Leo.- ¿Por qué desaparecieron los discípulos de los Maestros?

Enrique.- Porque murieron de viejos… jajaja.

Leo.- ¿Queda algo hoy día de todo ese conocimiento?

Enrique.- Queda… ¡manipulación! Los seres humanos son tan viles que todo lo manipulan. ¡Ten cuidado!

Leo.- ¡Lo tendré! Enrique, ¿cuál es el signo o misterio más grande para ti?

Enrique.- ¡La Vida! ¡La vida en todo!

Leo.- ¿Cómo has sobrevivido a los sufrimientos y pruebas de la vida?

Enrique.- Dejándome llevar, siempre con serenidad e intuición. El Maestro cuida de sus discípulos, mas nunca les da más de lo que necesitan. Cuanto menos necesites para hacer tu trabajo, menos energías gastará el Maestro contigo, jajaja, ¿entiendes?

Leo.- Entiendo. Enrique.- Tú sí, pero los demás aspirantes al sendero, no.

Seguido, el jocoso Enrique, como el Buda feliz Hotei, se levantó y se fue a pasear por el Jardín Roerich.