Suiseki
es el arte japonés de coleccionar, contemplar, meditar y exhibir
pequeñas piedras en su correspondiente pedestal, llamado Daiza. La
Daiza es una base que hay que adaptar a la forma de la piedra y lograr
que ambas se complementen.

El Camino de la Contemplación de las Piedras 

El propósito fundamental de este arte
consiste en invitar a la mente a disfrutar de la serenidad que produce
la contemplación de
estas bellezas naturales en miniatura. Generalmente
son de 5 cm. a 70 cm., siempre de un modo proporcionado, y no deben de
sobrepasar los 15 a 20 kg. de peso. Si estas fueran de mayor tamaño,
serían de ya de jardín, a decir del experto D. Rafael Monje, quien
añade: “Suiseki deriva de la palabra “agua” (sui) y “piedra” (seki); se
trata de un término de origen japonés y es el que a día de hoy se ha
aceptado internacionalmente para definir esta especial forma de
entender la piedra”. Este arte nos habla de cómo una piedra (seki)
pequeña es expuesta sobre un recipiente con agua (sui), a esta
presentación se llama Suiban. Generalmente en China lo hacen en
bandejas ovaladas de mármol. Mientras que en Japón se presenta en
bandejas de cerámica, que a su vez pueden contener tanto agua como
arena, o el Doban, que es de bronce y sólo contiene la arena, además de
la piedra, buscando en ambos casos un equilibrio a modo de Mandala
tridimensional.

 

Es la naturaleza la que genera sus caprichosas formas, y como artista,
modela la piedra a través del agua de lluvia y de los ríos. Incluso el
viento y los cambios de temperatura colaboran en su creación. De hecho,
para J.M. Blázquez, una de las características principales de un
auténtico Suiseki, es que éste haya sido modelado exclusivamente por la
erosión de las fuerzas de los diferentes agentes naturales, sin
intervención artificial alguna sobre su modelado.

Desde el punto de vista del budismo esotérico, Suiseki significa
“Piedra Cósmica”. En India, “La Chintamani” tiene la misma definición:
Piedra del Cosmos o Meteorito. Al parecer, ciertas piedras o rocas
contienen una sutil Fuerza o Radiación Cósmica, que con la aguda
destreza mental y una cultivada sensibilidad, se puede percibir. Con el
péndulo de radiestesista se captan brotes pulsátiles y energéticos. Se
trata de encontrar la esencia, lo que se conoce en japonés como
“Toyama-Ishi”. La esencia de la piedra despierta en el interior de
quien la contempla, los valores eternos que han ennoblecido a la
humanidad a través de los tiempos. Véase la novela “Kalagiya. El Canto
de Shangri-La”, del autor de este artículo, acerca del significado de
la piedra-meteorito que llevaba en el cuello el Profesor Nicolas
Roerich.

Es en China donde al parecer surge este arte que cuenta con más de dos
mil años de expresión. Allí se llama “Gongshi” (Shangshí), y fue mucho
más tarde cuando tomó forma en Japón como “Suiseki”, y en Corea pasó a
llamarse “Suseok”. Para los chinos, las piedras paisaje son las más
apreciadas, tanto por su belleza natural, como por su calidad mineral y
cromática. Las cuidan como si fueran sus más preciados tesoros,
especialmente si toman la forma de montañas. Las montañas simbolizan el
paraíso Taoísta, así como en el Shintoismo japonés representan la
morada de espíritus y dioses.

Suele ser habitual presentar los Suiseki sobre una base de madera
tallada, para que la piedra encaje en ella, que recibe el nombre de Dai
o Daiza, como ya se ha dicho, y ésta es tan importante como la piedra
en sí. Son el Yin y Yang en perfecto equilibrio y armonía..
Según
G. Guaico, del sitio web del Instituto Cultural Chileno Japonés, en las
exposiciones, es costumbre presentar los Suiseki junto a Bonsáis,
combinándose ambos en una sola forma unificada de arte. Esto ya se
hacía en la Dinastía Han, alrededor del 215 a.C., llegando a la máxima
expresión de belleza, en la Dinastía Tang, 618 d.C. al 906 d.C. Más
tarde, este arte llegaría al Japón, (1338-1573 d.C.), en el llamado
Período Muromachi. Fue en el siglo XV d.C., en el que surgirían los
jardines de paisajes secos (karesansui) de grandes dimensiones. El más
famoso jardín de arena y piedras, es el conocido Templo Budista Zen de
Ryoan-ji, una suerte de Suiseki realizado a gran escala, adquiriendo
las formas más simples y sutiles, por la influencia de la Escuela Zen
del Budismo Mahayana o Gran Vehículo.


 

LA CULTURA DE LA PIEDRA

LA TRIADA

 

 

   Según
la página web de SUISEKI-DO (“Do” significa “camino”): SUISEKI-DO es
“el camino o arte de estudiar y coleccionar bellas y valiosas piedras”.
Esta página nos enseña que todo Suiseki forma una Triada símbólica, que
integra armónicamente: “El Cielo, la Tierra y el Hombre”. Para ellos,
es una disciplina Deportiva, ya que requiere caminar por diferentes
lugares recónditos de la naturaleza. A su vez es una disciplina
Artística, porque despierta la sensibilidad estética. Y es una
disciplina Espiritual por su conexión profunda y significativa con la
Naturaleza Trascendente. Es una Triada, porque en cierto modo, tiene un
CUERPO, con una forma, color y sustancia, que lo hace peculiar. Un
CIELO, que viene a ser la atmósfera sutil que proyecta. Y un ALMA, que
es su carácter expresivo, religioso o simbólico. Así, el Suiseki o un
conjunto de éstos, representan una metáfora en roca de nuestra vida
personal, sirviendo su contemplación y estudio, como un trabajo de
cultivo interior y evolución. Se trata de modificar la escala mental
para encontrar inmensos paisajes maravillosos en una roca que cabe en
una mano. Es como tener un universo en las manos. La página finaliza
con una observación altamente elevada y digna de una gran sensibilidad,
cuando dice que “el Arte del SUISEKI-DO convierte la Suiseki o piedra,
en un Altar Estético Natural, que nos permite con su poderoso símbolo
de conexión con la naturaleza, llevar a cabo un Camino de Introspección
y Meditación, para la comprensión y evolución personal”. Sencillamente
¡Fantástico!

Hay que decir que en Europa son muy pocos los que practican Suiseki, y
al parecer, Italia, es donde más coleccionistas y admiradores hay. En
España, son contados con los dedos de la mano los coleccionistas o
admiradores –ya sean aficionados o profesionales–, que muestran o
hablan de este curioso y refinado arte. Arte para el cual no hace falta
ser un iluminado para comprender su práctica. Aunque sí es cierto que
se requiere una sensibilidad especial que permita PERCIBIR la quinta
esencia de las energías que modelaron la piedra (algunas cuentan con
millones de años de antigüedad). Por ello, sólo llegaron a comprender
verdaderamente este arte, una élite que valoraba el perfeccionamiento
interior, tales como los meditadores Taoístas y los Samuráis del Japón
Imperial, que asistían a la práctica del Budismo Zen o por su entrenada
y refinada sagacidad obtenida en el entrenamiento del Bushido.