ESCRITO DEL INSTRUCTOR LEONARDO PUBLICADO EN EL Nº 13 DE LA REVISTA “3er MILENIO”, DE FECHA JUNIO DE 1994
Publicado hace 29 años:

Leonardo Olazabal
Por su interés intrínseco incluimos en esta sección el presente texto, que en realidad constituye un artículo razonado e interesante dando respuesta y reflexión para las cartas de los lectores publicadas en el número 10.
Su título:
LOS PELIGROS DEL DISCÍPULO Y LA SENDA DEL MAESTRO:
1. Su condición física: El discípulo debe tener en cuenta sus limitaciones físicas, su cansancio, su pereza, su ambiente; ya que el discípulo debe soportar las condiciones surgidas por atraer fuerzas que lo más probable, en un principio, él es incapaz de manejar.
2. El segundo peligro reside en «su paquete emocional» o en lo que se conoce como la «ilusión astral», que es en el que se encuentra y vive la humanidad. Este plano emocional está lleno de miasmas de las que el discípulo/a debe desembarazarse a través del discernimiento mental.
El Kiosaku o castigo sobreviene al discípulo que permite en su vida, en forma persistente, ser ilusionado (engaño, espejismo, visión confusa y alterada de la realidad). El estudiante o discípulo en la senda espiritual pierde el sentido del tacto y vaga por las sendas de la vida atrasando su llegada a la meta.
3. El tercer peligro prevalece mucho en nuestros días. Según el Maestro El Tibetano, y como él dice: este peligro es el orgullo mental y su consiguiente incapacidad de trabajar en forma grupal. Es el «Discípulo Tramposo». Se disfraza de oveja, recoge información y pasa a la imitación, y como el pastor dijo a la serpiente que un día salvó: ¿Socorrerás a aquel que por ti de la esfera de la vulgaridad te sacó? ¡Pues no! Porque en el fondo le falta amor.
Se dice que el alma es amor y comprensión y la vida del discípulo debe ser una creciente sensibilidad hacia los impulsos del alma, llevando una vida paralela de servicio externo que no le impida olvidarse de las pequeñas necesidades de cada día. Así como el maestro debe vivir en la misma medida que enseña y mantener claros los Valores y el Plan por el que trabaja.
El propósito de todo entrenamiento en las diversas sendas espirituales consiste en acrecentar en el discípulo su capacidad para servir… a la humanidad, a la sociedad, a la familia y si queda un poco de tiempo, al maestro. Ello implica el intensificar cada día la capacidad de amar a nuestros semejantes, comprender la situación evolutiva de la humanidad y el planeta entero, así como el esfuerzo intensificado y diario de un compromiso renovado consigo y con el maestro.
Hay que eliminar las simpatías o antipatías personales procurando irradiar diariamente amor constante e iluminado, libre de toda crítica. El Maestro El Tibetano dice: «Cuando fracasa toda la ayuda externa y quienes parecen tener autoridad difieren de lo que se siente, entonces las almas deben depender de sí mismas y aprender a buscar internamente. Este contacto interno con el Yo Superior se pone de relieve por un progresivo desarrollo y conduce a esa calma interna y confianza en sí mismo, basados en la regencia del maestro o dios interno que convierte al ser humano en instrumento de servicio mundial». Y añade: … «no adopte tanto la actitud del devoto; sea más impersonal y libre para servir en bien del servicio mismo y no por la devoción a un instructor, a una causa o a una creencia. Muchos tienen la idea de que el maestro o iniciado trabaja porque tiene conocimiento, yo diría también que obtiene conocimiento porque trabaja».
Otro elemento enriquecedor, cuando se nos dice que todos los periodos de tensión o puntos de crisis en la etapa de discípulo sólo son de preparación para hacerse cargo de más trabajo, con creciente eficacia y rapidez.
El trabajo grupal implica sacrificio y muchas veces hay que hacer lo que nos desagrada y -desde el ángulo de la personalidad- no suele ser el camino ni la actividad de más fácil salida.
Cada corazón oculta su propia amargura. Cultive la ternura, el amor, la compasión, esta es su principal lección en el sendero actualmente: aprender el total auto-olvido; servir con el corazón gozoso y con equilibrio. Os corresponde descubrir la manera de crecer con el sentido de proporción necesarios. Lo que más necesitan los discípulos de hoy en día es controlar la tensión nerviosa de la irritabilidad, que corresponde a la región del estómago y del plexo solar. Aprendan a intensificar la aspiración espiritual interna. Conozcan a los instructores o maestros por lo que son. Quienes ocupan una posición elevada, guían a la humanidad y tienen la responsabilidad de sacarla de la esclavitud y llevarla a la liberación. Ayúdenlos con amor y respeto porque se hallan donde están, debido al destino individual y a la guía de sus almas.
Los dirigentes instructores/as o maestros/as también tienen lecciones que aprender:
a) Deben aprender a permanecer solos y curiosamente, lo logran si aman lo suficiente.
b) La lección de la visión del Plan. El firme propósito y la fidelidad al propósito.
c) Desarrollo de un correcto sentido de la proporción. Todo verdadero dirigente debe ser humilde porque comprende la magnitud de su tarea.
d) El desarrollo del espíritu de la síntesis, que le permitirá incluirlo todo y así establecer la cadena jerárquica.
e) Consiste en evitar el espíritu de crítica que sólo conduce a erigir barreras y a perder tiempo. Se trata de aprender a diferenciar el espíritu de crítica de la capacidad de analizar, y de aplicarlo prácticamente viendo la vida del Ashram desde el ángulo de trabajo y no sólo desde el maestro.
¿Puede imaginarse su reacción cuando -como dirigente de un Ashram- deba cargar con la culpa de todo fracaso, aunque personalmente no sea responsable? Aceptar sin represalias las acometidas de aquellos a quienes está tratando de ayudar y que llegaron un día sedientos y con un paquete emocional y mental totalmente enmarañado y desencajado. Y ahora, que esperan demasiado de usted y lo obligan a vivir en el resplandor de la opinión pública ¿Qué hará cuando los colaboradores que ha elegido sean incomprensivos, desleales, critiquen injustamente y enfrenten su ambición a la suya, se nieguen a ver su punto de vista deliberadamente y hablen de usted con otras personas para despertar resentimientos, probablemente sin base alguna?
Estas son cosas que su personalidad no acepta fácilmente y será mejor que su imaginación creadora empezara a ocuparse de esos problemas a fin de que los emergentes principios del comportamiento aparezcan con toda claridad. ¿Poseen ustedes en su corazón la virtud interna de aceptar los errores y debilidades o, en el caso de los otros, admitir que se equivocó en la técnica o método de acercamiento al juzgar o al hablar, y en el caso de que fuera necesario evitar una ruptura o hacerlo en bien del trabajo?
He aquí con claridad el mensaje de los Maestros Superiores. El Señor Buda nos enseñó que utilicemos la técnica del desapego, del desapasionamiento y del discernimiento.
El Cristo nos enseñó la completa subordinación de la personalidad al interés y al bien grupales entendido como amor a los demás. Y el Avatar de Síntesis de la Nueva Era nos dice que lo único que tiene sentido es la técnica acuariana de Amor y Trabajo grupales. Un estudiante nos decía: «Me estremece pensar en abandonar al Instructor y su trabajo (que es lo único real ante nuestros ojos) sería un náufrago en el océano de la sin-razón». La soledad sin el maestro no es perfume, sino que apesta.
Una yoguini entusiasta de las enseñanzas de Paramahansa Yogananda nos recordaba lo que éste decía de su maestro Sri Yuteswar… «Más suave que la flor, cuando se trata de amabilidad, fiero como un león cuando enseñaba, más potente que el rayo, cuando los principios están en juego…»
Esperando haber contribuido a la reflexión que se hacen cientos y cientos de estudiantes y discípulos de las técnicas de Yoga y Herméticas. Se despide en el Trabajo Uno. ¡NAMASKAR!
LEONARDO OLAZABAL
Escritor. Profesor de Raja Yoga.
Instructor de Radiestesia y Radiónica
Presidente-Fundador de la Asociación ADA Roerich
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