Revista “Más Allá de la Ciencia”
Me gustaría realizar una serie de reflexiones en torno al artículo “El último secreto de Shamballa. Misterios y profecías acerca de un lugar místico”, nº 255, realizado por Alex Muniente. Para empezar, considero que el título que se plantea resulta de una magnitud y complejidad que en principio muy pocos expertos se atreverían a abordarlo y mucho menos de una manera tan ambigua y tan poco centrada, como se ha desarrollado en este escrito.
Si de por si el tema resulta difícil y resbaladizo, lo que obviamente requiere la consulta obligada de numerosas fuentes bibliográficas caracterizadas por su rigor y seriedad, no lo es menos a la hora de tratar la figura de Nicolás Roerich, que ante todo y por encima de todo era un auténtico científico y, por supuesto, un reconocido académico. Todas las aportaciones que realizó este pintor ruso fueron siempre planteadas bajo perspectivas científicas, concretadas en análisis y comparaciones empíricas hasta donde se podía. Por este motivo, no entiendo como se acomete una temática relacionada con la vida y obra de Roerich sin el mismo rigor y seriedad que el propio Roerich mantuvo durante toda su vida.
Me gustaría invitar al autor del artículo a que se informará de una manera más académica y se remitiera a los excelentes trabajos del Centro-Museo Internacional de los Roerich, quien entre otros museos norteamericanos y rusos, tratan la obra de Nicolás Roerich desde parámetros únicamente científicos, sin adentrarse en la realización de conjeturas sensacionalistas. Igualmente, le recomiendo al autor de este artículo que haga una detenida búsqueda bibliográfica sobre artículos de calado que se suelen publicar en revistas académicas norteamericanas, canadienses y rusas sobre el tema Roerich.
Por otra parte, se aportan datos que no son reales, se incide en aspectos que se sobredimensionan y que no tienen ninguna relación, sirva de ejemplo las alusiones al 75º Aniversario de la firma del Pacto Internacional con dichas profecías, se aportan explicaciones superficiales en aspectos como la Bandera de la Paz, se hacen saltos temporales totalmente exagerados y, de hecho, muchos de los nombres que se citan como autores de referencia no representan en la actualidad a los investigadores más actuales y comprometidos con la verdadera indagación docta, salvo claro está, el de Leonardo Olazabal, cuya seriedad en este campo está avalada por Instituciones Roerich de todo el mundo y por una obra de trabajo y enseñanzas que abarcan más de 30 años. Las aportaciones de Roerich son tan consistentes que conllevan conocer intrínsicamente su obra para poder abordarla y no quedarse en la mera superficialidad, lo que genera que el lector se pierda.
Pero, especialmente, debo anotar la apuesta por el sensacionalismo que se intenta vender al tratar dicha temática en relación a augurios apocalípticos de todo tipo. Para los que habitualmente estudiamos la obra de este autor ruso, acostumbrados a una disciplina de corte más científico, este artículo cae en los espejismos del sensacionalismo, que nada aporta al lector y que para nada cuadra con la figura, vida y metodología que aplicó este pensador y artista ruso.

Iñigo Sarriugarte
Profesor de Historia del Arte