LAPIS EXILLIS
El Tesoro del Mundo
Llamada La Piedra Negra y del tamaño del hueso de un melocotón, resulta ser la Joya más preciosa, el péndulo más preciso, que el ser humano ha llegado a ver y tocar… jamás.
Su radiación invisible, lejos de los rayos X de Madame Curie, han servido de guía a reyes y gobernantes de Corazón Puro. Así fue en el pasado… El Rey Salomón, rey de Israel, considerado el hombre más sabio y justo de la historia; Akbar el Grande (1556-1605) en la India, antiguos emperadores y reyes de China, Mongolia y Tíbet, la tuvieron –en su cofre de marfil– durante el tiempo suficiente como para crear nuevos estados y civilizaciones.
Es el tesoro mejor guardado del mundo. Un meteorito, que cayó del cielo hace millones de años, con una carga condensada de información vibrada procedente de la Constelación de Orión.
¿No fue, mirando a esta región del Espacio Cósmico que empezó todo el Zep Tepi, la Edad de Oro del Saber del antiguo Egipto predinástico, el período real de la Esfinge?
La Piedra Negra tenía y tiene –aún hoy día– la extraña cualidad de que ningún alma oscura, ningún ser abyecto, ningún corazón seco, se acerque a ella.
De hecho, a su poseedor, avisa a tiempo de todo acontecimiento, ya sea negativo o positivo:
* Cuando se oscurece… significa: Cuidado, camino incorrecto…
* Cuando una estrellita o diminuta esfera de luz brilla sobre ella: Éxito asegurado.
* Cuando teniéndola en la mano, se vuelve más pesada de lo normal: Peligro, accidente, batalla, sangre, conspiración.
* Cuando hace vibrar las corrientes nerviosas y los chakras menores de la mano: Honores, reconocimiento, sensibilidad.
* Si su poseedor tiene sueños con el fuego, avisa de convulsiones planetarias y guerras cercanas.
* Cuando la piedra permanecía estable, como un guijarro más, ello indicaba que todo estaba bien, y que el camino estaba despejado, que todo era correcto.
La Chintamani es conocida desde tiempos inmemoriales en las regiones del Himalaya. Y como Lapis Exillis se la conoció en las Escuelas Antiguas de Sabiduría Eterna de Occidente. No las de ahora, que no son nada más que unas expendedurías de cursos variopintos, creados para el enriquecimiento propio y el sustento de una economía basada en el sibilino marketing empresarial, y dirigidas por individuos que no superan la media de la estatura humana.
Sí, Lapis Exillis desenmascara a los poseídos, a los místicos de postín, a los tiranos, a los vestidos con las tinieblas del bajo astral, a los mercaderes que venden sombras y toda clase de espejismos… a los iluminados que no lo son.
¿Cabe mayor poder y gloria que este don? La calidad humana, mental y espiritual del poseedor de La Piedra Negra, ha de ser lógicamente excepcional. Individuos, hombres o mujeres, de gesto sencillo, mirada luminosa y carácter de toro... Sí, he dicho de toro, porque se requiere de una gran Fuerza de Voluntad, para dirigir a una masa humana que se rige más por los caprichos de su cuerpo, que por tener la mente de un iniciado, los leales “Caballeros de Shámballa”. Sí, ese ejército que sigue la máxima de San Agustín: “Señor, dame la voluntad de actuar según tu voluntad”.
Cuatro de estos seres que trabajaron desde la Supraconciencia, fueron:
Nicolás K. Roerich, su mujer Helena I. Roerich, y los hijos de ambos, George y Svetoslav.
Un 6 de octubre del año 1923, la Plaza Vendôme de París se iluminaba no sólo con los primeros rayos luminosos del amanecer… sino con los rayos de la luz proveniente de un cofre sagrado del siglo XIII que contenía la Joya de los Maestros… La Chintamani, El Tesoro del Mundo, que Nicolás inmortalizó luego en varios de sus lienzos.
Esa mañana en París, las Fuerzas de la Luz provenientes de la Gran Fortaleza de Shámballa, arribaban como un paquete postal más, pero con todo su poder y grandeza, disimulada y no percibida por el ojo ordinario. Así llegó a manos de los Roerich.
La Piedra Negra de la Fraternidad de Maestros del Himalaya (obsérvese que no digo Maestros Ascendidos), tomaba una nueva misión, ahora en manos de los Roerich, con motivo de su partida a la lejana India. La Travesía en el buque a vapor “Macedonia” no sólo llevaba a gente curiosa o interesante, sino que esta vez, varias almas custodiaban un cofre, que contenía el Mayor de los Tesoros… Un tesoro que debía salvarse de la desolación y oscuridad que iba a acontecer en las décadas siguientes por todo Occidente.
Leonardo O. Amaral
Director del Museo Bandera de la Paz N. Roerich
Para saber más: www.shambala-roerich.com:
Es curioso que cuando escribía este artículo en la mañana (11 A.M.) del día de Luna Llena del 2 de diciembre de 2009, recibo un paquete de correos certificado, que viene del Museo de Nicolás Roerich de Nueva York, conteniendo un ladrillo del rascacielos “Master Building” de 1929, donde estuvo el glorioso Museo Nicolás Roerich.

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