Entrevista a Leonardo

Radio Euskadi

Programa “Levando Anclas”

Emitido el 24 de junio de 2012.

  Roge Blasco: Amigas y amigos, bienvenidos a “Levando Anclas”. Nos sintonizáis a través de Radio Euskadi, domingos y festivos de 10 a 12 de la noche. Ya estamos a punto de embarcarnos en aventuras que nos llevarán a vivir casi 120 minutos de intensidad, y al final del programa nos iremos a Shámbala. Lo haremos a través de Leonardo Olazabal Amaral, una persona inquieta por temas culturales y espirituales, muy vinculado al caserío vasco y también al orientalismo.

Vive en un baserri centenario en las montañas de  Bedia y sueña con Shangri-La. Ha escrito una novela con muchas notas autobiográficas, que se mueven entre Irún, Francia, Bilbao, India, China, Tíbet y Rusia, y entre ellos está el tema de Shangri-La, esta ciudad mítica del Himalaya. Estamos con Leonardo Olazabal que ha editado una novela, cuyos protagonistas y las escenas parten de los montes vascos y llegan hasta la mítica Shámbala.

Leonardo Olazabal es Instructor de Raja-Yoga, en su caserío de las montañas de Bedia, en Bizkaia, ha fundado el Museo Bandera de la Paz Cultural Nicolás Roerich, en donde se cuelgan litografías de este explorador, filósofo y artista ruso.

Leonardo conoce los rudimentos de la Radiestesia desde su infancia, publica su primera novela con el título de “La Colina de Laurel & Kalagiya, el canto de Shangri-La”, un libro con bastantes hechos autobiográficos, con escenas en Irún, donde nació hace 58 años, también escenas en el sur de Francia, en Bilbao, en India, en China, en Tíbet y Rusia.Leonardo, bienvenido, buenas noches, gabon.

Leonardo: Hola, buenas noches, gabon.

Roge: Una novela que abarca bastante tiempo, desde la postguerra hasta la actualidad, y desde los caseríos de las montañas vascas, hasta las montañas sagradas de China.

Leonardo: Pues sí, así es. Es una novela que expresa mi pasión por Oriente y por la búsqueda espiritual de Shámbala, porque al estar 30 años en el mundo del Yoga, al estar entre Maestros de India, hacer viajes a ese país, traer a mi Centro de Yoga aquí en el País Vasco a los primeros monjes tibetanos en el año 1978, al final siempre oí hablar de la leyenda de Shámbala, y… aquello siempre fue como una música de fondo en mi mente y en mi corazón. Muchos años después, –cuando he tenido la que creo yo suficiente experiencia–, la he volcado en lo que es en mi primera novela. Antes he escrito seis libros, todos de temática de Yoga y de Filosofía Oriental, y ahora este séptimo libro es una novela que viene de la luz a un mundo de oscuridad. Ahora que están desmantelando nuestro estado de bienestar, esta novela es un faro de luz para esas personas que buscan algo más. Entonces consta de dos partes, como muy bien has dicho: “La Colina de Laurel” que trata más del País Vasco, de la vida en el caserío, y luego está una segunda parte un poco más profunda, lo que es ya un viaje no solamente físico sino también mental, a nivel de Supraconciencia, a nivel espiritual, que es el de “Kalagiya, el canto de Shangri-La”.

Roge: En la primera parte, la del caserío vasco, las montañas, hablas de un abuelo cantero, y de la Orden de los Herreros, parece que esta familia o alguno de sus miembros estaba ligada a la Orden de los Herreros.

Leonardo: Pues sí, es autobiográfico, a mi mujer le gusta mucho esta parte, es muy entrañable, tiene mucha ternura, como dice ella, y de algún modo la novela está dedicada a la figura de los abuelos. La abuela Esperanza es muy intelectual, porque ambos eran de Hondarribi, Fuenterravía como se decía antes, y reciben toda la influencia de Biarritz, de San Juan de Luz, y de la cultura francesa, que en aquellos años era lo que realmente podías leer y podías ver, así que eran muy refinados. Mientras que el abuelo Antonio –que así se llamaba mi abuelo por parte de mi padre– era un hombre cantero, rudo, no sabía hablar en castellano, él sólo sabía hablar en euskera, y lo reflejo ahí. Toda su vida tuvo como sueño hacerse su propio caserío, y murió sin conseguirlo, y eso que murió casi con cien años y por un accidente. Así que yo reflejo esa pasión del abuelo por el amor al caserío comprando yo uno junto con mi mujer en el año 1991, y se lo dediqué a él. Es una novela que dedico un poco a esto y a la figura del herrero, que era mi padre, que cuando entró la carpintería de aluminio él se sumió en una tristeza tremenda y ya no volvió a ser el mismo. Aquellos años 60, 70, fueron muy bonitos, y yo lo reflejo de esta manera. Anteriormente a esto, en el Bidasoa, en Irún, había reuniones de herreros con otros que venían de Hungría, de Italia, de Francia, y era como una escuela un poco oculta donde se transmitían todos los secretos de la herrería. Y todo esto lo podéis ver en la novela porque es algo inusual.

Roge: Desde luego que sí, porque ellos se reunían en un lugar secreto, como decías, del río Bidasoa, y hablaban del dios de la fragua, modelador de mundos, de forjar el hierro sobre el yunque, de forjar de alguna manera también el carácter…

Leonardo: Exacto. Las pocas veces que mi padre hablaba de estas cosas, hablaba de la importancia del temple, del momento en que el hierro candente lo metes en agua o en aceite, y eso hace que el hierro se convierta en más duro de lo que es. Entonces ese temple es necesario en todo en la vida. Así que cuando oigo estas mismas palabras en el mundo místico, en el mundo del Yoga, en el mundo de la Psicología de la disciplina Mental, sobre la templanza que hay que tener en el carácter, yo lo tengo de alguna manera en mis genes. Esta especie de energía regia que tenemos los vascos, y universal, el hombre de montañas, el hombre también de los mares que van en pos de las ballenas, lo reflejo también aquí, ese carácter tan genuino que hoy día se ha diluido en parte. Por ejemplo ahora, cuando he venido hacia aquí, en el caserío había como una cuarentena de buitres volando por la zona de las montañas de Bedia y me acordaba de estos pasajes de la novela. Porque aún hoy día puedes ver a la mariposa azul, puedes ver la magia del sol de la primavera, cómo nacen las flores, lo que es la cultura del caserío con sus gruesas piedras y con ese amor de la madre a un niño, mientras arriba están los halcones volando y a la noche están los búhos o las lechuzas; estas cosas que no podemos vivirlas en la ciudad.

Roge: La familia emigra de Irún a Labrit, a las Landas francesas, y surge ese contacto por ejemplo con el péndulo egipcio.

Leonardo: Claro, lo que ocurre es que son años difíciles en los 60 en concreto. El padre al perder el taller de la herrería y al salir más el aluminio, lo llaman de Alsasua para hacer ballestas para trenes. Entonces emigran, los abuelos se quedan en el caserío, y la madre, el padre y los dos hijos, en este caso Cristina y León, tienen que marchar a Alsasua. Allí viven en un hotel los meses que está trabajando el padre allí, descubren lo que es tener luz, tener una bañera, porque antes esto tenían que ir a buscarlo a la fuente, lavar la ropa a un kilómetro del caserío, y entonces ven otro mundo. Pero claro, mientras están allí, finalmente por una serie de vicisitudes en el tiempo, a la madre que es una buena cocinera la llama una tía que vive en la zona de Las Landas y en concreto en Labrit finalmente acaba en la casa de una vizcondesa, Madame de Pypor, como jefa de cocina. Esta vizcondesa tiene una serie de servidumbres y un mayordomo, y los hijos, en este caso mi hermana y yo, que no podíamos estar por ciertas estancias, y sí en cambio en las de las servidumbres. Pero es que las de las servidumbres eran como chalets de ahora, era una cosa increíble. Y allí conocí lo que era un coche descapotable, lo que eran las fiestas de fin de semana, lo que eran los canapés, en los años sesenta y tantos. Y éstos tenían grandes extensiones de negocios de pinos de Las Landas, no del pino marítimo, éste era un pino del interior más grande y más fuerte. Y curiosamente en esa zona del sur de Francia se practica mucho la Radiestesia, que es una facultad sensorial que te permite adquirir información mediante un péndulo. Entramos ahora en otra dimensión de la conversación, pero realmente es algo muy usual allí. Y cuando regresamos mi madre, mi hermana y yo, a Bilbao, a ese Bilbao industrial del año 69-70, ver una ciudad llena de hollín, con el constante sirimiri, y en una zona como era la calle Gimnasio, paralela a la calle Las Cortes y San Francisco, pues fue como una caída del cielo tremenda.

Roge: Sí, del mundo francés refinado y con vizcondes, al barrio de San Francisco de Bilbao de por aquel entonces, que era bastante alegre… a pesar del hollín de la ciudad.

Leonardo: Pues era el lugar de moda porque no existía lo que existe hoy día. Y lo que existían eran las varietés, lo que es el entretenimiento de aquella época, el de las mujeres de piernas trenzadas, como decían, pero con una elegancia vodevil, y también corriendo el whisky por supuesto, pero era otra cosa porque para los futbolistas de la época, actores, empresarios, salir de fiesta por Bilbao, era ir a ese popular barrio.

Roge: Sí, la vida que se vivía en aquellos momentos. Pero por otro lado estaba el aspecto intelectual y mental, porque por ejemplo, tú Leonardo, desde muy joven leíste “Horizontes Perdidos” de James Hilton, y esto de alguna manera se te quedó bastante dentro.

Leonardo: Pues sí, lo llevaba dentro de alguna manera.

Roge: Y el camino hacia Oriente es la segunda parte de esta novela. Estamos hablando de una novela con bastantes rasgos autobiográficos de Leonardo Olazabal. La novela se llama “La Colina de Laurel”, tiene dos partes y en la segunda parte ya es el camino hacia la India. Realmente a la India fuiste por primera vez en el año 1982, y estuviste en Bombay.

Leonardo: Exacto. Fui con mi mujer y algunos alumnos de Yoga, y fuimos a conocer la forma más terrible que se puede dar, que es ir a donde se realiza un trabajo por parte de monjas y curas cristianos occidentales, o jesuitas, o de diferentes órdenes, que hacen allí una labor de ayuda por la cantidad de hambre que hay. Así que llegar en avión a Bombay, ver los millones de personas en el año 1982 que había allí, toda una noche viajando a un lugar que se supone era un convento o colegio donde se acogen a niñas y a niños, y encontrarte ahí a la entrada del convento a la hora del amanecer, muertos envueltos en telas de saco que aquí se utilizaban para el bacalao, y ver que los dejaban allí… Preguntábamos ¿están dormidos? Y nos decían: no, están muertos, los han dejado por la noche para que se encarguen las órdenes religiosas en cogerlos y enterrarlos. Claro, aquello fue un soplamocos para mí, porque yo leía libros de Yoga y parecía todo muy bonito, y aunque estaba avisado de que la India son muchas Indias, pues empecé por la más terrible, la más pobre de todas ellas. Y luego de allí esas monjas nos recomendaron ir a Ahmedabad, a la parte norte, al lugar donde nació Gandhi y donde estaba allí su casa, y allí conocimos a diferentes jesuitas, a Lopategui, al Padre Aguizu, a Víctor Gurruchaga, que eran de Loyola. Y estos grandes viajeros, grandes personas que allí estaban, hacían una labor extraordinaria en todos los campos. Incluso llevaban el tema de la televisión en el colegio de allí, y nos enseñaron muchas cosas, tenían un frontón, como ya te comenté en otra ocasión, y para mí fue otro sopapo ver un frontón en el norte de la India, y ellos verme a mí con la ikurriña en un bolso, y con la txapela, pues también se quedaron un poco sorprendidos. Luego al ver que conocía tanto sobre el tema de India, que nunca es suficiente, hicimos una gran amistad y por eso les dedico una parte del libro a ellos.

Roge: Uno de los personajes de esta segunda parte del libro es Chandra, una niña que conociste justamente en el año 1982.

Leonardo: Sí, hoy en día oímos hablar mucho por la radio del voluntariado por parte de chicas y chicos que van a estos países y podemos ver muchos relatos. Pero en el 82 yo no conocía nada de esto, no existía nada, y quedamos muy impresionados por ver aquellos rostros de tez morena, aquellos ojos verdes y castaños, por ver unas criaturas que eran como ángeles del cielo, que sonreían continuamente y que se conformaban con un simple bolígrafo que llevábamos o unos globos, porque siempre me ha gustado llevar regalos a estos lugares, y siempre te impactan estas cosas que con el tiempo se nos olvidan. Aquel rostro de aquella niña nunca se nos olvidó a mi mujer y a mí, y le dedico este libro porque si en aquella época ella tenía 10 años, y nosotros 24, pues ella tendrá ahora unos 40 años. Así que está dedicado a ella y a la mujer india que es el alma mater de la India, y que aunque se la respeta en el mundo educado, en el mundo cultural, lo que es en los pueblos y en las regiones más escondidas, aún tienen que pagar dotes y lo pasan muy mal. Por eso Chandra encarna aquí en la novela lo que es una mujer maravillosa.

Roge: Sí, porque en la segunda parte los protagonistas son León y Cristina, los hermanos que parten de las montañas vascas que se van a Oriente, y se hacen amigos de Chandra, y los tres siguen los caminos, van por la Ruta de la Seda, y llegan a la montañas de Tian Shan, conocidas como el Reino de los Espíritus.

Leonardo: Sí, Tangri Tagh, como las conocen allí. Porque uno o es muy materialista o es muy espiritual. Y hay gente que ha decidido dar la espalda al materialismo y por medio de técnicas de Yoga, por medio de técnicas de libros antiquísimos que son un legado para la humanidad y que están en templos y en casas del saber en Oriente, mediante disciplinas muy determinadas han logrado ser menos materiales y más espirituales. Los Maestros Orientales ponen énfasis en el Yo Superior, en cultivar las cualidades del alma. Nosotros los occidentales sólo nos miramos las uñas de las manos y así nos va. Entonces es muy difícil hablar a un occidental de cosas espirituales cuando aquí lo que manda es el dinero, como lo estamos viendo cada día. Pero de alguna manera hay alguna llamada interior, que Nicolás Roerich en “El Corazón de Asia” lo llama “Kalagiya”, esa palabra un poco difícil de pronunciar significa “Ven a tu mundo interior, ven a Shámbala, ven a este lugar de Paz”. Hay una parte en la vida en el individuo, donde sientes esta llamada. Evidentemente la ahogamos con las tonterías de cada día. Pero llega un momento en que dices, no puedo más, y tengo que saber quién soy, de dónde vengo, adónde voy, y yo tengo que buscar algo más. Pues bien, los protagonistas sienten esta llamada “Kalagiya”, que no es solamente una llamada a “sé mejor persona”, sino “ven a este lugar donde están los seres espirituales”, ¿y dónde están?, sigue el paralelo 44, intérnate y Nosotros os encontraremos a vosotros, no vosotros a Nosotros, sino al revés. Y esto es lo que ocurre en la novela.

Roge: ¿El paralelo 44 está la ciudad de Shámbala?

Leonardo: No puedo decir nada…

Roge: Bueno, es que has nombrado a Nicolás Roerich, este gran explorador, artista, pintor, filósofo ruso, que fue precisamente por el Tíbet, no sé si iba también en busca de Shámbala…

Leonardo: Tenía una misión muy compleja. Nicolás Roerich lo que hacía era reflejar leyendas a medida que iba recorriendo Oriente. “El Corazón de Asia” siempre ha sido muy jugoso para los alemanes, los suizos, como Steven Heller, para los rusos, ya había estado Ossendowsky antes, para los japoneses, etc. Siempre de alguna manera ha sido recorrida esa zona, lo que pasa que es tan amplio, tan grande, que muchos se pierden en el camino y otros sólo relatan pequeñas partes del mismo. Nicolás Roerich tiene una pintura titulada “Compasión”, donde podemos apreciar a un cazador que ha herido con una flecha a una gacela y la busca durante horas. Llegado el momento, se encuentra la gacela herida en brazos de un lama, de un personaje extraño y misterioso, y muy especial. Y lo que está haciendo este monje es curar a la gacela por imposición de manos, quita la flecha, le da un ungüento y le está tocando a la gacela para curarla. El cazador queda sorprendido de cómo en esos lugares que no vive nadie, está esa persona si no había ningún templo en aquel lugar. Entonces este joven monje, por decirlo de una manera rápida y concreta, le habla de Shámbala, y le dice que si quiere conocerlo, puede venir a verlo. Él le contesta: Sí, en verdad he oído hablar de esa leyenda pero no sabía que podía tener acceso a ella. Tú puedes –le contesta el monje-. Si quieres no tienes más que venir. Le dice: Espera. Dejó el arco y salió corriendo a buscar a su familia. Cuando vino con la familia, muchas horas después ¿qué crees que ocurrió? Que no estaba ni la gacela ni el monje. Porque la llamada era sólo para él, no para su familia. Entonces todos los seres humanos en algún momento de nuestra vida tenemos una llamada, pero es la tuya. Aquí la familia también puede representar el egoísmo, los celos, todas esas cobras venenosas de la mente que nos hacen ser tan estúpidos como somos, y tú no puedes ir con esa carga para conocer Shámbala, para atravesar esa cueva que vemos en “Horizontes Perdidos” e ir a un lugar rodeado de montañas blancas donde existen estas entidades, cuyos satélites y cuyos gobiernos saben que algo hay porque todo falla cuando andan por esa zona.

Roge: “Horizontes Perdidos”, ya lo hemos comentado antes, la novela de James Hilton que luego tiene varias versiones.

Leonardo: Sí, te he traído dos versiones de la película en DVD que te van a encantar.

Roge: Bueno pues ahí está la leyenda o el espíritu de esa ciudad, de Shámbala. ¿Los protagonistas de tu novela llegan a entrar a  Shámbala?

Leonardo: Llegan a la entrada de Shámbala, pero ellos van gracias a esta voz de Kalagiya que les va guiando. Utilizan todos los medios, por esos senderos sin senderos, incluso al ejército chino que les llevan en algunos momentos. Intercambian botellas de coñac que portaban ellos, además de tarjetas postales, espejos, esto que se hace en los viajes. Iban haciendo amistad durante las rutas hacia Kunlun Shan, la zona de Aksu, de Kuga, de Korla, de Turpán antes de llegar a Tian Shan. Son ciudades que en los años sesenta y tantos, el ejército chino tenía hasta cien mil soldados. En algunas rutas no había más que camiones llevando víveres y gasolina para mantener las fronteras y a todo este ejército. Los personajes en algún momento, habían ido en sus propios vehículos 4 X 4, en caballos y camellos, utilizaron también al ejército para llegar hasta ciertos puntos. Y luego les guiaban tres monedas chinas que León adquirió en la casa de Madame de Pypor, en cierta ocasión que sin querer cuando él salió corriendo para pescar en un río, rompió un jarrón de los dos que tenía en el salón la vizcondesa y salieron un montón de monedas antiguas. En un momento determinado cuando hicieron llamar a mi madre junto con el mayordomo y estar ante ella, la vizcondesa, diciendo a ver qué había pasado, en vez de dar una reprimenda, cogió tres monedas y se las puso en la mano a León y le dijo que las guardara bien porque con el tiempo tendría un sentido. Y ese sentido era que las monedas les llevan a la zona de Tian Shan.

Roge: Sí, porque son el salvoconducto estas monedas.

Leonardo: Claro sobre todo por la capacidad de radiestesia de León. Hace que de alguna manera sepa qué caminos debe tomar en los momentos difíciles, y no le ocurra como a Kui, un personaje de la novela que por no hacer caso al I Ching, el “Tratado de las Mutaciones” que le avisaba de lo peligroso de ir por ciertos lugares, pues le ocurre lo que le ocurre.

Roge: Bueno, pues la novela son bastantes páginas y en cada una de ellas ocurre alguna aventura, hay alguna enseñanza o algún aprendizaje de los Maestros Orientales o de todo lo que ha podido vivir el autor de la novela, que es Leonardo Olazabal Amaral, que nació en Irún hace 58 años, pero que no has perdido el tiempo tanto en los viajes reales, como en los viajes mentales, con la práctica del Yoga, porque con el Yoga has podido de alguna manera, con sus técnicas, llegar a Shámbala, o no lo sé…

Leonardo: Pues mira Roge, a mí siempre me ha preocupado y me ha sido muy curioso encontrar en los libros de Occidente, que un Profesor de Yoga hace posturas de Yoga hasta los 100 años y demuestra su elasticidad. Yo creo que las posturas del cuerpo son lo menos importante, y lo importante es la elasticidad mental. Entonces el desarrollo de la mente a través del Raja-Yoga, te lleva en un momento determinado a tener ciertas cualidades en un período de tu vida. Y una de ellas es que por medio de técnicas como el Nidra-Yoga, puedes tener un sueño consciente, es decir, cuando la gente duerme, descansa. Pero si tú te duermes con una idea y sigues ciertas técnicas de respiración, llega un momento en el que puedes reconducir esos sueños, incluso puedes viajar a determinados lugares y traer esa información. Lo que te cuento es de alguna manera la cúspide de una pirámide del conocimiento de los Maestros de India y de Oriente en general, pero esto es fácil de entender. Mira, te traigo un libro que tengo en mi biblioteca, muy antiguo, que se titula “Viaja fácil a otros planetas”, pero claro, no ves nada raro, salvo que en la portada ves a un yogui. ¿Cómo es posible que un yogui pueda hablar de viajar a otros planetas? Bueno, pues eso actualmente se llama E.F.C. Experiencias Fuera del Cuerpo. Incluso los gobiernos intentan investigar en este tema para utilizarlo con fines oscuros, pero esto no se puede controlar, porque es una cuestión que pertenece a las cualidades del alma. Entonces, o tienes esas cualidades superiores, o no las puedes conquistar porque sigas haciendo ciertas técnicas. El Nidra-Yoga lo que te hace es, en un determinado proceso de trabajo espiritual, llega un momento en el que puedes salir fuera del cuerpo durante la noche, viajar a Asia o a cualquier lugar del planeta, recoger información y volver a traerla.

Roge: ¿Por ejemplo llegar a Shámbala?

Leonardo: Hay que pedir permiso, porque si tú y yo por ejemplo vamos ahora sin pedir permiso, lo más normal es que nos encontremos en el sueño con que no llegamos. Si no estás preparado no llegas. ¿Qué es lo que ves? Igual ves un nido de culebras o ves al Yeti en sueños, y eso hace que como no estás preparado te asustas y vuelves al cuerpo. Hay símbolos y hay formas que te impiden ver ciertas cosas. Habría que hablar mucho del mundo de los sueños, que es muy interesante cuando esto se controla, como con el Nidra-Yoga. Aquí lo que ocurre es que los protagonistas, de una manera muy simpática, muy fácil de entender para que todo el mundo pueda llegar a esta clase de Yoga Superior, es que llegan a una cueva donde está la Incubadora de Jade. ¿Qué es la Incubadora de Jade? Pues es una cueva que está forrada de jade, este jade sabes que es una piedra preciosa que es la principal en China. Todos los reyes de China tenían el jade, como un elemento muy esotérico que les servía para sus fines espirituales. De hecho, hasta los comerciantes chinos, antes de cerrar un negocio están tocando el jade que tienen escondido en las mangas, por eso se meten las manos debajo de las mangas. Uno se pregunta: ¿qué estará haciendo? Bueno, pues está tocando el jade mientras está trabajando contigo. Entonces imagínate un camastro o un trono todo de jade, y cuando tú te sientas en él, con ciertas técnicas de yoga ese jade te invita a dejar el cuerpo y a ser consciente. A partir de ahí viajas por unas cuevas, por unos túneles, hacia la entrada de Shámbala. Por ahí relato el tema, no puedo decir más, hay que leer “Kalagiya, el Canto de Shangri-La”, la segunda parte de mi novela.

Roge: En total la novela lleva el título “La Colina de Laurel”, que es la primera parte y luego está unido con “Kalagiya, el Canto de Shangri-La”. Son como 460 páginas de esta novela, estamos con su autor Leonardo Olazabal, una novela que parte de los montes vascos, como decíamos, y llega hasta la mítica Shámbala, con esos tres protagonistas. Muestra en la primera parte la dura vida de una familia de un caserío vasco de la postguerra, y luego ese viaje iniciático de los protagonistas hacia la India, y las montañas sagradas chinas. Llegan hasta los umbrales de Shámbala y se integran en esta ciudad sutil e invisible. ¿Qué es lo que ven? Bueno, pues ahí lo dejamos.

Leonardo: Eso es. Sólo decir que los personajes son reales y la mayoría de las situaciones también. Y de algún modo las vivencias relatadas en mi novela son tanto humanas como espirituales, por eso no caducan. Y sería muy interesante con el tiempo encontrar un director de cine y cinco millones de euros, para hacer esta película desde las montañas del País Vasco, nada menos, como bien has dicho, hasta Tian Shan.

Roge: Leonardo, el que quiera conseguir el libro ¿cómo lo puede hacer?

Leonardo: Pues lo tiene en cualquier librería. Verá que está ilustrado con unas fotografías y unas pinturas budistas de Kuan Yin, de mi amigo Zeng Hao, un famoso pintor de China.

Roge: Por cierto, que también tenéis bastante relación con China, como con Rusia.

Leonardo: Sí, porque mi hijo Israel está casado con Lei, que es una mujer de China, y estuvimos allí en el norte de China, cerca de Corea del Norte, y tuve acceso a informaciones. Por ejemplo, hay pirámides en China como en Egipto que nadie sabe.

Roge: Otro de los misterios. El caso es que estábamos comentando que también aparecen las pinturas de un pintor místico, Zeng Hao.

Leonardo: Sí, como ha sido tan materialista China, el mundo espiritual no existe. Ahora se están volcando, que ya lo están consiguiendo todo, saciados por el hambre materialista, están volviendo la mirada otra vez hacia el taoísmo, hacia el budismo, y estas pinturas sobre la mujer, tan femeninas, que vemos aquí en el libro, son extraordinarias.

Roge: Bueno, pues para conseguir el libro, se puede encontrar en librerías, o si no en tu página: www.shambala-roerich.com Y allí en Bedia tenéis además el Museo dedicado a Nicolás Roerich y a la Bandera de la Paz.

Leonardo: Sí, abierto sólo en verano.

Roge: Bueno, que vaya todo bien por las montañas de Bedia, en Bizkaia.

Leonardo: ¡Kalagiya!

Roge: ¡Kalagiya!  

Si lo deseas puedes adquirirlo en su museo o como Ebook en: http://www.todoebook.com/LA-COLINA-DEL-LAUREL-Y-KALAGIYA_-EL-CANTODE-SHANGRI-LA-LEONARDO-OLAZABAL-AMARAL-EDICIONES-LETRA-CLARA-LibroEbook-9788415331551.html Leonardo Olazabal, siempre con espíritu y con mente abierta. Levando Anclas se termina por esta jornada. Continuaremos con más viajes y aventuras en un próximo programa. Os esperamos. Ahora os dejo con la música de Jimmy Webb, veterano compositor, cantante, pianista, y sus hijos The Webb Brothers. Os deseamos que paséis una buenísima semana, dulces sueños.