El laberinto de la Basílica de Guingant

Por RAI

Reunidos de nuevo el pequeño grupo se saludaron efusivamente.

–¡Qué alegría de veros Armand y Henri! –dijo Colette y René, tras abrir la puerta–.

Pasad, vamos a nuestro rincón de los libros.

Luego Armand preguntó:

–¿Cómo va todo por aquí?

–Hay mucho movimiento en todos los sentidos –contestó René.

–¡Ya! sobre todo en la costa de Bretaña –remarcó Henri.

Luego atravesaron un largo pasillo y tras varias estancias llegaron donde ya estaban reunidos el resto del grupo. Sólo faltaba Madame Nadine, que se reuniría al día siguiente con Juliette. Nadine estaba preparando algunos asuntos del viaje a Biarritz de Didier al enterarse de que éste partiría para el sur de Francia.

 

Sentados alrededor de una gran mesa de madera de roble Didier dijo:

–Os hemos echado de menos, contadnos ¿cómo os fue por Bretaña?

Entusiasmado Armand comenzó a contar los pormenores del viaje:

–Llegamos allí a Bretaña agotados por las densas energías de dolor y sufrimiento que nos encontrábamos por el camino. Las heridas de gentes y soldados no sólo son físicas sino también psíquicas. Supimos de un pueblo donde los nazis ahorcaron de los postes y farolas de las calles a más de 120 personas. Mujeres, niños y sobre todo a hombres jóvenes. Llegaron incluso a obligar al resto de los vecinos a salir de sus hogares y presenciar la matanza. Solo había tres personas de la resistencia entre los ahorcados. Pero a los nazis ejecutores eso no les importaba. Su oficial al mando sentado en la terraza de un bistrot degustaba nuestro champagne y reía mientras ordenaba las ejecuciones. ¿Puede haber más malignidad encarnada en un cuerpo humano?

Juliette, dijo:

–Estos asesinos se entrenaron produciendo verdaderos baños de sangre en otros países antes de llegar a Francia. En caso de guerra, los psicópatas asesinos y a cualquiera que les den una gorra y una porra terminan abusando y cometiendo atrocidades, ya que carecen de empatía ante el sufrimiento ajeno, es por ello que alcanzan muy pronto los cargos superiores debido a su egolatría y sadismo.

Henri tomó el relevo relatando las experiencias vividas:

–Es tremendo ver cada día tanta desolación y tristeza. La presencia de miles de soldados alemanes –todos muy jóvenes y seguramente sin experiencia alguna– se dirigían con sus vehículos militares de un lado a otro, a lo largo de toda la costa.

–Casi no podíamos movernos –dijo Armand–. Por la noche hay grupos de la Gestapo que van por libre y efectúan con total impunidad acosos sexuales, robos y tropelías, tanto en ciudades como en pueblos. No podíamos confiar en nadie. Las energías en el ambiente son enfermizas y sombrías. Teníamos la sensación en todo momento de que algo grave y muy grande iba a ocurrir… como cuando estalla un volcán o se produce un terremoto.

–Estábamos deseando volver a París –apostilló Henri– para estar con vosotros y sentirnos protegidos por la ciudad y por el grupo. Pero, claro, nuestro empeño era llegar hasta la casa del investigador André.

–Eso mismo –dijo Armand–. Este hombre vive cerca de las playas de la costa, pero en su interior, en los campos de hierba y cereales. André vive en una casa solariega y tiene terrenos con pinos y manzanos. Una choza de ladrillos dedicada a guardar aperos y útiles de campo –medio escondida entre los árboles del bosque– se había convertido en su particular laboratorio de Radiestesia y estudio de la energía de las Ondas de Forma. Al parecer allí –lejos de la mirada de los vecinos granjeros– trabaja con energías desconocidas e impredecibles… de un orden muy fino, cuyos efectos podrían ser beneficiosos o dañinos para todo ser viviente.

En uno de sus comentarios André nos contó que mientras experimentaba con estas Energías de las Formas, cayó un árbol sobre su laboratorio para susto de su amigo León que trabajaba con él. Le ocurrían otros tipos de fenómenos, tanto buenos como no tan buenos, por ejemplo: árboles que se secaban de repente frente a su laboratorio, frutos que eran más dulces de lo normal, pequeñas bolas de luz que se desplazaban por el habitáculo lleno de piezas de carpintería con las más extrañas formas geométricas, y otras cosas parecidas.

Ahora, tomaba la palabra Henri:

–Nos comentó que un general inglés le había pedido crear con su conocimiento un sendero psíquico que fuera de Bretaña hasta las costas de Inglaterra, de tal manera que el enemigo no prestara atención a esas vías fluviales, y se creara algo así como un espejismo de… normalidad en esas playas. Pero que era una cosa difícil de llevar a cabo y más si requería, como parecía, de cierta urgencia.

Dominique y su moto con sidecar

Armand dijo:

–Os queremos contar cuando nuestro amigo Dominique vino en su moto con sidecar pintada de color verde oscuro, modelo Gnome & Rhone. Las largas piernas de Henri no cabían en el sidecar y tuve que hacerlo yo por él (risas). Estábamos hospedados en una casita-hotel donde nos recogió para llevarnos a la Basílica de Notre-Dame de Bon-Secours en Guingamp. Allí, un curioso laberinto de baldosas aguardaba nuestra visita.

Cuando aparcamos frente a la iglesia, Henri y yo accedimos a su interior por el lado del pórtico norte. Dominique se había marchado para hacer unas visitas. Entonces vimos en el suelo el laberinto que mide tres metros, y tiene doce círculos concéntricos donde se alternan el granito gris claro con el gris oscuro formando una geometría circular.

Frente a éste, se puede ver un pequeño altar donde se encuentra su famosa y venerada Virgen Negra con el niño en brazos, llamada Nuestra Señora de Bon-Secours.

–¡Reminiscencias quizás de la diosa Isis con su hijo Horus del Antiguo Egipto! –con esta afirmación Armand tomaba de nuevo la palabra:

–Sí, una misteriosa Virgen Negra y curiosamente en el centro del laberinto hay una inscripción en hierro que dice: AVE MARÍA en letras góticas, rodeada de flores de Lis ¿Por qué esta flor del lirio? Por ser un símbolo de lealtad, de luz, de resurrección y de pureza del cuerpo y alma.

Estuvimos examinando agachados en el suelo con nuestro péndulo los pormenores del laberinto. Había que iniciar el sendero, marcado por el granito oscuro, por su lado izquierdo, como con los chortens o stupas tibetanas. Descubrimos que el comienzo del laberinto empieza con 5.000 Angstroms, y cuando llega al centro sube la tasa energética a 15.000 Angstroms. Es una poderosa subida energética que dota a la persona que se sitúa en su centro de una vitalidad salutífera que no tenía antes.

Entonces, por el rabillo del ojo, nos dimos cuenta de que en el interior del templo y a un lado del altar, un sacerdote con apariencia de mendigo nos observaba en silencio. Hizo una mueca que resultaba divertida por la expresión de su cara, ya que no disimulaba su extrañeza al vernos con el péndulo en la mano, recorriendo el laberinto. Nos acercamos a él y le preguntamos por el mismo. Nos dijo casi tartamudeando que “es para viajar”. No decía más, tan solo se nos quedaba mirando. Luego repetía: “Es para viajar”. Su insistencia nos desconcertó. Enseguida, atravesando una pequeña puerta, desapareció como vino, no sin antes decir: “El laberinto es para los pobres, para que ellos puedan viajar hacia su Jerusalén interior”.

Nos quedamos mudos, mascullando sus palabras, y tras echar una nueva mirada a cada rincón de la basílica buscando algún símbolo esotérico hicimos un dibujo del laberinto y nos fuimos.

Nuestro amigo Dominique nos esperaba fuera. Había conseguido comprar algunos huevos frescos y pan. Montamos en su moto y tras varias bromas sobre el sidecar nos llevó a su casa. Una vez allí le contamos nuestra pequeña experiencia y entonces él nos habló de que en la antigüedad los caballeros templarios y la gente con dinero viajaban a Jerusalén. Mientras que aquí en el pueblo los pobres no podían hacerlo. En el mes de julio y en ciertos días señalados, recorrían de rodillas el laberinto. Comenzaban por el principio, y cuando llegaban al centro, besaban el suelo y tocaban con sus manos el círculo del Ave María mientras pedían bendiciones. Luego se ponían de pie para salir del mismo con sus mentes ya más serenas y vitalizadas.

–Curioso ¿verdad? –dijo Henri.

–¡Bravo! –grito alguien del grupo y todos los felicitaron.

–Unos se alían con la resistencia, otros nos alineamos con la espiritualidad y trabajamos desde ahí, es nuestra particular forma de resistencia y también nuestro laberinto invisible –dijo Didier.

–¿Qué quieres decir?  –preguntó Sophie.

–Por lo que yo veo, se trata de construir la paz mentalmente. De generar procesos de invocación y oración para contener las fuerzas malvadas y proteger a la humanidad. De ese pensamiento surgen las catedrales, iglesias y claustros que contienen una geometría sagrada… Basílicas y recintos sagrados que la maldad y los que aborrecen la religión es lo primero que intentan destruir bajo el pretexto de que idiotiza al pueblo.

–Y los laberintos y vidrieras de color, ya que son emanaciones de luz y poder vital –apostilló Henri.

–Sí, todo eso es importante, pero también falta el monje iniciado que sepa activar esas fuerzas para generar olas de energía positivas y de protección. No se trata solo de fe, sino de regeneración celular y orgánica, un arte antiguo que la gente actual ignora –añadió su compañero de viaje.

Luego hablaron de otros muchos temas hasta finalizar el día.

   Didier de nuevo en Biarritz

Tras visitar los viñedos en la región vinícola del oeste de Toulouse y bajar hasta el País Vasco francés saludando a clientes y amigos de su buffet, Didier viajó a Biarritz donde en una casa señorial le esperaba la Dama que le compró anteriormente el diamante. Como no se puede revelar su nombre, por ser una figura pública, Didier se refería a ella como La Dama de Blanco, dado que casi siempre vestía con ese inmaculado color, incluyendo su sombrero. Al parecer unos años antes, había vivido una larga temporada en Ceilán, la perla del océano, gobernada por los británicos y situada a 31 kilómetros de la costa del sur de India, de ahí su fascinación por la ropa de color blanca.

Didier era conducido por el mayordomo hasta los jardines de la casa, donde la Dama conversaba con el jovencito Michel, amante de las antigüedades orientales. Se levantaron ambos y saludaron a Didier.

De la cocina una sirvienta portaba un pastel casero para dejarlo en la mesa del jardín junto al té, bajo una gran buganvilla llena de flores carmesí.

–Te recuerdo –dijo Didier mientras le daba un apretón de manos a Michel.

–Yo también Sr. Didier.

Y pasaron a sentarse.

–Qué bien estáis en este jardín donde todo es verde y el tiempo parece detenerse –comentó Didier.

–Sabes lo que me decía hace un momento Michel, querido Didier… que, una obra de arte verdadera ha de contener un instante de eternidad, como lo que acabas de decir tú.

–Sin duda un pensamiento profundo –comentó Didier mirando al joven. Y luego añadió–: Estoy seguro de que harás grandes cosas en el futuro.

La Dama asentó con la cabeza a la vez que sonreía, mientras el joven Michel se sonrojaba de alegría.

–Lo que es bueno, es bueno siempre –dijo La Dama. Y Didier añadió:

–Lo importante para alcanzar nuestras metas de vida es saber marcar objetivos, trabajar y esperar… –luego se quedó un instante pensativo y añadió–: Saber esperar elimina la voluptuosidad del ego, sus falsas esperanzas, y los estados engañosos de la mente. No saber esperar conduce al desastre de toda buena obra. Trabaja desde la Paz, no desde el deseo. No hagas las cosas por dinero, sino por la belleza, por la vida y por la felicidad. Sé autosuficiente, pero no para perder el tiempo, busca a los Maestros y aprende a despertar conciencias en esta humanidad dormida y tan dolorida… si me permites aconsejarte.

–Desde luego que sí –respondió Michel–, es algo que aprecio mucho viniendo de usted.

      [Michel con los años se convirtió en un hombre viajero que visitaría más tarde toda Asia y crearía la mejor y mayor colección de obras de arte del Himalaya, Tailandia, Camboya, Vietnam y Pakistán de toda Europa. Estudió idiomas, códices antiguos de medicinas naturales, libros orientales, monedas y sellos todos ellos muy antiguos. La mayoría de los objetos los adquiría para salvarlos de su destrucción u abandono. Y los donaba a otros museos. Siempre llamó la atención de la necesidad de proteger las obras artísticas antiguas de Asia (trabajo de la Interpol) como lo hiciera antes el profesor y artista Nicolás Roerich. Curiosamente mucho tiempo después regresó a Biarritz y fundó junto con su mujer Xintian, el Musée Asiatica situado en el centro de la ciudad y que se puede visitar hoy día.]

   Tras degustar el té y el pastel, la Dama dijo:

–Didier, te he citado aquí porque como ya sabes, Biarritz está lleno de espías. El otro día un amigo tuvo un accidente con el coche. Acabó en un matorral, pero no le pasó nada. Al parecer manipularon sus frenos. Ésta opresión y guerra es vergonzosa. De momento somos más afortunados los que vivimos en esta zona del mundo, pero decenas de miles de personas mueren cada día en toda Europa por culpa de las balas, las bayonetas y las bombas… y nadie conoce nada de sus vidas y anhelos… sólo son carne de cañón ¡Que estúpida humanidad!

–Ya, pero recuerda que todas nuestras acciones tienen consecuencias –dijo Didier.

–Sí, pero no se ven en el momento; quizás tú lo percibas así como abogado, ya que ves las sentencias in situ, pero me inquieta el saber si todas ellas son justas. Las triquiñuelas, la manipulación y la compra de voluntades están a la orden del día –dijo la Dama con un tono sensato y elocuente a la vez.

–Bien, es más complejo todo ello e implica muchos otros ámbitos de la realidad.

–¡Qué aplomo tienes hijo mío! Me temo que eso es difícil de entender.

–El espejo del karma, en su momento reflejará y compensará todos los hechos acaecidos en estas guerras y escaramuzas. Hechos que son solo protagonizados por el hombre y nada más que por el hombre. El miedo y el terror es contrario a la vida, como ya sabemos. No debemos de desanimarnos cuando algo no lo entendamos. Los héroes y heroínas, todas las víctimas que mueren día tras día, ya sea en un lado o en el otro de la guerra, serán los colores de la luz que harán que la vida en la Tierra brote de nuevo con fuerza en las siguientes generaciones. Nacerán almas más perfectas, honestas, responsables y éticas, que serán capaces de crear una nueva civilización más justa.

–Hasta que una fuerza mayor vuelva otra vez a intentar controlar las mentes de todas ellas, y ¡cataplum! ¡La Tercera Guerra Mundial está servida!

–Bien, entonces les tocará luchar a ellos con los instrumentos de su época ¿No crees?

La Dama se quedó pensativa… y Michel permanecía en silencio.

Una suave brisa trajo el perfume de las flores del jardín que terminó por embriagar el ambiente de este grupo de amigos.

Continuará…

6 de junio El Día D y Final