Archivos por Etiqueta: Alice A. Bailey

ENCUENTROS LITERARIOS EN EL JARDÍN ROERICH. LOS MAESTROS

TRATADO SOBRE MAGIA BLANCA O EL CAMINO DEL DISCÍPULO – ALICE BAILEY.

El discípulo muy pronto se da cuenta que los Maestros no son fácilmente accesibles. Se hallan tan ocupados, que difícilmente disponen de tiempo para comunicarse con el discípulo, y únicamente en una emergencia, en el caso de un principiante en el sendero del discipulado, utilizan la energía necesaria para ponerse en contacto. Con los discípulos antiguos y probados, los contactos son más frecuentes, se logran con más facilidad y tienen resultados más rápidos. Sin embargo, debe recordarse que cuanto más nuevo es el discípulo, mayor atención exige y considera que debe recibirla. Los servidores antiguos y más experimentados tratan de cumplir con sus obligaciones y llevar a cabo el trabajo mediante el menor contacto posible con el Maestro. Procuran ahorrarle tiempo y, frecuentemente, consideran que una entrevista con Él es una demostración de fracaso de su parte, y por lo tanto les produce desazón ocupar el valioso tiempo del Maestro, obligándolo a emplear Su energía en proteger el trabajo de cualquier error, y al discípulo de algún daño. El objetivo de todo discípulo avanzado es desempeñar su tarea y relacionarse con el centro de fuerza espiritual, su grupo, y estar así en continuo contacto con el Maestro, sin entrevistas ni contactos fenoménicos. La mayoría sólo espera establecer contacto con Su Maestro una vez al año, generalmente en la época del plenilunio de mayo. (p. 169)

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Rutas Espirituales y Encuentros Literarios – Agni Yoga y Albert Sassi

“Toda la creación gime a una, y está con dolores de parto hasta ahora, aguardando la manifestación de los hijos de Dios”.      Alice A. Bailey.

En el antiguo Egipto los neófitos tenían que pasar a través del miedo, peligros y tentaciones artificialmente creados y sólo un pequeño número de ellos eran capaces de pasar la prueba. En nuestros días todas las pruebas artificiales se han abolido y el discípulo debe ser capaz de enfrentar las dificultades y los obstáculos en la vida diaria. Y por supuesto sus motivos internos son tomados en cuenta siempre, junto con su atención, su valor, discernimiento, cautela, honestidad y devoción. Y de la misma manera, como en la antigüedad, sólo unos pocos tienen éxito hasta el final.

Tanto la miseria como la felicidad están dentro de nosotros. Los Grandes Maestros están siempre listos a extender la Mano para Ayudar pero uno debe saber como aceptarla. Recuerda la forma que se expresa la Enseñanza respecto de aquellos que están rogando por la Elevada Ayuda pero que no son capaces de aceptarla…/…

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La obligación kármica del discípulo/a de hoy día

¿Existen obligaciones kármicas en la vida actual del hombre, que lo imposibilitan para actuar como discípulo? A este respecto hay que tener muy en cuenta que un hombre puede llegar a ser discípulo y merecer la atención de un Maestro sólo cuando su vida vale algo en el mundo de los hombres, cuando ejerce influencia en su esfera y cuando moldea y actúa sobre las mentes y los corazones de otros hombres. Si no es así, el Maestro pierde tiempo en ocuparse personalmente de él, porque puede ser ayudado en forma  apropiada, de otra manera, por ejemplo, podrá extraer mucho conocimiento de libros e instructores,  que sólo es de carácter teórico y no práctico y adquirir mucha experiencia bajo la guía de su propio ego, el  Maestro en su corazón.

Tres mujeres extraordinarias

Alice A. Bailey en el Museo Roerich de España

El hombre es un discípulo cuando puede ser utilizado para desarrollar el plan de la Jerarquía y también influido para materializar esos esfuerzos planificados que permitirán a la humanidad dar los pasos necesarios hacia adelante. Esto implica (en su vida en el plano físico),  tiempo, reflexión, circunstancias propicias y otras consideraciones, que posiblemente el hombre haya alcanzado la etapa desde el punto de vista de su carácter, en que merece el reconocimiento de un Maestro, y sin embargo, tener obligaciones y deberes que  cumplir,  que  obstaculizarían  su  servicio  activo  en  determinada  vida.  El  maestro  debe considerar esto como también lo hace el ego del hombre.

Alice A. Bailey – “El camino del discípulo”, pp. 181-182