De la obra: “Conversaciones Esotéricas con un Teósofo Zen” de Leonardo Olazabal Amaral Obra dedicada a los estudiantes mundiales de la Sabiduría EternaUNA BIBLIOTECA EN LOS HIMALAYAS

Leonardo: Háblame de nuevo del secreto que te fue revelado.

Enrique: Parecían libros normales, pero no lo eran, tenían dos partes o cuerpos, y recuerdo que yo aprendí a leerlo, no recuerdo cómo lo hice. Me di cuenta que se refería a algún alma, a un individuo. Me sentí atraído por otro y era el de un amigo mío que estaba entonces en la Sociedad Teosófica en Adyar. Se llamaba Dunkan Greemlis y era egiptólogo.

Leonardo: Ah, me enseñaste una foto.

Enrique: Sí, sí. Entonces yo no sé cómo lo hice pero con otro libro, no con mi amigo, yo vi todas las vidas pasadas de ese individuo al instante.

Leonardo: ¿Se puede hacer eso?

Enrique: Bueno, es lo que me pasó a mí. Y no se lee con los ojos, no recuerdo cómo lo hice. Y si te concentras en una vida, puedes ver toda esa vida desde el momento en que se nace hasta que se muere. Y así uno puede sacar de estos libros –no sé cómo llamarles– todo el pasado de esa persona, incluyendo la totalidad de sus vidas o reencarnaciones.

Leonardo: ¿Y puede existir lo mismo pero hablando de una civilización en particular?

Enrique: No lo sé. En ese sitio eran individuos que están en el Sendero, o han estado en el Sendero.

Leonardo: Ah, comprendo.

Enrique: O sea, son los archivos de todos los individuos que han entrado en el Sendero desde que la humanidad existe en la Tierra. Y supongo que los Maestros también.

Leonardo: ¿Se puede decir que la Jerarquía entonces es muy antigua, o es joven?

Enrique: Eso no lo sé.

Leonardo: ¿Y se puede ver la vida tanto de hombres como de mujeres?

Enrique: Ah, claro que sí.

Leonardo: ¿Y eso estaba en los archivos de los Himalayas?

Enrique: En ese Centro de los Maestros, donde a mí me entrenaron, sólo que en otro lugar.

Leonardo: ¿Y esto no tiene nada que ver con los Archivos Akhásicos?

Enrique: Creo que no. ¡No, no! [Enrique niega con la cabeza mirando al suelo].

Leonardo: No, porque en los Archivos Akhásicos se ven más las civilizaciones y otros aspectos. Hay mucha gente que presume de ver los Archivos Akhásicos. Eso no es fácil, ¿verdad? Y que la gente lo cuente en cursillos de fin de semana es ya inaudito.

Enrique: Bueno, yo los he visto pero no recuerdo por qué. Los planos superiores tienen formas de protegerse.

Leonardo: ¡Para ver la época de los dinosaurios! Yo digo en mi novela: “Entre vuestra materia y la Nuestra –dice el Maestro– hay un grado menor de densidad, nos movemos en otro nivel de la existencia que aun siendo material es de una química radiante y etérica, reflejo de la Tierra, sólo que aquí el sustento es enteramente espiritual conservando la imagen de nuestro último paso por la Tierra. Con lo mejor de las cualidades adquiridas conformamos un cuerpo espiritual de gran belleza”. Cabe la posibilidad de que una vez que estamos en esos planos superiores mantenemos la imagen de la última vida o es un poco la de todas.

Enrique: Yo creo que mantenemos la forma de nuestro cuerpo causal, porque nosotros cuando nacemos tenemos un cuerpo y un porcentaje muy grande pertenece a la última familia, de la línea de la familia que se ha tenido. Y por eso es que mucha gente cuando se muere parecen diferentes o más jóvenes pero reconocibles.

Leonardo: ¿Y por qué parecen más jóvenes?

Enrique: Porque entonces nos parecemos más al cuerpo causal, que no envejece nunca. Es como los grandes Adeptos, el Señor del Mundo por ejemplo es siempre joven, porque no ha tenido un cuerpo físico, como nosotros. Pertenece a una evolución muy superior.

Leonardo: O sea que se muestra el verdadero cuerpo causal o alma.

Enrique: Y esa es la razón también de por qué cuando envejecemos y nos morimos rejuvenecemos en el Plano Astral y Mental, porque es el cuerpo físico el que envejece, y no el cuerpo causal.

Leonardo: ¿El cuerpo causal es el alma revestida de la mente?

Enrique: Y del astral más refinado, junto con el mental superior y el causal.

Leonardo: ¿Es con estas naturalezas que construimos el Mayavirupa?

Enrique: No, se construye desde la voluntad interior.

Leonardo: Pero con materia astral y mental, como decía Blavatsky, para que se pueda mover en esos planos.

Enrique: El Mayavirupa puede ser –generalmente es– de materia astral y mental. Y para los seres muy grandes, que no viven en los planos bajos, el cuerpo causal –supongo– también es parte del Mayavirupa. El cuerpo astral se necesita para entrar en contacto con el cuerpo astral de las personas que viven físicamente en la Tierra.

Leonardo: En los seres muy elevados, el cuerpo causal es parte del Mayavirupa.

Enrique: Yo me imagino que sí.

Leonardo: Es decir, sin parte astral.

Enrique: Depende de dónde se tiene que manifestar. Si se tiene que manifestar a nivel mental con gente que está encarnada que llega a ese nivel, entonces no se necesitará el cuerpo astral.

Leonardo: Ya, muy bien. Aquí dicen los Maestros: “Sólo necesitamos un mínimo esfuerzo mental para aparecer por un corto espacio de tiempo en cualquier lugar de la Tierra donde se nos necesite. No vivimos en ella ni dependemos de su oxígeno ni de las leyes químicas o físicas. Como ya sabéis, hay otros niveles de existencia gobernados por las leyes propias del Reino Espiritual Superior, en las octavas más altas del Mundo Sutil, las almas más avanzadas pueden abandonar a voluntad su cuerpo astral y su cuerpo mental, mientras permanecen en su cuerpo causal”. ¿Es eso, no? Conversaciones con un discípulo directo del Maestro Morya

Enrique: Sí. Y los diferentes grados de iniciación, posibilitan esas cosas. Es que la verdadera visión no es con los ojos físicos. Es otra cosa.

Leonardo: Es que hay gente que dice que si no tienes ojos físicos, cómo vas a ver el mundo espiritual, y lo que hay que explicar es que ya se ve en el mundo espiritual… Los ojos físicos es una adaptación para ver en el plano físico. O sea, antes era el espíritu y luego vino el cuerpo, y no al revés. En algún punto de la novela pongo que es la función la que crea el órgano. Desde el punto de vista científico, es decir, la necesidad de esa función es la que ha creado el órgano. Antes estaba el espíritu y luego se han ido creando las diferentes cualidades en el cuerpo físico. En “La Colina de Laurel” digo: “Los relatos descritos en el pasado por algunos viajeros occidentales acerca de nuestra existencia, no es más que una divertida mitología poética obtenida más por historias del boca a boca, por delirios y trances mediumnímicos, que por encuentro real con nosotros ¿comprendéis? La mente, aún imperfecta en su naturaleza, colorea y disfraza las ideas más puras del Logos. Esto les ha llevado a creer que realmente existe una raza superior viviendo en las ciudades subterráneas ajenas a la evolución de vuestro mundo. Pero esto es una contaminación, un espejismo de la mente”. ¿Es correcto, Enrique?

Enrique: Sí.

Leonardo: Tú, por ejemplo en el grupo, erais cinco. Como ya me has contado muchas veces, eras el que tenía cuerpo físico y los otros cuatro ya no lo tenían. Entonces tú eras el jefe de ese grupo, y cuando ibas a descansar, salías del cuerpo, te reunías con ellos e ibas a un lugar del mundo determinado, siempre por asuntos de política internacional. Y después de hacer la observación, la que corresponda, ibas a informar a…

Enrique: Al final del día o de la noche, antes de regresar a mi cuerpo, yo iba a dar parte al Jefe nuestro.

Leonardo: Sí, al Maestro. Por ejemplo, ahora nos acostamos y una vez en el Astral queremos observar a Bush en los EE.UU. Si él está despierto, porque en ese continente es de día, no podemos entrar en contacto con él.

Enrique: No importa porque puedes leer su pensamiento o la situación.

Leonardo: ¿Percibes lo que ocurre y las intenciones?

Enrique: Por ejemplo, lo que yo hacía primero de todo cuando yo salía del cuerpo, era ir a Rusia a ver lo que había en la mente de Stalin, y Stalin aún estaba despierto ¿entiendes?

Leonardo: ¡Curioso! Veías las intenciones reales.

Enrique: Nosotros no teníamos nada más que hacer que dar cuenta de lo que veíamos. Sin interferir, ya que estaba en juego una posible Tercera Guerra Mundial.

Leonardo: ¿En la actualidad hay más grupos que puedan estar informando? Con esto de Irak…

Enrique: Supongo que sí, que el mundo está todo dividido en zonas.

Leonardo: Y unos Maestros se ocupan de unas zonas y luego informan más arriba.

Enrique: Sí, Maestros de Primer Rayo. …/…    

Petri, afanada en la cocina, interrumpe la conversación suavemente y dice: Os oigo hablar de tener los pies en el suelo y de mantener siempre el sentido de la realidad. Algo muy propio de Géminis, que sabemos estar en dos planos distintos. Habláis de la Jerarquía Oculta, de los Maestros en la Tierra, de trabajos en el Astral Superior, sin embargo no parece estar reñido lo uno con lo otro. Parecen dos planos de una misma realidad ¿no?  

Enrique: Exactamente. Son dos mundos pero no opuestos, simplemente de distinto nivel. –Y añade–: El entrenamiento yóguico y psicológico saludable consiste precisamente en indagar, en hacer una investigación oculta, que es lo que he hecho yo. Por eso puedo distinguir actualmente entre la pseudo-espiritualidad y la auténtica espiritualidad. ¿Comprendes?  

Leonardo: Sí, lo que quiere decir es que la gente pierde el rumbo fácilmente. Yo lo he visto por algunas visitas que a veces me llegan al Centro de Yoga. Dan preferencia al más allá, que es siempre tan poco fiable. En cambio a lo que se ve y podemos tocar con las manos, no.  

Enrique: Eso mismo.  

Leonardo: Y con ello no estamos limitando el pensamiento, sino que estamos haciendo una de las prácticas más importantes del Raja-Yoga que es discernir, Viveka, para una real evolución de la conciencia. Y este Sendero debe ser recorrido con mesura, pues se trata de caminar por “el filo de la navaja”.  

Enrique: De hecho, he visto que tú mismo trabajas en tu laboratorio de Radiónica con el péndulo, ¿cómo lo llamas? ¿Radiestesia? que de alguna manera evoca una naturaleza de tipo psíquico superior, algo extraordinario, pero que yo, te he de confesar, me he comprado un péndulo y a mí no se me mueve.   [Risas de todos].  

Petri: Claro, porque tienes que dedicarle un tiempo.

  Leonardo: Hay que tener “fluido”. Permitir que el sistema nervioso haga fluir la respuesta psíquica. Como sabes, la piel es el mayor conductor que existe de electricidad nerviosa o magnética que transcurre desde el cerebro hasta los dedos de la mano, y de éstos al péndulo.  

Enrique: Sí, pero que te conteste si una cosa es verdad o no lo es, me resulta difícil de verlo.  

Leonardo: Es algo más natural de lo que parece. En cuanto tienes cierta práctica y cierto nivel te das cuenta sobre el alcance de este arte zahorí. Una cosa es o no es, como tú bien dices. Y el cerebro de alguna manera lo sabe, y el péndulo te sirve precisamente para discriminar y llegar a esa información de acuerdo a las preguntas que haces, de acuerdo a un código. Tiene que haber un método de consulta, y un trabajo metódico y disciplinado. De hecho, hay un código detrás de todas las cosas. La apariencia fenoménica del mundo es aritmética. Los números son vibración, y la vibración puede formularse como códigos numéricos, y éste es el patrón de vida que sigue la causa-efecto. El arte del péndulo es arte en cuanto a quien lo maneja y su nivel de percepción psíquica superior. No hay palabras para definir estas cosas que corresponden al mundo abstracto y a los campos de energía procedente de los diferentes tipos de materia. El caso es que el radiestesista puede comprender estas cosas mediante el procedimiento de “fallo-acierto”.  

[Enrique menea la cabeza afirmativamente].

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