corazon_asiaYuri, que era un experto investigando todo esto, en su libro “Los Anales Azules”, publicado en Calcuta, India, habla de la Zham-ba-la, de estas tres sílabas. Y esta Zham-ba-la o Shámbala es el lugar donde existen estos seres excepcionales con los que te puedes comunicar y recibir algo de ellos.

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LEO CON ROGE BLASCO
ENTREVISTA EN RADIO EUSKADI
PROGRAMA “LEVANDO ANCLAS”
25 DE ENERO DE 2009

Presentación:

Roge: Bienvenidos a “Levando Anclas”. Nos tenéis aquí en la sintonía de Radio Euskadi. Tenemos dos horas para movernos de un lugar a otro del mundo, siempre en la buena compañía de nuestros invitados, protagonistas de viajes que nos van a sorprender.

Estaremos con Leonardo Olazabal. Él es Profesor de Meditación y estudioso de la cultura oriental, que nos recordará en “Levando Anclas” cómo fue la expedición por China, Siberia, Mongolia y Tíbet, del arqueólogo y pintor ruso Nicolas Roerich, en el año 1924, ya que Leonardo Olazabal ha editado un libro de Nicolas Roerich que recoge esta expedición, y entre otras cosas fue en busca de la ciudad mítica de Shámbala. Así que este es el contenido de “Levando Anclas”.

Roge: Nos vamos al Himalaya, y esta vez lo vamos a hacer de una manera bastante espiritual, ya que vamos a estar con Leonardo Olazabal, que ha tenido la oportunidad de estar por allí, por Darjeeling y algún otro lugar del Himalaya, y sobre todo, él es el editor de un libro que se titula “El Corazón de Asia”, del gran explorador ruso Nicolas Roerich.

Roge: En “Levando Anclas” está sonando este Mantra: “Om Mani Padme Hum”, uno de los más famosos mantras para tranquilizar la mente. Y es que vamos a recibir aquí en el programa a Leonardo Olazabal, que es el Director del Museo Bandera de la Paz Nicolas Roerich, situado en las montañas de Bedia, en Bizkaia. Desde su adolescencia, Leonardo estuvo interesado en la figura de Nicolas Roerich, un gran arqueólogo, pintor, pensador ruso, que exploró en diversos viajes las extensas tierras del Asia Central. Ahora, Leonardo Olazabal edita la traducción al castellano de la obra “El Corazón de Asia”, en donde se narra la larga travesía en una caravana, que comenzó en 1924 en la India, en Bombay, alcanzó el Himalaya y prosiguió por algunos lugares todavía ignotos de China, Siberia, Mongolia y Tíbet. Ignotos por aquel entonces, a principios del siglo XX. Leonardo presentó esta nueva edición en Moscú, en el Centro Internacional Roerich ante profesores de universidad, cosmonautas, y el embajador de Nepal. Ahora le tenemos aquí, a Leonardo Olazabal, que nos va a hablar de lo que es este libro “El Corazón de Asia”, del gran explorador Nicolas Roerich. Le damos la bienvenida a Leonardo. Buenas noches, Leonardo.

Leonardo: Hola, gabon Roge.
R.  Gabon. Pues decir que naciste en Irún, y que desde muy jovencito ya estabas interesado por la figura de Nicolas Roerich. ¿Por qué ese interés desde pequeño, desde la adolescencia?
L.  Pues sí, la verdad es que es así. No sé, muchas veces me pongo a analizarlo y es curioso que en los años 70, con apenas 15 ó 16 años, ya mostrara un interés por toda la filosofía oriental, y en particular por hombres notables, como es este caso tan especial, que es para mí y para mucha gente, Nicolas Konstantinovich Roerich.
R.  ¿Le conociste en Francia, porque la infancia, entre los 8 y 14 años, la pasaste allí?
L.  Sí, lo que pasa es que en Francia había radiestesistas médicos, gente que utilizaba el péndulo para diagnóstico, además de utilizar la ciencia convencional, y de alguna manera había algo así como eruditos, hombres mayores a mi alrededor. Y yo todo esto lo veía como algo natural. Fue cuando ya tuve que regresar por causas familiares de nuevo al País Vasco, y en este caso a Bilbao, cuando me di cuenta que muchas de estas cosas ni se conocían, fíjate que estamos hablando de los años 1970, 1971, 1972. Cuando vemos la serie “Cuéntame” en Televisión Española, pues era incluso aún varios años más atrás.
R. Pues esa figura de Nicolas Roerich, ya desde la adolescencia se te quedó grabada, y ahora con el tiempo en Bedia ya tenéis hasta un Museo dedicado a él.
L.  Sí, ha sido una sucesión de causas y efectos, que me ha llevado, después de estar más de 20 años en Bilbao dando esas técnicas orientales de psicología y filosofía oriental a través del Raja-Yoga, que es un Yoga más mental que físico….
R.  Porque eres Profesor de Meditación, entre otras cuestiones…
L.  Sí, me especialicé con los años, buscando escuelas, acudiendo a India, y finalmente aquí en una época muy bonita que fueron los años setenta y ochenta en Bilbao. En el País Vasco había una apertura y unas ganas de conocer como las que existía en Rusia a partir de los años noventa. Cuando les visitaba en el 2000 me daba cuenta de que era como en los años setenta aquí en el País Vasco; había unas ganas de descubrir, unas ganas de leer todo lo que cayera en las manos, de abrirte al mundo, de ver qué hay al otro lado. Y fue una época curiosa en la que la gente también necesitaba relajación, necesitaba conocerse, aprender a respirar, a controlar la mente negativa, y de alguna manera fomentar la creatividad, la belleza y el positivismo. Y es precisamente de esto que habla Nicolas Roerich como pintor, artista y arqueólogo.
R. Pues vamos a conocer cómo era Nicolas Roerich, este explorador ruso, y además vamos a introducirnos en el libro “El Corazón de Asia, ya que viene muy bien para este programa “Levando Anclas”, porque fue todo un pionero de las exploraciones del Asia Central. Nicolas Roerich, junto con su mujer Helena y su hijo Yuri, partieron de Francia en diciembre de 1923. Fueron en un barco ¿verdad?
L.  Sí, en el vapor Macedonia, que lo hemos visto recientemente en los archivos que hay en Rusia. Y fue en este barco tras un mes de travesía, que llegó a India. Imagínate la emoción contenida de estas tres grandes personas. Svetoslav, el otro hijo, se quedó primero en América y más tarde acudió a verles a India, pero estos tres estaban realizando ya el sueño de su vida, que era ver in situ la montaña que tantos años vieron en la casa de sus padres, en la finca Isvara, en Leningrado, y esta fotografía, pintura o dibujo, era el sagrado Kanchenjunga.
R.  Y una vez que ya llegaron a Bombay, después de navegar en el barco Macedonia desde Francia, se instalaron en Darjeeling, donde empezaron a preparar su expedición para el Himalaya. Estaban allí a la sombra del famoso Kanchenjunga, que para ellos era totalmente una montaña sagrada y también para los lugareños de allí….
L.  Sí, allí los picos son todos sagrados, pero en concreto éste es algo muy especial, tiene la forma de dos pirámides, de una M, y allí todo lo que está relacionado con la palabra M es muy importante porque es la fuente de todas las filosofías y corrientes espirituales que se han dado en la India y en esa zona de Oriente.
R.  Sí, y también conoces Darjeeling….
L.  Lo conozco porque además mi Centro se llama Darjeeling. Me hizo mucha ilusión cuando hace 10 años en Bilbao se empezaron a abrir tiendas de té, y empezaron a traer el té de Darjeeling, que en mi Centro ya lo teníamos desde el año 1982, que fue el primer viaje que hice a India.
R.  Ya, porque Darjeeling se distingue entre otras cuestiones por el té que tiene.
L.  Exacto.
R.  Bien, entonces ahí estaba Helena Roerich, su marido Nicolas y su hijo Yuri, en Darjeeling preparando la expedición, pasaron a Sikkim y después a Cachemira, donde escogieron los mejores caballos, guías y portadores. Siguieron hacia Ladakh y atravesaron por el Karakorum hacia China. Cruzaron el desierto de Taklamakán a la región de Xin-jian, estuvieron por Altai en Siberia, por Mongolia, por el Tíbet, para regresar el año 1928 de nuevo a la India. Fueron un total de 25.000 kilómetros, superaron 35 pasos de montaña, desiertos carentes de agua y estepas interminables. Bueno, cómo tuvo que ser esa expedición por aquel entonces…
L.  Tuvo que ser increíble por un montón de cosas. Lo que pasa es que los Roerich son tan educados que nunca hablan de las malas experiencias, las describen someramente y no dan detalles, no se recrean en ello. Pero tuvo que ser tremendo porque aquí hay muchas cosas. Estamos hablando de un viaje físico, es también un viaje espiritual, y de alguna manera todos los seres humanos, cada uno de nosotros, por el simple hecho de vivir en la vida, en el lugar que nos haya tocado, también es una forma de viaje que realizamos, un viaje de la conciencia hacia el infinito. Pues estos tres personajes, teniendo en cuenta que ya Roerich era bastante mayor, tendría cerca de 49 años, y delicado del corazón, se mete en una aventura que no es como los exploradores de la época. No se trataba de una aventura rápida de dos o tres meses para escarbar y sacar –a veces de una manera violenta– yacimientos arqueológicos y volverse a marchar corriendo… no, no. Cuatro años hemos dicho, cuatro veces cada una de las estaciones. Y fíjate, fueron por lugares, y ellos iban previendo ciertas cosas, pero lo que no podían prever es que llevando por ejemplo tiendas de verano y ropas de verano, les retienen en una etapa del viaje, en la meseta más fría del mundo, en una región tibetana, y con tiendas de verano pasaron temperaturas donde incluso el alcohol se congelaba, 35, 40 ó 45 grados bajo cero. Y había tres mujeres en esa parte de la expedición, porque se iban incorporando investigadores de India, de Rusia, del Altai, de Mongolia, es decir, artistas, arqueólogos, y hacían una pequeña etapa. Pero los Roerich la hicieron por completo, ellos eran la guía y el baluarte para pasar por esos desiertos que dices, dos de ellos de arenas, con un calor impresionante, y uno de sal muy peligroso porque se hacían grandes agujeros con aguas pantanosas, y la sal crujía, había que pasarla de noche con la luna llena. Bueno, es una aventura increíble. Y luego, pasos de montaña desconocidos, porque a veces les esperaban forajidos. Hubo en concreto, en cierta ocasión, cerca del puesto fronterizo con el Tíbet, en Neiji, que por ejemplo 50 bandoleros unidos a otros más, quisieron atacar la caravana en un mes de septiembre, y justo empezó a nevar. Nunca había nevado en esa época del año, y por supuesto éstos no atacaron porque quedarían las huellas, y se iba a ver perfectamente cómo habían asaltado una caravana. Entonces los mongoles y los lamas eruditos que acompañaban a los Roerich en esta ocasión dijeron: “Esto es algo inusual, que nieve. De alguna manera el Dios Lo, el Dios de las montañas, frontera de Mongolia con el Tíbet, se ha enfurecido porque forajidos han querido atacar a personas excepcionales, como eran los Roerich”.
R.  Y también era excepcional la caravana, porque sumaban 102 animales. Tal era el volumen del equipaje a transportar.
L.  Sí, en cierta ocasión oí en un programa de radio de la capital de España, a alguien hablar, que decía: “¿Y cómo fueron? y además se llevaron a un niño…”. Bueno, todo esto es una estupidez, pues cómo van a ir, fueron a caballo, utilizaron carruajes, camellos, el niño tenía nada menos que 22 años, que era Yuri, un excelente jinete formado en la escuela militar francesa, hablaba más de 20 idiomas y dialectos, era el número uno y experto en Orientalismo –a pesar de que era conocido otro personaje como el número uno–, y no hacía falta traductores. Es inútil explorar mesetas tibetanas y regiones desconocidas sin saber tibetano; bueno, pues Yuri lo conocía y hablaba perfectamente bien, lo que le permitió profundizar en todo ello. Y luego tenía una gran capacidad como estratega. Estaba al mando de esta caravana que, lógicamente había fusileros, y llevaban chalecos antibalas, porque hubo más de 40 escaramuzas a lo largo de esos cuatro años, y ninguna se resolvió mal, salvo cuando el gobierno británico en unión con el Décimo-Tercer Lama del Tíbet conspiró para que en la meseta de Chang-Tang la caravana se detuviera, les quitaron los pasaportes y no les dejaron avanzar. Con ropa de verano les llegó el invierno y murieron varios hombres, pero fíjate, murieron hombres de las tribus de allí, helados de frío, mientras que tres mujeres occidentales, entre ellas Helena, el propio Nicolas y Yuri, salieron adelante, fue algo impresionante.
R. Por lo visto, el ejército tibetano les retuvo durante más de cinco meses, con tiendas de campaña de verano, que es lo que llevaban en la caravana, y tuvieron que soportar temperaturas que alcanzaban por la noche hasta 40 grados bajo cero. Más de 90 animales de la caravana murieron, y lo que es peor, fallecieron cinco de sus compañeros expedicionarios. Todo esto se recoge en este libro “El Corazón de Asia”, que escribió Nicolas Roerich, y ahora tenemos a Leonardo Olazabal, que ha editado esta edición en castellano. Había una versión argentina que ya con el tiempo ha desaparecido, ¿verdad? Ya no se puede encontrar…
L.  Sí, quedan pocos libros, porque un miembro de la Asociación, Iñigo Sarriugarte, estuvo en Argentina y habló con la Editorial Kier, y le dijeron que no le quedaban libros ya, y que no sabían qué iban a hacer porque probablemente también la librería desaparecería, por los problemas que había en Argentina, que el futuro era bastante incierto. Y luego lógicamente no estaba escrito en el correcto castellano que tenemos aquí, y mi primera labor fue sacar este libro con un lujo de detalles, gracias a la Directora del Centro-Museo Internacional de los Roerich de Moscú (ICR), la Sra. Ludmila Shaposhnikova, y ese lujo de detalles y esas correcciones se han metido en el libro, y en sucesivas ediciones se irá mejorando y ampliando.
R.  Volviendo a la historia que recoge “El Corazón de Asia”, esta expedición en 1924, con Nicolas Roerich, con su mujer Helena y su hijo Yuri, ya has comentado que fueron desafíos físicos, geográficos, pero también psíquicos. Y hay un gran capítulo dedicado a la ciudad de Shámbala, iban en búsqueda de Shámbala también…
L. Esto requiere más tiempo para tratar este tema. Has dicho desafíos psíquicos. Ellos son grandes investigadores en todo lo que está relacionado con la psiquis. Helena Roerich tenía grandes capacidades de sensibilidad mental. Ella era una consumada y hábil pianista. Nicolas siempre dijo de su mujer que las pinturas tenían un carácter masculino y un carácter femenino, por ella, porque muchas de las pinturas, entre ellas casi 500 obras que pintó durante cuatro años, reflejando como ninguna otra expedición ha podido reflejar, en una época en que las cámaras fotográficas se helaban y sólo podían hacer una fotografía cada diez segundos (no,era cada 10 minutos) y había que calentar las cámaras continuamente. Él reflejó con las pinturas, paisajes y lugares que ningún explorador, ninguna expedición ha conseguido. Ahora, que hemos estado mi mujer Petri y yo en Rusia, hemos visto a los grandes intelectuales, a los grandes expertos en viajes, a los científicos rusos, hablar de este viaje, y han presentado documentos y cosas que demuestran realmente que no ha habido un viaje como éste, donde se han descrito y pintado tan perfectamente bien, lugares desconocidos del Tíbet. Tanto es así que se pensaban que eran imaginaciones o fantasías del propio Profesor Roerich. Pero justamente con la Sra. Shaposhnikova, que hizo el viaje en los años ochenta, del que hablaremos ahora, ella fotografío muchos de los lugares por los que pasó Roerich, y ahora se ha podido comprobar que sí existen esos lugares, que sí existe esa belleza, independientemente de la suciedad y de la mala vida que muchos pueblos tenían allí por ideas religiosas incorrectas o mal comprendidas.
R. Ya, porque a Nicolas Roerich yo por lo menos le conocía como pintor de esas pinturas que realizó por el Himalaya, en esas montañas tan fantásticas que él representaba. Y luego te enteras que fue allí in situ, a principios del siglo XX, y que fue realizando todos estos lienzos, y dices, es excepcional.
L. Sí, es excepcional. Pintó muchos lienzos, e iba enviando al hijo Svetoslav que estaba en Nueva York, y de ahí surgió el Museo de Nicolas Roerich de Nueva York, que recomiendo a la gente que viaja allí, ahora que sale más barato, y que lo visiten. Yo no he estado, porque he ido a la esencia, al espíritu, a la fuente, y no he tocado aún América, pero acabaré yendo. De hecho, Nina Selivanova, en su libro “El mundo de Roerich”, dice que: “la fuerza original del trabajo de Roerich consiste en una simetría magistral y marcada, y un ritmo definido, como la melodía de una canción épica”. En fin, hay descripciones curiosas y es eso, que la pintura es como una melodía, como una música. Quizás habría que dar un dato, y era que Nicolas Roerich tenía una cierta capacidad, lo mismo que su mujer tenía otras como captar el infinito y resolver ideas del Cosmos, pues Nicolas Roerich veía los sonidos y escuchaba los colores, lo que se conoce como Sinestesia, que viene del griego “sensación junta”. Y es que puede oír los colores y ver las notas musicales. Esta habilidad, muy desarrollada en el músico Scriabin, que era teósofo, y en el propio Rimsky-Korsakov, que era amigo de Nicolas Roerich, éstos –como digo– sí que la tenían muy desarrollada. Y cuando ves en los diarios –que poco a poco vamos traduciendo al castellano y que algún día tendrían que estar en euskera también–, cómo Nicolas decía a Helena: “Estoy pintando este cuadro y estoy oyendo una música, la música de Shámbala, los sonidos de Shámbala”. Entonces, una cosa le llevaba a otra, y otras a ésta. Y como decías antes, al principio se tuvo que ver con magos, no prestidigitadores de los que conocemos ahora, sino magos chamanes, de la zona de Mongolia más que de Siberia y de la zona de China, donde hacían verdaderos sortilegios para destruir personas. Todo esto se describe en “El Corazón de Asia”. Pero Nicolas Roerich trabajaba con un psiquismo, con una sensibilidad, con un refinamiento sumamente superior. Y ese refinamiento superior le llevó a conectar con lamas o con Mahatmas, como dicen en la India, Grandes Almas, distintas a las que conecta el pueblo, pero que el pueblo sabe que existen, incluso los propios lamas. Y esos son los Azaras, son los Lamas Blancos, reciben diferentes nombres místicos en las leyendas que investigaba Nicolas Roerich como explorador, como abogado, conocedor de leyes, como recopilador de cuentos y leyendas. Él todo esto lo plasmaba en la pintura, en sus poesías, lo ponía en sus diarios, y entonces el tema de Shámbala resulta de un refinamiento muy especial, que podemos hablar de ello si quieres.
R. Ya, porque en el camino en esta expedición que duró más de cuatro años, examinaban estos exploradores todo los signos que les llevaría a Shámbala, que contaban a lo largo del camino, y que fueron bastantes los símbolos que fueron hallando… Porque el concepto de Shámbala, ¿qué es, una ciudad imaginaria?
L. Para nosotros sería una ciudad imaginaria, porque claro, hablar de estas cosas… Pero se hizo una película, no se sabe muy bien si fue porque se tomaron textos del Preste Juan, un jesuita, donde se describe que hay leyendas de lugares especiales donde se reúnen seres excepcionales, inmortales de algún modo, o bien porque tienen algún conocimiento, o bien porque no tienen cuerpo físico, y que son el receptáculo de una gran sabiduría. Hay pequeñas historias de éstas. Y hay una película, “Horizontes Perdidos”, que habla de un lugar mítico en los Himalayas, donde los lamas viven, pero si salen fuera de ese lugar, envejecen. Esta es la parte más física. Lo cierto parece ser que hay lamas y libros antiguos en el propio Tíbet, que hacen referencia a una ciudad llamada Shámbala, que está construida con unas torres con meteoritos de Orión, y que de alguna manera los seres más avanzados en vidas pasadas, los más evolucionados, son los que están en ese lugar y custodian obras y conocimientos antiguos. Nicolas Roerich refleja esto en dos cuadros: uno en una cueva, que aparecen unos seres todo de un color azul impresionante, y luego lo refleja también en otra cueva. Entonces ellos se encontraron con seres excepcionales, que cuando consultaban a los lamas del lugar, de los monasterios correspondientes decían: “Son los Señores de Shámbala. Sólo se les puede ver una vez cada cien años, y vosotros tenéis el honor de conocerlos, y yo que estoy aquí sólo he oído hablar de ellos”.
R. Nicolas Roerich con su expedición llegaba a lugares remotos, desconocidos por aquel entonces del Tíbet, monasterios de cientos de monjes que hablaban de cosas así. Por ejemplo, de lamas que se retiraban al Himalaya y que algunos nunca volvían…
L. Sí, hay muchas historias de gente que se ha retirado, han podido perecer por el camino, pero se fueron con una única idea: Decían que habían recibido la llamada de Shámbala, la famosa palabra Kalagiya: “Venid, venid a Shámbala”. Y parece ser que cuando tú eres un ser muy elevado, que te has desprendido de todos los deseos por el mundo físico y estás con una paz muy especial, puedes ir a ese lugar.
R. Tiene una bandera que es un Tanka.
L. Hay un Tanka donde se ve un círculo de montañas nevadas, un Buda, que cada religión lo puede interpretar como el ser más perfecto de su propia cultura. Y hay unas claves, unos dibujos, que hacen referencias a Shámbala, es decir, hay pinturas antiguas de siglos pasados, y textos antiguos. Yuri, que era un experto investigando todo esto, en su libro “Los Anales Azules”, publicado en Calcuta, India, habla de la Zham-ba-la, de estas tres sílabas. Y esta Zham-ba-la o Shámbala es el lugar donde existen estos seres excepcionales con los que te puedes comunicar y recibir algo de ellos. Ellos recibieron algo y surgieron 14 libros solamente para hablar de Shámbala, conocidos como los libros del Agni-Yoga o de la Ética Viva. Y esos libros quisiéramos traducirlos también.
R. De momento está este libro “El Corazón de Asia”, de Nicolas Roerich, el cual ha sido editado por Ediciones S.R., y tenemos con nosotros a Leonardo Olazabal, su editor. Leonardo, y tuviste la oportunidad, como hemos dicho al principio, de presentarlo en Moscú a finales de 2008, en el Museo Roerich, estuviste con su Directora, la Sra. Ludmila Shaposhnikova, y ella expuso fotografías de un viaje que realizó en los años ochenta siguiendo la huella de los Roerich por el Asia Central.
L. Bueno, ha sido precioso, porque mientras estábamos nosotros, el Museo Roerich de Moscú tiene como 20 salas. En unas están las pinturas, en otras hay un piano donde se celebran conciertos. Otra está dedicada al Pacto Roerich por la Paz, que ahora vamos a celebrarlo también en el País Vasco y en España, si encontramos un local para hacer una exposición fotográfica del Pacto Roerich de la Paz del año 1935, celebrado en Washington. Y en este lugar se ponen sillas en cada sala, y en las Conferencias Internacionales que hay cada año, se celebran en el cumpleaños de Nicolas, que es el 9 de octubre. Imagínate, expertos, incluso astronautas que han llevado la Bandera de la Paz dando 108 vueltas a la órbita terrestre, incluso ha estado en la Estación Internacional. Imagínate cómo alzan este libro (El Corazón de Asia ) y lo presentan a la par que el libro de Ludmila Shaposhnikova que por primera vez, sale con las fotografías del viaje que realizó en 1980, y por el cual recibió el Premio Gandhi en la India. Y esas fotografías, que hay varios cientos, hay un grupo de ellas que se están exponiendo en India, pero otro grupo principal están en el Museo, y varias salas exponen esas fotografías. De todo ello se ha hecho un book, un libro muy grande que era tres veces más grande que el mío. Cuando yo presenté este libro –que ella ya sabía, porque me ha dado los permisos–, dijo unas palabras y cuando yo ya me iba, me hizo llamar, pero como yo no la entendía, todo el público me señalaba. La traductora que yo tenía levantó la cabeza y vio que me estaban llamando. Yo volví y la Sra. Shaposhnikova –que es una señora que ya tiene mucha edad–, cogió su libro, su book grande de fotografías acerca de este segundo viaje que hizo en cinco años, y en diferentes tramos, y me lo regaló. En ese momento sonaron todos los flashes y los aplausos. Así que me traje este gran libro que ahora tengo en casa. Bueno, un reconocimiento para mí, que me ha llenado de satisfacción interior, porque después de 30 años trabajando en silencio en este sentido, yo nunca imaginé que de aquella época en el País Vasco, tranquila y serena donde ni había televisión, haya tenido toda esta repercusión actual.
R. Sí, 30 años trabajando en silencio y en los últimos años en las montañas de Bedia, en Bizkaia. Allí tienes ese Museo Bandera de la Paz Nicolas Roerich, en el cual hay reproducciones de algunos de los cuadros del Himalaya, que recogió en esta expedición Nicolas Roerich en El Corazón de Asia. Para conseguir, tanto el libro como para tener información de estas pinturas y del trabajo que estáis haciendo en Bedia, tenéis una página web.
L. Sí,  www.shambala-roerich.com como no podía ser de otra manera. O si no, que pongan Leonardo Olazabal en el buscador, o que entren en la página o el blog de Roge Blasco.
R. En el blog, donde ya hemos hablado de este libro y hay más información. Que es entrar en eitb.com, el blog de Roge, y ahí aparece toda la información. Pero de todas formas ahí está esa página web: www.shambala-roerich.com. Bien, pues muchas gracias, Leonardo Olazabal, por visitarnos aquí en “Levando Anclas”, y que os vaya muy bien. Suerte.
L. A vosotros también.
R. En la búsqueda de la legendaria ciudad perdida de Shámbala nos ocultamos en la noche. Llega ya el final de “Levando Anclas”. Si queréis comunicaros con nosotros durante esta semana, nos podéis escribir al Blog de Roge, que lo podéis encontrar en eitb.com. Para cualquier sugerencia ahí nos tenéis. La aventura continúa. Dulces sueños.