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EREÑO AUZOA -BEDIA- Un antes y un después

Aquí vivió hace un siglo una familia rica y sus dos hijos sacerdotes misioneros.

Son días de celebración en este verano de 2019. El barrio de Ereño está siendo dotado de agua potable del Consorcio, en sustitución del abastecimiento de agua de manantial proveniente de los montes cercanos, mejorando con ello la calidad de vida de todos sus vecinos.

En el año 1991 no había luz eléctrica (se puso en el 2007), ni agua potable, y la carretera de acceso al barrio era pésima, ya que en ese año no vivía nadie en dicho barrio.

¡Salvemos los caseríos!

En ese año la familia Olazabal adquirió un antiguo y derruido baserri (caserío), y poco a poco comenzaron a rescatarlo del olvido bajo el lema “salvemos los caseríos”.

Algunos propietarios no residentes comenzaron a colaborar con los recién llegados para que el barrio se recuperara. De eso hace ya más de un cuarto de siglo. Poco después se instaló en el caserío Lexarreta un matrimonio que tuvo un bebé y con él -además de traer un pan bajo el brazo- trajo también la “luz eléctrica”. Fueron 16 años de espera, saliendo así el barrio de la Edad Media. Las velas, los candiles y el generador de gasolina, así como el posterior generador Eólico instalado pasaron al baúl de los recuerdos.

Chimenea de caserío antiguo.

Como era costumbre en el pasado, tras el nacimiento de un niño, la alboka y la txalaparta sonaban y retumbaban con el eco de los encinares y robles, en señal de alegría y pervivencia del barrio. Nueces, queso y sidra era el regalo que compartían los dos únicas familias que vivían en el barrio.

En siglos pasados Ereño contaba con algo más de una docena de caseríos, y había un sentido de comunidad plena, en el que se repartían algunas tareas generales entre todos.

En la cultura tradicional vasca se ayudaban unos a otros, y en Ereño lo hacían con la bendición de San Martín de Tours, cuya ermita se acercó -a principios del siglo pasado- al centro de los caseríos allí agrupados para protegerlos.

El olor a pan recién hecho en un horno que compartían varias familias cada tres días, se mezclaba con el olor de la leña y la leche recién ordeñada. Comer nueces, castañas y manzanas alrededor de un fuego bajo era la costumbre cuando el frío apretaba y se fijaba en las articulaciones del cuerpo. Tanto el humo como el calor ascendían y se colaban entre las rendijas de las tablas de madera de castaño del techo, donde se situaba el camarote en el que se hallaban colgados ristras de pimientos y algunos chorizos o carne para ser ahumada.

Caserío ¡Salvado!

La vida era muy dura por aquel entonces, pero la solidez de la piedra del caserío y la de sus vigas de roble, protegían a sus habitantes del frío exterior y de las miradas indiscretas.

Bellos caseríos que fueron construidos en los siglos XVII y XVIII y que hoy son un tesoro -a pesar de la indiferencia de la modernidad- algunos de ellos han sido conservados y protegidos por los nuevos moradores que saben que pertenecen a la Historia de Euzkadi. ¡Un verdadero y vivo Patrimonio Cultural!

San Juan en el muro de piedra de un baserri ya desaparecido.

Hoy, Ereño es un bonito barrio, habitado por varias familias. Se trata de un biotopo y un pequeño edén a preservar, que muchos comienzan a visitar para conocer su espacio vital, paisajes y senderos. Además el próximo otoño contaremos con farolas de luz sin dejar por ello de poder admirar el cielo estrellado.

Gracias a toda la Corporación Municipal y en particular a su Alcalde por hacerlo posible.

¡Enhorabuena!

CASERÍO OLAZABAL-MARTIN

La Leyenda de Lapis Exillis

No hay Grial sin Chintamani, ni Chintamani sin el despertar completo del Loto del Corazón.  La Leyenda de Lapis Exillis   Conocida como “Chintamani” en India, es custodiada desde hace milenios en lo que se ha dado en llamar La Fortaleza de la Luz.

Un fragmento de la misma, guardada en un cofre alemán del Siglo XIII, acompañó a los Roerich durante una gran parte de sus vidas con un cometido, sin duda, muy especial.

En un pasado muy remoto, antiguas Escuelas de Sabiduría, la conocían como La Piedra Negra de Shámbala, el Meteorito de Orión al decir de los Rishis y Mahatmas que la veneran.

Depositada en un cáliz, ésta se iluminaba desde el interior del mismo, ante la presencia de los Maestros de Sabiduría. Así surgió la leyenda del Santo Grial, difundida más tarde por trovadores y juglares, y en la obra de Parsifal. Por lo tanto, no es la copa, sino la piedra negra, la que tiene el poder de vincular los caminos y dirigirlos hacia el Futuro. Es ésta el verdadero Grial que, ante un corazón puro, llega a despertar los sentidos supersensorios de éste.

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