Comisario: Iñigo Sarriugarte Gómez.

Artistas: Javier Landeras, Laura San Juan y Mikel Lertxundi.

  La muestra se ha podido visitar en Romo Kultur Etxea hasta el 28 de septiembre. Ahora se puede ver en Arizko Dorretxea de Basauri del 30 de septiembre al 24 de octubre, y próximamente en la sala de exposiciones de Zelaieta (Amorebieta-Etxano) entre el 26 de octubre y el 14 de noviembre, en la sala de exposiciones de Kultur Leioa del 17 de noviembre al 6 de diciembre y en la Sala de Exposiciones de Arrigorriaga del 10 al 30 de diciembre.

La de este año es la XXIII edición de esta exposición coordinada entre salas de cinco ayuntamientos (Arrigorriaga, Basauri, Getxo, Leioa y Amorebieta–Etxano) con el apoyo de la Diputación Foral de Bizkaia.

El término de origen chino Shakkei, que aparece ya en el tratado bajo el título “Yuanye” del siglo XVII, y que se extrapolará posteriormente a la cultura japonesa, hace mención a la estrategia de insertar las características de un paisaje exterior en la conformación de un jardín. Su presencia es habitual en el diseño tradicional de los jardines chinos y japoneses. Por lo tanto, estaríamos hablando de un escenario o paisaje prestado.

  Desde una perspectiva divergente por parte de cada artista, se aglutinan una serie de obras que en su conjunto simulan la representación de un jardín prestado. Cada uno de los creadores proporciona una mirada discontinua y diferente en su acercamiento a los elementos que componen un jardín oriental.

Si para hacer uso del Shakkei es imprescindible una enmarcación física para la propia existencia del jardín, en este caso la condición espacial de cada sala hará la función de esta acotación para la interrelación y comunicación de las distintas obras escogidas.

  En relación con los trabajos seleccionados y partiendo de las fotografías de Javier Landeras (Bilbao, 1965), se muestran distintas instantáneas de jardines japoneses, caso de las series Shironi Hana (2008) y Kyoto Rikyu (2008-2012). Las pautas analíticas en las propuestas de Javier Landeras se centran en temáticas como territorio, paisaje, naturaleza y cultura. Todas sus fotografías elaboradas en base a las premisas anteriores permiten desarrollar una lectura de la interacción humana con su entorno. Son propuestas que hilvanan el presente con el pasado, por ejemplo, cuando ciertos trabajos quedan inoculados mediante leves alteraciones y simulacros de defectos técnicos, que nos llevan a rememorar instantáneas de otros tiempos. Este señuelo de pequeñas perturbaciones y deficiencias técnicas nos acercaría al entramado estético del wabi-sabi, asentando la presencia de la imperfección, entendiéndose como otra manera de acercamiento visual a la belleza.

  En el caso de Laura San Juan (Donostia, 1963), encontramos propuestas relacionadas con la naturaleza, donde se procede a trabajar sobre mínimas estructuras y reducidas pinceladas, con una actuación fabril y técnicas conectadas con la pintura sumi-e (técnica de dibujo monocromático en tinta negra empleada en la pintura china), lo que le permite infundir a sus propuestas la intencionalidad aséptica de la estética y el pensamiento Zen. De formación dilatada y autodidacta, Laura San Juan comenzó en el año 2004 a mostrar un visible interés por la pintura Zen, iniciándose en profundidad en esta práctica pictórica con Andy Kay y en pintura china con el Maestro Li Chi Pang.

   Bajo una labor docente, ha diseñado un método para que cualquier persona pueda pintar con tinta china un eguzkilore en diez pasos, sin conocimientos previos de pintura. Este proyecto queda reflejado en la publicación “Como pintar un eguzkilore con tinta china paso a paso” (2016), donde aplica principios Zen sobre la base de mínimas etapas para objetivos mayores. Con el propósito de comprobar su propuesta se ha llevado a cabo su experimentación mediante más de 100 pruebas entre distintos grupos de personas: escuelas, residencias de mayores y todo tipo de voluntarios.

Otra de sus facetas intelectuales se ha centrado en la traducción del manual “The Mustar Seed Garden Manual of Painting”, editado en el año 1700 en Shanghai, donde se agrupan dictámenes sobre los fundamentos de la pintura tradicional china y de sus grandes maestros. En el año 2009 se crea la Asociación de Pintura Zen y Sumi-e “Pincel Zen” de la cual Laura San Juan es promotora y presidenta.

Dicha creadora da gran valor a la presencia energética de los materiales y soportes empleados, ya que una gran mayoría de estos se centran en distintos papeles orientales, como el Xuan o el de biombo japonés. Igualmente, sus materiales se instalan en la aplicación de tintas de colores en barra disueltas a mano en piedra, así como propiamente la tinta china y las acuarelas. Siguiendo con esta línea de acercamiento a la estética oriental, presenta algunas de las obras en formatos de estor, lo que induce a fortalecer la sensación introductoria a un espacio oriental.

  Finalmente, se encuentran las piezas de Mikel Lertxundi (Berriatua, 1951), con una mirada más distante a la cultura oriental, pero que igualmente consigue aproximarse a dicha estética mediante la condición formal y la disposición de los materiales mostrados, en base a la piedra, la madera y el hierro, lo que favorece un juego de simulación en torno a algunos de los materiales constructivos y complementarios que son empleados en los jardines japoneses.

Cuando el artista aboga por formas abstractas se observa una clara búsqueda de la naturaleza, con sus formas originarias, que al ser alteradas por la mano del autor, consiguen esbozar con mayor profusión sus cualidades y características. Este escultor es un observador meditativo de la naturaleza y de sus flujos invisibles, que hilan las formas resultantes.

Sin grandes artificios, ni empleando elementos de composiciones exageradas, se acerca a pautas de esencialidad minimalista, que a su vez, es uno de los pilares básicos de la cultura y la estética del Zen japonés. La realidad de Lertxundi está enraizada en la cultura vasca, pero con un lenguaje universal y que especialmente cala en la cultura japonesa, por su dedicación a los materiales y a las formas primigenias de la naturaleza. En cierta ocasión, cuando expuso en Japón, le preguntaron cuántos años llevaba viviendo en dicho país, a pesar de que era su primer viaje a ese territorio y su primera conexión con la cultura oriental. Este hecho determina que a pesar de no haber estado anteriormente en contacto con la estética japonesa, su lenguaje lo muestra de manera muy directa y visible, ya que se sustenta en el poder amable de la naturaleza.