Qué fácil es escribir libros de autoayuda desde un estatus acomodado.

Vivimos una época de cambio en todos los niveles. En cierto modo podemos decir aquello de que ¡los tiempos son llegados!
Todo en la sociedad occidental está desvaneciéndose como la niebla al amanecer. ¿Quién es responsable? ¡El propio ser humano, sin duda! Sin embargo no hacemos nada que sea notable.

Nos tiene que atormentar, y no lo hace, el que cientos de miles de personas estén muriendo de hambre cada día, cuando no violadas y asesinadas. Dos terceras partes del mundo no tienen acceso a la educación más básica, a la sanidad gratuita y a un hogar decente. Es de sentido común. Pero consentimos que los “grandes” manejen el mundo a su antojo. ¡Que no te engañen!

Hasta los más listos/as, que creen ser los “nuevos iniciados del tercer milenio” se equivocan con aquello de dejar “fluir las cosas”… Somos muchas las personas que percibimos los cambios cósmicos, o como dice Helena Roerich, la “conmoción cósmica”. Pero no por tener un destello fortuito –que no es más que un nuevo grado de conciencia– ya uno o una está iluminado.

No es valorable los destellos efímeros. Los Maestros sólo valoran la llama inextinguible. Lo que construye uno día a día es lo real. Mucha práctica meditativa, yóguica, estudio y servicio desinteresado.

Resulta perturbador leer todos esos libros donde se dice que la vida no es triste, que el triste es uno. Que la vida es más que pan, y que si uno tiene tan sólo dos monedas, con una hay que comprarse un pan y con la otra una rosa para tener por qué vivir. Bueno, que se lo digan a los indignados de todo el mundo, a los desesperanzados, a los que no tienen trabajo ni nada que llevarse a la boca, a los que les echan de sus pisos o casas. Qué bonitas son las palabras y la letra escrita cuando su portavoz se acaba de comer un plato de jamón, y aún recorre sus labios la gota de un jerez fino que se acaba de tomar, mientras se pavonea de haber estado en un programa de radio o TV. En su casa –que la tiene libre de hipotecas– le aguarda un gran sofá de piel y una alfombra persa adquirida en sus últimas vacaciones… ¿he dicho vacaciones? ¡Pero si estos autores no tienen que fichar por un salario de 800 € para luego pagar un alquiler de 700 €…! Qué bonito es decir a los seres sufrientes que se compren una rosa, en vez de una rodaja de mortadela para añadir al pan y así mitigar los ruidos de su estómago. ¡Claro que ellos, los autores de estos libros, no conocen ese tipo de ruido!

La vida es bella, según para quién. Eso no es ser derrotista. Eso se llama realidad diaria. No se trata de reinventarse, palabra tan de moda, sino como bien dice Federico Mayor Zaragoza:

“Es tiempo de acción. El mundo tiene arreglo. ¿Cómo? Sólo hay que exigir que paguen el daño realizado a los banqueros irresponsables. A los políticos ineptos. A los empresarios corruptos. A los responsables de los medios de comunicación que no facilitan las noticias positivas y mantienen un descarado circo virtual para mantener a la gente distraída. Esos medios que nos venden en palabras lo contrario que se ve en las imágenes, y al revés, para mantener su propio espejismo y oscuridad.

El dinero está secuestrado por una élite sin escrúpulos. Se deslocaliza la producción por pura codicia. Se permite el bochorno de los paraísos fiscales. Se nos induce miedo para controlarnos invirtiendo millones de euros en artefactos de defensa. Se mira para otro lado cuando se pide justicia social. La especulación bursátil y el acoso intolerable de los mercados sobre la acción política es un hecho. Por ello ahora el sistema de igualdad, libertad y de los derechos, se hunde… una incontenible marea se acerca.”