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Pinceladas de distintos momentos vividos con Leonardo Olazabal, en su Jardín Roerich, frente a un café y sus últimas obras publicadas por la editorial SoldeSol en el 32 Aniversario de su Centro Darjeeling en la montaña.

Hoy 8 de septiembre: 32 Aniversario del Centro Darjeeling en la montaña como Aso. ADA Roerich.

–Tú llevas más de 45 años mostrando en el País Vasco el significado de vivir la filosofía del Raja Yoga y del Agni Yoga y los modelos educativos de la Cultura de la Paz. También llevas a cabo investigaciones en el campo de la Radiestesia Psíquica y la Radiónica del mundo de las Ondas de la Forma y de las frecuencias curativas. ¿Puedes ampliarnos esto?

 

Escritor Leonardo

–En cierto modo soy un rara avis para algunos, simplemente porque me interesa el humanismo y lo transpersonal. Para mí investigar, estudiar, meditar y enseñar es un deleite. Pero nada de esto hubiera sido posible sin la inestimable ayuda de mi mujer Petri. Como ya sabemos, la gente despierta y que tiene un criterio propio bien formado no está contenta con el mundo que ve ante sus ojos. Por eso algunas personas bajas de ánimo, o muy interesadas en contarme una vivencia espiritual, vienen a mí para preguntarme. Quieren ampliar horizontes e iniciar una búsqueda personal y segura, sin engaños, en el mundo que yo domino. Las personas que se acercan hasta aquí son de todas las profesiones y condición, incluso estudiantes de Bellas Artes que no están conformes con la forma, el fondo y la estética que aprenden en sus universidades y entorno. Enfermeras y médicos descontentos con la forma de curar y trabajar. Profesoras de escuelas y colegios que ya no pueden más al ver que tienen que enseñar los ineficaces métodos de educación que se les implanta. Cualquier persona que sepa ver, mira hoy día con horror lo que estamos viviendo en este planeta. No importa dónde vivas…todo degenera. Siento ser drástico, pero nos estamos destruyendo poco a poco y cada día más.

–Pero la gente no ve esta destrucción…

 

El rincón del escritor

–No, pero yo creo que sí la perciben y la sienten, ya que está en el subconsciente colectivo. No hay más que ver cómo se lanzan en masa -como si no hubiera un mañana- a disfrutar de todo lo que les viene al paso, vacaciones, entretenimientos, hacer el tonto, beber, drogarse, y pegarse. Esta estupidez que se refleja hasta en las redes sociales y que afecta ya a casi un miembro por familia, va minando la convivencia y el sentido tradicional de lo que es una familia unida. Y más hoy día con la hipersexualización, la carestía de la vida y la falta de visión, entre otros. Afortunadamente hay personas que saben que ellas mismas no están bien, y buscan ayuda. Otras se creen el rey del mambo y se comportan como verdaderos estúpidos y lo saben, pero no le ponen remedio y van a la deriva. Se comportan con irresponsabilidad y con actitud mediocre. Por eso se muestran irascibles, combativos y saltan a la mínima. Y ya se sabe: NO ES LIBRE quien no puede controlarse a sí mismo, como decía Pitágoras y tantos otros filósofos y yoguis, que sabían mucho sobre el ser humano.

–¿Pero si nuestra vida es siempre el resultado de nuestras previas acciones y pensamientos, por qué la gente no le pone remedio y empieza a actuar como debe ser?

–Nicolás Roerich decía, y por él mismo también:

“Hasta los más fuertes esconden sus derrotas”.

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MADURANDO LA PAZ

Vivimos tiempos extraños, confusos, en cierto modo… mediocres. ¿Por qué digo esto? Por la sencilla razón de que para dejar de ser mediocres hay que establecer primero la paz dentro de uno mismo. Y hoy día, el que más o el que menos, en su interior solo tiene alboroto, un pobre humanismo y una insensible moral, y nada de esto sirve para implantar la paz en el mundo.

Se precisa madurar la paz. Para ello precisamos espíritus iluminados, y ¿los hay? Y si los hay, ¿dónde están sus causas nobles? ¿Dónde sus instituciones? Entidades nobles, antisectarias, antidogmáticas y no exclusivistas. Instituciones que hablan de la miel del amor, del respeto y del diálogo, ¿dónde están?

Leonardo y la Paz

Leonardo y la Paz

Hay que unirse en triángulos fraternos. Promocionar y facilitar. No explotar y mancillar. Por ello hay que aprender a madurar la PAZ, y trabajar todos juntos para embellecer la Tierra. ¿No es eso lo que anhelamos?

En unas conferencias sobre la Kábala en Barcelona conocí, hace muchos años ya, a Z´ev ben Shimon Halevi, donde habló –entre otras excelentes enseñanzas– sobre la Escala de Jacob como sistema de comprensión metafísico. La escalera se hunde en el barro en sus primeros escalones. Los últimos se adentran en el mundo etéreo donde se sitúa el reino de los ángeles. Y dice: “Se trata del símbolo cósmico de pasar del mundo ordinario y material al otro de orden cósmico y espiritual. El grueso de la humanidad sigue aferrada al barro. Se requiere un gran esfuerzo y trabajo en los mundos inferiores antes de llegar a la iluminación”.

Así las cosas, en los años veinte del nuevo milenio me pregunto si la paz es posible. Una gran parte de la humanidad lleva sobre sí misma la lápida de la indiferencia, el dolor y la falta de visión. Son pocos los que se conocen a sí mismos de verdad, de una manera inteligente.

Crucial, Crisis, Cicatriz han de ser transformadas por Cambio, Crecimiento y Conciencia. Y todo ello con mucho tacto. Un tacto que ha de surgir de la percepción superior y ésta de la mente iluminada. Y no de una mente con prejuicios psicológicos y culturales. Cuando hay un trabajo espiritual se produce la transformación. Ser espiritual implica ser protector, ser pacífico, ser honesto. Algo obvio, porque lo que se es dentro, se es afuera.

Shaij Khaled Bentonnès dice en su obra “El Sufismo, Corazón del Islam”:

   “La verdad consiste ante todo en entrar en armonía con todas nuestras contradicciones, coger el bastón de peregrino y servir a la humanidad como una unidad pura y simplificada”.

El propio mensaje de Jesucristo es totalmente pacífico al implantar en el mundo el AMOR.

Comencemos a alejarnos de las maniobras oscuras, de los horrores de los conflictos. Potenciemos la Cultura Espiritual, la Fe Religiosa y las Artes. Y así entrar en la Era Luminosa de la Paz y de la Quietud de las Alturas.

Leonardo Olazabal Amaral

  Presidente y Fundador de la
  Asociación Darjeeling Agni
    y del Museo Bandera de la Paz Roerich

Julio 2021 – Cumpleaños de Leonardo

 

Leonardo Olazabal Amaral

Leonardo Olazabal Amaral. Años 70 del pasado siglo

La práctica del Za-zen (meditación) en los años 70 (aún no tenía la mayoría de edad) me llevó muy pronto a entender la vida y sus retos. Me di cuenta de que para ganar no necesariamente hay que llegar el primero, sino valorar cada momento como algo único.

La enseñanza de Shámbala, a través de las Escuelas de pensamiento arcano enraizadas en distintas parte del Globo, te hace más íntegro y seguro de ti mismo. Aceptar con ecuanimidad las dificultades, los imprevistos, la enfermedad, así como la salud, la buena suerte y los éxitos, es el camino y la actitud adecuada. He aprendido que todo es relativo y efímero en la vida y por ello amo la belleza por estar siempre presente.

En los años 70 conocí la radiestesia, la radiónica, la metapsíquica, el budismo zen, el Raja Yoga de Patañjali, y el Agni Yoga de la familia Roerich. Hoy, 50 años después, rindo homenaje a la luz que me guía y a mis creaciones literarias, que son 12 libros míos y 8 libros de otros autores desconocidos.

En el año 1978 abrí el “Centro de Meditación y Síntesis Darjeeling”, donde aleccioné a varios cientos de alumnos sobre la manera de sentirse mejor cada día y la actitud correcta para obtener la confianza interior. Como estímulo y enseñanza propia he publicado más de 100 boletines de filosofía yoga, y numerosos folletos informativos. He dado numerosas conferencias abarcando distintos temas de la Nueva Era. Sí, son cinco décadas reflejadas en gran parte en mis obras literarias, en los artículos de mi web y en mi canal de vídeos que ascienden a más de 60.

Y tras explorar todos estos años tanto el mundo visible como el invisible, hoy me sigo quedando con la misma alegría interior que percibí y experimenté el primer día que empecé a hacer meditación. Entonces se abrió para mí un caudal inmenso de tesoros internos que ya presentía, y que aguardaban salir con la plena satisfacción de saber que había descubierto un camino lleno de Belleza, de Luz y Conocimientos verdaderos. Y hoy sigo compartiéndolo desde mi humilde Shangri-La de la montaña. ¿Se puede pedir más?

Con el sol en mi signo zodiacal me quedo con la satisfacción de haber plantado -sin descanso- tantas semillas en todo este tiempo, y a la vez compartiendo la alegría renovada junto a las sonrisas de aquellos que entienden mi mensaje.

Video: https://youtu.be/KugBnVBq-T8

Cómo visitar un templo hindú

Un artículo publicado en febrero del año 2000 (hace 20 años) en la revista de Más Allá.

  Proteger la estabilidad de los “centros de conciencia” y conseguir la iluminación interior sin necesidad de forzar el velo de lo desconocido. Esa es la principal función de los recintos sagrados hindúes. Ahora bien, el “hechizo” no funcionará a menos que el devoto ponga, de corazón, algo de su parte. Si desea vivir plenamente la experiencia de visitar un templo hindú, no deje de leer el siguiente reportaje.

La visita a un templo hindú constituye una experiencia fantástica y renovadora difícil de olvidar. Al entrar en el templo, más de 3000 años de vida y actividad ritual nos contemplan. Por primera vez nos sentimos conectados con el saber más antiguo. Resonamos como almas que ya han vivido esta situación alguna vez, pero también tomamos consciencia de la larga distancia que nos queda para llegar a la definitiva perfección como personas.

De este modo, un caleidoscopio de emociones, percepciones sensoriales y vislumbres intuitivos se presentan ante el peregrino, sea éste un ejecutivo moderno o un místico yogui, una ama de casa o un estudiante. Todos son bienvenidos. Una cálida cascada de vibraciones de paz baña a todos por igual.

LA ACTITUD INTERIOR

Quien nunca haya estado en un templo hindú debe prepararse para entrar en un universo diferente. El recinto es un lugar mágico, un punto de encuentro entre tres mundos. El universo físico es el Primer Mundo, y el reino de Dios y los dioses, con sus miríadas de formas, el Tercer Mundo. El intermedio, el Segundo Mundo, que es la morada de los devas (ángeles) y mahatmas (seres de luz), interpenetra los dos primeros.

   Este Segundo Mundo es conocido como el “Reino de las Almas”. Todos somos almas, sólo que en el plano físico se expresan a través de un cuerpo. El alma evoluciona de un mundo al otro hasta perfeccionarse y lograr la unión completa con su creador. En el templo hindú podemos percibir los tres mundos en uno, y ello contribuye a intensificar nuestra evolución.

Los templos hindús no son como los occidentales. Carecen de puertas y el dirigente espiritual, sacerdote o maestro, no es un intermediario entre el devoto y la divinidad. Es el encargado de mantener afinada la energía del lugar mediante la recitación de textos sagrados antiguos, cánticos y el puja (ceremonia u ofrenda), que despierta la capacidad de sintonizar con los arquetipos sutiles. De este modo, y si la devoción se practica con verdadero amor, se precipita en ocasiones la afluencia de devas que materializan olores perfumados especiales, a veces incluso flores y objetos físicos (lingams), y sobre todo un inmenso caudal de energía salutífera y bendiciones.

Protocolo: la visita al templo.

Es conveniente darse una ducha en casa y ponerse ropa limpia antes de acudir al templo, al cual se suele ir con regalos como frutas, flores, velas, incienso o dulces. La ropa blanca o vestido tradicional es mejor: saris, punjabis o largos vestidos para las mujeres. Para ellos, pantalones y camisolas largas, tipo yoga o chándal. El calzado se deja fuera y hay que tocar la campana de la entrada para saludar a Ganesha, divinidad principal que representa la Fuerza.

La mente debe estar orientada hacia Dios, lo universal. Los problemas, tensiones y tristezas han quedado atrás. Con las manos juntas y el saludo namaskar nos inclinamos levemente ante el sancta sanctórum. Uno debe sentir el sannidhaya, la divina presencia dentro del templo.

Tras depositar el collar de flores o la ofrenda a los pies de la divinidad, ya podemos sentarnos en meditación silenciosa. Los pies no deben estirarse apuntando a la deidad o al maestro. Los modales incorrectos, la risa o los comentarios en voz alta deben ser evitados. El guía espiritual es conocido como el pujari, el que realiza el puja (intercambio de energía). Hay dos tipos de puja: bahya puja (externo, ceremonial) y manasika puja (interno, actitud mental). Ambos requieren bháva, que significa “sentimiento profundo”, “estado mental definido”. Sin bháva, el puja no es puja y no sería posible la dinamización pránica o vital del templo.

Templo de la Luz en Adyar India 1982

En el ritual o ceremonia externa, el pujari comienza primero por purificar la atmósfera, saludar a las divinidades y bendecir los utensilios sagrados usados en el puja. Para ello pronuncia mantras, efectúa cánticos en lengua sánscrita y recita himnos de los antiguos textos de los Vedas. Luego viene la retribución de energía (aunque sólo podremos recibir si aprendemos a dar). El pujari ofrece collares de flores, arroz, incienso, cúrcuma, agua, perfumes, pasta de madera de sándalo, ceniza sagrada, agua de rosas, leche, frutas, alcanfor, aceite o velas para la luz.

Arati: tomando la llama sagrada.

En el cenit del puja, una bandeja con luces vivas -como una tarta de cumpleaños- es movida en círculos ante la deidad mientras suenan las campanas: es el arati, el momento más hermoso. Ahora es cuando Dios envía su poder y se produce el intercambio con los devotos. El Tercer Mundo y el Primero se conectan más que nunca. A través de la llama sagrada (agni) los devas y los reinos sutiles pueden vernos, produciéndose la comunicación necesaria para que envíen sus bendiciones.

Mientras cantan a la luz, los devotos pasan sus manos reverencialmente tres veces por la lámpara ardiente, llevando las bendiciones a sus ojos. De esta manera se comparten tanto el amor que se ha ofrecido a Dios como las bendiciones, en un baño de luz que ha de permitir clarificar nuestros propósitos en la vida y percibir mejor -con los ojos bien despiertos- la Verdad más profunda instalada en ella.

Vibhuti y agua sagrada.

Vibhuti es la ceniza sagrada: los restos de maderitas no espinosas, boñiga seca e incienso, todo cuidadosamente escogido. Es un símbolo de pureza que representa la reducción a cenizas de “las tres ataduras” -el ego, la ignorancia y el mal karma- y revela así la buena voluntad y la bondad natural del alma.

Maestro Parvati Kumar y Leo   El sacerdote marca nuestra frente con dicha ceniza, o bien la deposita en nuestra mano derecha (nunca en la izquierda: es de mala educación). Nosotros transferimos el vibhuti a la palma de la mano izquierda y seguidamente, con los tres primeros dedos de la mano derecha, untamos en la ceniza y trazamos tres líneas a lo largo de la frente. Este acto representa la conquista de las tres ataduras. Poco después se proporciona una cucharadilla de agua sagrada bendecida (tirtham) que se recibe en la palma ahuecada de la mano derecha y que, tras beber un poco, se pasa por la cabeza hacia atrás, magnetizando toda la actividad cerebral (centro coronario). A veces también se tocan los ojos y luego se bebe. Así se armonizan la personalidad y el alma.

Chandana y kunkuma.

Chandana es una pasta de madera de sándalo cuya fragancia la convierte en una preciosa substancia de uso tradicional. Se debe untar con el dedo anular derecho y aplicar a un punto determinado en el centro de la frente (Tercer Ojo). Acto seguido, se frotan ambas manos para extender su maravilloso perfume.

Después le toca el turno al kunkuma, un polvo rojo contenido en una cajita que el sacerdote sujeta. Hay que introducir en ella el dedo anular (sin mojarlo con saliva) y aplicar encima del sándalo en la frente. Este punto, llamado bindu, marca nuestra percepción superior: la idea de que lo esencial es invisible a los ojos físicos y que somos devotos del camino espiritual. Para los yoguis que siguen un sendero definido supone la identificación con el “Maestro de Maestros”, el primer Asceta, el dios Shiva.

Podemos decir que todos los matices de la existencia, incluso los relativos a la vida cotidiana (ver recuadro), se dan en el templo hindú. El trabajo en grupo y la particular “forma vibracional” que adquiere el recinto es precisamente lo que protege a todo aquel que se acerca al mismo.

Puja y Yoga.

   En la práctica auténtica del yoga (no en el que se practica en gimnasios y salas de fitness), donde se imparten las “enseñanzas”, se acentúa la sintonización mental o el manasika puja. Es común en las sesiones avanzadas de yoga visualizar un haz de luces partiendo del corazón del estudiante en dirección al maestro o la deidad, potenciado por un lazo honesto de sentimiento verdadero, mientras mentalmente se proyecta afecto, cariño y lealtad.

Se trata de una acción retributiva basada en el gana-gana (ganan ambas partes), sin aquella actitud de pichón en la que sólo se busca que a uno lo “alimenten y empujen” a volar. Esto no sería una posición saludable ya que la actitud psicológica “vampiresca” es bloqueante y desdeñable. Así, en la práctica ortodoxa del yoga, el manasika-puja se presenta con tres matices más:

1. Bhavana puja: Dirigido al ashram o local que acoge tanto las enseñanzas como a los practicantes de yoga para impregnar de fuerzas saludables y positivas el lugar.

2. Guru puja: Apoyo al instructor que imparte la enseñanza y que representa al maestro y a Shiva.

3. Satguru puja: Es para aquel que inspira el trabajo del instructor, su maestro: el propio creador del sistema yoga, Sri Patañjali, Shiva o Narayana.

La utilización del puja permite protegerse del magnetismo agotador de las personas que necesitan “chupar” todo aquello que pillan por medio. Los instructores, en su sensibilidad, pueden -y de hecho lo hacen- “enfermar” en su continua labor de divulgación y ayuda año tras año. Ellos no son dioses y por ello no disponen de una energía inagotable. De ahí que el puja sirva para poner las cosas en su sitio. Se puede decir, para finalizar, que el yoga sin puja no es yoga.

   Ceremonias especiales y cotidianas Homa.

En algunas fiestas especiales se realizan ceremonias un poco más complejas, como quemar en un fuego sagrado (homa) una petición u oración escrita en un papel. Se supone que la respuesta -después de haber pasado a los planos superiores- llegará en los tres días siguientes, a menudo de manera sutil. Una sincronicidad de hechos, una inspiración repentina o una sugerencia fortuita suelen ser sucesos notables tras una práctica espiritual sincera.

Archana.

A un puja especial e individualizado se le llama archana. Suele ser una ceremonia corta, usualmente después del puja principal. Es una manera de pedir a Dios algo importante y personal, o simplemente de expresar nuestro agradecimiento por la buena fortuna. El sacerdote necesitará nuestro nombre y el astro de nacimiento (nakshatra).

Samskaras.

Los samskaras son ceremonias cotidianas en la vida de cada hindú: dar el nombre al bebé (a los 40 días de su nacimiento), la perforación de las orejas (a la edad de un año), las bodas o el comienzo de la educación convencional. También los ritos funerarios son conducidos por religiosos designados especialmente. A veces se trata de ceremonias muy elaboradas, y otras, más sencillas. Siempre incluyen el puja y el homa o ritual del fuego.

LEONARDO OLAZABAL – PROFESOR DE MEDITACIÓN RAJA YOGA