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LA MUJER QUE ESCUPÍA DIAMANTES – VI (Género fantástico)

De nuevo reunidos en el Petit Hôtel París

Por RAI

Citroen con la cruz de Lorena

Citroen con la cruz de Lorena

Pasados unos días, Juliette, Didier y Sophie, se reunieron en el Petit Hôtel como cariñosamente lo llamaban –aunque ya no ejerciera como tal– para ver a los amigos René, Colette, Henri, y Armand el radiestesista.

–¡Por todas las corrientes telúricas de Francia! ¡Por fin os dejáis ver! –dijo Armand dirigiéndose a Didier–. Y ¿quién es la señorita que os acompaña?

–Soy Sophie, he oído hablar de vosotros. Solo conocía a Juliette y a Didier.

–Magnífico, te doy la bienvenida en nombre de todos los aquí presentes. ¡Hay mucho amor hoy aquí!… y ya se sabe:

Là où on s’aime, il ne fait jamais nuit (donde nos amamos nunca oscurece) –dijo en tono guasón Armand mientras miraba a Didier.

–Todos rieron.

–Ven, querida, –Colette le cogió de la mano y la sentó junto a la mesa.

–Se respira Paz en éste salón –añadió sonriente Sophie.

–Os he traído té oriental de Londres, –dijo Didier–. También le llevé a Jolie y Gérard de la casa de Nicolas Flamel que os dan saludos.

Didier, comenzó a sacar de una gran bolsa de viaje de cuero antiguo, varios paquetes de té bien apretados sin sus cajas comerciales para que no ocuparan espacio. También bolsas de caramelos y cacao en polvo, que en París ya no se podía adquirir y tan solo lo conseguían los obradores de las pastelerías de lujo.

–Esto es para los niños que acogéis en la casa, además de algunos pequeños detalles para todos vosotros –comentó Didier.

Y traerás muchas noticias –añadió René.

–¡Desde luego!

–¡Qué contentos se van a poner los niños! –comentó Colette.

–¡Toma, y yo! –exclamó Armand el radiestesista.

–Pero el cacao no es para ti –dijo cariñosamente Colette.

–Ya, pero el té sí –respondió Armand.

Y se echaron a reír de nuevo.

Tras hablar del desarrollo de la guerra y de los últimos acontecimientos de los que se hablaba en Londres, Didier continuó presentando un libro adquirido en la capital inglesa:

–El libro que os quería enseñar y que he encontrado en mi viaje es del escritor teósofo y gran aventurero, el Sr. Talbot Mundy. Se titula “Om. The Secret of Ahbor Valley”. Esta obra habla de un lugar desconocido en los Himalayas, más allá del reino misterioso de Sikkim. Se trata del país de los Ahbor, donde todo es sumamente extraño y sorprendente. Allí hay un lama que se llama Tsiang Sandup, que tiene habilidades sobrenaturales, y una gran sabiduría. La próxima vez que nos reunamos haremos lecturas de ello, especialmente Sophie, que habla muy bien inglés, y hoy vamos a escuchar lo que creo que nos tiene preparado Armand, y que como siempre será algo muy interesante. Pero antes, quiero daros unos apuntes:

Contra todos los grilletes creados por el hombre; además del Infierno ¡YO ME REBELO!

Talbot Mundy, 1914

   En el año 1923 Talbot Mundy era el invitado de la teósofa y orientalista Katherine A. W. Tingley en San Diego, California. Fue con ella que descubrió la existencia de valles secretos entre las montañas en los Himalayas, tanto por el lado de India como del Tíbet. En algunos de los monasterios budistas escondidos en las alturas de las nieves perpetuas, se hallaban monjes y budistas que cultivaban la Supramente y el conocimiento de la proyección astral. Las conversaciones esotéricas mantenidas entre ambos durante semanas, unido a la larga experiencia de Talbot en sus viajes de aventuras por India y África, completaron el desarrollo de su novela.

[En Egipto Talbot pasó una noche entera dentro de la Cámara del Rey en la Gran Pirámide. Años después, vivió en los apartamentos del Master Building en Nueva York, donde en sus primeras plantas se hallaba el Museo de Nicolás Roerich, siendo amigo de Natacha Rambova, Svetoslav Roerich y Manly Palme Hall. Un día conoció a Paul Brunton, que como él también pasó una noche entera dentro de la Gran Pirámide. El cúmulo de experiencias de todos ellos elevaba las reuniones y conversaciones a unos niveles tan altos como el propio rascacielos de Nueva York. Talbot llegó a escribir más de 50 libros de aventuras, siendo esta novela en particular la de mayor éxito. También escribió numerosos guiones para la radio y el cine.]

Clarividencia y Metapsíquica en el antiguo París

Clarividencia y Metapsíquica en el antiguo París

Didier finalizó diciendo:

–Luego Juliette os mostrará un pequeño experimento de magnetización para fortalecer nuestra psiquis.

–Sí, sí –acentuó Juliette–, después de las lecturas. Ahora vamos a tomar el té y a escuchar a Armand.

–¡Pardiez! –exclamó Armand el radiestesista–. Ya tenía ganas de contaros esto.

[Los encuentros de este grupo del Petit Hôtel París comienzan siempre intercambiando noticias a la vez que saborean un té. Luego se pasa a las lecturas o tertulias literarias, y a algún ejercicio de prácticas psíquicas, como averiguar el color contenido en tres sobres blancos, hacer ejercicios de telepatía con las llamadas Cartas Zener, en los que siempre ganaba por el mayor número de aciertos nuestra médium Juliette, o bien ver cómo se mueve el péndulo de acuerdo al fluido energético de cada uno, o incluso algún ejercicio de magnetización o de mediumnismo en el que Juliette era la maestra por su alto grado de clariaudiencia y clarividencia.]

Mientras Henri tocaba con la cucharita en el borde de una taza de té a modo de campanilla para llamar la atención de todos, su amigo Armand comenzó presentando su obra.

–Mirad –dijo–, esta obra es de León Joly, se titula “Radioteluria y Radiestesia frente a la ciencia”. Hace referencia a numerosos casos históricos relacionados con las varillas de los sourciers y zahoríes. Se trata en este caso de un documento histórico del año 1641, donde hace referencia a la detención de una mujer llamada Martine de Bertereau y su marido. Les fueron confiscadas 16 varillas de metal, varios libros, además de croquis y mapas. Todo ello lo hizo el que era el gobernador de Bretaña por aquel entonces. Sin duda, y a juzgar por sus éxitos, esta mujer fue la mejor zahorie de todos los tiempos. Con la autorización del Rey y del Cardenal Richelieu –continuó leyendo–, descubrieron más de 150 minas de oro, plata, cobre, cristal de roca, en los pirineos franceses. Minas de hierro, plata, plomo, en el Condado de Foix; de carbón en Languedoc; azufre en Alaïs; minas de turquesas en Samatan; minas de granate, rubí y ópalo en Pégouliou. Varias minas más en Bretaña y Normandía.

Levantó su cabeza del libro y añadió entusiasmado:

–¡Increíble! ¿verdad? Ella utilizaba siete varillas de metal diferentes según lo que se buscara. El matrimonio acumulaba una gran fortuna, y claro, les dejaron morir encerrados en las mazmorras de La Bastilla. Imaginad quién se quedó con toda esa fortuna bajo la acusación de que la varilla la movía el demonio. –Y se echó a reír.

–El propio demonio del Cardenal –dijo Henri.

–Desde luego –continuó Armand–. Unas décadas más tarde, otro padre jesuita declaró que la vara del zahorí se mueve por emanaciones naturales y declaraba públicamente que ningún método puede rivalizar con el de la varita para el descubrimiento de manantiales de agua o vetas de carbón y minerales.

–Interesante –dijo Henri.

–En 1693 se imprimió un volumen titulado “Física Oculta, tratado de la varilla adivinatoria”, de Abbé de Valmont, donde se menciona a partículas o corpúsculos que emergen de todos los cuerpos físicos e influyen en la varita y no el demonio, obteniendo así el estatus de un Don Natural. Así las cosas –continuó Armand afirmando con cierto ímpetu– quién sabe si el mundo no sería otro, si no se hubiera encarcelado y asesinado a tantos desafortunados zahoríes y alquimistas en el pasado.

–Sí, es una lástima –dijo Juliette.

Luego Armand continuó leyendo sobre el término empleado por el autor cuando se trabaja con el péndulo a la hora de localizar el foco de una infección o de una enfermedad. Él lo denominaba Bio-radiestesia, que es la auscultación del cuerpo humano por medios psíquicos (lo que más tarde se conoció en Francia como Radiestesia Médica).

Ahora le tocaba el turno a la médium Juliette. Hizo un silencio, como para despejar el ambiente de formas de pensamiento creadas con la lectura anterior, y pasó a hablar con su acostumbrada serena expresión en su rostro. El tema trataba sobre la costumbre en el Antiguo Egipto de magnetizar tanto los alimentos, como a las estatuas de los altares, y a las personas enfermas que necesitaban de una carga extra de vitalidad.

–En aquellos tiempos –dijo–, había una escuela llamada los “Puros de Sekhmet” que practicaban una magia magnética medicinal y curativa.

Tras hablar de ello propuso que se trajera un vaso y se llenara de agua hasta el borde. Después pidió una pequeña aguja de coser y un tenedor. Cogiendo la aguja con éste y con suavidad depositó la aguja encima del agua sin que ésta se hunda, dejando que flotara por sí misma. Cuando la aguja se hunde hay que volverla a secar bien para de nuevo depositarla encima del agua con mucho cuidado. También se puede depositar sobre una pluma de pájaro o una bolita de algodón para ayudarla a que flote. Una vez que está flotando en el vaso, la aguja tiende a moverse en dirección del norte magnético, aunque no siempre, dependiendo de los objetos metálicos que haya a su alrededor. Cuando la aguja se quedó quieta, se pidió a uno de sus compañeros que respirara profundamente durante uno o dos minutos, siempre por las fosas nasales, tanto la inhalación como la exhalación. Al mismo tiempo tenía que visualizar que sus manos se convertían en dos soles de luz magnética. Tras este pequeño ejercicio visual, tenía que aproximar ambas manos al vaso suavemente y sin tocarlo, con el propósito de que la aguja que está flotando sobre el agua se mueva en una dirección o en otra. Para ello sólo tenía que visualizar bien la intención de que un fluido sale de las palmas de las manos y mueve la aguja. Así lo intentaron cada uno de ellos y ninguno consiguió que la aguja se moviera hacia ningún lado, ni a la izquierda ni a la derecha.

–Mira que me lo imagino bien –dijo Sophie–. Pues nada, no lo consigo.

–¡Por las corrientes telúricas del alineamiento de las piedras de Carnac! ¡Verás como yo sí lo consigo! –aproximó las manos Armand y la aguja se movió un poquito al principio, y todos rieron diciendo:

–Has sido tú que has soplado, dijo Sophie.

–Pero, ¡si tenía la boca cerrada!

–Sí, pero por la nariz.

–Nooo. Seamos serios. Ha sido una corriente psíquica mía.

–Sí, o de la ventana –dijeron otros riendo.

–¡Pero si aquí no hay ventanas! Hala, lo dejo –concluyó Armand–. Que pase el siguiente.

Entonces Juliette, la médium, llevó las manos lentamente al vaso y la aguja automáticamente empezó a moverse. Si movía las manos en una dirección la aguja le seguía y si movía en otra, también. Finalmente se movía tanto que terminó por hundirse en el fondo del vaso. No había ningún truco por medio.

–Tienes la fuerza de los dólmenes y menhires de Carnac –le dijo Armand–. Es increíble la corriente energética que sale de tus manos.

–No os preocupéis –dijo ella–. Con un poco de práctica vosotros también lo conseguiréis. Se trata solo de magnetismo. Esto me lo enseñó un martinista, un discípulo de nuestro gran Maestro Philippe de Lyon. Os sugiero que lo probéis en casa y lo hagáis todos los días durante un ratito tras hacer las respiraciones profundas. Pronto saldrá un fluido magnético de vuestras manos que podréis aplicar a aquellas personas que tengan migrañas, dolores de cabeza, dolores reumáticos, y con ello les aliviaréis, algo muy necesario en esta época en la que es tan difícil conseguir medicinas. Pero recordad una cosa: Enseñad a que la gente se quite sus cargas de encima, pero no para que las cojáis vosotros. Es muy importante esta diferencia. Mantened siempre un corazón templado y compasivo, ante cualquier circunstancia desagradable o injusta que os podáis encontrar. No os llevéis a casa los dolores y las cargas de los demás. Permaneced siempre neutrales en el amor al Maestro.

Después de este ejercicio, pasaron a una meditación visual, cuando en ese momento alguien se percató de que en la esquina más oscura de la habitación había una figura observándolos. Vestida de negro, con una cruz gamada a la altura del cuello, la entidad fantasmal intentaba ver, un tanto confundida y con semblante de acero y ojos vidriosos desde el rincón en penumbra.

–¡Maldita sea! Un cuerpo astral nos observa –dijo Colette a la vez que hizo unos signos en el aire y pronunció unas ininteligibles palabras. La figura desapareció en ese mismo momento. Nadie se había percatado de la figura espectral, salvo Juliette, que le hizo una señal con la cabeza a Colette.

–Menudo susto –dijo Colette, mientras los demás no habían visto nada y se quedaron silenciosos.

La Cruz de Lorena

La Cruz de Lorena

En ese momento aprovechó Armand para preguntar a su péndulo y después de un rato comentó:

–La aparición ha sido real. Son alemanes entrenados en proyección astral y en visión remota. Han intentado cazarnos, pero no han visto ni oído nada. La protección de este lugar lo ha perturbado, y por ello estamos todos a salvo.

Juliette, estaba en silencio desde hacía un rato.

–No os preocupéis –dijo–, ya he establecido mentalmente un perímetro de luz desde esta habitación de la Paz hasta llegar a los jardines cubriendo así todo el hotel. Vamos a hacer la visualización conjunta para dinamizar el símbolo de la Cruz de Lorena y de esta manera cargarla de protección y luz para los soldados y para la resistencia francesa. ¡Por la Cruz de Lorena!

–¡Por la Cruz de Lorena! –corearon todos.

Continuará…

La reunión va finalizando en el Petit Hôtel de París

LA MUJER QUE ESCUPÍA DIAMANTES – V (Género fantástico)

Prosigue la velada de nuestros amigos hasta el amanecer / Mujeres occidentales extraordinarias y poco conocidas

Por RAI

Opresión y ataque a la Paz

Ataque a la Cultura filosófica y espiritual

Prosigue la velada de nuestros amigos hasta el amanecer

En un momento de descanso de la velada musical, Juliette miraba divertida las cosas que le decía Sophie a Didier.

-Antes de que el taxi me deje en casa iremos a la pastelería de Ladurée de los Campos-Elíseos -comentó Sophie-. Espero que tenga pan y los pasteles de frambuesas que tanto me gustan, eso si no se lo han llevado todo los invasores -añadió con desdén.

-Bueno, acabarán llevándose hasta la Torre Eiffel si se lo proponen -contestó Didier.

Juliette llamó la atención del grupo -enfrascados en sus propias conversaciones- ya que Didier tenía que comentar algo.

-Como sabéis he regresado de Londres. Pronto tendré que volver a viajar. Mi bufete tiene mucho trabajo redactando numerosos contratos comerciales, y he aprovechado el viaje para enterarme de muchas cosas <<hizo una pequeña pausa para enderezarse en el sofá>>. Hay estrategias diabólicas por parte de los alemanes. Sabéis que por cada soldado alemán que muere en una emboscada, ellos escogen a diez personas al azar y los fusilan allí mismo para que todo el mundo lo vea -Sophie lo sabe bien ya que perdió así a un familiar. El terror que infunden en la población hace que la resistencia y los voluntarios venidos de otros países se replanteen la forma de luchar contra ellos. Aún no están bien dirigidos. Los alemanes, además de buscar el poder económico-político y territorial, quieren ejercer un control mental a toda la población. Están muy bien preparados. Su mejor arma es la propaganda y la manipulación.

-¿Cómo es eso? -dijo Jolie, la dueña de la casa.

-Sacaron una Ley en la que prohíben totalmente la actividad de Hermandades y Asociaciones Ocultas. La Masonería, el Martinismo, la Teosofía, los Rosacruces y todas las demás Órdenes herméticas serán cerradas y si es preciso encarcelados sus dirigentes ¿comprendéis?

-¡Ellos sí que son una Orden Diabólica! -dijo Gérard indignado, para añadir-. Éste es un país libre de gran tradición cultural filosófica y espiritual.

-Ya no -dijo Didier. Luego mirando a Juliette añadió-. Hay que avisar a nuestros amigos del Petit Hôtel, para que escondan todos los libros de las diversas religiones y corrientes espirituales, así como de todo símbolo que haga referencia a escuelas de pensamiento universal. Vamos a pasar muchas penurias a partir de ahora.

-Yo estoy leyendo los libros “Viaje de una parisina a Lhasa” y “Místicos y magos del Tíbet” de Alexandra David-Néel. Es una escritora, exploradora y aventurera única para mí, y no pienso deshacerme de ellos -dijo Sophie, con semblante de niña enfadada.

-Esos libros no son de ocultismo -la ciencia de los antepasados hombres sabios-, son de aventuras, pero hay que tener cuidado, lo vigilan todo, y la guerra cada vez se pone peor -añadió Didier, para luego continuar diciendo con cierta vehemencia-. La guerra es algo impresentable. Los que la provocan irónicamente son los mismos que luego piden la paz. ¡Es un absurdo! Madre -Mirra Alfassa- decía:

Hitler, guiado por “El Señor de la Mentira” quiere gobernar el mundo entero, pero una luz más poderosa que la que le guía a él acabará con su éxito. Madre, unas décadas antes, había vivido los horrores de la Primera Guerra Mundial. Veía cómo llegaban los trenes a París abarrotados de soldados heridos y mutilados. En 1912, dos años antes de iniciarse la guerra ella había fundado un grupo de Estudios Orientales de 12 miembros llamado “El Cósmos” (Cosmique). Distribuían y hacían lecturas de traducciones de las Escrituras sagradas de India, como el Bhagavad Gita, Los Yogas Sutras de Patañjali, y los Upanishads, entre otros. Las lecturas se hacían en voz alta. Y ¿sabéis una cosa? Madame Alexandra David-Néel fue una de sus miembros. ¿No os parece increíble?

-¡La gloria rodea y une a los que son puros de corazón! -dijo –Jolie.

Todos escuchaban con deleite y atención. Ocasionalmente se oía las tazas de té golpear los platitos de flores y bordes dorados que las sostenían al posarlas sobre la mesa.

Didier tomó de nuevo la palabra:

-Conocí en Londres a George Chklaver, Doctor en Derecho Internacional y Ciencias Políticas de la Universidad de París. Tuvo que exiliarse. Él fue uno de los principales colaboradores que ayudó al artista Nicolás Roerich a preparar el camino para presentar la Bandera de la Paz y de la Cultura (EL PACTO ROERICH) a los Organismos de Derecho Internacional, para la protección de los tesoros de la cultura en todo el mundo. Bajo la premisa: “La Cultura se apoya en la Belleza y en el Conocimiento” y tras varios cónclaves finalmente se aprobó en Washington, EE.UU. en el año 1935 con el apoyo de grandes figuras internacionales. Pues bien, su centro Roerich aquí en París ha sido cerrado, y le han intervenido 7 pinturas de Svetoslav y Nicolás Roerich. Y todo ello con artimañas legales reguladas a favor de los nazis. Las pinturas habían sido obsequiadas por la familia Roerich al grupo de Chklaver.

Didier tomo un sorbo de su taza de té, y continuó:

-Me dijo que todas las Hermandades Espirituales y la Sociedad de Amigos del Museo Roerich en Letonia (URSS) habían sido cerradas.

– <<J´en peux plus!>> (No puedo más)… ¡¡¡París dañado, París castigado!!! Si estuviera aquí Flamel o Paracelso los llevaría a todos a la tumba -respondió de nuevo Gérard mientras acariciaba la superficie de su piano.

-El tiempo y la muerte lo finaliza todo, pero dentro de cien años ¡volverán a salir de su sepulcro! -dijo con cierto misterio Juliette. No, no me miréis así. En el ser humano hay un ángel y un demonio, depende de a quién se le dé de comer, así serán las consecuencias más tarde, luego -respiró un poco más profundamente y añadió-. El Señor de la Mentira, campeó por la Tierra en siglos anteriores, lo hace ahora de forma infame, y también lo hará dentro de un siglo aproximadamente, disfrazado de otra manera. La pregunta que hay que hacerse es: ¿El ser humano debe seguir viviendo la vida en este planeta o debe desaparecer de la faz de la Tierra?

Todos se quedaron mudos.

-Mirad -dijo Juliette-, La Gran Fraternidad de la Luz Divina nos dio esta Tierra para volverla bella y sagrada. Es un jardín con sus leyes naturales, y con su propia evolución. Pero el hombre se ha convertido en un depredador para sí mismo. Todo lo que toca lo daña y enferma. Se cree el soberano sobre todo lo que conquista cuando aquí solo estamos de prestado. Ahora emplean los Zeppelin para espiarnos, luego usarán nuevas tecnologías para hacerlo. El caso es amordazar, inmovilizar, incomunicar y evitar que la población se relacione unos con otros en la paz y en la armonía. Pero os digo una cosa, si Dios encuentra aquí los vértices donde anclar el poder de las Fuerzas de la Luz, la Victoria será un hecho y el Señor de la Mentira se disolverá en los infiernos de donde surgió. Se restablecerá el orden verdadero y la civilización volverá a escribir sus odas a la Libertad y a la Belleza.

-¡Ah! ?exclamó -Jolie-. ¡Eso sí es ver la vida con esperanza!

-¡Brindemos por ello! -dijo Gérard mientras levantaban sus tazas de té negro de Darjeeling.

VIVIRÁS PARA VER LOS HORRORES COMETIDOS

POR LOS HOMBRES MÁS ALLÁ DE TU COMPRENSIÓN

Nikola Tesla

[Se dice que en la guerra todo vale. La mentira, la falsa propaganda, la prestidigitación a la hora de engañar al enemigo. Lo terrible es cuando además de hacer prisioneros, lo que se hacía era experimentar con ellos, torturarlos hasta lo indecible, donde médicos carniceros probaban sus nuevas técnicas en pro de la evolución de la ciencia y de la cirugía, cebándose con los parias sociales y los prisioneros judíos. Estas víctimas fueron llamadas los “juguetes de la guerra”, debido a todo lo que se hizo con ellos, algo que es innombrable. Si la Primera gran Guerra Mundial fue una guerra biológica, la Segunda era una guerra tecnológica. Y lo peor de todo es que una Tercera Guerra Mundial sería una combinación de ambas.

Por eso se hizo necesaria la creación unánime y universal del Código de Nuremberg (Código Internacional de Ética para la investigación con seres humanos del 19 de agosto de 1947). Para evitar en el futuro que la Bestia de la Gran Mentira se levante de nuevo y convierta a todos los seres humanos en esclavos, bajo el pretexto de apestada contaminación social (o en un lenguaje nuevo: sobran los ancianos y enfermos), como decía Hitler, se creó dicho Manifiesto o Ensayo. En él se llega a la firme determinación de que bajo ningún pretexto jamás la población de ningún país será forzada a la experimentación médica. Nada de gasear, inocular u obligar a tomar químicos, y mucho menos experimentar con ella con el pretexto de una Emergencia Médica. Nada de usar perversos sistemas de destrucción de la conciencia. En materia de salud pública una Nueva Bioética se establece a nivel mundial bajo el precepto hipocrático primun non nocere. Lo primero no hacer daño.

Ese todo vale en la guerra llevó a que psicópatas asesinos crearan todo tipo de elementos destructivos. Sistemas para envenenar las aguas, el ambiente con gases, la tierra donde comían los animales con ántrax o pulgas infectadas. Armas siniestras y perversas de apariencia inofensiva pero diabólicas en su concepción. Si esto se hacía en la Primera y en la Segunda Guerra Mundial ¿qué no serán capaces de hacer en el futuro? Las mentes perversas no descansan…Y por ello la población debe estar alerta para evitar ser anestesiada con pan y circo. El Homo-económicus, busca ovejas que no distingan cuándo se las esquila de cuándo se las castiga. El Homo-éthicus las libera.]

La velada finalizó y las horas pasaron más rápidas de lo deseado. Algo que siempre ocurre cuando las reuniones son para tratar temas interesantes afines a la luz del grupo, y éste al igual que el del Petit Hôtel tenían buena estrella. Se entiende por tener buena estrella al hecho de ser hombres y mujeres que saben elevarse por encima de ellos mismos y actúan en favor de un Ética Viva, Homo-éthicus.

Libros de Orfila y Sassi

Libros de Orfila y Sassi

Mujeres occidentales extraordinarias y poco conocidas

   Juliette, la médium, es una mujer nada corriente. Sus habilidades psíquicas de clariaudiencia y clarividencia denotan una percepción extrasensorial muy especial. Si admitimos la existencia de los Seres de Luz es lógico pensar que puedan existir también personas que intercedan entre ese nivel espiritual y el plano físico. La Biblia Sagrada está llena de ejemplos… Oír la voz de Dios, por ejemplo, o ver a un ángel guía. Ello involucra el despertar del tercer ojo y el desarrollo de la glándula pituitaria en conexión también con áreas sensibles del cerebro y de la anatomía sutil.

En un grado inferior podemos tener percepciones diversas como un cosquilleo en un momento dado, una sensación clara, un nudo en el estómago, un escalofrío en la piel, un cambio de presión o de temperatura en el ambiente. A veces el olfato se agudiza, de tal manera que olemos a rosas, a diversas flores, o a incienso, sin que éstos estén realmente presentes y nos traen el recuerdo de un familiar fallecido o de una situación o lugar en el pasado.

Sensaciones y emociones muy especiales suelen ser señales de un “contacto psíquico real”. Esto suele ocurrir a muchos discípulos de buenos Maestros de los Yogas superiores en Oriente.

Desconocidas son mujeres como Juliette (médium), Alfassa (la Madre), Alexandra David-Néel (escritora y viajera), Katherine Augusta W. Tingley (teósofa y orientalista), Martine de Bertereau (zahoríe), Winifred Kimball gran teósofa y madre de Natacha Rambova.

Natacha se llamaba al nacer Winifred Shaughnessy, fue coreógrafa, diseñadora de vestuario, guionista, estudió Raja Yoga, practicó e investigó en lo que ella llamó la Astrología Psicológica, y en la última etapa de su vida fue Egiptóloga. Una Egiptóloga tan aplicada y metódica como un arqueólogo universitario. Siempre soñó con tener su propio y particular museo dada la gran colección que tenía de artefactos del Antiguo Egipto, Nepal, Tíbet, e India. Sueño que no pudo conseguir debido a que cayó enferma. Todas estas mujeres notables, al trabajar en otro nivel de conciencia resultaron invisibles para la sociedad.

Las gestas de grandes mujeres visionarias, por su formación interior y calibre espiritual, y por estar más adelantadas a su tiempo, no se mencionan en ninguna parte, pero todas ellas están inscritas en el libro de oro de los archivos secretos de los Ashramas de los Maestros del Himalaya.

En otro orden de vivencias, hay que decir que grandes museos y galerías contemporáneas de principios del siglo XIX en Nueva York fueron creados y propiciados por mujeres.

Durante la ocupación de Francia fueron muchas las mujeres que participaron en la resistencia, sobre todo como mensajeras y espías. Ellas creían en el futuro y no se conformaban con ver, oír y callar. Lo bello y lo hermoso a veces se volvía algo tenebroso cuando se trataba de defender la vida y a los propios familiares y amigos. Muchas mujeres de todos los estratos sociales escondieron a familias judías poniendo en peligro sus vidas. La historia también ha olvidado a muchas mujeres guerreras de la Segunda Guerra Mundial que se contabilizaron en cientos de miles de jóvenes que se alistaron en los diferentes ejércitos. Mujeres combatientes que llegaron a ser novecientas mil alistadas en el ejército rojo, por ejemplo. Ya fueran francotiradoras, aviadoras, tanquistas, informantes, partisanas judías, o agentes secretos de los diferentes ejércitos aliados, se dejaron todas la vida por la victoria y el fin del terror nazi. Y ya no hablemos de las enfermeras, madres, trabajadoras y obreras en la retaguardia.

Nunca se entenderá que una mujer o un hombre tenga que matar a otra muchacha o muchacho en el nombre de la patria.

Heroico para unos y triste para otros es el ejemplo de la francotiradora Lyudmila Pavlichenko. Para cuando fue retirada del frente herida en el verano de 1942, ya contabilizaba alrededor de 300 muertes enemigas, superando con mucho al famoso militar y francotirador soviético Vasili G. Záitsev. ¿Verdad o leyenda? En cualquier caso estos hitos de agua de rosas o de vinagre están condenados a la nada.

 

Elisabeth Warnon

Quiero destacar aquí cómo en Bélgica una mujer menuda, pero de gran corazón, salvó a docenas de pilotos heridos que tras arrojarse en paracaídas -derribados sus aviones- caían en suelo belga, ocupado por el Tercer Reich. Los escondía y luego los llevaba por rutas secretas a las fronteras, tanto de Francia como de Suiza. Ella se llamaba Elisabeth Warnon. Tras caer prisionera pasó 27 meses en los campos de concentración nazis (algo que también sucedió con Enrique Fernández Orfila, teósofo y republicano que fue deportado a un campo de concentración desde España al sur de Francia, hasta que luego liberado marchó a la India, tal y como relata en su libro “El Maestro. La Esencia más allá de las nubes de la mente” -su diario oculto-).

En el caso de Elisabeth, fue la Cruz Roja Internacional la que le salvó en el último momento de su vida. Luego recibiría condecoraciones y distinciones honoríficas, como la inglesa de la Reina Victoria, la DCM (Medalla de Conducta Distinguida) a su extraordinaria labor. Y otro tanto por parte de los belgas como de los franceses y americanos (ver fotografía).

Segunda Guerra Mundial. Elisabeth Warnon

Desolada y triste por la guerra vivida y por los horrores que había sufrido, un día escuchó una conferencia teosófica y encontró las respuestas a las preguntas que se hacía. Se hizo teósofa y colaboró en conferencias y seminarios. Más tarde conocería al Sr. Albert Sassi, profesor de Derecho Laboral en la Universidad de Ginebra, y gran teósofo en Suiza. Se hicieron compañeros de por vida. Un tiempo después, Albert Sassi le propuso viajar juntos a la sede de la Sociedad Teosófica en Adyar, en Madrás, India. Emprendieron el viaje y estuvieron varios meses trabajando y estudiando en la sede. Unos meses más tarde convinieron juntos retirarse a vivir a las montañas azules de los Nilguiris, distrito de Tamil Nadu en el sur de la India. Buscaban el silencio que les permitiera ahondar aún más en las enseñanzas espirituales de los Mahatmas. Allí crearon el Jardín del Maestro (Master Garden). Bajo una rigurosa disciplina espiritual de estudio y meditación en diferentes sistemas iniciáticos, como el Martinismo, el Raja Yoga y la Astrología Esotérica, obtuvieron lo que tanto anhelaban: ¡La conexión con el Maestro! (Ver el libro “Cartas desde la India” de Albert Sassi).

Elisabeth escribió varios libros con la bendición de su Maestro, y tiempo después, tras el fallecimiento de su compañero Albert, ella creó la Orden de la Madre del Mundo, donde se recalcan los aspectos femeninos de la manifestación divina. Un concepto superior a lo que hoy se entiende por feminismo. Actualmente, sigue creciendo la Orden como un centro de luz que disipa tanto espejismo social en todo el mundo.

Continuará…

De nuevo reunidos en el Petit Hôtel París

 

 

 

 

LA MUJER QUE ESCUPÍA DIAMANTES – III (Género fantástico)

La estrella de cinco puntas / Guerra de símbolos: La Cruz de Lorraine (Lorena)

Por RAI

LA ESTRELLA DE CINCO PUNTAS

      Pasó mucho tiempo después. Nuestros amigos se movieron por toda Francia. Las obras nuevas ya se habían realizado en el interior del pequeño hotel París, cuyo cartel se había quitado de la pared. También se habían reforzado los muros externos y hermosos rosales florecían aquí y allí.

En España la Legión Cóndor alemana experimentaba dejando caer cientos y cientos de bombas sobre pueblos y ciudades simplemente para medir sus efectos, ya que sus municipios carecían de importancia estratégica. Algo espeluznante.

Como se sabe, los alemanes buscaban por todo el mundo objetos de poder oculto, para aumentar con ellos la fuerza de su bestia, y extender el genocidio bajo la falsa idea de crear una raza nueva y un orden mundial único. España tampoco se libraba de ésta búsqueda. Su fijación consistía en la posibilidad de descubrir el lugar donde se ocultaba la reliquia del Santo GRIAL.

El 22 de junio de 1940 los alemanes llegaron a París.

Para que la ciudad no fuera castigada por la maquinaria de la guerra, el Gobierno francés decretó a París ciudad abierta, tan solo ocho días antes. El gobierno francés pensaba que la mejor táctica contra el enemigo es que éste no te perciba como tal. No había otro camino. Pero los alemanes no son tontos. Ahora la venganza tomaría alas poco a poco. Para empezar se mandó buscar el mismo vagón de ferrocarril en donde 22 años antes los alemanes firmaron su rendición, y ahora es en éste donde se firmaba la capitulación francesa.

Los invasores desfilarían por los Campos Elíseos hasta el Arco de Triunfo orgullosos de su poderío, marcando el paso con firmeza pero de forma lenta, saboreando el momento o quizás para no parecer un tanto abrumadores.

¿Destruir la torre Eiffel o no destruirla? Se preguntaban. Por fortuna se limitaron a colocar una gran pancarta en la que se podía leer “Alemania es victoriosa en todos los frentes”, y una gigantesca bandera con la esvástica.

Con el ruido del paso de las botas aún sonando en el aire, el grupo de amigos en torno a Juliette, se reunía ahora en forma clandestina en su cenáculo particular, como cuando Jesucristo y sus apóstoles celebraron la última cena.

Tras los saludos y comentarios propios del momento, la médium Juliette volvió a provocarse un trance, y permaneció en silencio 15 minutos. Esta vez no habló. Volvió en sí tras unas respiraciones profundas, y con ademanes suaves rechazó la copa de anís que le acercó la señora Colette.

–Traigo buenas noticias… entre las muy malas.

Todos se miraron y sonrieron con una forzada mueca.

–Sí, no sé si es un destino forzado, pero como ya sabéis el ejército Alemán ya está en París tras ocupar Polonia, los Países Bajos y Bélgica, ahora se extiende como la niebla por una gran parte del suelo francés. Las campiñas se llenan de monstruosas maquinarias de guerra y de miles de soldados entrenados para matar, y esto es algo que va más allá de la pestilencia de las ratas, los piojos y la viruela.

    [Más de 30.000 civiles perderían sus vidas tan solo en el suelo francés al finalizar el año 1940]
     [80 millones de personas morirían en lo que se llamó la Segunda Guerra Mundial]

 

–¡Por Dios! –exclamó Colette levantándose. Y rauda se dirigió a un cajón de la estantería de libros y sacó un botellín de agua bendita. Mojándose los dedos índice y corazón de su mano derecha trazó una estrella de cinco puntas en el aire y en dirección de la puerta, a la vez que pedía protección–: Esto lo hago para que ningún oído o criatura astral entre en este lugar. ¡Oh Dios, Padre Creador y Señor de todo lo bueno, protege este hogar y a todos nosotros!

Todos pronunciaron “Amén”. Excepto Armand que dijo: –¡Amenti!

Los allí presentes se le quedaron mirando.

–Sí, sí –añadió él–. Que obtengamos la bendición de la sabiduría de los Salones de Amen-ti oculta bajo la arena de Egipto. Es un decir –concluyó sonriendo.

–Amén, Amen-ti, ¡curioso! –dijo Henri.

La médium prosiguió:

–Dentro de cuatro otoños Francia volverá a ser libre.

–Dios mío ¡Cuatro años! –Dijo Colette.

–Si se hace bien, y con la ayuda de tres naciones más (Reino Unido, Rusia y EE.UU.) la ocupación durará 1520 días, añadió Juliette, con gran serenidad. Luego Colette afirmó:

–Tenemos que estar firmes. Dios nos concederá todo lo necesario. Aguantaremos esta atmósfera oscura de los enemigos contra la luz y la verdad.

Hablaron durante dos horas de los contactos establecidos con hermandades espirituales, grupos de intelectuales, e individuos con facultades psíquicas de París y otras ciudades y regiones de Francia.

 

GUERRA DE SÍMBOLOS LA CRUZ DE LORRAINE (LORENA)

      En un momento dado Didier, dijo:

Cerillero de la Segunda Guerra Mundial

–Hay que tener cuidado, ahora más que nunca, las personas pueden ser muy engañosas. Quien menos te esperas es un espía alemán camuflado o un colaborador chivato. El otro día estuve en una fiesta y un caballero del Departamento de la ciudad francesa de Nancy encendió su cigarrillo y dejó olvidado sobre la mesa su cerillero de plata. Cuando lo cogí y le di la vuelta apareció en relieve la cruz esvástica cubierta de cristales brillantes. Como sabéis es el símbolo que aparece en sus ejércitos y en todas sus arengas políticas para motivar a sus soldados.

Y ahora, la gente de gran conocimiento con la que he tratado, piensa que Francia debiera de adoptar otro símbolo de poder para proteger a nuestros soldados, y también a la tímida e incipiente resistencia que ya está surgiendo.

[Charles de Gaulle había dado un breve pero muy patriótico
discurso desde los micrófonos prestados de la BBC;
así se lo permitió Churchill que amaba París como nadie,
 palabras que incendiaron el corazón de los franceses]

Será un escudo protector tanto físico como psíquico, pero tenemos que estudiar cómo hacer llegar esta idea a los mariscales y generales del gobierno de Francia.

–¡Bravo! –dijo Armand, librero y radiestesista–. Con esto lograremos focalizar todo nuestro poder para sustentar el ánimo de nuestras gentes y oponernos como escudo psíquico a las fuerzas del mal. Lo conseguiremos con el trabajo de colaboración de los rezos de abadías y monasterios cristianos, órdenes ocultas, y de aquéllos que trabajan desde el silencio y la invisibilidad. Haremos, todos juntos, una fuerza de choque y de resistencia que permita que Francia no sea devorada por el fuego de esa estirpe negra que ha surgido como una grave enfermedad.

Exaltado René, que era el mayor del grupo dijo:

–Malditos alemanes. Otra vez han entrado en nuestros hogares ¡pero no nos doblegarán!

A todo esto, Henri comentó:

–Aún no se ha dicho con qué símbolo esotérico vamos a enfrentarnos a la Alemania nazi.

Juliette tomó la palabra de nuevo:

–Os veía tan entusiasmados que prefería escucharos, mientras os dibujaba en este papel el símbolo. Se trata de algo bien sencillo y poderoso:

¡La Cruz de Lorraine! (Lorena), conocida como la Cruz de Anjou, de origen bizantino.

NOTA: Curiosamente esta cruz también es el símbolo de la Asociación Internacional de la Lucha de la Tuberculosis, creada en 1902. En España cada 12 de octubre, desde 1960, se usa la Cruz de Lorena en la ofrenda floral a la Virgen del Pilar, en Zaragoza. Y de idéntica forma se venera esta cruz como La Cruz de Caravaca, en Murcia. El palo o barra de la cruz primera es la de Cristo, y la segunda barra horizontal, un poco más larga, representa la muerte y el sacrificio de sus discípulos y de todos sus seguidores. Para otros el primer travesaño representa el Titulus Crucis (Jesús de Nazareth, Rey de los judíos).

–Su radiación protectora es muy grande, –manifestó Armand, para luego sentenciar–: El péndulo así lo expresa (acababa de testar el dibujo).

Didier comentó entonces:

–Viajaré a Inglaterra, ya que allí se reunirán los militares de Francia e invitados de otros países que quieren unirse a la causa, y les hablaré de La Cruz de Lorena. Presente como está en muchos lugares históricos de Lorena, particularmente en la ciudad de Nancy en el noreste de Francia. Ahora que caigo en ello… me resulta curioso que el cerillero de plata perteneciera a alguien que venía de esa ciudad… ¿Estaría investigando por allí alguien con intereses alemanes?

Colette intervino afirmando:

–Conozco bien esa ciudad. La puerta Craffe en Nancy, es parte de lo que queda de una importante fortificación medieval del siglo XIV. Sobre la misma se puede ver la Cruz de Lorena horadada en la piedra, bajo un arco ojival y rodeada por cuatro ventanas con gruesas verjas de hierro, debajo de ésta hay una virgen de piedra. Es probable que un espía ojeador tomara nota de la fortificación de la ciudad.

La Cruz de Lorraine

Un tiempo después…

 

La Cruz de Lorena fue adoptada oficialmente en 1941 como símbolo de Francia Libre, en oposición a la cruz gamada de la Alemania nazi. Este hecho ocurrió casi de carambola –al menos aparentemente– ya que el líder de la marina de Francia Libre, el vicealmirante Émile Muselier se la propuso a De Gaulle. Al parecer conocía su uso en Francia por parte de una División de Infantería estadounidense en la Primera Guerra Mundial. El caso es que todo fue aconteciendo de manera ideal y con muy buena fortuna. Se engalanó en vehículos y uniformes hasta dos años después de la desocupación. Más tarde, se estableció como Medalla Conmemorativa de los servicios de voluntarios por una Francia Libre. Según decía Churchill, la Cruz de Lorena… ¡la cruz más pesada que tengo que soportar es la del propio De Gaulle por su mal carácter!

Mientras Francia sufría lo indecible y el más terrible drama, en India entraba en juego la fuerza psíquica de una mujer francesa: Mirra Alfassa, conocida como La Madre, compañera espiritual de Sri Aurobindo en Pondicherry, que por aquel entonces era territorio del Imperio Colonial Francés…

Continuará…

LA MUJER QUE ESCUPÍA DIAMANTES – IV

Desaparecen genios de la moda, la literatura y el arte.

El espíritu revolucionario de un yogui, y el poder Supramental de La Madre, Mirra Alfassa.

LA MUJER QUE ESCUPÍA DIAMANTES – I (Género fantástico)

El Petit Hôtel París / La Moda en París

Por RAI

EL PETIT HÔTEL PARÍS

  Caminaba por una calle de la ciudad de París mirando cómo las gotas de lluvia rebotaban en sus zapatos. Un trueno le hizo alzar la mirada. Ya estaba frente a la casa-hotel en el que había quedado con un grupo de estudios ocultistas y herméticos. Hizo sonar la campana tirando de una manivela situada al lado del letrero desgastado de porcelana azul-índigo y con letras blancas que ponía “Petit Hôtel Paris”.

 

En una calle-jardín de París

A mediados de los años 30 había una gran cantidad de grupos no-conformistas que buscaban la inspiración en libros, revistas y movimientos filosóficos relacionados con Egipto, Grecia, y los alquimistas de la Edad Media, por un lado. Mientras que otros buscaban y reflexionaban sobre nuevas ideas políticas, moda, arte y los nuevos espectáculos.

La puerta se abrió y una señora mayor de ojos verdes y cabello castaño con gruesos rizos, esbozó una leve sonrisa tras mirar a un lado y al otro de la puerta.

–Hola Henri -dijo la señora.

–Hola Colette.

Colette era mujer de René, y dueños de la casita hotel.

Francia se hallaba sacudida por la crisis financiera que azotó al mundo unos años antes, en 1929. La vida social estaba ralentizada y su recuperación se presentaba lenta, y según la médium Juliette (nombre que proviene del mes de julio y corresponde al planeta Júpiter) se avecinaba una época apocalíptica.

Pero aún sería peor para España, Alemania, Italia, Inglaterra y los Estados Unidos. Los gobernantes, como tantas veces ha ocurrido y ocurrirá en el futuro, eran incapaces de detectar con claridad lo que ocurría, ni las causas reales de la crisis. Los parisinos pasaban hambre. Los niños y ancianos eran los más vulnerables. Pero nada comparado con lo que ocurriría en los años siguientes.

Tratar en la reunión sobre qué peligros amenazaban a Francia y en particular a los ciudadanos parisinos, era el motivo de la tertulia de ese día, y también las circunstancias económicas por las que estaban pasando los dueños del pequeño Hotel París. Como cada viernes y una vez al mes, la reunión se llevaba a cabo en un salón acogedor de la parte baja del hotel. El mismo se hallaba ubicado tras lo que era una bodega de vinos, ahora llena de cajas de madera y sillas antiguas. Una pequeña puerta daba paso a la sala de reuniones. La habitación aparecía con estanterías llenas de libros antiguos, protegidos algunos con puertas de cristal y otros con cortinas de terciopelo rojo, y cajones cerrados con llave. En un lado había una gran mesa de roble rectangular, donde cabían doce personas sentadas cómodamente. Sobre ésta había distintos libros, entre ellos se apreciaba la obra de Zanoni y una esfinge egipcia de loza azul brillante del tamaño del libro.

A un lado de ésta y en un rincón, una mesa redonda con seis sillas servía de cobijo y lugar de encuentros. Aquí los amantes de los libros y de las tertulias filosóficas mostraban la esencia de sus pensamientos y reflexiones. En esta mesita se hablaba de psicometría, de radiestesia, de astrología, de quiromancia o lectura de las manos, de metapsíquica, de arqueología del Antiguo Egipto, de talismanes y piedras mágicas.

Según decían, los libros daban conocimiento, y los objetos mágicos servían para aprender a desarrollar la concentración y la meditación. Ambos eran los medios para llegar a la luz.

En la última reunión la médium Juliette dejó caer que había que prepararse mental y físicamente para un nuevo conflicto que se asomaba en el horizonte, tal y como lo había visto repetidamente en sus visiones.

También dijo, que el vulgo nada sabe de poderes sobrenaturales. La gente, como nunca ha estado preparada para un entendimiento superior, no puede acceder a este drama que se avecina. De ser así, las escuelas de iniciación y sabiduría no existirían. El poder del hombre es grande, y ha sido conocido desde que los Maestros Divinos plantaron la semilla del Conocimiento en los albores de la humanidad…

Ahora en el salón, se hallaban ya sentados en la mesa redonda la médium Juliette, hija de un comerciante de perfumes. Didier, que es un ilustrado abogado, conocedor de algunas hermandades esotéricas de Francia y Europa. Y Armand, un librero zahorí o rabdomante que usa un péndulo además de la horquilla de avellano y era un miembro de la Asociación de Amigos de la Radiestesia fundada en 1929 por el sacerdote Alexis Bouly.

 

LA MODA EN PARÍS

  La moda en París comenzaba a estar en auge. Juliette vestía con los diseños de Jeanne Paquin, de la Rue de la Paix, fallecida tres años antes en plena fama. Juliette afirmaba entrar en contacto de vez en cuando con su espíritu. La conoció en vida y la veía como una mujer fuerte y extraordinaria, que luchaba por la liberación de la mujer a través de la moda. Jeanne era también una gran admiradora de los ballets rusos y de su arte. A Juliette le gustaba llevar el abrigo quimono de sobrios colores diseñado por su admirada amiga Jeanne Paquin.

En el nº3 se hallaba la tienda de la diseñadora Jeanne Paquin.

Colette, pareja de René y dueños del Petit Hôtel París, viste de manera frugal. Lleva un vestido azul turquesa que hacía honor a sus ojos verdes, junto con una chaquetita de lana de color oscuro que cruzaba con elegancia sobre su pecho.

René, su marido, un hombre mayor, vestía humilde pero elegante, con ropa de color gris y marrón.

En cambio Henri, lleva un traje de lana color marrón, con ojales cruzados y camisa de color crema con rayas muy finas formando cuadros. Con la corbata y la gabardina, le hacían parecer un comisario de policía.

Didier, el abogado -así le llamaban-, llevaba el cabello con un buen corte a los lados y en la nuca, dejando más volumen en la parte superior para peinarlo hacia atrás, bien engominado para que no se mueva como era la moda. Viste un traje de color oscuro con pañuelo de seda en su bolsillo superior, y una camisa blanca. Un abrigo largo, guantes, y el paraguas completaban su atuendo, lo que hacía de él un hombre distinguido. Ya no se llevaba barba, y rara vez un grueso bigote tan popular en esa época. Aún así, él llevaba un fino bigote del estilo del actor Errol Flynn. Para entonces las gafas oscuras eran sinónimo de espía o tramposo, y ya no se llevaban. Eran tiempos austeros y la extravagancia estaba mal vista.

Armand el librero y radiestesista, vestía con un grueso jersey de nudos en azul marino, y pantalón de pana marrón oscuro, coronado por una boina de color índigo, bien ladeada sobre una de sus orejas.

Una vez que se saludaron, se sentaron los seis y volvieron a retomar la conversación de la última vez.

Luego se hizo una sesión de mediumnismo.

Tras las visiones, y ya de nuevo incorporada en su cuerpo físico se le acercó a Juliette media copita de ginebra para reanimarla físicamente. Tras un pequeño sorbo dijo:

–Se trata de Alemania.

–¡Otra vez los alemanes! –Espetó sin ningún tacto René (había perdido a sus padres en la Primera Guerra Mundial), y añadiendo un bufido dijo:

–¿No tuvieron suficiente con la primera Gran Guerra?

Juliette, respondió con voz casi apagada:

–El conflicto que viene no va a ser solo de oscuros uniformes militares, sino de… una inmunda pestilencia psíquica, de ¡fuerzas paranormales!

Luego con un poco más de fuerza en su voz, añadió:

–¡Algo tenebroso y oscuro se alzaba en el horizonte! Veo que la confrontación va a ser diferente a todas las anteriores de 1870 y 1914.

–Analicemos esto –añadió Armand.

El grupo compartió opiniones y comenzaban a dibujarse planes y objetivos…

En esta ocasión trataron sobre los gastos que costaba el mantenimiento del pequeño hotel. Colette y René estaban endeudados dada la situación social de pobreza que se vivía en la ciudad. Y esto les preocupaba porque estaban a punto de perderlo todo. Los bancos apretaban sus zarpas legales y el señor Didier, abogado, ya no podía contenerlos más.

Nuevo trance de la médium.

Juliette, volvió a entrar en un estado profundo de la mente. Pidió hacer un silencio. Después pronunció unas ininteligibles palabras y cayó en trance. Un fuerte trueno, de la tormenta que caía en el exterior, retumbó en toda la casa. Al poco, Juliette abrió la boca y depositó sobre una taza vacía de té, la conocida forma lechosa de ectoplasma, un fluido psíquico, que en la experiencia repetitiva de otras reuniones lo había convertido en algo ya conocido (se trataba de una sustancia blanca de composición desconocida que se produce en un estado modificado de conciencia. Una sustancia energética o etérica que se materializaba por el poder mental de la médium). Pero esta vez había algo peculiar en él. Había una luminiscencia en la masa vaporosa. Se esperó a que Juliette saliera de su trance y tomara unas respiraciones profundas. Su cara pálida, siempre que caía en trance, se volvía ahora más rojiza. Luego tomó delicadamente la taza y vertió su contenido sobre un platito, y entre la espuma ligeramente luminosa, aparecieron tres diamantes brillando a la vez que ésta desaparecía.

 

El hotel era una pequeña opción al Gran Hôtel de París

Cómo ocurrió esto merecerá nuestra atención más adelante. El caso es que todos se miraron y comprendieron que allí estaba la solución al problema del hotel. En Metapsíquica se estudia el fenómeno del ectoplasma de los médiums sin llegar a comprenderlo todavía. Curiosamente a la vez que esto ocurría en París, en un poblado de India, durante una ceremonia de fuego llamada Agni-Puja, el yogui estando situado frente a grandes llamaradas de fuego con las manos unidas frente a su pecho materializó por su boca tres pequeños lingams de cristal de cuarzo, que recogieron con una gasa de seda blanca, los sacerdotes que a su lado pronunciaban mantras en forma devota y ceremonial.

Continuará…

LA MUJER QUE ESCUPÍA DIAMANTES – II

Ayuda del otro lado /Los Tentáculos de la Bestia.