
Leonardo
Me encontraba en la calle mirando cómo me había quedado el escaparate tras poner unos libros míos y la Bandera de la Paz como anuncio del próximo coloquio literario a celebrarse en mi tienda de exposiciones Roerich, del pueblo. De repente alguien tocó mi hombro y me saludó:
– ¡Hola amigo!
– Hola.
– ¿Sabes? –dijo un caminante de larga barba y mirada de niño que se dirigía a Santiago tras descansar aquí en la Rioja, –Hago este camino con una gran pena, ya que veo cómo el gran fuego se acerca…
– Hizo una pausa, respiró más profundamente y luego, mirando al escaparate, añadió:
– La gente no piensa en la muerte, ni observan el cielo de estrellas. No disciernen ni usan su criterio para observar lo que ocurre en el mundo. Buscan estar entretenidos para no escuchar la voz de su interior, de su alma. Se estrecha el camino de sus vidas sin comprender para qué han venido a este mundo. Aún no han comprendido el drama de lo que está sucediendo. La pérdida de valores, la falta de ética, la desarmonía y degeneración como personas les está llevando al abismo. Recorrer cada día un poco el Camino de Santiago me hace bien, ralentiza mi vida y me hace ver la realidad oculta en el ruido de la vida diaria. Veo en los cielos, en los árboles y en cada flor, la victoria de la Luz y la Paz sobre el caos y la destrucción. ¿Por qué la humanidad lo complica todo? cuando podemos caminar todos juntos y cada uno a su ritmo, con un mismo fin, como ocurre aquí, en el Camino de Santiago.
– Ahora miraba mis ojos, y añadió:

Santo Domingo de la Calzada en el Museo Bandera de la Paz Roerich
– Si la meta más elevada es la transformación de toda la naturaleza y del propio espíritu, ¿por qué erramos tanto? –hizo una pausa.
– Cuando llegue a Finisterre, hasta los límites de mí mismo, volveré y me iniciaré en la lectura del Raja y Agni Yoga con tus libros que aquí expones. –Y pasó a señalarlos con el dedo. –Serán mi alfombra mágica y volaré, con su estudio y vivencias, hacia mejores formas de vida donde la ardiente fuerza psíquica me haga heredero de las energías cósmicas cuya riqueza pudieron experimentar los iniciados del pasado en esta conexión divina, como así fue con la propia vida del Santo Domingo de la Calzada, el creador de puentes, caminos y hospitales.
Luego me miró, y con una profunda sonrisa se despidió golpeando con su bastón en el suelo, en ese momento una delicada fragancia a rosas se extendió por todo, tanto en el exterior como en el interior de la tienda, de la que mi mujer salió admirada y dijo -para perplejidad mía- ese hombre parece un peregrino venido de otros tiempos…
Leonardo Olazabal Amaral
Escritor. Profesor de Raja Yoga
Instructor de Radiestesia y Radiónica
Presidente Fundador de la Asociación ADA Roerich





Seguido, el jocoso Enrique, como el Buda feliz Hotei, se levantó y se fue a pasear por el Jardín Roerich.





















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