Un Iniciado discreto: Enrique F. Orfila

Yo he experimentado la sensación horrorosa del desdoblamiento de la personalidad, de convertirme en espectador de mi propia persona.

(D. Miguel de Unamuno)

Investigando en el otro lado de la vida. Un túnel, una luz y un cielo que alberga distintos planos de existencia donde se desenvuelven los espíritus y los Maestros de la Humanidad.  

Leonardo: Es la madrugada del 1 de julio de 1993. Estamos con el Diario de Enrique y leo algo en inglés sobre el Sr. Gownder…  

Enrique: Sí, él no es el yogui, es el que trajo al yogui en su jeep. Ellos vivían o viven cerca de Koonur, a unos 20 kilómetros de Kotagiri, en un valle dominado por un cuartel del regimiento de Madrás y donde hay casas de oficiales. El Sr. Gownder es un rico propietario que tenía su familia allí. Éste me ofreció una casa en el valle, sin tener que pagar el alquiler, a medio camino entre Koonur y la casa del yogui.

Leonardo: Debía apreciar mucho a este yogui.

Enrique: Sí, sí.

Leonardo: Entonces empezaste una nueva rutina en tu vida, ¡la práctica de Yoga! que duró 8 meses, donde obtuviste numerosas vivencias con tu Instructor, al que acudías cada día. Al parecer, el hijo de Gaudier, que tenía 25 años de edad por aquella época, te llevaba y te traía de nuevo a tu casa una vez terminada las enseñanzas.

Enrique: Sí, él conducía el auto e íbamos el padre y yo a la casa del Yogui.

Leonardo: Yogui que acudió a ti por mandato de su Maestro para enseñarte ciertas técnicas que debías practicar durante un tiempo.

Enrique: Sí, así es. Fue para activar lo que ya había practicado al otro lado durante el sueño.

Leonardo: Entonces, él te iba mostrando y corrigiendo los diferentes ejercicios de Yoga y te enseñó una serie de técnicas de respiración o pranayama, muy esenciales para el resultado que tenías que obtener, que era….

Enrique: Salir conscientemente y siempre que quiera de mi cuerpo físico.

Leonardo: Después de días de prácticas y estudio, bajabas a la calurosa India, a la llanura…

Enrique: No, no, solo muy ocasionalmente.

Leonardo:¿Ibais a comer a algún restaurante cuando bajabais de esas montañas? La llamada del Maestro Morya 

Enrique: No, no bajábamos de las montañas. Estábamos siempre arriba. Es un valle que hay por allí con subidas y bajadas.

Leonardo: ¿Y allí se comía vegetariano?

Enrique: Sí, ambos.

Leonardo: ¿En aquella época que hacías Yoga era necesario seguir un régimen vegetariano?

Enrique: Sí, sí.

Leonardo: Te enseñaron la respiración alterna, la concentración y la meditación.

Enrique: Sí, también. Sobre todo centrarse en el otro lado. No sé si está claro…

Leonardo: Así que como en el Zen, la mente lejos de lo cotidiano y si se vuelve activa otra vez para el mundo, la puerta del otro lado se cierra. Entonces la mente tiene que estar tranquila para que se eleve. El otro día me dijiste que cuando la mano, que simboliza la conciencia, sabe que no es el guante, que simboliza el cuerpo y la mente, entonces puedes salir del guante y ser libre.

Enrique: Sí, a veces lo explico con otro ejemplo: Imagínate que has nacido en una habitación oscura, sin ventanas y sin luz, y la puerta está allí enfrente con la llave puesta, pero como está oscuro no lo sabes. De repente un día ¡todo se ilumina! Y sabes qué hacer. Creo que es también un buen ejemplo.

Leonardo: Sí, está bien. Está la gente esperando la libertad escondida, sin ser descubierta. Y la llave es la Maestría, la transcendencia de esa propia mente. Pero lo primero que te enseñó este Yogui fue empezar a vaciar la mente de su contenido actual. Es un principio largo en el Sendero, pero que conduce a la libertad y vale la pena el esfuerzo empleado en ello. O sea que aquella noche inesperada, tú querido Enrique, pudiste dejar a voluntad los tres cuerpos: el Físico-Etérico, el Astral y el Mental, de un modo consciente, e ir a cualquier parte, a cualquier nivel de la conciencia y del mundo, y al cielo mismo, y recordar a la vuelta lo que habías experimentado o visto, sin engañarte como otras personas se engañan en el Plano Astral.

Enrique: Eso es.

Leonardo: Cuando volvías al cuerpo no lo recordabas como un sueño vago.

Enrique: No, es como si te marcharas con el cuerpo ahora mismo. Tan claro como lo que se hace a diario.

Leonardo: ¿Podías en el más allá, en lo que podemos llamar Cielo, encontrarte con amigos que habían muerto recientemente o hacía ya mucho tiempo?

Enrique: Sí.

Leonardo: Descubriste el trabajo que hacías en los mundos Superiores. Empezaste a saber de acontecimientos que aún no habían sucedido en el tiempo, en algunos casos 14 años antes. Más tarde podías leer en los periódicos de Madrás lo que habías visto días atrás.

Enrique: Si, Eso está claro, ¿no?

Leonardo: Aprendiste de primera mano lo que los libros de ocultismo dicen y también las inexactitudes que puede haber en algunos de ellos.

Enrique: Eso es.

Leonardo: Y entonces es cuando empezaste a tener vislumbres de tus vidas pasadas y las de tus amigos, allá en la India.

Enrique: Sí.

Leonardo: Y finalmente obtuviste la memoria de algunos de los Adeptos. ¿A qué te refieres con memorias de algunos de los Adeptos?

Enrique: Pues que recordé haberme encontrado con varios Maestros en un centro oculto en el Plano Astral del Tíbet.

Leonardo: Pero estamos en los Nilguiris, en el sur de la India. Y tú sabías que desde allí ibas regularmente al centro de reunión o Ashrama en el Tíbet, mientras tu cuerpo dormía. Durante aquel tiempo estabas ocupado en aprender a salir a voluntad de tu cuerpo astral y mental, mientras tu cuerpo físico estaba durmiendo en los Nilguiris o en Adyar, en la Sociedad Teosófica. ¿O sea que ibas al Tíbet, donde estaban los Adeptos?

Enrique: Sé que acudía a un lugar oculto dentro del Himalaya.

Leonardo: Cuando dices centro oculto lo dices por desconocido ¿no?

Enrique: Eso mismo, sí. Oculto en el sentido en que poca gente lo sabe.

Leonardo: La primera vez que atravesaste el túnel…

Enrique: No, no hay ningún túnel.

Leonardo: Mencionas en tu Diario Oculto que lo primero que te diste cuenta fue del esfuerzo requerido para desprenderse de los cuerpos sutiles, el astral y el mental, usando la voluntad. En el momento en que lo conseguiste te encontraste flotando en la habitación, después saliste de dentro de la montaña y apreciaste los bosques que rodeaban ese lugar.

Enrique: Todo eso está en mi Diario Oculto, que tú editaste como “La esencia más allá de las nubes de la mente”.

Leonardo: Sí, sí. Durante la evolución humana llega un tiempo cuando este fenómeno de separarse del cuerpo astro-mental (para mencionar a los dos cuerpos), ocurre durante el tiempo que el cuerpo duerme. Esto ocurre hasta cierto punto, después de haber entrado en lo que se llama el Sendero Espiritual.

Enrique: Sí, eso ocurre en la Tercera Iniciación. Eliminando tres siglos de espejismos

Leonardo: Cuando un discípulo/a ya ha entrado en el Sendero Espiritual, empieza a estar activo en los Mundos Espirituales más allá del plano mental, aunque no lo recuerde en sus horas de vigilia. ¿Esto suele ser normal?

Enrique: Sí, sí.

Leonardo: Ya que el hombre no puede obtener un beneficio verdadero de su contacto con los Adeptos que guían a la humanidad, ni en nuestro mundo ni en los mundos psíquicos, tiene que ascender al mundo de Ellos, tiene que estar por encima del mundo psíquico que llamamos Plano Astral y Mental Inferior. Entonces, la mayoría de los libros sobre el tema son un puro espejismo.

Enrique: Claro, fácilmente. Porque en el Astral, si crees una cosa, se materializa y ya estás pillado.

Leonardo: Comprendo.  

 

Si quieres saber más, lee esta nueva obra titulada:

 

“Conversaciones esotéricas con un teósofo zen”

de Leonardo Olazabal Amaral
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