Mi diario oculto espiritual

Enrique Orfila, en nuestros paseos por el Jardín Roerich, y en nuestras discusiones en la cocina de Petri, me comentaba en más de una ocasión, que el hombre actual se está volviendo cada vez más clariaudiente y clarividente, pero que no se daba cuenta. Que la sensibilidad estaba creciendo en cuanto a estos supersentidos y que eso era muy deseable. Lo que pasa que es muy lenta la conversión de la humanidad hacia un nivel más alto de conciencia. Antes tendrían que cultivar la recepción intuitiva, pero el estudiante y la persona se pierde en las tonterías de la vida, y cuánto más en el plano astral, donde abundan todo tipo de espejismos.

“Mucha gente está ansiosa por entrar en posesión de los misterios sin estar ellos preparados para recibirlos”. Luego añadía: “Hay que ver ¿eh?” -Y sonreía. “La gente cree que la intuición es algo emocional, y sin embargo los Adeptos hablan de la intuición como un aspecto mental. Son las formas mentales las que hay que interpretar. Recuerdo que he tenido que lidiar muchas veces en los Planos Superiores con este tema, el de saber identificar que lo que el ojo interno ve es lo correcto” -decía.

“Recuerdo una de mis ocho reencarnaciones en la que fui templario”.

Recuerdos de esta vida:

Como se ha mencionado antes ésta es la única vida de las ocho, de la que recordaba su nombre. Enrique no sabía nada de esta época, de los Templarios, los Albigenses, etc. Como Bertran de Blanchefort fue el Gran Maestre de la Orden por casi 20 años y muy conocido en el mundo cristiano y más allá, su nombre debe haber «impregnado» la atmósfera mental de su tiempo, de manera que cualquiera podría «tropezar» con él cuando investigara esta época tan interesante de la historia. Es más que probable que Enrique supiera que había sido Bertran en los planos internos.

Entre los recuerdos que pueden fácilmente identificarse, está el del Castillo en donde creció, también viajando a otros castillos con familiares primero y más tarde cuando era mayor, montando a caballo. Cuando tenía unos 15 años se ve yendo a España, también a caballo con varios miembros de su familia, y cruzando los Pirineos. Seguramente en peregrinación a Santiago de Compostela. Cuando se hizo adulto era miembro de una unidad de caballería que tomó parte en una Cruzada a la Tierra Santa. Probablemente la Segunda Cruzada. Recuerda que antes de llegar a Palestina hubo mucha lucha. Tuvieron que retirarse y continuar el viaje por mar. Hubo muchos muertos y heridos. Los ánimos estaban muy bajos porque los objetivos de la Cruzada no se pudieron cumplir.

Museo Bandera de la Paz Más tarde recuerda vivir por largas temporadas en el país que ahora reconoce ser Palestina. Cuando ve fotografías o películas de este país, recuerda muchos lugares típicos de esta zona como áreas desérticas, montañas y ciertas zonas orográficas con erosiones típicas de este país. También recuerda viajar en galeras de aquel tiempo, muy a menudo a lo largo de la costa de Italia y Turquía.

Cerca del Castillo en donde había vivido casi toda su vida había lo que podía ser una fundición, con muchos hombres trabajando allí. Con respecto a ello hagamos una digresión. Durante el proceso en contra de los Templarios por la Inquisición, una cosa que apareció una y otra vez fue la existencia de una cabeza humana (caput), como parte de una misteriosa ceremonia; a veces de un hombre, a veces de una mujer. La razón por la cual mencionamos aquí este hecho es porque Enrique recuerda una de sus primeras experiencias ocultas en España en 1943, cuando por primera vez pudo pasar a voluntad del plano astral al plano mental, mientras su cuerpo dormía. Vamos a reproducir aquí lo que escribió en su diario al despertar:

«…lo primero que vi fue una enorme cabeza enfrente de mí, de una altura de unos tres metros, con rasgos faciales muy enérgicos, pero al mismo tiempo muy afectuosos, que me estaba mirando fijamente. Tal mirada era un aliento para mí, y tenía un profundo significado…»

¿Podría ser que ambas cabezas tengan algo en común y que fueran parte de una ceremonia oculta en la que algunos miembros de la Orden tomaban parte y recordaran así sus vidas pasadas?

E. F. Orfila

Hay la posibilidad de que cabezas simbólicas fueran fundidas y moldeadas en la fundición a que nos hemos referido para ser usadas en otros lugares de la Orden.

¿Fue la Orden del Templo una sociedad secreta en el sentido oculto? Sabemos que entre los Templarios había un grupo con raíces Albigenses. Creían en la reencarnación, se oponían a los dogmas y alentaban la «gnosis», el contacto personal con la divinidad. Esto de por sí haría de la Orden un canal para la manifestación de la «Luz», en una edad de oscurantismo, cuando Roma trató de eliminar toda oposición e imponer sus dogmas con sangre y fuego. Al mismo tiempo no tenemos que exagerar e imaginar que cada caballero del Templo era un Iniciado. En el mejor de los casos podemos imaginar que muy pocos individuos entre ellos estarían en condiciones de beneficiarse de ser miembros de una sociedad secreta de tal naturaleza como es dicha Orden. Las sociedades secretas no hacen a los Iniciados. Estos se hacen a sí mismos.

Un hecho interesante es la continuación de la Orden del Templo como una Orden Masónica, después de su disolución por el Papa.

Enrique Fernandez y Orfila Esto podría inducirnos a creer que en realidad fue una Sociedad Secreta en tiempo de peligro, cuando era necesario mantenerse fuera de la vista del mundo. Hoy día, cuando el peligro ya no existe, no hay necesidad de tomar precauciones extremas. La Orden del Templo existe hoy día y el Príncipe de Gales es su Gran Maestre. (Extracto del libro “El Maestro. La Esencia más allá de las nubes de la mente”, de Enrique F. Orfila): https://www.editorialsoldesol.com/blog/portfolio-item/el-maestro/

La siguiente de la que nos habla el libro es la de Paracelso. La encarnación de Paracelso se la atribuye mucha gente de renombre, incluso mujeres escritoras. Y él solía decir que eso no es posible, ya que durante muchas encarnaciones se encarna, o bien como hombre o bien como mujer, véase el caso de Nicolás Roerich por un lado, y por otro el de Helena Roerich, su mujer. Curioso, ¿verdad?

Al parecer, desde el punto de vista teosófico, un embrión humano se desarrolla extrayendo información de sus átomos permanentes. Luego toma las formas del pez, de los anfibios y de los primeros mamíferos, imitando y recordando el universo primigenio. Hay una especie de psiquis en el átomo, y los de las últimas vidas tironean con fuerza las condiciones de la siguiente.