No hay Grial sin Chintamani, ni Chintamani sin el despertar completo del Loto del Corazón.  La Leyenda de Lapis Exillis   Conocida como “Chintamani” en India, es custodiada desde hace milenios en lo que se ha dado en llamar La Fortaleza de la Luz.

Un fragmento de la misma, guardada en un cofre alemán del Siglo XIII, acompañó a los Roerich durante una gran parte de sus vidas con un cometido, sin duda, muy especial.

En un pasado muy remoto, antiguas Escuelas de Sabiduría, la conocían como La Piedra Negra de Shámbala, el Meteorito de Orión al decir de los Rishis y Mahatmas que la veneran.

Depositada en un cáliz, ésta se iluminaba desde el interior del mismo, ante la presencia de los Maestros de Sabiduría. Así surgió la leyenda del Santo Grial, difundida más tarde por trovadores y juglares, y en la obra de Parsifal. Por lo tanto, no es la copa, sino la piedra negra, la que tiene el poder de vincular los caminos y dirigirlos hacia el Futuro. Es ésta el verdadero Grial que, ante un corazón puro, llega a despertar los sentidos supersensorios de éste.

Tocarla, te permite ver los tonos maravillosos de la Vida, y obrar en consecuencia.

El Gobierno Norteamericano de los años 20 y 30 quiso hacerse con ella, para salir de La Gran Depresión y hacer de ese País un Nuevo Shámbala. No lo consiguieron, entonces decidieron encaminarse en otra línea de trabajo y cerrar el Master Building para desterrar del suelo Norteamericano a aquél que sí la tenía y les había hablado de ella, ¡Nicolás Roerich!

Todo empezó cuando el Secretario de Agricultura del gobierno norteamericano, el Sr. Henry Wallace, se reunió con Nicolás Roerich en 1929, convirtiéndose en un ferviente partidario del Pacto de la Paz-Cultura y un devoto creyente en la filosofía de Roerich.

Henry Wallace hacía de intermediario entre su Maestro Roerich y el Presidente Roosevelt, y estaban muy interesados en que un objeto de gran poder de Shámbala, fuera traído a Estados Unidos.

La finalidad era salir de la depresión para lograr una tierra de prosperidad, de paz e iluminación, reactivando así el trabajo realizado por los Fundadores de esta joven Nación, en su mayor parte, como ya se sabe, masones.

En 1934, un año antes de que se aprobara el Pacto Roerich (el 15 de abril de 1935), Nicolás Roerich viajó por última vez a Estados Unidos. En ese viaje, por cierto –según la escritora Jacqueline Decter– “Roerich sugirió a Wallace que el símbolo de la Gran Pirámide en el Gran Sello de los Estados Unidos podría ser una imagen apropiada para el billete de un dólar. Wallace expresó la idea al secretario de Tesorería, Henry Morgenthau, y la pirámide fue grabada en el dólar desde entonces.”

Actuales investigadores rusos de la vida de los Roerich desmienten este hecho. De ser esto cierto, no fue suficiente para animar a la nación con esta nueva presentación del dólar en forma de billete o papel.

Wallace pidió a Nicolás Roerich y a su hijo Yuri Roerich, que viajaran a Manchuria, con el fin de estudiar y recoger las plantas más adecuadas para que grandes extensiones de terreno no se conviertan en un desierto, y paliar así el fenómeno desastroso conocido como Dust Bowl (tormenta de arena), hecho éste que venía ocurriendo en varios estados de América. También se le pidió que trajera un artefacto espiritual que dinamizara la nación norteamericana. ¿Querían poseer La Chintamani? ¡Tal vez!

La familia Roerich –tras su viaje al Asia Central- habló de ésta y de Shámbala, tanto en conferencias como en charlas privadas. Así las cosas ¿Cómo no codiciarla? Si fue cierto este hecho, nunca se sabrá. Nicolás Roerich hacía caso omiso de estas y otras inoportunas pretensiones, señalando la necesidad de prepararse espiritualmente para un acontecimiento de esa naturaleza, como había señalado y escrito más de una vez. Además, Lapis Exillis, el fragmento del meteorito de Orión, fue activado de nuevo en el Ashram o Fortaleza de Shámbala, es decir, en la región que nunca fue revelada hasta hoy día, en las montañas de Tangla Shan.

Testimonio de ello son las pinturas “Sonidos de Shambhala, El Tesoro de la Montaña, y Resplandor en la oscuridad.

Luego de fallecer Helena, pasó a su hijo George y más tarde a Svetoslav, en India, donde se fotografió para luego perderse su pista.

¿Regresó a su antiguo poseedor, el Maestro M. en los Himalayas? Como sabemos, el 15 de abril de 1935 se aprobó en la Casa Blanca, el Pacto Roerich y la Bandera de la Paz Cultural.

Es curioso que el año siguiente, en 1936, tanto Wallace como Horch abandonaran los ideales de Roerich, no permitiéndole el acceso al país norteamericano, y que el gobierno enfocara sus objetivos en prepararse para entrar en la Segunda Guerra Mundial. Lo que aconteció en aquellos tiempos tan convulsos se entremezcla con nuevas aspiraciones políticas para Wallace y el propio Horch, dueño del rascacielos Master Building. Y a día de hoy se sigue investigando por expertos historiadores.

Norteamérica El mayor tesoro jamás robado de un museo

El movimiento Roerich tuvo que enfrentarse a mediados de los años 30, a bastantes dificultades de las que hay suficiente evidencia. Unos meses después de firmar el Pacto Roerich en la Casa Blanca, y cuando parecía que las actividades de las Instituciones Roerich estaban en la cima del éxito, Louis Horch, que había concentrado en sus manos todos los aspectos financieros de las actividades del Museo, se declaró en desacuerdo con Roerich y emprendió medidas abiertas para apoderarse del Museo. ¿Impulsado por quién? ¿Qué cargo gubernamental obtuvo después de este affaire? Esto merece otro artículo aparte.

Como escribió Sina Fosdick, “Los procesos judiciales se prolongaron durante varios años… El caso es que en abril de 1938, Louis Horch se llevó secretamente del Museo, durante la noche, 1006 pinturas de Roerich, todas las piezas de arte valiosas, libros y otras ediciones publicadas durante estos años, así como materiales y archivos importantes”… Así, el Masón Louis Horch, experto kabalista –pero al parecer nada auténtico ni ético-, con su particular visión de los negocios, engañó –obligado o no– al profesor Roerich, aprovechando que estaba lejos de Norteamérica, y a todos sus seguidores apropiándose del tesoro artístico asiático, pictórico y literario con auténtica nocturnidad y alevosía.

Un millar de pinturas que fue vendiendo gradualmente, facilitando incluso el pago aplazado como un miserable merchandiser… Otras se regalaron a Universidades y Organismos Culturales. Los seguidores de los Roerich localizaron algunas de éstas y se volvieron a recomprar para ponerlas en el nuevo museo de la calle 319, West 107th de Nueva York, y allí permanecen y se pueden visitar por las tardes.

A día de hoy, aparecen de cuando en cuando nuevas pinturas Roerich que son ofrecidas por sus propietarios o sus herederos, para su venta en Casas de Subastas de los Estados Unidos. Investigaciones del International Centre of the Roerichs (ICR) de Moscú, señalan que: Al final de la década de 1940 el tribunal pronunció su sentencia, sin precedentes en su cinismo, a favor de Horch. Aunque tanto el Museo como las pinturas fueran presentados como una donación a la nación americana, con la abreviatura “L.E.”, o “Préstamo de Exposiciones” (Loan Exhibition) en cada uno de ellos,  se hizo caso omiso de este hecho y se discutió ampliamente en la prensa de entonces, así como en las publicaciones del Museo, y en una carta especial dirigida al presidente de los Estados Unidos.

Los directores de entonces, que se esforzaron por defender el Museo y el trabajo de Roerich, lograron salvar y sacar algunos archivos y documentos. El ambiente en contra hizo imposible quedarse más tiempo en el edificio del rascacielos Master Building, y los compañeros de trabajo lo abandonaron. Se dice que en esta maraña de demandas contra Roerich, preparadas una gran parte por el Sr. Horch, la Sra. Elleanor Roosevelt (esposa de Franklin D. Roosevelt), acudió a Nueva York para hacer un apasionado discurso en contra del desalojo del Museo Roerich del Master Building y señaló la pérdida que suponía dicho potencial para Norteamérica. Pero no sirvió de nada. Ese mismo año 1940 en el artículo “América”, escribió Nicolás Roerich:

“Realmente, podemos ver a lo largo de la historia cómo durante las guerras fueron demolidas bibliotecas, museos, y todo tipo de monumentos culturales, pero nunca hemos visto que un millar de pinturas de un Profesor se arrojen a un calabozo oscuro y que la gente guarde silencio. Un millar de pinturas son el fruto de muchos años de trabajo. Se dice que una onza (28 gramos) de cerebro pesa más que una tonelada de fuerza muscular bruta. Pero, ¡cuántas onzas de trabajo creativo se han debido gastar para crear un millar de imágenes artísticas! Realmente se trata de muchos años de trabajo irrecuperable!”

Años más tarde, el gerente del M.B., que era administrado como Centro Cultural y Hotel-Residencia Institute Master Building, fue encontrado muerto entre las calderas del sótano del edificio. Se trataba de Franck Horch, conocido ex-fotógrafo de la revista Life, hijo del que fuera pionero en la construcción del Edificio Master, Louis Horch.

Una muerte producida en extrañas circunstancias, se dice que por robo, y que aún hoy día sigue sin resolverse.

En mi segunda visita al Museo N. Roerich de Nueva York en el verano de 2010, pude enterarme de que 200 objetos de la expedición al Corazón de Asia de 1924-28, se hallaban guardados en la Casa Tíbet de la ciudad, entre ellos 82 Tankas.

Y que la última pintura subastada este año en América tiene como autor a Svetoslav Roerich. Se trataba de un gran retrato hecho a su padre Nicolás. La misma se vendió por la cifra de 1.800.000 dólares USA, y pude verla unos meses después en el International Centre-Museum of the Roerichs de Moscú.