Lo que Nicolás Roerich soñó en su tiempo no se cumplió y tampoco en esta época.

La Bandera de la Paz debería de ondear en todos los museos y edificios artísticos de aquellos países donde hay conflictos bélicos, pero si no se respetan ni siquiera las escuelas de los niños y los hospitales, ¿cómo se va a respetar un edificio con la Bandera de la Paz?

Vivimos en un mundo donde todas las buenas ideas caen en saco roto, y las pocas manifestaciones o expresiones relacionadas con la Bandera de la Paz que hay actualmente se limitan a solemnes ceremonias de puesta en blanco, más que a acuerdos de mesa ministeriales o académicas.

No hay más que ver las imágenes que se dan en internet cuando se escribe en el buscador la frase Bandera de la Paz Roerich. Esto hace que cuando un político o un periodista quiere informarse sobre el tema, se eche para atrás pensando que está frente a un movimiento sectario. Y más con los ataques de la Iglesia Ortodoxa precisamente en el País que vio nacer a la familia Roerich.

Otra cosa distinta es cuando la Bandera de la Paz se entrega con la solemnidad propia del traje y la corbata en sedes o foros como la UNESCO, la Organización de las Naciones Unidas, y los Ayuntamientos, entre otros. Abordando el tema desde una perspectiva seria y más académica, tal y como lo hace el Centro-Museo Internacional de los Roerich de Moscú (recientemente atacado desde varios frentes), un museo que durante 25 años ha crecido enormemente, dando la Bandera de la Paz en Foros Internacionales, celebrando multitud de conferencias, actos artísticos y veladas musicales. El Museo ICR ha realizado más de 200 publicaciones, entre libros y revistas, que abarcan 500.000 ejemplares, y significativos documentales, siendo visitado el museo por más de cuatro millones y medio de personas de todo el mundo, entre ellos famosos científicos, escritores, músicos, artistas y cosmonautas.

Flaco favor se hace a los Roerich y a su filosofía de la Belleza y de la Ética, si en la sociedad actual se habla constantemente de maestros ascendidos, canalizaciones, la llama violeta, y otras tonterías.

Cuando se trata de discípulos muy avanzados en el Sendero como Nicolás Roerich y su mujer Helena, que cuentan con una profunda cultura y un notable conocimiento de la ciencia oriental y occidental (con sus defectos también) emular su trabajo equivale a elevarse por encima o llegar a la altura de la conciencia que ellos tenían. Y eso es difícil de conseguir. No es lo mismo las palabras de elogio de un artista occidental o de un instructor oriental, o de cualquier otro sabio ilustre, que el comentario simple y bobalicón de aquellos que se identifican con estas figuras y se las apropian como si ellos fueran los elegidos para representar a estos grandes pensadores. Esto no lo puede hacer cualquiera.

A nadie se le ocurre entre el público en general, hablar de un sabio de física cuántica y escribir sobre su vida, o identificarse con un Albert Einstein, o Alexandra David-Neel. Sin embargo, personas como los Roerich, que dirigieron sus vidas a la causa de la paz, la armonía, la cultura y la ciencia, ejercen un fascinante misterio, y atraen a cualquiera. Entonces todo el mundo goza de una arrogancia sin igual y se ponen a la altura de estos maravillosos seres, sin comprender que si ellos son famosos es por el enorme esfuerzo de trabajo y estudio realizado como investigadores del profundo conocimiento de la vida de Asia.

En el pasado, mucha gente creía en los conocimientos y filosofía Roerich. Más de 20 países del mundo con sus más de 80 departamentos, comités, institutos y escuelas, funcionaban bajo los auspicios de Roerich en diferentes áreas de la ciencia y de la cultura. Sólo cuando se acude durante varios días a las conferencias internacionales en Rusia, sobre los diferentes trabajos que realizó la familia Roerich, se puede ver el alcance y la extensión del trabajo de esta familia compuesta por cuatro extraordinarias almas, realizándose una valiosa contribución a la cultura mundial.

Son muchos los movimientos en los que se arrogan la idea de que con ellos comenzó una Nueva Era. Este término fue empleado realmente por primera vez por Alice A. Bailey. Curiosamente, Helena Roerich la repudiaba, lo que fue un gran error por parte de su ego.

Más tarde muchos señalaron otras fechas como el principio de la Nueva Era, según sus Maestros.

Ha habido muchos momentos para indicar el comienzo de una Nueva Era, desde el punto de vista esotérico el más notable fue la utilización de la bomba atómica.

Pero también hay que entender que en la evolución de nuestro mundo, hay pequeños y grandes ciclos de expansión de la conciencia. El descubrimiento de la pólvora, el de la electricidad, el del té en occidente o la llegada del café, la creación de las medias de nylon en sustitución de las de algodón, la invención del ascensor, son -cuando se estudian- de una interacción profunda que marcan el paso y la vida de la sociedad.

Por lo tanto, se puede decir que hay muchas circunstancias milagrosas que hacen que vayamos evolucionando, aunque siempre con una tendencia no del todo lo creativa y luminosa que desearíamos que fuera.

Actualmente hay profundos cambios sociales y uno de ellos es la facilidad con que nos llega la información de todos los actos corruptos que se dan en todos los estamentos sociales, incluido en el militar o gubernamental. Lo que en los años 60 eran grandes secretos archivados, hoy distintas herramientas y discípulos sacrifican su vida personal por hacer público lo que hasta entonces era un abominable secreto. Es como si todo el pus y la podredumbre malsana que se hallaba escondida, saliera para que todo el mundo la vea y se produzca la acción justa que lleve al equilibrio y a la ética perdidas.

El proceso de expandir la conciencia de la humanidad es y ha sido el objetivo de los Maestros Espirituales, de todos los tiempos. No importa cómo se denominen a estos Avatares o Jerarquías.

En el pasado, las religiones tomaron esta tarea dirigida al público en general, pero deformaron la luz y la verdad a su antojo e intereses propios, y se corrompieron también. Ahora todo se está desarrollando de acuerdo a nuestra evolución y grado de libertad. Los gobernantes del mundo y sus títeres los políticos, junto a las agrupaciones de mentes oscuras, intentan coartar y destruir todo atisbo de verdadera luz espiritual, pero no pueden evitar que la verdad venga de todos los lados. Y con unos cuerpos y conciencias más sensibles, y la actitud adecuada, se desarrollará en el interior de cada persona la intuición de lo que es la verdadera percepción y el gozo interior, lejos de la comida basura, las drogas, la polución, y la intoxicación informativa.

Es el momento de la verdad. Tenemos que intentar trabajar para limpiar la suciedad que invade a este planeta, y hay que hacerlo desde todos los niveles de la vida y en toda parcela social. La inversión en armamento nuclear adquiere unas dimensiones terroríficas, mientras una parte de la humanidad necesita auxilio y comida.

Una suciedad planetaria, que se extiende y contamina desde lo más físico a lo más psíquico. Y por mucho que quieran dormirnos a esta realidad debemos de incorporarnos y con una proyección equilibrada decir: ¡Basta ya! ¡No hay medias tintas! Hay que formarse interiormente de una manera sólida para equilibrar y gestionar nuestro mundo interior, y así proyectarnos a embellecer el exterior, con la meta de no metas, sino sirviendo diariamente, reposadamente y con aplomo, como un Dharma o Deber Sagrado. Cuidemos los bosques, los ríos, montes, mares y océanos. Cuidemos el arte y la cultura. Cuidemos a la humanidad.

Leonardo