El pasado 6 de mayo se colocó una placa creada por el artista valenciano para conmemorar los 70 años del campo de concentración de Mauthausen. Tres meses después y sin previo aviso, la misma fue retirada por considerarla ¡amoral!

En cuanto se conoció la noticia Antonio Camaró y el alcalde de Xirivella, Michel Mountaner pusieron rumbo a Austria en un vuelo nocturno.

Refutadas las explicaciones aportadas por la dirección del centro austriaco, éste ha prometido volver a colocarla con un texto que mencione su simbología.

¿Amoral? Amoral es el indescriptible sufrimiento que se desató allí, entre aquellas paredes, y no la obra de Antonio Camaró, que describe el horror y la barbarie humana según su percepción de aquel hecho.

La obra de Camaró se muestra premeditadamente al ojo o neurona visual un tanto goyesca, infernal y dolorosa, y además consigue expresar una visión y un ritmo diabólico: el hombre tortura y se come al hombre, lo mancilla, lo desnuda y lo aterroriza para que pierda toda su dignidad. Es una obra que está destinada a que recordemos el experimento y asesinato de miles de seres humanos, entre los que se encontraban casi cinco mil españoles.

Amoral -señalan- es evidente que los seres humanos no responden todos por igual frente a las obras de arte. Resulta algo azaroso interpretar lo que el artista ha querido expresar con su obra. Cada uno forma en su cerebro una particular emoción e interpretación en función de la calidad y precisión de la obra y también del nivel de conciencia del que la observa. Ahora bien, si la mente está enferma, es tan fácil autoengañarnos.

Antonio Camaró nos pinta igualmente a los intelectuales y héroes del siglo pasado, como al hombre y a la mujer vacíos de contenido actuales. En esta ocasión, su controvertida obra es como una lupa que muestra lo disforme que puede llegar a ser el hombre para con su semejante.

En palabras expresadas por el autor: La obra es un alegato contra todo totalitarismo y barbarie. Simboliza el horror y la monstruosidad que padecieron los seres humanos que estuvieron entre los muros de Mauthausen. Y añade: Es una muestra para homenajear a los 4.427 españoles muertos de los 7.000 que estuvieron sufriendo con sus propias carnes aquel Babel Infernal, y a la vez quiero que sea un grito para que nunca jamás se repita este tipo de acto contra la humanidad.

De ahí el título de la obra del artista Antonio Camaró:

NUNCA MÁS AL HORROR Y LA BARBARIE.

La misma fue colocada por la AMICAL (Memoria Histórica de Mauthausen), y la FVMP (Federació Valenciana de Municipis i Províncies). Se trata de un dibujo en blanco y negro grabado en una placa de metal.

La obra de Camaró refleja en 30 X 40 cm. un “hecho histórico lamentable” que queda informatizado en el trabajo de sus líneas y curvas que expresan lo que no se debe repetir.

Ahora comunican que van a recolocarla en la sección española del centro, olvidando quizás que no hay una cultura local, sino que toda cultura es universal. Y lo que ocurrió se puede repetir en cualquier lugar del globo terráqueo.

La Cultura es Paz, y la Paz es Cultura, decía el profesor, artista, poeta, escritor y figura pública, Nicolás Roerich.

La Cultura es el medio de la coexistencia pacífica. Él no se cansaba de repetir acerca de la necesidad de una Nueva Humanidad basada en los pilares de la Ética, Ciencia, Cultura y Belleza. El camino hacia el Nuevo Mundo pasa por una “acción justa” (Ética Viva) llevada a cabo por gente preparada y por un alto nivel profesional, y a través de organizaciones sociales de completa confianza. Y a partir de ahí nació la Bandera de la Paz y del mundo a través de la Cultura.

Por eso Nicolás Roerich creó El Pacto Roerich por la Paz, señalando en sus artículos el hecho de que las obras y creaciones artísticas son neutrales, y pertenecen al pueblo no a los políticos. Y añade: Nuestro pasado está lleno de destrucciones deliberadas, tristes e irreparables. ¡Estemos en guardia! 

Pues bien, el pintor Antonio Camaró nos advierte de esto mismo desde su sensibilidad y amor al ser humano.

Los países deben de propiciar estos valores y para ello sus gobernantes deben tener estas cualidades éticas, universales y no partidistas. Si no es así, los pueblos acumularán una gran carga de energía psíquica negativa, y con esta carga será imposible evitar un desastre local, y más tarde, con la suma de otros muchos más, el cataclismo será global e inevitable. ¿es esto lo que queremos?

Leonardo Olazabal Amaral

Presidente de la Asociación ADA Roerich