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ARTE RADIÓNICO, TELE-RADIESTESIA Y CURACIÓN ESOTÉRICA PARA LUCHAR CONTRA LA EXTENSIÓN DEL CORONAVIRUS

Grupo G-7 (EQUILIBRIO PLANETARIO)

www.shambala-roerich.com

Hola amigos/as,

¿Cómo va vuestro retiro obligado por culpa del coronavirus (Sart Cov.-2)?

 Pérdidas económicas y de empleos, convivir con quien nos cuesta hacerlo, auto-encuentro con nuestra esencia verdadera, toma de conciencia de la situación del mundo y de quién nos gobierna, apreciación de que en realidad todo es impermanente. Estamos viviendo una prueba en la que caemos en cuenta que somos frágiles, vulnerables y prescindibles. Al menos eso nos dice este virus invisible que busca también su sitio en la vida. ¿No es irónico que algo tan pequeño haga tambalear las bolsas de todo el mundo, a pesar de la aparente robusta civilización que hemos creado? ¿Merece la pena alardear tanto en la vida, de triunfar, ganar dinero, manipular, traficar, y sacar a pasear a nuestro falso ego?

Pensad al menos, que en este tiempo de confinamiento estamos dando una oportunidad de descanso a la atmósfera, los ríos, los bosques, los mares y océanos, a los peces y a los animales en general. El Planeta Tierra, después de 100 años, respira tranquilo y Gaia -la Madre Tierra- se relaja un poco de tanta usura, lucro, y presión de la raza humana. Ella, de algún modo, también se reajusta a los requerimientos de la Nueva Era y el Sistema Solar se resetea y se prepara para nuevos ciclos y acontecimientos. En especial por el daño invasivo de microondas debido a los miles de satélites que el hombre está situando alrededor de la Tierra.

La radioactividad emitida por éstos, los radares, las antenas, el wifi y los móviles generan nuevas interferencias enfermizas en la humanidad. Los Radiónicos y Radiestesistas lo conocen bien y lo tienen en cuenta. Según dicen algunos investigadores no sería extraño que lo que llamamos virus son en realidad restos de nuestro propio ADN y RNA, desechados como respuesta al daño recibido por las ondas de radio que aunque no sean ionizantes y no dañen el ADN sí lo hace a su estructura Etérica. Pero aquí estamos una vez más en desventaja y todo esto será desmentido. La Ciencia y la Conciencia enclavada en la materia física usurpa la Dimensión sutil negándola y así nos va.

Solo podemos decir que si quieres CALIDAD DE VIDA huye del 5G.

¿Nos hará pensar todo esto?

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COMISARIO HENRI EL BIOLOCALIZADOR

Con este relato corto nace la figura hermética del Comisario Henri. Se trata de un afamado investigador privado conocido en las Gendarmerías Nacionales francesas como El Biolocalizador. Hay que decir que éstas cumplen sus funciones en pequeños pueblos, zonas rurales y en pasos fronterizos en toda Francia.

El sonido de las cigarras y el de las aves se mezclan en la campiña francesa. Es un bonito día de verano, si no fuera porque en la granja de Legrand -una familia compuesta por cuatro miembros- están asustados y conmovidos por la desaparición de la hija pequeña Irina, nombre que significa Paz. La madre Géraldine (la poderosa) junto con su marido Didier, que tienen otra hija de 8 años, Adrienne (la que viene del mar), no se explican cómo se ha podido perder su hija pequeña, ya que cuando estaban realizando las tareas del campo, la pequeña Irina jugaba con su hermana Adrienne.

Mi péndulo y yo. Un coche de la gendarmería aparca en la entrada con dos policías, el conductor y un inspector, llamados Marcel y Kévin respectivamente, acompañan a un hombre un tanto peculiar. Conocido como el Biolocalizador, su vida es tan hermética como misteriosa. A Henri le llaman “el ojo experto”, el que todo lo ve. Bueno, con la ayuda de su péndulo llamado Radión. Se trata de una especie de bellota metálica con un tapón que se desenrosca -con la forma de su cáscara- para poder introducir en él una muestra o testigo, que cuelga de una fina y larga cadena. La cadena se enreda entre los dedos de este peculiar investigador policial cada vez que hace su investigación o sondeo mental. Tiene por costumbre recorrer pensativo la zona donde se ha cometido un crimen, un suceso extraño o una anomalía, mientras indaga con su péndulo.

En este caso se trata de una desaparición, y tras hablar en la entrada de la casa, llegado el momento el inspector Kévin pide poder sentarse todos junto a una mesa de piedra que hay en el jardín junto a una gran camelia de flores rojas, y comenzar así la investigación en forma delicada y rellenar el cuestionario al uso. Preguntan a los padres y a la niña a qué hora la han echado en falta, contestando que fue en el momento de reunirse para comer en la campiña.

–¿Qué hora fue esa? –Las 12:30 del mediodía.

–Ahora son las 5:30. Lleva desaparecida por lo tanto 5 horas.

A todo esto, Henri se ha puesto de pie y como es habitual en él recorre la zona con su péndulo y pide a los padres una foto de la niña o una prenda que haya usado recientemente.

La madre pregunta: –¿Que esté usada? ¿Como cuando se da a oler a un perro policía para que siga un rastro?

Henri no pudo disimular una graciosa sonrisa del todo silenciosa, mientras asiente con la cabeza y espera el objeto que le servirá a modo de “testigo” para entrar en resonancia con él y realizar su búsqueda psíquica.

Mientras tanto, el padre Didier comenta que nunca se había alejado de su hermana y que resultaba extraño que lo hiciera.

El otro policía, Marcel, pregunta si han visto a extraños por el lugar o algún vehículo, a lo que Didier responde con una negativa.

Kévin señala que la niña, a pesar de su corta edad, puede haber recorrido algo más de un kilómetro en su primera hora de andadura.

–¿En ese radio hay alguna zona peligrosa como un río, cueva o pozo?

-La madre hace su presencia de nuevo portando una foto y un calcetín de la niña. Henri, sitúa su péndulo en forma aplomada sobre los mismos, y al poco tiempo el péndulo comienza a realizar sus oscilaciones. Oscilaciones que se traducen en un idioma que solo el radiestesista investigador conoce-.

–No, no lo hay –contestaron al unísono tanto el padre como la madre.

–¿A qué distancia tienen ustedes los primeros vecinos?

–A unos 2 kilómetros de aquí monte arriba vive un pastor con su rebaño. Es un tanto arisco –dijo Géraldine–, a lo que Didier apostilló diciendo:

–Le llaman “el viejo loco”, pero en realidad es un desarraigado que gusta de meterse con los niños que se acercan a sus prados asustándolos para que no merodeen por allí, pero es inofensivo. –Para luego añadir balbuceando y un tanto aturdido–: ¡Es un pobre hombre!

–¿Quién más vive por aquí? –añadió uno de los policías, mientras Henri en silencio, seguía auscultando la fotografía de la niña con su péndulo Radión.

–A tres kilómetros de aquí –añadió la madre– por el camino opuesto de donde han venido ustedes, vive en una granja un matrimonio que tiene una niña de 10 años que es sordomuda. Tienen fama de ser poco sociables, pero son buena gente.

En ese momento les interrumpió Henri.

–Creo que ya tengo lo que necesito.

–Ah ¿sí? ¿qué tienes? –comentó el inspector Kévin.

–Noto una presión muy fuerte en mi estómago. La niña es muy pura, alegre y vibrante, como no puede ser de otra manera a esa edad. Se ha desplazado en un vehículo, que me resulta raro, pero no ha sido secuestrada.

Y añade: En toda investigación el primer impacto visual de la escena es importante, pero las circunstancias o apariencias no deben de enturbiar la sensibilidad intuitiva. Tras una pausa, continua: Aquí no hay escenario, pues la niña ha desaparecido en el campo. Y por ello, para ver algo más de lo que puedan apreciar los investigadores comunes, hay que entrar en un “estado de gracia”. A través de mi herramienta, abro otro canal más de investigación nada más. Esta es mi misión especial, por eso me ha pedido mi amigo el inspector Kevin que me acerque hasta aquí. Concluyo y sugiero que vayamos al punto último que han mencionado, la granja donde vive la niña sordomuda.

El padre comenta:

–En coche está a unos 10 minutos de aquí. ¡Salgamos para allí!

El vehículo policial y el de la familia parten hacia el lugar propuesto por Henri.

Una vez en la granja, en la puerta les reciben los vecinos y les cuentan lo sucedido, a lo que ellos responden que también han estado en el campo recogiendo hierba y manzanas, y que no saben nada, pero quizás su hija haya visto algo.

–Pues vamos donde está ella –replicó uno de los policías.

–Está detrás de la granja en una cabaña donde tiene todos sus juguetes y una casa de muñecas.

Al llegar al lugar, la niña sordomuda le dice a su madre, a través de gestos realizados con sus manos, que ahora tiene una amiga invisible de verdad, que la vio en el campo y tras darle una manzana la subió al carro de paja de un viejo camión por la rampa de madera que colocó papá.

La madre asustada, ahora realizando signos que parecían dibujar dinámicas figuras en el aire, le preguntaba:

–¿Qué estás diciendo? ¿Dónde está esa amiga que has encontrado?

–Mamá, ahora está durmiendo con las muñecas.

Inmediatamente todos corrieron hacia la cabaña, y para alivio de los padres allí estaba Irina, dormida con media manzana mordida en la mano, en perfecta paz como su nombre indica.

Los padres no se habían dado cuenta del ocultamiento no intencionado de la niña sordomuda, que solo quería tener una amiga. De ahí que Henri hubiera dicho que era un vehículo raro, ya que era un viejo remolque usado en las tareas de campo.

Tras despertar a la niña, todos se abrazaron y los policías con gran alivio respiraron y dieron el caso por cerrado. Una concatenación de hechos un tanto singulares dio paso a este suceso con final feliz. Los padres de la niña sordomuda nada sabían y pidieron disculpas por ese lamentable hecho que había mantenido en vilo a la familia de la granja de Legrand.

El padre de la niña preguntó con gran interés a Henri acerca de cómo podía saber que la niña había tomado ese camino.

–¿Cómo lo hace? ¡Me parece asombroso! ¿Acaso es la magia de su colgante o péndulo?

Los dos policías, acostumbrados a esta escena, miraban divertidos a Henri, mientras se rascaba suavemente el hoyuelo de una de sus mejillas, para seguidamente responder. –Todo está en el cerebro, es una cuestión de sensibilidad nerviosa. Lo importante es hacer la pregunta correcta. Tener respeto y unos valores internos bien fuertes, como la honestidad, el amor y la justicia. Hay que evitar los conflictos y vivir sin objetivos egoístas, y entonces las cosas funcionan. Yo no lo consigo siempre, pero suelo resolver el doble de casos de lo que habitualmente consiguen los investigadores al uso, por eso estoy aquí.

Riendo a placer, el inspector Kévin, amigo del comisario Henri, añadió diciendo:

–Y también nos hace ganar tiempo, en lo que respecta a desapariciones o búsqueda de ladrones y criminales.

Todos rieron y volvieron a sus respectivos vehículos aprovechando que aún quedaba una hora de luz de un hermoso día de verano.

RAI LOA

EXPOSICIÓN DE PINTURAS DE IGNACIO ZULOAGA MIEMBRO DE HONOR DEL MUSEO ROERICH -UN VASCO EN EL MASTER BUILDING DE NUEVA YORK-

Museo de Bellas Artes de Bilbao 2019

El Museo de Bellas Artes de Bilbao presenta una serie de 95 cuadros del pintor vasco Ignacio Zuloaga. Una merecida, deseada y necesaria exposición –la más amplia realizada hasta ahora– de uno de los artistas más famosos de los siglos XIX – XX, y un referente de la pintura figurativa mundial.

La familia Zuloaga ya era conocida en los comienzos del siglo XVIII. Arraigada en Eibar (Gipuzkoa) desde el siglo XVI, Ignacio Zuloaga vino al mundo en este pueblo armero el 26 de julio de 1870, en la casa-torre conocida como Kontadorekua.

Quién le iba a decir a Zuloaga que conocería la obra pictórica de Nicolás Roerich y de Svetoslav Roerich allá por los años 30. Un privilegio sin duda que el karma ha reconducido con algún propósito futuro ¿Quién sabe?

Mucho antes Zuloaga era ya famoso en España y Francia. Sus amigos Pío Baroja, Blasco Ibáñez, Unamuno, Goyanes y Marañón, Azorín, Ortega y Gasset, Julio Beobide, Valle-Inclán, Picasso, José María Pemán, Juan Belmonte, Rusiñol, Rodín, Manuel de Falla, Pérez de Ayala y tantos otros zuloaguistas, todos artistas, profesores, escritores, médicos, poetas y hombres de ciencia de gran peso. Una época donde las almas más espirituales se dieron cita para contrarrestar los males del mundo que se avecinaban. Incluso el novelista ruso Máximo Gorki (1868-1936) estudió la trayectoria artística de Zuloaga.

En el año 1915, en el teatro Lara de Madrid se representa la obra El amor brujo de Manuel de Falla, que pidió el asesoramiento de Zuloaga para los decorados y el vestuario, tal y como podemos leer en la obra: LOS ZULOAGA, una Dinastía de Artistas Vascos –ya que entre sus familiares y antepasados figuraban armeros, grabadores, ceramistas, pintores, damasquinadores (arte de incrustaciones de metales preciosos en el metal proveniente del arte de Damasco)– de Ramón Suárez Zuloaga.

Maestro de la figuración y del retrato

En el año 1924, Ignacio pintaba paisajes de Navarra y Aragón, a la vez que no cesaba de dar vueltas en su cabeza la idea de una ópera a la que Falla debía de poner su música, con el tema del Cid Campeador. Como se rumoreaba que Falla iba a ingresar en un convento, el Maestro Ignacio Zuloaga afirmó:

“Quién sabe si esa no es la verdadera filosofía en esta vida”.

Cuando la radio era una novedad, en Nueva York la emisora de radio de Newark puso a disposición de Zuloaga sus micrófonos, ante los que leyó unas cuartillas emocionado sabiendo que millones de personas le estaban escuchando. Era el año 1925.

El éxito de su exposición en Reinhard Galleries de la Quinta Avenida neoyorquina fue sin precedentes (algo que llamó la atención de Svetoslav Roerich y de Natacha Rambova que residían en esta ciudad cosmopolita por excelencia).

El primer día vendió cuatro cuadros, de los 52 que llevaba, por la increíble cifra de un total de cien mil dólares. Algo inusual en esa época a pesar de la euforia económica de entonces. Llegó a su cúspide tras su recibimiento en Washington por el Presidente de los Estados Unidos John Calvin Coolidge.

Los atuendos y complementos españoles se pusieron de moda y los comerciantes se lo agradecieron. Habló en español pero también en euskera y en francés. La colonia vasca de Nueva York, presidida por Valentín Aguirre, le ofreció un banquete seguido del aurresku de honor.

En el año 1926 era tal su fama en la esfera universal del arte, que entre cientos de propuestas, su lienzo Casas del Botero de Lerma, se consideraba un óleo apropiado para el proyecto de decorado del ballet sobre el enano Gregorio que debían de realizar los rusos Diaghilev y Nijinsky.

Petri en la Exposición sobre Zuloaga en Bilbao

En la visita a la exposición de Bilbao donde aparecen un total de 92 lienzos, en una de las paredes hay un texto que describe el misterioso cambio en la paleta de Zuloaga acaecido entre los años 30 y 40, ahora su cromática añade con profusión los azules, blancos y violetas. ¿Qué le influyó?

Mi mujer Petri y yo al leerlo, nos miramos y dijimos:

¡La luz de la pintura de Nicolás Roerich!

Puede parecer algo anodino tratándose Zuloaga de un Maestro de la pintura, que evoluciona -como es propio en todo ser humano- y se muestra más sensible a la luz cuanta más edad tiene. De hecho, en los últimos años de su vida, hablaba mucho del color, sobre su captación y estructura.

Cada vez aprecio más el color y lo estoy viendo donde antes me era imperceptible.

                                                                                                                                 Ignacio Zuloaga

Revista-folleto del Museo Roerich de Nueva York

Recibió la Medalla de Oro del Museo Nicolás Roerich de Nueva York en el año 1929.

Fue nombrado Miembro de Honor del Museo Roerich del Master Building.

En el año 2004 visité por segunda vez su Casa-Museo de Zumaia, y el responsable al cuidado de la misma me facilitó dos revistas Roerich que Zuloaga tenía en su biblioteca/archivo:

ARCHE del Museo Roerich de N.Y. 1929.

Mensajes/cartas y artículos Roerich de 1930.

Tras examinarlas las fotografié y las devolví. Publiqué sobre mi descubrimiento en un artículo en mi página web de entonces, y ahora 15 años después lo vuelvo hacer, ya que no hay nadie que hable de esta conexión, Zuloaga-Roerich.

Edición de 1930 sobre las actividades del Master Building

Esto es tan solo una pincelada sobre Zuloaga, algo anecdótico dada su prolija trayectoria y obra.

Murió en Madrid en el año 1945. Una estatua suya se encuentra frente a su estudio-taller en Las Vistillas en Madrid. Fue el escultor Juan Cristóbal González quien realizó el busto de Zuloaga, más conocido por su otra obra bien famosa del Cid Campeador a caballo en Burgos.

Ignacio Zuloaga recibió premios, títulos y diplomas honoríficos de numerosas Academias de Bellas Artes, tanto de distintas ciudades de España como de Italia, Alemania, Francia, Argentina, Austria, Bélgica, Estados Unidos, entre otros. Una fecunda progresión de reconocimiento universal, como no podía ser de otra manera, dado su millar de obras creadas por este admirador de Goya, el Greco, Velázquez y de José de Rivera.

Se puede apreciar el Busto de Zuloaga a la derecha del edificio

Una visita obligada es esta Exposición suya en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, antes de que la colección salga -según dicen- para Madrid, Zaragoza, Francia y Alemania.

Los historiadores del arte Mikel Lertxundi y Javier Novo son los comisarios de esta Exposición titulada Zuloaga 1870-1945.

También se puede visitar su Museo en el Castillo de Pedraza de la Sierra en Segovia, situado en su adorada Castilla.

Y su estudio-taller conocido como Casa-Museo Privada (Santiago-Etxea) en Zumaia, Gipuzkoa, no muy lejos del Museo Bandera de la Paz Roerich-Etxea (Privado) de Bedia, Bizkaia.

Leonardo Olazabal Amaral

KULUTA -Himalayas- una obra del Profesor Nicolás Roerich

Viajes y tesoros del Himalaya

KULUTA fue escrito por Nicolás Roerich debido a la admiración que sentía por esta región del Himalaya (Kullu-Naggar), Morada de Luz donde nació el Rig-Veda, los textos más antiguos de la India que hacen referencia al Conocimiento y al Orden Cósmico. Aquí, montañas misteriosas esconden fabulosos tesoros, sobre todo espirituales. Fue aquí, donde la familia Roerich estableció en 1930 su hogar y una morada para la Investigación Científica de todas las ramas del Saber llamada URUSVATI que significa en sánscrito Estrella del Amanecer.

 

Poderosas energías se acumularon en torno al Instituto de Investigaciones Científicas del Himalaya “Urusvati”. ¡Ama la India! es el grito que surge por doquier y de la boca de antiguos ocultistas y maestros.

Un trabajo literario para el mundo de Belleza, Paz y Cultura.

 

¡Ama sus montañas! parece gritar este librito, esta joya espiritual, dada la cantidad de imágenes en color y en b/n que contiene. Una obra que no puede faltar en la biblioteca de todo viajero y de todo estudiante que se halle en el Sendero de la Luz. Un trabajo, idea y concepto realizado por Leonardo y su equipo de la Asociación ADA, para los países de habla hispana (400 millones).

 

PEDIDOS: https://shambala-roerich.com/producto/kuluta/

UN LIENZO ROERICH EN UNA ESCUELA DE NIÑOS EN GERNIKA CIUDAD DE LA PAZ

84 Aniversario del Pacto Roerich por la Paz y la Cultura

Carta de Agradecimiento

Hacía tiempo que sentía la necesidad de tener un cuadro de Nicolás Roerich en la ikastola; en mi clase. Lo visualizaba en un lugar visible, frente a la puerta de entrada al aula; de tal forma que todos los profesores que entramos a dar clase al aula sintiéramos lo mismo que los niños: la serenidad y la armonía que desprenden sus lienzos. Y sobre todo la vibración superior que emiten, ésa que transforma todo el espacio alrededor del cuadro, tal y cómo lo he aprendido en el Centro Darjeeling.

El día que me lo regaló Leo y Petri, solo pensaba en que llegara el momento de colocarlo y ver la reacción de los niños.

El 3 de abril, en el 41 Aniversario Darjeeling, “Vasilisa, The Beautiful” preside el aula.

Después de presentarlo les dije a los niños que hicieran una descripción de lo que veían y sentían. En mi caso, experimentaba una emoción contenida de satisfacción ¿Cuál sería la respuesta de los alumnos?

Yo sé que tengo una joya que da Vida. Y mis alumnos saben que es algo importante; si no, no estaría ahí expuesto. Uno de ellos lo ha relacionado con la Bandera de la Paz.

La palabra Belleza y el nombre de Nicolás y Helena Roerich está poco a poco penetrando en su acervo cultural personal. Y lo que se aprende de pequeño queda impreso para siempre, aunque no lo entendamos hasta alcanzar la edad adulta. Quiero lo mejor para ellos. Cuando uno conoce lo mejor lo quiere para sí, para su familia, para sus alumnos, para su pueblo y así para todo el planeta. Itsaso

Gracias Profesora Itsaso.

   Es magnífico que los jóvenes alumnos se encuentren cada mañana con la hermosa pintura del Profesor Nicolás Roerich, titulada “Hierbas beneficiosas” de Vasilisa, la Bella mujer Sabia.

   La historia cuenta que Vasilisa era una joven rusa muy bella y por ello la envidiaban. Cuando tenía 8 años, su mamá antes de morir, le dejo una muñeca muy especial. Cada vez que se encontrara en dificultades y le hicieran la vida imposible, solo tenía que dar de comer a la muñeca, contarle lo que le pasaba y ésta le daría los consejos necesarios para resolver el problema. También le decía las hierbas que tenía que recolectar para la salud y la belleza.

   Las personas de su alrededor engordaban de envidia, mientras que Vasilisa permanecía bella y jovial. Ahora bien, la muñeca le decía que tenía que trabajar mucho para compensar la Sabiduría que iba adquiriendo. Ya que -decía la muñequita- “Saber demasiado envejece antes de tiempo”. Moraleja: ¡Pon en práctica todo lo que aprendes y ten cuidado con lo que dices saber!

Leonardo –ADA Roerich-