Beatriz He pedido a mi amiga Beatriz que me escribiera unas letras a cerca de su encuentro humano y espiritual con Svetoslav Roerich allá en Bangalore, India. Y aquí está. Es para mi un honor presentarlo hoy Día del Maestro y del Agni-Yoga. Leonardo.

Una de las grandes pasiones de mi vida ha sido todo lo que tiene que ver con la familia Roerich, eso me llevó a investigar, viajar y seguir en algunas ocasiones sus propios pasos. Nunca pude imaginarme que con los años tendría la oportunidad de estar con uno de los componentes de esta familia pionera en tantas cosas y a la que daría el título de Grandes Benefactores de la Humanidad por todo el legado que nos han dejado. Así que cuando la vida me presentó la oportunidad de estar con Svetoslav no lo dudé en ningún momento. Tenía una mezcla de alegría y nerviosismo, miles de preguntas se agolpaban en mi mente, no quería perderme nada de esta vivencia, pero cuando a las 5 de la tarde entraba en la habitación del hotel Asok de Bangalore donde se encontraba Svetoslav, todas las preguntas se me habían olvidado.

Nos recibió con una sonrisa amplia y después de hacer las presentaciones me preguntó si quería tomar algo; contesté que un estaba bien. ¿Tienes hambre? Hay tarta de chocolate… Debí poner una cara de sorpresa, llevaba días en India y precisamente comer no había sido lo mejor que había hecho, pero tarta de chocolate… para mí eran palabras mayores, así que él muy educadamente le pidió al camarero que me trajera un trozo que degusté mientras compartía con él y Devika Rani unos momentos de nuestras vidas.

Parecía que había una línea de tiempo que confluía, la conversación fluyó de una manera natural y relajada, como si nos conociéramos de siempre, compartiendo aquello que amábamos. Hablar de su padre Nicolás y de su madre Helena no le costaba nada, hablaba con una mezcla de emoción y sobriedad. Al mismo tiempo él estaba atento a mis necesidades, fue un perfecto anfitrión y yo estaba tan contenta… Se notaba su exquisita educación y la cantidad de conocimientos que se desprendían de su manera de hablar y de actuar. Pero sus palabras más impactantes fueron las que hacían referencia a su propia vida. “Mi vida es simple, todo lo que tengo es lo que llevo dentro” Todo lo que hablamos con respecto a sus padres no hacía más que corroborar lo que de muchas maneras ya se sabía pero el testimonio de Svetoslav hacía que todo tomara una dimensión diferente.

Hablamos sobre la tumba de su madre en Kalimpong, que tiempo atrás yo misma había visitado, así como de la casa donde vivió sus últimos años. Devika Rani fue a visitar la tumba de su suegra muchos años atrás llevando flores y presentes realizando una pequeña ofrenda en memoria de Helena.

Svetoslav hablaba de su madre con gran respeto, “era una mujer muy hermosa, calmada y cariñosa. Sus últimos tiempos fueron solitarios ya que la mayor parte del tiempo se lo pasaba escribiendo”.

Recordé entonces las palabras del gobernador de Kalimpong con respecto a Helena, “era una mujer muy honrada por los lugareños, de vez en cuando acompañada por varias mujeres del karakorum se introducía en la montaña donde pasaba un tiempo para luego volver a su casa y ponerse a escribir.”

Svetoslav habló de ella de una manera dulce aunque se atisbaba cierta nostalgia en sus palabras. Cuando habló de su padre Nicolás la admiración hacia él se manifestaba “no he conocido otra persona que tuviera estas cualidades tan grandes, él conocía todo lo que era profundo. Era un hombre bajo todo punto extraordinario”. Consideraba que la obra de sus padres todavía no había manifestado toda su potencia en el mundo y que ese legado estaba todavía por descubrir en muchos de sus aspectos y cualidades. Cuando algo te entusiasma el tiempo pasa volando y cuando me quise dar cuenta el tiempo que concedió Svetoslav se había terminado.

Es evidente que ningún libro e investigación sobre Nicolás y Helena podrán estar a la altura de las palabras directas impregnadas de fuerza, de amor y de admiración de un hijo hacia sus padres. La vida me había hecho un regalo.

22 de Febrero de 2015 Luna creciente Beatriz