faviconENTREGA DE LA BANDERA DE LA PAZ

Hola amigos/as. De común ¿qué hacéis en un fin de semana? Seguramente descansar. Pues yo como no puedo estar parado, me dedico a escribir libros durante toda la semana, sin siquiera tener una hora para descansar o pasear, ¿he dicho pasear? ¿con todo lo que hay que hacer en estos tiempos en los que estamos viviendo?

No os quiero aburrir con mi pasión por la cultura y los tesoros de la filosofía esotérica, pero sí os voy a contar mi genial y mágico paso por tierras inglesas en este último fin de semana. Poco antes leía los relatos de Nicolás Roerich acerca de los tesoros ocultos en innumerables sitios de la Tierra dejados allí por civilizaciones o grupos étnicos del pasado. En alguna parte de este relato se dice que “hay un tesoro enterrado para cada hombre, sólo que debemos saber cómo conseguir estos tesoros. Una persona inadecuada, un traidor, un ser mezquino, no podrán acercarse a él. Sólo aquellos que saben apreciarlo y lo respetan pueden anular los conjuros que lo protegen”. La advertencia finaliza diciendo: “Si vuestro corazón ha decidido ir en busca de un tesoro, entonces id con cuidado”.

Así las cosas, ese fin de semana yo decidí ir a buscar un tesoro y a entregar otro. Me acompañaban mi mujer Petri y el profesor de Historia del Arte de la Universidad del País Vasco, Iñigo Sarriugarte, miembro de la Asociación ADA Roerich. El viernes aterrizamos a primera hora de la tarde en el aeropuerto de Londres. En un taxi nos encaminamos a la dirección de un humilde hotel situado junto a Hyde Park, el lugar donde apenas un siglo antes el Maestro M. habló con una de las mujeres más interesantes de ese siglo, la Sra. H.P.B.

Teníamos cita a las 7:30 de la tarde para una cena informal en la casa de nuestro anfitrión, el Sr. Peter Buxton, estudioso de la vida de Nicolás Roerich y Presidente de la Asociación Radiónica de Inglaterra. Su hogar se halla situado junto a la Abadía de Westminster, un lugar tradicional para las coronaciones y entierros de los monarcas ingleses, en un entorno elegante y antiguo, junto a modernos edificios acristalados de oficinas, tiendas y restaurantes. En la mesa estarían presentes Lady Londonderry, la nueva Presidenta de la Asociación Radiónica de Inglaterra, que sería nombrada así al día siguiente, tras dejar su vacante nuestro amigo Peter.

Alessandra Previdi, Fundadora de la Sociedad Radiónica Italiana llegaría ese día también, así como Kenneth Archer junto a su esposa Millicent Hodson, residentes en Londres y muy conocidos en el mundo del ballet y el arte. Ambos, él como consultor escénico e historiador del arte, y ella como coreógrafa y artista gráfica, conocen bien las obras maestras de los ballets rusos, habiendo investigado y diseñado a partir de las creaciones del siglo pasado, como en los trajes de Nicolás Roerich o en los colores y vestimentas del Antiguo Egipto, de ahí que sean conocidos como los arqueólogos de la danza. Desde 1987, han intervenido y organizado en los ballets de Nijinsky, Balanchine y Jean Borlin, llegando a filmarse varias películas, especialmente sobre “La Consagración de la Primavera” y del “Canto del Ruiseñor”.

Así las cosas y antes de que llegara la hora, decidimos pasear y visitar por encargo de una amiga, las tiendas y escaparates de las firmas más conocidas, en particular la de unos perfumes naturales de una exquisitez y fragancia sólo comparable a otras tiendas de perfumes que había visitado anteriormente por Oriente.

Una vez dentro de la tienda, las fragancias delicadas de flores, cítricos, frutas, especias y resinas leñosas nos envolvieron despertando sensaciones de la madre naturaleza: mandarina, lirio, ámbar, genjibre, lavanda, fresias, vetiver, ésta última es una planta nativa de la India.

Y llegó la hora. Nos recibió Peter y su encantadora mujer, Helena. En el salón de su casa y junto a la chimenea nos aguardaban limonada hecha de sauco y unas botellas de buenos vinos, pero lo más importante era la resonancia que se produjo en forma inmediata al tratar de temas afines. Nuestras mentes se regocijaban ante la percepción gustosa de compartir los mismos conocimientos sobre áreas tan exclusivas como son la curación sutil y holística de la Radiónica, y sobre la vida de los Roerich, la Filosofía de la Ética Viva o Agni Yoga.

Enseguida llegaron los demás invitados y tras las presentaciones, intercambiamos regalos y nos pusimos a hablar de nuestras experiencias en los temas que dominábamos. Fue francamente alentador descubrir que Kenneth Archer dirigía el grupo de Agni-Yoga de Londres, creado hace mucho tiempo, y más aún saber que su Maestro había sido Vladimir Shibayev, quien a la sazón fue secretario durante muchos años de Nicolás y Helena Roerich.

Quizás le interese saber a nuestros seguidores lo que Kenneth me ha contado posteriormente, y es que “Shibayev nació en Riga en 1901 y lo dispuso todo para ser periodista, pero un buen día mientras trabajaba en una agencia de noticias internacional en Londres, su Director se le acercó y sabiendo de su habilidad para los idiomas (hablaba cuatro de ellos perfectamente), le dijo que un famoso artista ruso llamado Nicolás Roerich estaba en el mostrador de la recepción preguntando por alguien que pudiera usar una máquina de escribir en cirílico”.

Según cuenta Kenneth, “Shibayev fue recomendado para esa tarea, y acompañado por el Director de la oficina fue presentado al hombre que llegaría a ser su patrón y mentor. Digno y erudito como era el artista Roerich, Shibayev quedó muy impresionado y su vida cambió en ese mismo instante”.

Kenneth Archer es autor del libro “Nicolás Roerich, East and West“. Comenzó la cena y en el transcurso de la misma las palabras traducidas del inglés, el italiano y el castellano, se transformaban en iluminadores conceptos que extasiaban la mente y el corazón, y es que no puede haber nada más hermoso que hablar de lo que a uno le apasiona y sobre todo, de seres excepcionales que en su día llegaron a ser vilipendiados por la oscura masa que no entiende de luz, amor y belleza. Es curioso como tres idiomas distintos trazaban en el aire las mismas formas geométricas y nos entendíamos casi sin traducciones.

Millicent Hodson, nos comentó que la obra de los Ballets Russes, “La Consagración de la Primavera” cumplirá en el 2013 cien años desde su estreno, y mientras que se va a celebrar dicho centenario en todas las capitales de Europa, en cambio en España no ¡lo que es una pena! afirmó con nostalgia.

Un 29 de mayo de 1913 el Teatro de los Campos Elíseos de París fue testigo de una obra de la Rusia ancestral. El excepcional bailarín Nijinksy y todo el ballet coreografiado por él, captó la magia del músico ruso Igor Stravinsky, los escenarios y vestuarios pintados por Nicolás Roerich y la idea del empresario Sergei Diaghilev, marcando una transformación e innovación en las artes escénicas desconocidas hasta entonces con todas sus consecuencias escandalosas para los acomodados burgueses de la época. Pronto cuatro horas de velada terminaban, pero en realidad era el comienzo de una larga amistad.

Al día siguiente por la mañana, tras el desayuno, paseamos por Hide Park. A las 10 de la mañana llegamos a la puerta donde se celebraba la Reunión Anual de la Asociación Radiónica, en la que se daba paso a la nueva Presidenta y donde se repartieron a los estudiantes, que habían finalizado el curso, los correspondientes diplomas y licenciaturas en Radiónica.

Al mediodía fui presentado como el Presidente de la Asociación Radiónica “Darjeeling” de Bilbao, Presidente de la Asociación ADA y Director del Museo Bandera de la Paz N. Roerich. Un tenue y a la vez brillante rayo de sol entraba en la estancia. Entonces, tras hacer una pequeña exposición sobre la importancia que tenía en los Roerich el estudio de las Facultades Psíquicas de la Mente Superior y de cuanto les hubiera gustado haberles conocido en su trabajo holístico de la Radiónica, se pasó a entregar el Estandarte de la Bandera de la Paz Roerich, conocida también como la Bandera de la Cultura y de la Tierra.

Se hizo llamar a la recién nombrada nueva Presidenta Lady Londonderry y a Peter Buxton. Ni qué decir tiene que siempre que se entrega la Bandera y se ve el Símbolo, para muchos por primera vez, algo mágico y muy intenso ocurre, y las exclamaciones se suceden una tras otra hasta dar paso a los aplausos. Paula, una gallega afincada en la ciudad, me ayudó perfectamente con la traducción de la conferencia. Muchas gracias Paula.

La vida no es fácil, no importa en qué nivel de la misma trabajes. No importa lo espiritual que seas. Siempre estás a merced de recibir duros golpes para impedir la proyección de luz y de bienestar en todos los seres sintientes (término budista para señalar todo lo que tiene vida) de esta Tierra. Pero no importa, el corazón ardiente hace que te levantes una y otra vez. El Símbolo de la Paz Roerich es un Símbolo Universal que actúa como un escudo protector y bajo el mismo algún día caminarán todas las personas de buena voluntad que hay en esta Tierra. Nosotros hemos aportado un granito más, un granito de oro, un pequeño tesoro, que seguirá activo durante mucho tiempo trayendo la buena fortuna a la ciudad de Londres y en particular a la Asociación y las personas que lo reciben.

Estos actos imprimen en el Plano Etérico la energía histórica que define este momento y que hará que sea más fácil otros muchos actos de Paz en el futuro. Nuestra nueva amiga Alessandra, de Italia, nos habló de la buena acogida que tiene el trabajo de la Radiónica en Sudamérica y de los esfuerzos que ella está realizando para que sea comprendido este arte de curación en su país, Italia.

El acto se cerró con un picnic o comida informal, donde no faltaron ricos sándwiches, fruta y tartas, con el consabido té inglés o café. A primera hora de la tarde, estábamos ya en el British Museum para ver la sección del Antiguo Egipto, lo que nos defraudó severamente, ya que no había ninguna sección dedicada a los amuletos y el ruido, junto al incesante paso de gente, trastocaba la serenidad de lo allí expuesto. De hecho, visitamos de nuevo las cuatro estatuas de la respetada y terrible Diosa Sejmet que con su poderosa Cruz Ankh emitían el famoso verde negativo u “onda momificadora”.

Era curioso ver cómo habían colocado un banco frente a éstas para descansar, lo que indica el nivel de desconocimiento que hay acerca de la Onda de Forma que produce esta estatua dedicada en su época a la curación esotérica. Mi mujer Petri y yo nos sentamos por un momento frente a las mismas y no notamos nada, tal vez fuera porque la Cruz Ankh o Ansata que apuntaba hacia nosotros se mostraba rota, aún así las estatuas parecían gritarnos ¡este no es nuestro sitio! Acto seguido nos levantamos y nos alejamos de allí tras saludarlas mentalmente.

Una vez fuera frente al Museo, llegó la hora de entrar en un típico pub inglés y saborear su suave cerveza junto con la alimentación típica, rodeados de un ambiente cálido y lleno de gente. Ya de noche paseamos por las iluminadas calles de esta antigua ciudad que mostraban los primeros adornos navideños, y donde pudimos apreciar que la crisis económica no parece afectarles.

Al día siguiente madrugamos de nuevo, había que aprovechar cada hora y minuto, y tras recorrer Londres en los distintos metros con un billete que valía para los tres días, llegamos a Camden Town, el mercado callejero mas grande de Londres con numerosas tiendas a modo de un abigarrado mercadillo. El sentido radiestésico de mi mujer Petri hizo que cogiéramos un vagón de tren determinado y una vez dentro nos encontramos de nuevo con nuestra amiga italiana Alessandra, ¡surprise! Hablamos otro ratito de la ceremonia del día anterior y de que encontrábamos a Londres un poco sucio y avejentado, lo que no debe ser nuevo para los que ya lo conocen.

En todos los establecimientos hosteleros hay españoles trabajando y nos contaron cosas muy interesantes poniéndonos al día sobre la situación allí presente, muy diferente a la que desgraciadamente estamos padeciendo en España. Pronto nos marchamos de este lugar tras una visita rápida, pues nos aguardaban dos pequeños tesoros que queríamos encontrar. Uno era la casa donde vivió los últimos años y donde abandonó su cuerpo, la escritora H.P.B., residencia de la también escritora Annie Besant.

Ni qué decir tiene, que cuando llegamos a este lugar residencial en las afueras de Londres, muy parecido a nuestro pequeño Neguri o Las Arenas en Bizkaia, nos sorprendió la calidad del aire y la belleza de sus mansiones, muy alejado de la suciedad que habíamos visto hasta entonces en Londres. Conseguido nuestro objetivo y frente a la mencionada casa, nuestra mente se deleitó en las mil historias que habíamos leído como acontecimientos extraordinarios acaecidos en ese lugar en el pasado.

Nuestros queridos lectores comprenderán mejor estas historias cuando lean mi próximo libro que voy a editar en el año 2013 titulado: “Conversaciones Esotéricas con un Teósofo Zen”, dedicado al teósofo Enrique F. Orfila. Tras extasiarnos con este lugar, fuimos paseando hasta que vimos una elegante cafetería donde solícitos camareros nos invitaban a sentarnos en su interior. ¡Qué gozada es pedir en estos lugares un café con leche o un chocolate con leche! Las tazas son enormes, parecen de desayuno. No tiene nada que ver con esas tazas que sirven en los centros hosteleros de Bilbao, donde la taza es una tacita, gruesa para más inri, de boca ancha y culo estrecho, que cuando te sirven el café y la leche, esta última se presenta llena de espuma acaparando los dos centímetros más anchos de la taza en su borde, con aire más que con el deleite líquido, y que luego pagas hasta 1,60 euros por semejante dedal. Recuerdo en Nueva York a la gente ir por la calle con sus buenos vasos de papel llenos de café, el equivalente a 4 ó 5 tazas de aquí, y bien barato por cierto. ¡Reivindico tazas más grandes para el café con leche! Ya estábamos saboreando la fina repostería que se servía en este local, donde también curiosamente como en otros muchos sitios de Londres, te sirven comida a cualquier hora del día, sopas, ensaladas y pasta están siempre omnipresentes, aunque yo prefiero la comida de mi país.

Al poco, observé un cuadro de los Beatles que posaban en esta misma cafetería, sólo que varias décadas atrás. Para mi sorpresa, cuando pregunté a una trabajadora española, que hacía de camarera, sobre el origen de la foto, me dijo que sí, que estuvieron aquí con los primeros dueños, y que actualmente el propio Paul McCartney viene todas las mañanas a desayunar a unas mesas que había en la parte superior de las escaleras que daban a unas bonitas estancias. Luego añadió que ese distrito es conocido como “la zona de los músicos”, ya que la mayoría de los artistas londinenses tienen su casa en este lugar, como el propio McCartney. No podíamos sentir mayor satisfacción al saber de este hecho tan alejado y cercano en el tiempo a la vez. A fin de cuentas, Paul McCartney es una vieja gloria. Ya era la primera hora de la tarde y decidimos volver a ver las tiendas más emblemáticas del “mundo fashion” para dar entrada a un video que próximamente colgaré en mi página web y en YouTube, teniendo como tema central la entrega de la Bandera de la Paz Roerich.

Ya se sabe que los mejores momentos nunca son grabados o fotografiados, pues pertenecen al reino del Alma. Pronto la noche se ciñó sobre la ciudad y decidimos atravesarla cogiendo varias líneas de metro para fotografiar la histórica Torre de Londres y el puente sobre el Támesis. El frío viento que hacía era un adelanto de lo que se avecinaba tras el otoño. Y llegó el lunes, día para regresar de nuevo a nuestro lugar de origen, pero quedaba por descubrir un nuevo tesoro.

Pronto nos dimos cuenta que no sería posible ya que si nuestro objetivo era ver el Museo Arqueológico Egipcio de Petrie, resulta que el lunes estaba cerrado, al igual que el domingo. Había una salvedad, el lunes sólo se abría para grupos de estudios previo aviso. Decidimos pedir al espíritu de Petrie que iluminara nuestro camino como último día en Londres y que sus puertas se abrieran para nosotros aunque sea por unos minutos. Nuestro ruego ¡fue escuchado! Nos presentamos a las 10 en punto de la mañana y les dijimos quiénes éramos y lo que queríamos. Tras escucharnos, muy amablemente nos dieron el tiempo suficiente para investigar ciertas piezas que yo tenía en mente y otras que desconocía. Entrar en este pequeño Museo situado junto a la University College London, ni que decir tiene que fue para los tres, mucho más gratificante que la visita realizada a la sección egipcia del British Museum. Aquí, las paredes estaban llenas de vitrinas con infinidad de fragmentos descubiertos por Petrie y sus colaboradores. Fragmentos de piedras pintadas, elementos hechos de cristal, vasijas en diorita y otras rocas duras perfectamente taladradas de una manera difícil de realizar hoy día, y mis queridos tesoros: ciertos amuletos antiguos, creados para la salud y el rejuvenecimiento, portadores de fuerzas para los que la humanidad no está preparada para usar y entender.

No podía existir mejor colofón del día. ¿Era nuestro premio por tanto esfuerzo y cariño realizado durante años y años de trabajo?

Nosotros así lo sentimos. Son muchas las señales que percibimos en los momentos adecuados, y esto nos hace sonreír y ser más humildes cada día. Casi sin darnos cuenta ya estábamos en el avión de regreso y nuestro fin de semana mágico en Londres daba paso a la cotidianeidad que se vive en mi ciudad. Yo, de nuevo vuelvo a estar retirado en mi casa de campo, junto al paisaje otoñal animado por caballos, vacas y ovejas, donde me dedico a escribir y a enseñar mi pequeño museo Roerich o casa de exposiciones a las visitas que buscan respuestas y un remanso de paz en la cima de la Colina de Laurel.

Cuando mi perro llama mi atención le agradezco que me saque de mi ensimismamiento y paso a jugar con él apenas unos minutos. ¡Hay tanto trabajo que realizar! Y él agradece como nadie tan pequeña dedicación. Pienso, cuánto tenemos que aprender de los animales o mascotas, mientras miro al cielo buscando a las estrellas adecuadas para seguir hablando de estos temas que por especiales te hacen vivir de un modo solitario. Es el precio que hay que pagar por haber cogido altura de pensamiento, y me regocijo en este tesoro porque me hace comprender cada día más la vida de  los grandes Maestros de la humanidad.

Do not worry be happy!!! Leonardo Olazabal Amaral