que se ha dado en llamar La Fortaleza de la Luz,
un fragmento de la misma, guardada en un cofre alemán del Siglo XIII,
acompañó a los Roerich durante una gran parte de sus vidas con un
cometido especial.

En un pasado muy remoto, antiguas Escuelas de Sabiduría, la conocían
como La Piedra Negra de Shámbala, y también El Meteorito de Orión, al decir de los Rishis y Mahatmas que la veneran.

Ante un corazón puro llega a despertar los sentidos supersensorios de este.

Tocarla te permite ver los tonos maravillosos de la Vida.

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Reflexiones sobre “las cuatro leyes de la espiritualidad” de Sai Baba

REFLEXIONES SOBRE “LAS CUATRO LEYES DE LA ESPIRITUALIDAD” DE SAI BABA.

“Cuando algo termina, termina”. Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia. Creo que no es casual que estén leyendo esto, si este texto llegue a nuestras vidas hoy; es porque estamos preparados para entender que ningún copo de nieve cae alguna vez en el lugar equivocado! Vive Bien, Ama con todo tu Ser y, sé Inmensamente Feliz.

LA PRIMERA dice:
“La persona que llega es la persona correcta”, es decir que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación.

LA SEGUNDA ley dice:
“Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido”.

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Falta de rigor y de conocimientos verdaderos

Revista “Más Allá de la Ciencia”
Me gustaría realizar una serie de reflexiones en torno al artículo “El último secreto de Shamballa. Misterios y profecías acerca de un lugar místico”, nº 255, realizado por Alex Muniente. Para empezar, considero que el título que se plantea resulta de una magnitud y complejidad que en principio muy pocos expertos se atreverían a abordarlo y mucho menos de una manera tan ambigua y tan poco centrada, como se ha desarrollado en este escrito.
Si de por si el tema resulta difícil y resbaladizo, lo que obviamente requiere la consulta obligada de numerosas fuentes bibliográficas caracterizadas por su rigor y seriedad, no lo es menos a la hora de tratar la figura de Nicolás Roerich, que ante todo y por encima de todo era un auténtico científico y, por supuesto, un reconocido académico. Todas las aportaciones que realizó este pintor ruso fueron siempre planteadas bajo perspectivas científicas, concretadas en análisis y comparaciones empíricas hasta donde se podía. Por este motivo, no entiendo como se acomete una temática relacionada con la vida y obra de Roerich sin el mismo rigor y seriedad que el propio Roerich mantuvo durante toda su vida.

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Un precioso Museo en Manhattan

Un precioso Museo en Manhattan
El Museo de Nicolás Roerich

Más de 25 años de correspondencia –espaciada en el tiempo– con Daniel Entin, iban a materializarse en un expectante abrazo fraternal. Habíamos tenido puntos divergentes entorno a ciertos asuntos que ya se aclararon con el tiempo, y ahora tocaba vernos las caras. No en vano él es el mayor representante de la herencia de la familia Roerich en América. Y así fue. En nuestros encuentros diarios, había paseos, silencios llenos de comunicación abstracta, risas y respuestas… muchas respuestas. Mi mujer Petri, e Iñigo, que hacía de traductor, estaban felices de vivir éste momento.
Este edificio construido en 1898 se halla situado en la calle 319 West 107th, y fue adquirido a petición del Maestro a través de Helena Roerich. La correspondencia mantenida con Sina L. Fosdick entre 1948 y 1949 así lo demuestra. Tres de las cinco plantas de la casa, están dedicadas a los cuadros de Nicolás y de su hijo Svetoslav. Aparte están los archivos, la oficina y la sección de libros. Su director Daniel Entin, cuenta con la ayuda en secretaría de la encantadora Aida Tulskaya, Gido y Natalia. También hay voluntarios ocasionales como Jean Fletcher de Canadá, que viene varios meses al año para ayudar en el Museo. Hay mucho trabajo de investigación y sobre todo de digitalización de los materiales que hay en los archivos. La correspondencia es abundante y se necesitan muchas horas al día para contestar a todos los interesados. Todo aquél que visita el Museo se mueve libremente por sus serenas habitaciones. En un hueco, hay una mesa con un ordenador para consultar los trabajos de Roerich ahora digitalizados. Todo el ambiente es muy tranquilo. Le preguntamos a Daniel cuál era su pintura favorita y nos dijo: “unas veces una, y un tiempo después otra. En otras ocasiones parece que las pinturas me regañan como diciendo: ¡eh!, ¡ hace tiempo que no te fijas en mí !”
Pudimos ver también el piano de Sina L. Fosdick de 1920. ¡Cuántos conciertos se habrán dado en él, dedicado a los Maestros y a los Roerich…!
En el fondo del Museo hay un pequeño jardín con un pino por el que traviesas ardillas van y vienen hasta la ventana de la cocina. Ellas reclaman su comida acostumbradas como están a las nueces y avellanas que Daniel les deja cada día. También se escucha el canto de los pájaros y en el tejado dos palomas parecen meditar junto a las ventanas que dan a los cuadros de Roerich. Ahora, al parecer, las cenizas de Sina se hallan esparcidas en el jardín junto a las de otros discípulos/as y colaboradores/as. ¡Qué solemne y natural es este sitio! Mandamos nuestros mejores pensamientos y tras hacer unas fotos, salimos del jardín para admirar muchos de los objetos budistas procedentes de la famosa expedición al Corazón de Asia.
Los días fueron pasando… completamos nuestros proyectos y fuimos premiados en varias ocasiones, también hubo intercambio de regalos. Pero lo mejor de todo fue ver nuestro “propósito común” y la necesidad de aclarar cosas, ahora que Roerich está cobrando tanta fuerza e importancia en el mundo, y que ávidos “cazadores de éxitos” buscan renombre escribiendo -cualquier cosa– sobre los Roerich. Reforzaremos este puente con nuevas visitas… sueño con ello.

Se dice que cada uno tiene su Nueva York, el nuestro es el Nueva York de los Roerich.

Leonardo.