¿Ancianos y personas mayores sin derecho a la vida?

Tras el COVID-19 o SARS-CoV-2, ahora la ONU alerta de que próximamente “el cambio climático” va a ser más mortal que el Coronavirus de Wuhan. La culpa, el calentamiento extremo y global (debido al enfriamiento planetario) que vamos a padecer en muchos países, unido al hambre derivada por la crisis alimentaria. Ello va a suponer todo un reto extraordinario para los gobiernos y diversas corporaciones. Reto que ha de abordarse con inteligencia, previsión, y una muy buena planificación ¿Se va a tener en cuenta?

Medicina complementariaO se va a tirar por la acción más fácil: Que se mueran los sabios, o sea los ancianos, ya sean médicos, cirujanos, escritores, profesores, pensadores, visionarios, o artesanos y constructores, a cambio de la vida de jóvenes pastilleros, borrachos de mentes mediocres, cerebros idiotas, ninis aprovechateguis, zombis sin alma. Por supuesto dejando a un lado a los jóvenes emprendedores, científicos, ingenieros, de vida intachable, precursores de una nueva civilización más luminosa y auténtica. ¿Quién decide eso? ¿Un médico que juega a ser Dios? ¿Un grupo de médicos que se acogen el papel de ser un Ángel Exterminador? ¿Un Juez? ¿Un Presidente de Gobierno? ¿Un Ministro de Sanidad? Estos depredadores de su presa, amparándose en que es muy difícil su toma de decisiones y que son altruistas en sus motivos, en realidad son los mayores delincuentes del altruismo y de la medicina del bienestar.

Con el coronavirus, la vida nos ha dado dos patadas que nos ha dejado temblando. La primera patada, el invisible coronavirus COVID-19. La segunda patada, la inutilidad del Gobierno, los políticos y los medios de comunicación.

Qué barbaridad es esa: Los mayores “sobran” y son un cargo social.

Los mayores deben de “sacrificarse y dejarse morir” para salvar la economía, o a una vida más joven.

Hablan de ser justos cuando en realidad dan la espalda al Altruismo del Amor. Bajo el palio de un falso humanismo, toman decisiones que son un genocidio de la humanidad. Quieren hacernos ver, con buenas palabras y falsos argumentos, un caballo donde en realidad hay un corzo.

Encubren sus crímenes con una capa de virtud y de Ciencia ¿puede haber algo más pérfido? Se requiere más ingeniosas ideas ¿no les parece?

Ser anciano, jubilado o mayor, al parecer tiene doble premio: Le ha caído al condenado dos horcas, la del coronavirus que son los primeros en fallecer, y la otra por no podérsele atender en la residencia o por no haber un respirador artificial en el hospital. Con el extra de que la familia no puede tocarlos ni despedirlos cuando fallecen. ¿Puede haber algo más desolador? Ni en la Guerra, ni con Jesucristo ocurrió la infamia de no poder velarlos. ¿Habremos los jubilados de quedarnos en el sofá, petrificados por el miedo, a la espera del día del juicio final? ¿Se aprovecharán de ellos incluso hasta las funerarias?

Demonios exterminadores; el anciano tiene que seguir viviendo en el planeta con todos sus encantos, obstáculos naturales y nobles alegrías. Y ¡ay de aquél! que decida que no merece vivir, porque en ese momento él también habrá muerto en vida. El Universo observará su impostura y tomará buena nota de su nada gloriosa acción. Cada noche surgirá amenazante con sus risas burlonas sobre la almohada en la que duerma. Y entonces se dará cuenta de que la Vida es algo más que un respirador, una economía, o una decisión precipitada. Ahora sólo oirá las pulsaciones de su corazón metálico y el ruido de las puertas de un paraíso negro y frío. Si estamos en la trama de una película de ciencia ficción diré: ¡Descansaréis pero sin paz, muertos en vida!

L.O.A. Presidente de ADA Roerich