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COMISARIO HENRI EL BIOLOCALIZADOR

Con este relato corto nace la figura hermética del Comisario Henri. Se trata de un afamado investigador privado conocido en las Gendarmerías Nacionales francesas como El Biolocalizador. Hay que decir que éstas cumplen sus funciones en pequeños pueblos, zonas rurales y en pasos fronterizos en toda Francia.

El sonido de las cigarras y el de las aves se mezclan en la campiña francesa. Es un bonito día de verano, si no fuera porque en la granja de Legrand -una familia compuesta por cuatro miembros- están asustados y conmovidos por la desaparición de la hija pequeña Irina, nombre que significa Paz. La madre Géraldine (la poderosa) junto con su marido Didier, que tienen otra hija de 8 años, Adrienne (la que viene del mar), no se explican cómo se ha podido perder su hija pequeña, ya que cuando estaban realizando las tareas del campo, la pequeña Irina jugaba con su hermana Adrienne.

Mi péndulo y yo. Un coche de la gendarmería aparca en la entrada con dos policías, el conductor y un inspector, llamados Marcel y Kévin respectivamente, acompañan a un hombre un tanto peculiar. Conocido como el Biolocalizador, su vida es tan hermética como misteriosa. A Henri le llaman “el ojo experto”, el que todo lo ve. Bueno, con la ayuda de su péndulo llamado Radión. Se trata de una especie de bellota metálica con un tapón que se desenrosca -con la forma de su cáscara- para poder introducir en él una muestra o testigo, que cuelga de una fina y larga cadena. La cadena se enreda entre los dedos de este peculiar investigador policial cada vez que hace su investigación o sondeo mental. Tiene por costumbre recorrer pensativo la zona donde se ha cometido un crimen, un suceso extraño o una anomalía, mientras indaga con su péndulo.

En este caso se trata de una desaparición, y tras hablar en la entrada de la casa, llegado el momento el inspector Kévin pide poder sentarse todos junto a una mesa de piedra que hay en el jardín junto a una gran camelia de flores rojas, y comenzar así la investigación en forma delicada y rellenar el cuestionario al uso. Preguntan a los padres y a la niña a qué hora la han echado en falta, contestando que fue en el momento de reunirse para comer en la campiña.

–¿Qué hora fue esa? –Las 12:30 del mediodía.

–Ahora son las 5:30. Lleva desaparecida por lo tanto 5 horas.

A todo esto, Henri se ha puesto de pie y como es habitual en él recorre la zona con su péndulo y pide a los padres una foto de la niña o una prenda que haya usado recientemente.

La madre pregunta: –¿Que esté usada? ¿Como cuando se da a oler a un perro policía para que siga un rastro?

Henri no pudo disimular una graciosa sonrisa del todo silenciosa, mientras asiente con la cabeza y espera el objeto que le servirá a modo de “testigo” para entrar en resonancia con él y realizar su búsqueda psíquica.

Mientras tanto, el padre Didier comenta que nunca se había alejado de su hermana y que resultaba extraño que lo hiciera.

El otro policía, Marcel, pregunta si han visto a extraños por el lugar o algún vehículo, a lo que Didier responde con una negativa.

Kévin señala que la niña, a pesar de su corta edad, puede haber recorrido algo más de un kilómetro en su primera hora de andadura.

–¿En ese radio hay alguna zona peligrosa como un río, cueva o pozo?

-La madre hace su presencia de nuevo portando una foto y un calcetín de la niña. Henri, sitúa su péndulo en forma aplomada sobre los mismos, y al poco tiempo el péndulo comienza a realizar sus oscilaciones. Oscilaciones que se traducen en un idioma que solo el radiestesista investigador conoce-.

–No, no lo hay –contestaron al unísono tanto el padre como la madre.

–¿A qué distancia tienen ustedes los primeros vecinos?

–A unos 2 kilómetros de aquí monte arriba vive un pastor con su rebaño. Es un tanto arisco –dijo Géraldine–, a lo que Didier apostilló diciendo:

–Le llaman “el viejo loco”, pero en realidad es un desarraigado que gusta de meterse con los niños que se acercan a sus prados asustándolos para que no merodeen por allí, pero es inofensivo. –Para luego añadir balbuceando y un tanto aturdido–: ¡Es un pobre hombre!

–¿Quién más vive por aquí? –añadió uno de los policías, mientras Henri en silencio, seguía auscultando la fotografía de la niña con su péndulo Radión.

–A tres kilómetros de aquí –añadió la madre– por el camino opuesto de donde han venido ustedes, vive en una granja un matrimonio que tiene una niña de 10 años que es sordomuda. Tienen fama de ser poco sociables, pero son buena gente.

En ese momento les interrumpió Henri.

–Creo que ya tengo lo que necesito.

–Ah ¿sí? ¿qué tienes? –comentó el inspector Kévin.

–Noto una presión muy fuerte en mi estómago. La niña es muy pura, alegre y vibrante, como no puede ser de otra manera a esa edad. Se ha desplazado en un vehículo, que me resulta raro, pero no ha sido secuestrada.

Y añade: En toda investigación el primer impacto visual de la escena es importante, pero las circunstancias o apariencias no deben de enturbiar la sensibilidad intuitiva. Tras una pausa, continua: Aquí no hay escenario, pues la niña ha desaparecido en el campo. Y por ello, para ver algo más de lo que puedan apreciar los investigadores comunes, hay que entrar en un “estado de gracia”. A través de mi herramienta, abro otro canal más de investigación nada más. Esta es mi misión especial, por eso me ha pedido mi amigo el inspector Kevin que me acerque hasta aquí. Concluyo y sugiero que vayamos al punto último que han mencionado, la granja donde vive la niña sordomuda.

El padre comenta:

–En coche está a unos 10 minutos de aquí. ¡Salgamos para allí!

El vehículo policial y el de la familia parten hacia el lugar propuesto por Henri.

Una vez en la granja, en la puerta les reciben los vecinos y les cuentan lo sucedido, a lo que ellos responden que también han estado en el campo recogiendo hierba y manzanas, y que no saben nada, pero quizás su hija haya visto algo.

–Pues vamos donde está ella –replicó uno de los policías.

–Está detrás de la granja en una cabaña donde tiene todos sus juguetes y una casa de muñecas.

Al llegar al lugar, la niña sordomuda le dice a su madre, a través de gestos realizados con sus manos, que ahora tiene una amiga invisible de verdad, que la vio en el campo y tras darle una manzana la subió al carro de paja de un viejo camión por la rampa de madera que colocó papá.

La madre asustada, ahora realizando signos que parecían dibujar dinámicas figuras en el aire, le preguntaba:

–¿Qué estás diciendo? ¿Dónde está esa amiga que has encontrado?

–Mamá, ahora está durmiendo con las muñecas.

Inmediatamente todos corrieron hacia la cabaña, y para alivio de los padres allí estaba Irina, dormida con media manzana mordida en la mano, en perfecta paz como su nombre indica.

Los padres no se habían dado cuenta del ocultamiento no intencionado de la niña sordomuda, que solo quería tener una amiga. De ahí que Henri hubiera dicho que era un vehículo raro, ya que era un viejo remolque usado en las tareas de campo.

Tras despertar a la niña, todos se abrazaron y los policías con gran alivio respiraron y dieron el caso por cerrado. Una concatenación de hechos un tanto singulares dio paso a este suceso con final feliz. Los padres de la niña sordomuda nada sabían y pidieron disculpas por ese lamentable hecho que había mantenido en vilo a la familia de la granja de Legrand.

El padre de la niña preguntó con gran interés a Henri acerca de cómo podía saber que la niña había tomado ese camino.

–¿Cómo lo hace? ¡Me parece asombroso! ¿Acaso es la magia de su colgante o péndulo?

Los dos policías, acostumbrados a esta escena, miraban divertidos a Henri, mientras se rascaba suavemente el hoyuelo de una de sus mejillas, para seguidamente responder. –Todo está en el cerebro, es una cuestión de sensibilidad nerviosa. Lo importante es hacer la pregunta correcta. Tener respeto y unos valores internos bien fuertes, como la honestidad, el amor y la justicia. Hay que evitar los conflictos y vivir sin objetivos egoístas, y entonces las cosas funcionan. Yo no lo consigo siempre, pero suelo resolver el doble de casos de lo que habitualmente consiguen los investigadores al uso, por eso estoy aquí.

Riendo a placer, el inspector Kévin, amigo del comisario Henri, añadió diciendo:

–Y también nos hace ganar tiempo, en lo que respecta a desapariciones o búsqueda de ladrones y criminales.

Todos rieron y volvieron a sus respectivos vehículos aprovechando que aún quedaba una hora de luz de un hermoso día de verano.

RAI LOA

Leonardo nos vuelve a sorprender en el 41 Aniversario del Centro de Meditación y Síntesis Darjeeling

 

Leonardo nos vuelve a sorprender

Su retiro de seis meses en la búsqueda de un tesoro literario ha dado sus frutos. El 3 de abril era la fiesta, que se celebró el domingo 7 en el Jardín Roerich con la izada de banderas, tanto de India como de la Paz.

 Leonardo nos presentó su nuevo libro “Péndulos Egipcios”, a falta ahora de pasarlo por las imprentas y editoriales para su edición en el próximo otoño.

Se trata de una obra única en su género donde Leonardo nos habla del amuleto más fascinante y desconocido del Antiguo Egipto ¡el Tallo Verde! el cual ha hecho una réplica del original hallado en un sarcófago egipcio, y que pone a disposición de todos los seguidores del tema.

Igualmente y con motivo del 84 Aniversario del Pacto Roerich, a celebrarse el 15 de abril, Leonardo, Petri y el grupo ADA, junto a la colaboración de la Sra. Larisa Surguina y del Sr. Ramesh Chandra, del International Roerich Memorial Trust de India, han hecho posible la edición al idioma castellano del librito “Kuluta”de Nicolás Roerich. Una joya espiritual que hace referencia a los hermosos lugares donde la totalidad de la familia Roerich se instaló en el norte de India, para crear el Instituto “Urusvati” de Investigaciones Científicas del Himalaya.

 Una oportunidad -que se presenta por primera vez- para el mundo hispano parlante y así conocer algo más de la vida de los Roerich, en su hogar de Kullu. ¡Excelente trabajo al que sólo le falta la colaboración de los estudiosos de los Roerich para que lo difundan entre sus amigos! Hay que decir que los costos del mismo han sido cubiertos en su totalidad por una miembro de la Asociación ADA.

BICICLETAS PARA LA PAZ

También queremos señalar que la propuesta de Leonardo y Petri de conseguir bicicletas para niñas y niños que viven en aldeas lejanas a la escuela en Sri Lanka, con motivo del 84 Aniversario del Pacto Roerich, ha sido muy loable. De 30 bicicletas se han conseguido 7 por parte de ADA y 3 por colaboraciones amigas, llegando a un total de 10 bicicletas, además de materiales escolares.

 Esto ha sido un trabajo visible, bello y ético, que los Roerich apreciarían como una acción práctica de sus enseñanzas. ¿Cabe mayor satisfacción?

Namasté.

ADA ROERICH