a-4 ¿FUERON BUDISTAS LOS ROERICH?

Los Roerich estaban más allá de las etiquetas de este tipo.¿Que si eran de tal o cual partido,organización u orden ? No,ellos fueron los intérpretes de una Nueva Educación, servida en bandeja de oro para una Nueva Humanidad.

Iñigo Sarriugarte, Profesor de Historia del Arte de la Universidad del País Vasco, entrevista al Sr. Leonardo Olazabal, Fundador del Centro de Meditación “Darjeeling” (1978), y Director del Museo Bandera de la Paz Nicolás Roerich (2002).

–Iñigo: He visto en su Museo pintura y objetos que hacen referencia tanto al Budismo como al Hinduismo. Y que tiene como común denominador: la Familia Roerich. ¿Puede hablarme de ello?

–Leonardo: Ciertamente así es. Tenemos una pequeña muestra que va de India a Rusia, pasando por los Himalayas, es decir, la Ruta de la Seda, de las especias, o de las gemas, como también se la conoce. Lugares que fueron explorados por Nicolas y su familia. Donde realizaron investigaciones, tanto de las costumbres de los distintos pueblos, como de las leyendas, la botánica y la arqueología.

–I.  ¿Quién fue Nicolás Roerich?

–L. Nicolás Roerich (1874-1947) fue autor de una excepcional obra pictórica, no en vano fue conocido como el “Da Vinci Ruso” y “El Maestro de las Montañas”. Como explorador, arqueólogo, hombre de artes y letras, y humanista, fue junto a su mujer Helena, los seres más brillantes de su época. Ellos estaban convencidos de que el progreso de la humanidad sería posible a través del entendimiento y de las responsabilidades compartidas. Dedicaron buena parte de su vida a la promoción del ideal de la paz entre los pueblos y a la defensa del patrimonio cultural de la Humanidad. Se puede decir que Nicolas y Helena eran budistas, en cuanto a que eran unos fervientes seguidores del Buda Maitreya. En “Fundamentos del Budismo”, escrito por Helena, dice: “La Enseñanza del Buda debe ser verificada y debería ser ampliamente difundida. Se puede decir que fue el primer intérprete-científico de la Comunidad. Existen diferentes niveles, pero en un futuro aún lejano, no existirá más que una Fraternidad, la Comunidad Universal.”

–I.  Hábleme de Helena Roerich. ¿Qué era lo que más le atraía del Budismo?

–L.  Helena (1879-1955) y toda su familia, estaban más allá de los conocimientos que le pudiera dar cualquier religión. Tal era su naturaleza espiritual.

Helena Roerich escribió en el año 1926 la obra: Fundamentos del Budismo, como he dicho. Fue publicado en  lengua rusa un año después. Lo hizo en forma anónima, ya que era una época convulsa para Rusia. De hecho, el libro fue editado en Urga (hoy día Ulan Bator), capital de Mongolia, en la primera imprenta que hubo en ese lejano y misterioso país.

Más tarde apareció editado en lengua inglesa en Nueva York, en el año 1930, bajo el seudónimo de Natalie Rokotoff, nombre que solía utilizar en algunos de sus escritos. De esta manera preservaba su intimidad, de la cual era muy celosa. A Helena no le gustaba que la fotografiaran, y mucho menos los elogios. Ella permanecía siempre en un discreto segundo plano, tras su marido Nicolas. Dotada de una gran sensibilidad, percibía las emanaciones de los seres vivos, y era una notable pianista.
Después de la desaparición de Helena Roerich en 1955, los editores consultaron a su hijo Svetoslav, pidiéndole permiso para publicar la obra con su verdadero nombre. Cosa que se hizo en el año 1971, con una segunda edición, en la que colaboró su otro hijo, George Roerich, célebre tibetanólogo.

Ella solía decir: “Yo no enseño nada más que karma (Karma-Yoga). El hombre tiene una gran responsabilidad. La Verdad debe guiar todas las acciones humanas. Dudar del poder ético de un acto, significa cerrar los ojos ante la evidencia”. Para luego añadir: “Ninguna enseñanza ha previsto el futuro con una precisión tan grande como el Budismo”.

–I.  ¿Quién era George Roerich?.

–L.  George (1902-1960), también llamado Yuri, estudió sánscrito y palí. Tenía una especial inclinación hacia el estudio de las lenguas clásicas antiguas, como el latín, griego y egipcio, además de las ya mencionadas. De hecho, llegó a hablar 16 lenguas y más de 30 dialectos. En su etapa académica, escribió su primer ensayo sobre Budismo, y tomó clases de chino clásico con el Profesor Dr. Chao. Después de graduarse en Harvard, George continuó sus estudios en la Escuela de Lenguas Orientales, de la Sorbonne, donde aprendió el idioma mongol y tibetano. Esto nos da una idea acerca de su capacidad para profundizar en la Filosofía Oriental. En 1923, George recibió su licenciatura en Filología India, en la Universidad de París. Y en el mes de noviembre del mismo año, puso rumbo al Puerto de Bombay. Por fin, su largo sueño de ir a India, se cumplió en forma completa. George estaba radiante y con un gran gozo interior. En diciembre de ese mismo año, llegó a los Himalayas, a la ciudad de Darjeeling, y formó una expedición científica a Sikkim. Gracias a su conocimiento del idioma tibetano, hizo numerosos amigos, entre ellos, el Lama L.M. Dorje, más tarde retratado por su hermano Svetoslav Roerich.

Recogió un vasto material, tanto botánico como de plantas medicinales, y sobre todo, arqueológicos. Estudiando el arte tibetano de los Thankas, George encontró similitudes con los antiguos iconos rusos.

Vivió entre los nómadas Chor del Tíbet. Halló manuscritos de sabiduría de gran importancia  y participó ¬–en una época muy difícil por la inestabilidad política–, en la célebre expedición de sus padres  al Asia Central (1924-1928).

Al regreso de la misma, la familia Roerich fundó en la ciudad de Darjeeling, el Instituto Himaláyico de Investigación “Urusvati”, siendo trasladado poco después a Naggar, capital de Kullu, Distrito de Himachal Pradesh.

Su célebre obra “Los Anales Azules” en referencia a los tesoros, historia, leyendas y sabiduría tibetanas, del siglo XV, le hicieron conocido en todo el mundo. Fue pionero en este tipo de trabajos y la Sociedad Asiática de Calcuta publicó su obra en 1949 y en 1954.

Años después, George vivió en Kalimpong, y tuvo como vecino y amigo al antropólogo el Príncipe Pedro de Grecia y de Dinamarca.

En 1957, regresó a su Rusia natal, después de pasar 30 años en la India. En Moscú hizo enormes esfuerzos por revivir la Escuela Rusa de Estudios Orientales. Hizo un gran trabajo en la edición de la “Biblioteca Búdica”. Creó el diccionario inglés-ruso-tibetano con equivalentes sánscritos, y un largo etcétera que no es posible resumir en este artículo.

Quiero añadir que fue un hombre singular, que ha inspirado, y lo sigue haciendo hoy día, a todos los que aman el Orientalismo. Siendo uno de los pocos pioneros como occidental, en abordar de una manera profunda y científica el Budismo.

–I.  En vuestro Museo de la Paz dais charlas y documentales sobre los trabajos de los Roerich, los cuales siguen siendo unos completos desconocidos en nuestros días, al menos en esta parte de occidente. ¿Cuál es el trabajo que desarrolláis como Centro Cultural No-Lucrativo?

–L.  Tú lo has dicho. En primer lugar, dar a conocer la inmensa obra de los Roerich. Incluso nosotros conocemos tan sólo una décima parte de todo su trabajo, ya que la mayoría se halla escrito en ruso, o es custodiado en los archivos de diferentes Museos y Universidades, así como instituciones artísticas en todo el mundo. Ellos crearon el 15 de abril de 1935, la Bandera de la Paz-Cultural, actualmente oficial en más de 90 países. En cierto modo, Nicolás Roerich fue el primer Servidor del Mundo. Su acción no fue sólo local, sino global. La Tierra y el Cosmos eran una constante en sus conversaciones. Por eso inauguramos en 1997, en lo alto de las montañas de Bedia, una Estupa de la Paz en nombre de Helena Roerich. La misma era temporal, con el propósito de magnetizar unos objetos que se colocaron en el corazón de la Estupa, con motivo de la transición del Milenio. Su interior tenía las medidas esotéricas del Arca Bíblica, y hoy día dichos objetos magnetizados están cumpliendo su función. Y fruto de todo ello, surgió mi libro “Agni Yoga. Ética Viva para un mundo moderno”. Ahora, en el 2007, y con motivo del 24 de marzo, Día del Agni-Yoga, nace la empresa de amor, Ediciones S.R., un viaje y una aventura para el que me he preparado durante 40 años.

–I. ¿En qué se diferencia este Museo de la Paz de otros?

–L. Un Museo de la Paz debe expresar vida, debe enseñarnos la magia de la creación, debe fomentar el entusiasmo y la admiración, y sobre todo, debe guiarnos hacia la consecución de metas nobles y sublimes. Un museo de estas características debe inspirarnos hacia un crecimiento interior.

–I.  Usted es Profesor de Raja-Agni Yoga, así como de Filosofía Oriental y Medicinas Alternativas, nadie mejor para crear y presentar este Museo.

–L. Son muchos años, y sin ayudas de ningún tipo, hago lo que puedo. El Sendero de la Cultura Espiritual es así. Cada obra y sello del artista, debe tener su origen en la luz, debe ser inmanente y trascendente, y sobre todo producir armonía, equilibrio y salud en quien la contempla. Es lo que decimos en Medicina Energética tener una buena calidad bioenergética. Por eso, un Museo de la Paz como el mío, no sólo educa, sino que también cura las heridas del alma.

–I.  Desde el Museo de la Paz, ¿cómo se ve la esencia de la palabra Paz?

–L.  Es difícil mostrar una opinión con palabras simples. Sabemos por las enseñanzas budistas que las palabras surgen de la mente, pero la mente tiene muchos niveles o dimensiones creativas, y la respuesta depende del grado de reflexión alcanzados.
Yo pienso que la definición de paz es: la Vida por la Totalidad. He tenido ocasión de viajar numerosas veces a Oriente, y esto me ha permitido enriquecer mi mente con el pensamiento de numerosas escuelas. Te das cuenta de que el ser humano y con él toda la sociedad, se mueve en forma ondulatoria, con sus avances y retrocesos. Y que las circunstancias del mundo actual, han de avanzar necesariamente hacia la Unidad en la Diversidad, como decía el Profesor Nicolas Roerich. Cada uno de nosotros somos como una célula en el cuerpo de la humanidad. Los diferentes países conforman los distintos órganos, y todos han de trabajar para el bien de la totalidad, como he dicho. De algún modo, todos los pensadores saben que estamos abocados como civilización, a una interdependencia. Y más que enfocarnos en las raíces y en la genética racial, debiéramos de centrarnos en la evolución de la psique o de la propia conciencia. La Paz es un signo de manifestación creativa en el mundo, y la síntesis es la meta de la era que comenzamos a vivir. Por otro lado, la Asociación ADA Roerich, es apolítica y antisectaria. La Paz se alcanza con Cultura.

–I.  ¿Esto quiere decir que hagamos lo que hagamos, la sociedad y los grupos políticos, están abocados a entenderse con esta nueva noción de Servicio a la Totalidad?

–L.  Sí, así es. Cada día se ve más claramente que el instinto de separación y de identificación del yo individual, está siendo equilibrado por una creciente noción de universalidad. Existe una película en formato de video, titulada “Por amor al mañana”, que se puede encontrar en www.fltfilms.org.uk En ella se cuenta una historia sobre la reconciliación, como un acercamiento innovador a la construcción de la paz, que resulta muy interesante. Al igual que las películas “The Cross and the Bodhi Tree”, donde se plantean preguntas con motivo del encuentro entre el Cristianismo y el Budismo. O el film sobre física cuántica titulado “Y tú qué sabes” que nos muestra la relación existente entre el mundo de la psique del ser humano y su ambiente exterior. Si queremos seguir caminando hacia adelante, debemos de abogar por el uso de la energía de buena voluntad, y de aprender a adaptarnos a las circunstancias de un mundo que cambia continuamente. Y para ello se requiere del esfuerzo de todos: grupos políticos, el comercio mundial, los derechos de las minorías, los derechos humanos, la legislación, la ética en los negocios, en la economía. La agenda local, los grupos de participación de la calle, las ONGs, así como las instituciones artísticas y científicas, todos tienen la obligación de dar la máxima esencia del pensamiento. Y de superar y eliminar todo obstáculo en pro de la salud, la educación, y el bienestar del propio planeta. La falta de ética conduce a la degradación, y su reflejo podemos verlo en toda la Tierra. Si degradamos los ríos, el mar se verá afectado, es decir, las pequeñas cosas afectan a las grandes. Y si degradamos el océano, terminaremos por afectar de una u otra manera a nuestros ríos, o lo que es lo mismo: lo grande afecta a lo pequeño. Un Museo de Vida debe expresar siempre: el pensamiento de que la humanidad es un ser precioso, y de que la Ética Viva es aquella que expresa el respeto incondicional, por no decir amor incondicional, que suena demasiado grandilocuente. Como dice Erwin Laszlo, educador en esta línea: ¿podemos imaginarnos una época en la que la mayoría de la humanidad exprese estas cualidades? Pues bien, yo digo que ahora es el momento de educar a nuestros hijos en este sentido.

Desgraciadamente pasamos por alto la Ley de la Acción. Algo que se comprende cada día más en Física Cuántica. Y es que cada acción tiene su reacción, o lo que es lo mismo: cada causa tiene su efecto. Y este efecto, además de ser o no instantáneo, también tiene la capacidad de viajar por el tiempo y el espacio, y volver con su correspondiente efecto, a modo de boomerang. Un efecto desmesurado o grandioso, ya sea para bien o para mal de aquello o de aquél que lo ocasionó.

-I.  Muchas gracias, Leonardo (Lobsang Tsondrul), por darnos esta oportunidad de conocer algo que no es tan habitual en la vida diaria y en las universidades.

–L.  Como dicen en el Tíbet, ¡Tashi Delek!.