“Acerca del uso espiritual del péndulo en el Antiguo Tíbet, la Enseñanza habla acerca del péndulo que situándolo sobre la cabeza del que se presta a la prueba, comienza a hacer movimientos u oscilar, indicando la correcta o no condición de la conciencia del discípulo. Este experimento lleva su tiempo, ya que requiere concentración y una completa inmovilidad”.

(Corazón, Serie Agni-Yoga)

“Un experimento realmente antiguo es la utilización de la varilla de avellano, que se pone en movimiento reaccionando ante las aguas y minerales subterráneos. Es evidente que el origen de esta forma de detectar no está en la rama, sino en el instrumento humano”
(Comunidad, Serie Agni-Yoga)

El ser humano se halla sumergido en un océano de radiaciones –conocidas y desconocidas–, cuya energía se propaga a través del espacio (Éter) o por medio de conductos naturales o artificiales. La radiación de tipo electromagnética y las emisiones radiactivas, son bien conocidas. Pero hay otras de origen desconocido, aunque no tanto para el radiestesista, que es capaz con su péndulo y su mente, de captar otras ondas o informaciones a las que da nuevos nombres, desconocidos para la ciencia física o mundo científico. Entre ellas, ondas de forma, rayo fundamental, campos de infoenergía, o como me gusta denominarlo a mí, Respuesta de la Fuente Primordial o Primigenia, RFP.

¿Pero qué es la Radiestesia?

La palabra Radiestesia fue creada hacia el año 1890 por el abad Alexis Bouly quien fundaría la Sociedad de Amigos de la Radiestesia. Este cura francés tenía una sensibilidad especial. Provisto de un péndulo hecho de madera, (metal o mineral), y suspendido éste de una fina cuerda o cadena, convenía con su propia mente una suerte de recepción –parecido al Internet de nuestros días– que le permitía localizar todo aquello que con los ojos físicos no se podía ver. Son innumerables las experiencias radiestésicas, entre otras, la localización de objetos perdidos, el alumbramiento de pozos de agua, vetas minerales, la localización de proyectiles, obuses y minas que permanecían enterrados sin explotar de la Primera Guerra Mundial, siendo capaz incluso de indicar si eran de fabricación francesa, alemana o austriaca, lo cual facilitaba mucho la labor de los artificieros. Fue capaz de adentrarse en el mundo de las vibraciones microbianas y de estudiar su naturaleza y efectos en el ser humano. Alexis Bouly fue capaz de identificar cultivos microbianos sellados en tubos de ensayo donde no se mostraba etiqueta alguna. Pero volviendo al término de Radiestesia, diremos que está compuesto por un lado de la raíz latina “radius”, o sea radiación, y por el otro de la griega “aisthêsis” que significa “percepción o sensibilidad”, y habría de servir para designar al viejo arte de los zahoríes y de la rabdomancia, que utilizaban la varilla y el palo o baqueta. De esta manera se intentaba mostrar este noble arte con un carácter más científico y no como una práctica adivinatoria y misteriosa, tal y como la veían muchos sobre todo en el pasado. Esto no tiene nada de misterioso y aunque así lo pareciera, ya lo dijo Albert Einstein “La experiencia más hermosa es la búsqueda de lo misterioso. Esa es la verdadera fuente de todo arte y toda ciencia”. Así tenemos que Radiestesia es la capacidad de “sentir e identificar las radiaciones energéticas de diversa índole”, y sobre todo es un método para obtener respuesta a cada una de nuestras necesidades.
Grandes radiestesistas siguieron el sendero marcado por Bouly, como el Padre Jean-Louis Bourdoux, quien se especializó en el estudio de las plantas medicinales brasileñas, seleccionándolas y obteniendo la información de sus principios activos con el péndulo, y que más tarde sirvió como cepas para los homeópatas de Francia. El Padre Mermet fue el creador del método del “diagnóstico pendular”, que sirvió para hallar la causa de las afecciones ocultas y enfermizas, tanto en los animales como en los seres humanos. Más tarde, este método serviría como método de consulta a los radiónicos, además de algunos homeópatas y practicantes de la medicina natural. También fueron muchos los misioneros que utilizaron las nociones prácticas de la Radiestesia en diferentes lugares del mundo. El padre Jean Jurion hizo acopio de historiales clínicos correspondientes a más de 30.000 pacientes a lo largo de un cuarto de siglo, sin ser doctor, siguiendo el mandato de Cristo sobre la prioridad de “sanar al enfermo”. A estos le siguieron una pléyade de investigadores que van desde Léon Chaumery, André de Belizal, el Dr. Aubrey T. Westlake, Georges De la Warr, David Tansley, Ralph Harris, Bill Cox, Antoine Luzy, Greg Nielsen, Alfred Lambert y Emile Christophe, que fue el primero en emplear la expresión de “telerradiestesia” para designar la búsqueda a distancia sobre un mapa.

Hoy día, ya se sabe que este arte fue practicado por los antiguos egipcios (véase los trabajos de André de Belizal), quienes se guiaban sirviéndose del péndulo tanto en sus navegaciones, como en el desierto y en los subterráneos que conducían a los templos secretos. También se practicó en China dos mil años antes de Cristo, y en la Prehistoria para la caza usaban un palo agujereado por el que introducían el dedo, y suspendido en el aire les indicaba la dirección de la búsqueda del animal adecuado. Incluso en la Biblia se relata el uso de la palomancia o baqueta, cuando Moisés toca el suelo y surge un pozo de agua.


Dado el carácter tan aparentemente poco científico del pendulista -y eso que vivimos hoy día rodeados de artilugios como el teléfono móvil e Internet, que son accionados con un simple dedo, al igual que el radiestesista–, no es de extrañar que surjan numerosos bufones públicos que ataquen este arte empírico que al no poderse explicar, dicen que no puede existir. Y es que el científico no puede meter la Radiestesia en su universo racional, pues se escapa a todas las leyes conocidas y se adentra en un mundo holístico. Incluso va más allá de la física cuántica, para convertirse en un camino interior, o lo que es lo mismo, la Radiestesia al igual que las técnicas orientales del Raya-Yoga y la Meditación, no tiene nada que probar, nada que explicar, se trata de experimentar en silencio, con humildad y serenidad. Al pendulista no le importa conocer la naturaleza de la radiación o el medio por el cual le llega la información. Lo que le interesa es saber de su existencia. Da lo mismo que se diga que su facultad se debe a esa parte hoy día insensibilizada Zona Cero del cerebro. O que el sistema nervioso humano es el detector más sensible del mundo, capaz de captar con el inconsciente lo que la mente consciente no percibe. Que el tono muscular adecuado y la concentración mental facilitan la reacción radiestésica, siendo ésta de origen neurovegetativo. O que en un nivel más elevado corresponde a la Supramente, un campo mental de naturaleza espiritual que se expresa a través de la Supraconciencia, como lo hacen los yoguis de la India o los lamas tibetanos. A fin de cuentas, para un pendulista lo importante es que funciona, siendo uno de los fenómenos más antiguos de la humanidad. Dios ha puesto en el hombre un cautivador arte que abre perspectivas de investigación y evolución increíbles.

Desgraciadamente, una gran mayoría de los seres humanos –que no todos– se aferran al falso concepto del materialismo. Creen que el cuerpo físico es algo mecánico y tubular por donde transcurren la alimentación, el aire que respiramos y poco más. No ven su naturaleza energética con su complejo sistema de entramado sutil que sigue las leyes del orden natural más allá de la propia dimensión física.

La energía que detecta el zahorí con la varilla o el radiestesista con su péndulo, según Gilbert Le Cossec, “no es ni corpuscular ni ondulatoria, sino que va más allá de la luz. Podría estar relacionada con la diminuta conciencia de la hipotética partícula taquión, un campo de infoenergía que está liberado del concepto del espacio y el tiempo tal y como lo conocemos que se mueve a velocidades superlumínicas, y que permitiría buscar nuestras informaciones al final mismo del universo, lo que convierte a la Radiestesia en una herramienta más interesante que el propio Internet”.

Todo el mundo puede desarrollar las cualidades de la Radiestesia, unos más fácilmente que otros, y sin entrar en profundidades podrás elegir el oficio ideal para ti. La casa, piso o lugar más recomendable para vivir. Elegir entre varios coches o vehículos que menos te van a fallar. Programar tu destino de vacaciones entre las más variadas ofertas. Puedes incluso ver qué empleados son los más recomendables para tu empresa, los más eficaces y menos egoístas. A qué colegios enviar a tus hijos. Qué medico o sistema de curación es más recomendable. Y ver los alimentos que te son más adecuados. Testar el porcentaje de éxito o no empresarial de un parque temático en una zona determinada. Buscar un ferry desaparecido cuando navegaba en alta mar. Todo esto y mucho más aguarda al sincero buscador. Podrás sintonizarte en forma óptima con el objeto buscado, como se sintoniza una emisora determinada de la radio, tan sólo moviendo el botón del dial, lo que permite que resuene el circuito electrónico con la emisora en particular, discriminando el resto. Bien, esta función la hace el cerebro en el radiestesista, el hemisferio izquierdo pregunta y el hemisferio derecho responde tras haber sintonizado y resonado con el objeto de la búsqueda. Sólo se necesita la capacidad de concentración, relajación y desapego. Estará la explicación en la llamada onda evanescente, que viaja a una velocidad superior a la velocidad de la luz en el vacío (equipo de Nimtz-1992). Como dice: E.C. George Sudarsham referente a las subpartículas como el taquión: “Si existieran, sería preciso encontrarlas; si no existieran, sería preciso explicar por qué”.



Ahora bien, el péndulo no es un oráculo, no es omnisciente, hay que considerar las motivaciones e intenciones, y en cierto modo antes de iniciar una búsqueda, hay que pedir permiso para no ir en contra de las Leyes de Causa y Efecto, y del respeto universal. El péndulo se mostrará impreciso cuando nuestras intenciones son egoístas, las propias frecuencias de este bajo deseo interfieren bloqueando la respuesta, si se me permite expresarlo de una manera tan simple.

Por último, diré:

– Con el péndulo, lo desconocido puede llegar a ser conocido.
– Es usted un explorador cósmico, más allá del simple internauta o navegador virtual de la red de Internet.

– Su conciencia viajará hacia nuevas dimensiones y se adentrará en los secretos de las civilizaciones del pasado. ¿Fueron hindúes los que construyeron los Moais de la Isla de Pascua? ¿Las Pirámides de Egipto son de origen Atlante? ¿Existió un continente al que denominamos Atlántida? ¿Esta fotografía OVNI es auténtica? ¿Hay agua en Marte? ¿Este personaje televisivo o político es honesto? ¿Merece la pena la lectura de este libro? ¿Se puede confiar en el mensaje canalizado de tal médium? ¿Es perjudicial el flúor del agua del grifo? ¿Los círculos de las cosechas son de origen humano? ¿Los antiguos faraones utilizaban el péndulo?
– De acuerdo a su actual nivel espiritual, le será revelada cosas que ni imaginaba, y un mundo nuevo emergerá ante sus ojos.

– Para ello, ha de cultivar la bondad, la sinceridad y el descanso físico y mental. Ha de procurarse una calma emocional y una paz profunda a nivel del espíritu.


Como a los Maestros de la Antigüedad, los secretos le serán revelados y los tesoros encontrados, y esto no tiene nada que ver con esos cuentos del estilo de Harry Poter y de El Señor de los Anillos. Para anillo, el Anillo Atlante de Belizal usado como péndulo, no lo olvides.

Leonardo Olazabal A.

Radiestesista – Radiónico