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EL PACTO ROERICH POR LA PAZ Y LA CULTURA AÑO 2022

Llevo algo más de 40 años hablando de la figura de Nicolás Roerich y a día de hoy sigo descubriendo nuevas informaciones e historias acerca de su vida y propósitos. Y esto se suma al de su familia, mujer e hijos. Tal es la magnitud de sus descubrimientos y creaciones. Pero hoy quiero, en el 87 Aniversario del Pacto, hacer un apunte sobre el mismo. 

EL PACTO ROERICH POR LA PAZ Y LA CULTURA, AÑO 1935

La Bandera de la Paz y de la Cultura fue propuesta por Nicolás Roerich a la Sociedad de Naciones, como emblema con la finalidad de proteger los tesoros culturales que el genio de la humanidad ha producido a lo largo del tiempo.

Hoy día está reconocida a nivel oficial por medio de acuerdos internacionales, firmados actualmente por más de 90 países.

Nicolás Roerich estipuló que las instituciones educativas, artísticas, religiosas y científicas, al igual que todos los lugares de importancia cultural, como museos, iglesias, edificios históricos artísticos, y bibliotecas, sean considerados y respetados por todas las naciones en tiempos de guerra y paz. Cosa que en la actualidad no se hace como estamos viendo cada día en los medios informativos.

El 15 de Abril de 1935 este Pacto fue firmado en la Casa Blanca, Washington, en presencia del Presidente Franklin D. Roosevelt, por 21 gobiernos de América. Más tarde sirvió de documento base para la redacción de la «Convención de la Unesco para la protección de los bienes culturales en caso de conflicto armado», firmado en La Haya, el 14 de Mayo de 1954.

El hombre, el género humano, tiene como meta el ascenso evolutivo y en su creatividad tiene derecho a la protección de todo su conocimiento, valores humanos y creaciones. Quien diga lo contrario no es humano.

La familia Roerich

    Es tal la abundancia de información, tanto pictórica como escrita, dejada a las siguientes generaciones, que en su prosa se hace difícil de entender si uno no tiene una verdadera formación esotérica en el tema. Por ello no es extraño encontrarte con interpretaciones llenas de infantilismo o superstición sobre su mensaje y vida.

Los Roerich, recogieron el saber de su época y lo más significativo de la Sabiduría Oriental, que unido a la recopilación de los mitos y leyendas de todos los tiempos y los textos de la teosofía, recrearon un nuevo amanecer con el beneplácito de la Hermandad Blanca. Una Hermandad Shambálica que no tiene sede física ni representante oficial alguno, salvo unos pocos iluminados que hacen su trabajo por el mundo de una forma discreta y en un nivel mental que no siempre tiene nada que ver con las emociones o sentimientos. Por otro lado somos millones de personas de Buena Voluntad en todo el mundo que buscamos la paz, la libertad y la curación del planeta Tierra y sus reinos mineral, vegetal y animal.

Como vemos, desgraciadamente a día de hoy, no podemos decir que la llamada bandera “Pax-Cultura” ondee en los edificios a proteger en ninguno de los de 50 conflictos que hay en el mundo.

Del Este al Oeste y del Norte al Sur, aún no se ha establecido una corriente simpática de energía que apoye con seriedad este Pacto por la Paz y la Cultura. Es evidente que debe tratarse de una cuestión de revelación para la cual la humanidad aún no está preparada, y así nos va. Pero el gran cambio está ahí. Todo va muy rápido hacia el Gran Cónclave Shambálico, de Badari Vana del año 2025, con su contundente fuerza liberadora –en todos los sentidos- en los cinco años siguientes.

Hacen falta Agni Yoguis, hombres y mujeres de fuego, activos sobre todo en las altas esferas de la vida social. Gente despierta que sienta un gran amor por la humanidad, y con la capacidad personal necesaria para el crecimiento espiritual.

La contribución de la Familia Roerich en el pasado siglo, hacia la importancia del núcleo familiar, la educación en el arte, en la belleza y en la filosofía cósmica de la evolución, presidida por una Ética Viva, hace que se diluya toda corrupción, fealdad y manipulación de cualquier tipo y origen. Pero hay que ponerla en práctica a través de Fundaciones, Corporaciones, Reuniones de grupos, y Congresos.

Desde la tranquilidad y la serenidad del Aula de la Naturaleza “Chintamani” el 3 de abril, con la entrada de la primavera, izamos de nuevo la Bandera de la Paz en su vigésima quinta vez en el jardín Roerich de las montañas de Ereño, Bedia, Bizkaia. ¡¡¡Paz, paz, paz, para toda la Tierra y sus habitantes!!!

Leonardo Olazabal A.

Presidente de la Asoc. ADA

Formador Psicoespiritual

Escritor

Sobre Nicolás Roerich en el diario La Razón

https://www.larazon.es/opinion/20220307/sx42soidpve5znbawxhh76do2u.html

La Asociación ADA Roerich llama la atención sobre lo desafortunado de dicho artículo:

Empezar con un título como ¿Quién recuerda la bandera rusa de la paz? es ya en sí un error. Primero no es rusa, sino universal. La diseñó y creó, eso sí un ruso en India -de donde tomó la idea-, con el objetivo de aglutinar a todas las culturas y épocas, así que la intención de Nicolás Roerich ni mucho menos fue crear una bandera nacional, sino englobar a todos los países para crear conciencia de preservar y proteger los bienes histórico-artísticos, que pertenecen a la humanidad en su conjunto.

Pax-Cultura

La Bandera de la Cultura protege los monumentos y los tesoros artísticos que el genio humano ha creado. La Bandera de la Cruz Roja protege a la Humanidad.

Nicolás Roerich vendió cuadros en Rusia, Estados Unidos, Gran Bretaña, India y en muchos países más, no sólo al zar de Rusia…

La frase: “Salpicaba sus lienzos de cielos rojos, nubes negras y montañas de perfiles geométricas en las que se adivinaban rostros y mensajes ocultos, casi proféticos” no puede ser más desafortunada, ya que hizo gala de un amplísimo espectro cromático, tanto con líneas geométricas como más orgánicas, abarcando un dilatado estudio de color y forma, por lo tanto, la frase es severamente simplista. Además cae en los tópicos extendidos, pero incorrectos, de estar intentando siempre dilucidar rostros y mensajes ocultos, cuando muchos de sus trabajos ni lo son ni quisieron serlo.

Incidir de manera tan circense en los grandes maestros de Shambhala dentro de un medio de comunicación público, donde los lectores no están habituados a los contenidos de la literatura esotérica, no es de recibo, ya que esta cuestión no se va a entender, generando el efecto de la incredulidad, el recelo y el escepticismo. Por lo tanto, dichos comentarios en un medio público ni es el sitio ni el espacio adecuado para hacerlo.

En cambio, no se incide más en el carácter académico de Nicolás Roerich, en su voluminoso corpus literario, en sus actividades culturales y artísticas, en la creación de numerosas asociaciones, etc. Esto parece que no existe para el autor del artículo.

Se define a Roerich como un excéntrico, cuando se puede sobresaltar otras muchas facetas, pero se anota este calificativo, denotando un sentido negativo sobre el pintor ruso.

Según el autor, la Bandera de la Paz parece hoy olvidada. Pero curiosamente no se acuerda que durante el siglo XXI desgraciadamente se han sucedido varias guerras en distintos puntos del planeta, siendo una de las más devastadoras en destrucción de obras de arte, yacimientos arqueológicos, museos, monumentos arquitectónicos, la que ocurrió en Siria. Parece que sólo se acuerda ahora…

Por cierto, ponemos en duda que se definan a los moradores de Shambhala como rishis. Existen otros muchos apelativos más certeros y concretos para su denominación.

Cuando el autor afirma que “ni los rishis de Shambhala son capaces de hacer entrar en razón”, debería saber que aludir a lo que pueden o no hacer estos seres de un nivel de conciencia tan elevado está fuera de nuestro conocimiento y percepción, por lo tanto, supone demasiado y da por hecho una comprensión que está fuera de nuestro alcance en causas y efectos.

Se debería haber indagado más en los valores universales de la Bandera de la Paz (Pax-Cultura dirigida a la protección de los monumentos religiosos, científicos y edificios históricos, contra su demolición en caso de guerra o paz) y de su creador, que supo amar a su patria, pero a la vez tener una mirada global y universal, sin fronteras, ni limitaciones culturales. Para Roerich (Ciudadano del Mundo), todas las guerras resultan nefastas, no siendo unas menos que otras. La guerra no es una experiencia romántica y mucho menos vital, es amoral y anti-ética. Por lo tanto, se debería hacer uso del pensamiento de Roerich en cada uno de los conflictos y no única y expresamente en éste. Para saber más consultar a la Asociación ADA Roerich que lleva 25 años dando a conocer la Bandera de la Paz y de la Cultura en España y en Europa. NO A LA GUERRA, NO A LA DESINFORMACIÓN.

ZÉOSIS: UNA MIRADA POLIÉDRICA

 

Departamento de Historia del Arte de la Asociación ADA

Iñigo Sarriugarte Profesor Titular de la Universidad del País Vasco

Zéosis de Antonio Camaró por Iñigo Sarriugarte

Cuando se ejerce el acto de delectación ante una pintura son numerosos los factores que se deben analizar, pero algunos suscitan un peso simbólico y sígnico que requieren una consideración mayor por parte del espectador. Y esta es una de las principales peculiaridades en la producción del creador valenciano Antonio Camaró.

El artista se mueve con facilidad por un territorio donde el tratamiento se manifiesta en base a colores planos que tanto recuerda a los experimentos de las Vanguardias Históricas, mediante sus manifestaciones fauvistas y que fueron reincorporados a partir de los años ochenta del siglo pasado bajo diferentes movimientos posmodernos. Si su mensaje intrínseco impulsa la unidad en la pluralidad, esta misma sintonía de eclecticismo se recoge técnicamente en su proceder pictórico, indagando en antiguos activos, como la pintura mural del medievo y sus rasgos de índole primitivista, características que han generado resultados de gran valor histórico en distintos períodos y fases artísticas.

Su pintura busca conectar el presente con lo mejor de épocas pasadas, con aquellos momentos donde grandes personajes históricos consiguieron infundir una gran luz ante un mundo que se encadenaba de manera constante y dilatada a la oscuridad. Por este motivo, el artista nos recuerda lo determinante de mantener vivo en el colectivo social la presencia de ciertas figuras caracterizadas por su evolución espiritual y más que nunca en estos momentos donde el mundo parece desvanecerse una vez más en una nueva penumbra. De ahí, que su obra titulada Zéosis sea una exhortación de unión entre lo diferente, pero con el objetivo de propagar la armonía y la paz.

Iñigo Sarriugarte Profesor Titular de la Universidad del País Vasco