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LA MUJER QUE ESCUPÍA DIAMANTES – VI (Género fantástico)

De nuevo reunidos en el Petit Hôtel París

Por RAI

Citroen con la cruz de Lorena

Citroen con la cruz de Lorena

Pasados unos días, Juliette, Didier y Sophie, se reunieron en el Petit Hôtel como cariñosamente lo llamaban –aunque ya no ejerciera como tal– para ver a los amigos René, Colette, Henri, y Armand el radiestesista.

–¡Por todas las corrientes telúricas de Francia! ¡Por fin os dejáis ver! –dijo Armand dirigiéndose a Didier–. Y ¿quién es la señorita que os acompaña?

–Soy Sophie, he oído hablar de vosotros. Solo conocía a Juliette y a Didier.

–Magnífico, te doy la bienvenida en nombre de todos los aquí presentes. ¡Hay mucho amor hoy aquí!… y ya se sabe:

Là où on s’aime, il ne fait jamais nuit (donde nos amamos nunca oscurece) –dijo en tono guasón Armand mientras miraba a Didier.

–Todos rieron.

–Ven, querida, –Colette le cogió de la mano y la sentó junto a la mesa.

–Se respira Paz en éste salón –añadió sonriente Sophie.

–Os he traído té oriental de Londres, –dijo Didier–. También le llevé a Jolie y Gérard de la casa de Nicolas Flamel que os dan saludos.

Didier, comenzó a sacar de una gran bolsa de viaje de cuero antiguo, varios paquetes de té bien apretados sin sus cajas comerciales para que no ocuparan espacio. También bolsas de caramelos y cacao en polvo, que en París ya no se podía adquirir y tan solo lo conseguían los obradores de las pastelerías de lujo.

–Esto es para los niños que acogéis en la casa, además de algunos pequeños detalles para todos vosotros –comentó Didier.

Y traerás muchas noticias –añadió René.

–¡Desde luego!

–¡Qué contentos se van a poner los niños! –comentó Colette.

–¡Toma, y yo! –exclamó Armand el radiestesista.

–Pero el cacao no es para ti –dijo cariñosamente Colette.

–Ya, pero el té sí –respondió Armand.

Y se echaron a reír de nuevo.

Tras hablar del desarrollo de la guerra y de los últimos acontecimientos de los que se hablaba en Londres, Didier continuó presentando un libro adquirido en la capital inglesa:

–El libro que os quería enseñar y que he encontrado en mi viaje es del escritor teósofo y gran aventurero, el Sr. Talbot Mundy. Se titula “Om. The Secret of Ahbor Valley”. Esta obra habla de un lugar desconocido en los Himalayas, más allá del reino misterioso de Sikkim. Se trata del país de los Ahbor, donde todo es sumamente extraño y sorprendente. Allí hay un lama que se llama Tsiang Sandup, que tiene habilidades sobrenaturales, y una gran sabiduría. La próxima vez que nos reunamos haremos lecturas de ello, especialmente Sophie, que habla muy bien inglés, y hoy vamos a escuchar lo que creo que nos tiene preparado Armand, y que como siempre será algo muy interesante. Pero antes, quiero daros unos apuntes:

Contra todos los grilletes creados por el hombre; además del Infierno ¡YO ME REBELO!

Talbot Mundy, 1914

   En el año 1923 Talbot Mundy era el invitado de la teósofa y orientalista Katherine A. W. Tingley en San Diego, California. Fue con ella que descubrió la existencia de valles secretos entre las montañas en los Himalayas, tanto por el lado de India como del Tíbet. En algunos de los monasterios budistas escondidos en las alturas de las nieves perpetuas, se hallaban monjes y budistas que cultivaban la Supramente y el conocimiento de la proyección astral. Las conversaciones esotéricas mantenidas entre ambos durante semanas, unido a la larga experiencia de Talbot en sus viajes de aventuras por India y África, completaron el desarrollo de su novela.

[En Egipto Talbot pasó una noche entera dentro de la Cámara del Rey en la Gran Pirámide. Años después, vivió en los apartamentos del Master Building en Nueva York, donde en sus primeras plantas se hallaba el Museo de Nicolás Roerich, siendo amigo de Natacha Rambova, Svetoslav Roerich y Manly Palme Hall. Un día conoció a Paul Brunton, que como él también pasó una noche entera dentro de la Gran Pirámide. El cúmulo de experiencias de todos ellos elevaba las reuniones y conversaciones a unos niveles tan altos como el propio rascacielos de Nueva York. Talbot llegó a escribir más de 50 libros de aventuras, siendo esta novela en particular la de mayor éxito. También escribió numerosos guiones para la radio y el cine.]

Clarividencia y Metapsíquica en el antiguo París

Clarividencia y Metapsíquica en el antiguo París

Didier finalizó diciendo:

–Luego Juliette os mostrará un pequeño experimento de magnetización para fortalecer nuestra psiquis.

–Sí, sí –acentuó Juliette–, después de las lecturas. Ahora vamos a tomar el té y a escuchar a Armand.

–¡Pardiez! –exclamó Armand el radiestesista–. Ya tenía ganas de contaros esto.

[Los encuentros de este grupo del Petit Hôtel París comienzan siempre intercambiando noticias a la vez que saborean un té. Luego se pasa a las lecturas o tertulias literarias, y a algún ejercicio de prácticas psíquicas, como averiguar el color contenido en tres sobres blancos, hacer ejercicios de telepatía con las llamadas Cartas Zener, en los que siempre ganaba por el mayor número de aciertos nuestra médium Juliette, o bien ver cómo se mueve el péndulo de acuerdo al fluido energético de cada uno, o incluso algún ejercicio de magnetización o de mediumnismo en el que Juliette era la maestra por su alto grado de clariaudiencia y clarividencia.]

Mientras Henri tocaba con la cucharita en el borde de una taza de té a modo de campanilla para llamar la atención de todos, su amigo Armand comenzó presentando su obra.

–Mirad –dijo–, esta obra es de León Joly, se titula “Radioteluria y Radiestesia frente a la ciencia”. Hace referencia a numerosos casos históricos relacionados con las varillas de los sourciers y zahoríes. Se trata en este caso de un documento histórico del año 1641, donde hace referencia a la detención de una mujer llamada Martine de Bertereau y su marido. Les fueron confiscadas 16 varillas de metal, varios libros, además de croquis y mapas. Todo ello lo hizo el que era el gobernador de Bretaña por aquel entonces. Sin duda, y a juzgar por sus éxitos, esta mujer fue la mejor zahorie de todos los tiempos. Con la autorización del Rey y del Cardenal Richelieu –continuó leyendo–, descubrieron más de 150 minas de oro, plata, cobre, cristal de roca, en los pirineos franceses. Minas de hierro, plata, plomo, en el Condado de Foix; de carbón en Languedoc; azufre en Alaïs; minas de turquesas en Samatan; minas de granate, rubí y ópalo en Pégouliou. Varias minas más en Bretaña y Normandía.

Levantó su cabeza del libro y añadió entusiasmado:

–¡Increíble! ¿verdad? Ella utilizaba siete varillas de metal diferentes según lo que se buscara. El matrimonio acumulaba una gran fortuna, y claro, les dejaron morir encerrados en las mazmorras de La Bastilla. Imaginad quién se quedó con toda esa fortuna bajo la acusación de que la varilla la movía el demonio. –Y se echó a reír.

–El propio demonio del Cardenal –dijo Henri.

–Desde luego –continuó Armand–. Unas décadas más tarde, otro padre jesuita declaró que la vara del zahorí se mueve por emanaciones naturales y declaraba públicamente que ningún método puede rivalizar con el de la varita para el descubrimiento de manantiales de agua o vetas de carbón y minerales.

–Interesante –dijo Henri.

–En 1693 se imprimió un volumen titulado “Física Oculta, tratado de la varilla adivinatoria”, de Abbé de Valmont, donde se menciona a partículas o corpúsculos que emergen de todos los cuerpos físicos e influyen en la varita y no el demonio, obteniendo así el estatus de un Don Natural. Así las cosas –continuó Armand afirmando con cierto ímpetu– quién sabe si el mundo no sería otro, si no se hubiera encarcelado y asesinado a tantos desafortunados zahoríes y alquimistas en el pasado.

–Sí, es una lástima –dijo Juliette.

Luego Armand continuó leyendo sobre el término empleado por el autor cuando se trabaja con el péndulo a la hora de localizar el foco de una infección o de una enfermedad. Él lo denominaba Bio-radiestesia, que es la auscultación del cuerpo humano por medios psíquicos (lo que más tarde se conoció en Francia como Radiestesia Médica).

Ahora le tocaba el turno a la médium Juliette. Hizo un silencio, como para despejar el ambiente de formas de pensamiento creadas con la lectura anterior, y pasó a hablar con su acostumbrada serena expresión en su rostro. El tema trataba sobre la costumbre en el Antiguo Egipto de magnetizar tanto los alimentos, como a las estatuas de los altares, y a las personas enfermas que necesitaban de una carga extra de vitalidad.

–En aquellos tiempos –dijo–, había una escuela llamada los “Puros de Sekhmet” que practicaban una magia magnética medicinal y curativa.

Tras hablar de ello propuso que se trajera un vaso y se llenara de agua hasta el borde. Después pidió una pequeña aguja de coser y un tenedor. Cogiendo la aguja con éste y con suavidad depositó la aguja encima del agua sin que ésta se hunda, dejando que flotara por sí misma. Cuando la aguja se hunde hay que volverla a secar bien para de nuevo depositarla encima del agua con mucho cuidado. También se puede depositar sobre una pluma de pájaro o una bolita de algodón para ayudarla a que flote. Una vez que está flotando en el vaso, la aguja tiende a moverse en dirección del norte magnético, aunque no siempre, dependiendo de los objetos metálicos que haya a su alrededor. Cuando la aguja se quedó quieta, se pidió a uno de sus compañeros que respirara profundamente durante uno o dos minutos, siempre por las fosas nasales, tanto la inhalación como la exhalación. Al mismo tiempo tenía que visualizar que sus manos se convertían en dos soles de luz magnética. Tras este pequeño ejercicio visual, tenía que aproximar ambas manos al vaso suavemente y sin tocarlo, con el propósito de que la aguja que está flotando sobre el agua se mueva en una dirección o en otra. Para ello sólo tenía que visualizar bien la intención de que un fluido sale de las palmas de las manos y mueve la aguja. Así lo intentaron cada uno de ellos y ninguno consiguió que la aguja se moviera hacia ningún lado, ni a la izquierda ni a la derecha.

–Mira que me lo imagino bien –dijo Sophie–. Pues nada, no lo consigo.

–¡Por las corrientes telúricas del alineamiento de las piedras de Carnac! ¡Verás como yo sí lo consigo! –aproximó las manos Armand y la aguja se movió un poquito al principio, y todos rieron diciendo:

–Has sido tú que has soplado, dijo Sophie.

–Pero, ¡si tenía la boca cerrada!

–Sí, pero por la nariz.

–Nooo. Seamos serios. Ha sido una corriente psíquica mía.

–Sí, o de la ventana –dijeron otros riendo.

–¡Pero si aquí no hay ventanas! Hala, lo dejo –concluyó Armand–. Que pase el siguiente.

Entonces Juliette, la médium, llevó las manos lentamente al vaso y la aguja automáticamente empezó a moverse. Si movía las manos en una dirección la aguja le seguía y si movía en otra, también. Finalmente se movía tanto que terminó por hundirse en el fondo del vaso. No había ningún truco por medio.

–Tienes la fuerza de los dólmenes y menhires de Carnac –le dijo Armand–. Es increíble la corriente energética que sale de tus manos.

–No os preocupéis –dijo ella–. Con un poco de práctica vosotros también lo conseguiréis. Se trata solo de magnetismo. Esto me lo enseñó un martinista, un discípulo de nuestro gran Maestro Philippe de Lyon. Os sugiero que lo probéis en casa y lo hagáis todos los días durante un ratito tras hacer las respiraciones profundas. Pronto saldrá un fluido magnético de vuestras manos que podréis aplicar a aquellas personas que tengan migrañas, dolores de cabeza, dolores reumáticos, y con ello les aliviaréis, algo muy necesario en esta época en la que es tan difícil conseguir medicinas. Pero recordad una cosa: Enseñad a que la gente se quite sus cargas de encima, pero no para que las cojáis vosotros. Es muy importante esta diferencia. Mantened siempre un corazón templado y compasivo, ante cualquier circunstancia desagradable o injusta que os podáis encontrar. No os llevéis a casa los dolores y las cargas de los demás. Permaneced siempre neutrales en el amor al Maestro.

Después de este ejercicio, pasaron a una meditación visual, cuando en ese momento alguien se percató de que en la esquina más oscura de la habitación había una figura observándolos. Vestida de negro, con una cruz gamada a la altura del cuello, la entidad fantasmal intentaba ver, un tanto confundida y con semblante de acero y ojos vidriosos desde el rincón en penumbra.

–¡Maldita sea! Un cuerpo astral nos observa –dijo Colette a la vez que hizo unos signos en el aire y pronunció unas ininteligibles palabras. La figura desapareció en ese mismo momento. Nadie se había percatado de la figura espectral, salvo Juliette, que le hizo una señal con la cabeza a Colette.

–Menudo susto –dijo Colette, mientras los demás no habían visto nada y se quedaron silenciosos.

La Cruz de Lorena

La Cruz de Lorena

En ese momento aprovechó Armand para preguntar a su péndulo y después de un rato comentó:

–La aparición ha sido real. Son alemanes entrenados en proyección astral y en visión remota. Han intentado cazarnos, pero no han visto ni oído nada. La protección de este lugar lo ha perturbado, y por ello estamos todos a salvo.

Juliette, estaba en silencio desde hacía un rato.

–No os preocupéis –dijo–, ya he establecido mentalmente un perímetro de luz desde esta habitación de la Paz hasta llegar a los jardines cubriendo así todo el hotel. Vamos a hacer la visualización conjunta para dinamizar el símbolo de la Cruz de Lorena y de esta manera cargarla de protección y luz para los soldados y para la resistencia francesa. ¡Por la Cruz de Lorena!

–¡Por la Cruz de Lorena! –corearon todos.

Continuará…

La reunión va finalizando en el Petit Hôtel de París

LA MUJER QUE ESCUPÍA DIAMANTES – V (Género fantástico)

Prosigue la velada de nuestros amigos hasta el amanecer / Mujeres occidentales extraordinarias y poco conocidas

Por RAI

Opresión y ataque a la Paz

Ataque a la Cultura filosófica y espiritual

Prosigue la velada de nuestros amigos hasta el amanecer

En un momento de descanso de la velada musical, Juliette miraba divertida las cosas que le decía Sophie a Didier.

-Antes de que el taxi me deje en casa iremos a la pastelería de Ladurée de los Campos-Elíseos -comentó Sophie-. Espero que tenga pan y los pasteles de frambuesas que tanto me gustan, eso si no se lo han llevado todo los invasores -añadió con desdén.

-Bueno, acabarán llevándose hasta la Torre Eiffel si se lo proponen -contestó Didier.

Juliette llamó la atención del grupo -enfrascados en sus propias conversaciones- ya que Didier tenía que comentar algo.

-Como sabéis he regresado de Londres. Pronto tendré que volver a viajar. Mi bufete tiene mucho trabajo redactando numerosos contratos comerciales, y he aprovechado el viaje para enterarme de muchas cosas <<hizo una pequeña pausa para enderezarse en el sofá>>. Hay estrategias diabólicas por parte de los alemanes. Sabéis que por cada soldado alemán que muere en una emboscada, ellos escogen a diez personas al azar y los fusilan allí mismo para que todo el mundo lo vea -Sophie lo sabe bien ya que perdió así a un familiar. El terror que infunden en la población hace que la resistencia y los voluntarios venidos de otros países se replanteen la forma de luchar contra ellos. Aún no están bien dirigidos. Los alemanes, además de buscar el poder económico-político y territorial, quieren ejercer un control mental a toda la población. Están muy bien preparados. Su mejor arma es la propaganda y la manipulación.

-¿Cómo es eso? -dijo Jolie, la dueña de la casa.

-Sacaron una Ley en la que prohíben totalmente la actividad de Hermandades y Asociaciones Ocultas. La Masonería, el Martinismo, la Teosofía, los Rosacruces y todas las demás Órdenes herméticas serán cerradas y si es preciso encarcelados sus dirigentes ¿comprendéis?

-¡Ellos sí que son una Orden Diabólica! -dijo Gérard indignado, para añadir-. Éste es un país libre de gran tradición cultural filosófica y espiritual.

-Ya no -dijo Didier. Luego mirando a Juliette añadió-. Hay que avisar a nuestros amigos del Petit Hôtel, para que escondan todos los libros de las diversas religiones y corrientes espirituales, así como de todo símbolo que haga referencia a escuelas de pensamiento universal. Vamos a pasar muchas penurias a partir de ahora.

-Yo estoy leyendo los libros “Viaje de una parisina a Lhasa” y “Místicos y magos del Tíbet” de Alexandra David-Néel. Es una escritora, exploradora y aventurera única para mí, y no pienso deshacerme de ellos -dijo Sophie, con semblante de niña enfadada.

-Esos libros no son de ocultismo -la ciencia de los antepasados hombres sabios-, son de aventuras, pero hay que tener cuidado, lo vigilan todo, y la guerra cada vez se pone peor -añadió Didier, para luego continuar diciendo con cierta vehemencia-. La guerra es algo impresentable. Los que la provocan irónicamente son los mismos que luego piden la paz. ¡Es un absurdo! Madre -Mirra Alfassa- decía:

Hitler, guiado por “El Señor de la Mentira” quiere gobernar el mundo entero, pero una luz más poderosa que la que le guía a él acabará con su éxito. Madre, unas décadas antes, había vivido los horrores de la Primera Guerra Mundial. Veía cómo llegaban los trenes a París abarrotados de soldados heridos y mutilados. En 1912, dos años antes de iniciarse la guerra ella había fundado un grupo de Estudios Orientales de 12 miembros llamado “El Cósmos” (Cosmique). Distribuían y hacían lecturas de traducciones de las Escrituras sagradas de India, como el Bhagavad Gita, Los Yogas Sutras de Patañjali, y los Upanishads, entre otros. Las lecturas se hacían en voz alta. Y ¿sabéis una cosa? Madame Alexandra David-Néel fue una de sus miembros. ¿No os parece increíble?

-¡La gloria rodea y une a los que son puros de corazón! -dijo –Jolie.

Todos escuchaban con deleite y atención. Ocasionalmente se oía las tazas de té golpear los platitos de flores y bordes dorados que las sostenían al posarlas sobre la mesa.

Didier tomó de nuevo la palabra:

-Conocí en Londres a George Chklaver, Doctor en Derecho Internacional y Ciencias Políticas de la Universidad de París. Tuvo que exiliarse. Él fue uno de los principales colaboradores que ayudó al artista Nicolás Roerich a preparar el camino para presentar la Bandera de la Paz y de la Cultura (EL PACTO ROERICH) a los Organismos de Derecho Internacional, para la protección de los tesoros de la cultura en todo el mundo. Bajo la premisa: “La Cultura se apoya en la Belleza y en el Conocimiento” y tras varios cónclaves finalmente se aprobó en Washington, EE.UU. en el año 1935 con el apoyo de grandes figuras internacionales. Pues bien, su centro Roerich aquí en París ha sido cerrado, y le han intervenido 7 pinturas de Svetoslav y Nicolás Roerich. Y todo ello con artimañas legales reguladas a favor de los nazis. Las pinturas habían sido obsequiadas por la familia Roerich al grupo de Chklaver.

Didier tomo un sorbo de su taza de té, y continuó:

-Me dijo que todas las Hermandades Espirituales y la Sociedad de Amigos del Museo Roerich en Letonia (URSS) habían sido cerradas.

– <<J´en peux plus!>> (No puedo más)… ¡¡¡París dañado, París castigado!!! Si estuviera aquí Flamel o Paracelso los llevaría a todos a la tumba -respondió de nuevo Gérard mientras acariciaba la superficie de su piano.

-El tiempo y la muerte lo finaliza todo, pero dentro de cien años ¡volverán a salir de su sepulcro! -dijo con cierto misterio Juliette. No, no me miréis así. En el ser humano hay un ángel y un demonio, depende de a quién se le dé de comer, así serán las consecuencias más tarde, luego -respiró un poco más profundamente y añadió-. El Señor de la Mentira, campeó por la Tierra en siglos anteriores, lo hace ahora de forma infame, y también lo hará dentro de un siglo aproximadamente, disfrazado de otra manera. La pregunta que hay que hacerse es: ¿El ser humano debe seguir viviendo la vida en este planeta o debe desaparecer de la faz de la Tierra?

Todos se quedaron mudos.

-Mirad -dijo Juliette-, La Gran Fraternidad de la Luz Divina nos dio esta Tierra para volverla bella y sagrada. Es un jardín con sus leyes naturales, y con su propia evolución. Pero el hombre se ha convertido en un depredador para sí mismo. Todo lo que toca lo daña y enferma. Se cree el soberano sobre todo lo que conquista cuando aquí solo estamos de prestado. Ahora emplean los Zeppelin para espiarnos, luego usarán nuevas tecnologías para hacerlo. El caso es amordazar, inmovilizar, incomunicar y evitar que la población se relacione unos con otros en la paz y en la armonía. Pero os digo una cosa, si Dios encuentra aquí los vértices donde anclar el poder de las Fuerzas de la Luz, la Victoria será un hecho y el Señor de la Mentira se disolverá en los infiernos de donde surgió. Se restablecerá el orden verdadero y la civilización volverá a escribir sus odas a la Libertad y a la Belleza.

-¡Ah! ?exclamó -Jolie-. ¡Eso sí es ver la vida con esperanza!

-¡Brindemos por ello! -dijo Gérard mientras levantaban sus tazas de té negro de Darjeeling.

VIVIRÁS PARA VER LOS HORRORES COMETIDOS

POR LOS HOMBRES MÁS ALLÁ DE TU COMPRENSIÓN

Nikola Tesla

[Se dice que en la guerra todo vale. La mentira, la falsa propaganda, la prestidigitación a la hora de engañar al enemigo. Lo terrible es cuando además de hacer prisioneros, lo que se hacía era experimentar con ellos, torturarlos hasta lo indecible, donde médicos carniceros probaban sus nuevas técnicas en pro de la evolución de la ciencia y de la cirugía, cebándose con los parias sociales y los prisioneros judíos. Estas víctimas fueron llamadas los “juguetes de la guerra”, debido a todo lo que se hizo con ellos, algo que es innombrable. Si la Primera gran Guerra Mundial fue una guerra biológica, la Segunda era una guerra tecnológica. Y lo peor de todo es que una Tercera Guerra Mundial sería una combinación de ambas.

Por eso se hizo necesaria la creación unánime y universal del Código de Nuremberg (Código Internacional de Ética para la investigación con seres humanos del 19 de agosto de 1947). Para evitar en el futuro que la Bestia de la Gran Mentira se levante de nuevo y convierta a todos los seres humanos en esclavos, bajo el pretexto de apestada contaminación social (o en un lenguaje nuevo: sobran los ancianos y enfermos), como decía Hitler, se creó dicho Manifiesto o Ensayo. En él se llega a la firme determinación de que bajo ningún pretexto jamás la población de ningún país será forzada a la experimentación médica. Nada de gasear, inocular u obligar a tomar químicos, y mucho menos experimentar con ella con el pretexto de una Emergencia Médica. Nada de usar perversos sistemas de destrucción de la conciencia. En materia de salud pública una Nueva Bioética se establece a nivel mundial bajo el precepto hipocrático primun non nocere. Lo primero no hacer daño.

Ese todo vale en la guerra llevó a que psicópatas asesinos crearan todo tipo de elementos destructivos. Sistemas para envenenar las aguas, el ambiente con gases, la tierra donde comían los animales con ántrax o pulgas infectadas. Armas siniestras y perversas de apariencia inofensiva pero diabólicas en su concepción. Si esto se hacía en la Primera y en la Segunda Guerra Mundial ¿qué no serán capaces de hacer en el futuro? Las mentes perversas no descansan…Y por ello la población debe estar alerta para evitar ser anestesiada con pan y circo. El Homo-económicus, busca ovejas que no distingan cuándo se las esquila de cuándo se las castiga. El Homo-éthicus las libera.]

La velada finalizó y las horas pasaron más rápidas de lo deseado. Algo que siempre ocurre cuando las reuniones son para tratar temas interesantes afines a la luz del grupo, y éste al igual que el del Petit Hôtel tenían buena estrella. Se entiende por tener buena estrella al hecho de ser hombres y mujeres que saben elevarse por encima de ellos mismos y actúan en favor de un Ética Viva, Homo-éthicus.

Libros de Orfila y Sassi

Libros de Orfila y Sassi

Mujeres occidentales extraordinarias y poco conocidas

   Juliette, la médium, es una mujer nada corriente. Sus habilidades psíquicas de clariaudiencia y clarividencia denotan una percepción extrasensorial muy especial. Si admitimos la existencia de los Seres de Luz es lógico pensar que puedan existir también personas que intercedan entre ese nivel espiritual y el plano físico. La Biblia Sagrada está llena de ejemplos… Oír la voz de Dios, por ejemplo, o ver a un ángel guía. Ello involucra el despertar del tercer ojo y el desarrollo de la glándula pituitaria en conexión también con áreas sensibles del cerebro y de la anatomía sutil.

En un grado inferior podemos tener percepciones diversas como un cosquilleo en un momento dado, una sensación clara, un nudo en el estómago, un escalofrío en la piel, un cambio de presión o de temperatura en el ambiente. A veces el olfato se agudiza, de tal manera que olemos a rosas, a diversas flores, o a incienso, sin que éstos estén realmente presentes y nos traen el recuerdo de un familiar fallecido o de una situación o lugar en el pasado.

Sensaciones y emociones muy especiales suelen ser señales de un “contacto psíquico real”. Esto suele ocurrir a muchos discípulos de buenos Maestros de los Yogas superiores en Oriente.

Desconocidas son mujeres como Juliette (médium), Alfassa (la Madre), Alexandra David-Néel (escritora y viajera), Katherine Augusta W. Tingley (teósofa y orientalista), Martine de Bertereau (zahoríe), Winifred Kimball gran teósofa y madre de Natacha Rambova.

Natacha se llamaba al nacer Winifred Shaughnessy, fue coreógrafa, diseñadora de vestuario, guionista, estudió Raja Yoga, practicó e investigó en lo que ella llamó la Astrología Psicológica, y en la última etapa de su vida fue Egiptóloga. Una Egiptóloga tan aplicada y metódica como un arqueólogo universitario. Siempre soñó con tener su propio y particular museo dada la gran colección que tenía de artefactos del Antiguo Egipto, Nepal, Tíbet, e India. Sueño que no pudo conseguir debido a que cayó enferma. Todas estas mujeres notables, al trabajar en otro nivel de conciencia resultaron invisibles para la sociedad.

Las gestas de grandes mujeres visionarias, por su formación interior y calibre espiritual, y por estar más adelantadas a su tiempo, no se mencionan en ninguna parte, pero todas ellas están inscritas en el libro de oro de los archivos secretos de los Ashramas de los Maestros del Himalaya.

En otro orden de vivencias, hay que decir que grandes museos y galerías contemporáneas de principios del siglo XIX en Nueva York fueron creados y propiciados por mujeres.

Durante la ocupación de Francia fueron muchas las mujeres que participaron en la resistencia, sobre todo como mensajeras y espías. Ellas creían en el futuro y no se conformaban con ver, oír y callar. Lo bello y lo hermoso a veces se volvía algo tenebroso cuando se trataba de defender la vida y a los propios familiares y amigos. Muchas mujeres de todos los estratos sociales escondieron a familias judías poniendo en peligro sus vidas. La historia también ha olvidado a muchas mujeres guerreras de la Segunda Guerra Mundial que se contabilizaron en cientos de miles de jóvenes que se alistaron en los diferentes ejércitos. Mujeres combatientes que llegaron a ser novecientas mil alistadas en el ejército rojo, por ejemplo. Ya fueran francotiradoras, aviadoras, tanquistas, informantes, partisanas judías, o agentes secretos de los diferentes ejércitos aliados, se dejaron todas la vida por la victoria y el fin del terror nazi. Y ya no hablemos de las enfermeras, madres, trabajadoras y obreras en la retaguardia.

Nunca se entenderá que una mujer o un hombre tenga que matar a otra muchacha o muchacho en el nombre de la patria.

Heroico para unos y triste para otros es el ejemplo de la francotiradora Lyudmila Pavlichenko. Para cuando fue retirada del frente herida en el verano de 1942, ya contabilizaba alrededor de 300 muertes enemigas, superando con mucho al famoso militar y francotirador soviético Vasili G. Záitsev. ¿Verdad o leyenda? En cualquier caso estos hitos de agua de rosas o de vinagre están condenados a la nada.

 

Elisabeth Warnon

Quiero destacar aquí cómo en Bélgica una mujer menuda, pero de gran corazón, salvó a docenas de pilotos heridos que tras arrojarse en paracaídas -derribados sus aviones- caían en suelo belga, ocupado por el Tercer Reich. Los escondía y luego los llevaba por rutas secretas a las fronteras, tanto de Francia como de Suiza. Ella se llamaba Elisabeth Warnon. Tras caer prisionera pasó 27 meses en los campos de concentración nazis (algo que también sucedió con Enrique Fernández Orfila, teósofo y republicano que fue deportado a un campo de concentración desde España al sur de Francia, hasta que luego liberado marchó a la India, tal y como relata en su libro “El Maestro. La Esencia más allá de las nubes de la mente” -su diario oculto-).

En el caso de Elisabeth, fue la Cruz Roja Internacional la que le salvó en el último momento de su vida. Luego recibiría condecoraciones y distinciones honoríficas, como la inglesa de la Reina Victoria, la DCM (Medalla de Conducta Distinguida) a su extraordinaria labor. Y otro tanto por parte de los belgas como de los franceses y americanos (ver fotografía).

Segunda Guerra Mundial. Elisabeth Warnon

Desolada y triste por la guerra vivida y por los horrores que había sufrido, un día escuchó una conferencia teosófica y encontró las respuestas a las preguntas que se hacía. Se hizo teósofa y colaboró en conferencias y seminarios. Más tarde conocería al Sr. Albert Sassi, profesor de Derecho Laboral en la Universidad de Ginebra, y gran teósofo en Suiza. Se hicieron compañeros de por vida. Un tiempo después, Albert Sassi le propuso viajar juntos a la sede de la Sociedad Teosófica en Adyar, en Madrás, India. Emprendieron el viaje y estuvieron varios meses trabajando y estudiando en la sede. Unos meses más tarde convinieron juntos retirarse a vivir a las montañas azules de los Nilguiris, distrito de Tamil Nadu en el sur de la India. Buscaban el silencio que les permitiera ahondar aún más en las enseñanzas espirituales de los Mahatmas. Allí crearon el Jardín del Maestro (Master Garden). Bajo una rigurosa disciplina espiritual de estudio y meditación en diferentes sistemas iniciáticos, como el Martinismo, el Raja Yoga y la Astrología Esotérica, obtuvieron lo que tanto anhelaban: ¡La conexión con el Maestro! (Ver el libro “Cartas desde la India” de Albert Sassi).

Elisabeth escribió varios libros con la bendición de su Maestro, y tiempo después, tras el fallecimiento de su compañero Albert, ella creó la Orden de la Madre del Mundo, donde se recalcan los aspectos femeninos de la manifestación divina. Un concepto superior a lo que hoy se entiende por feminismo. Actualmente, sigue creciendo la Orden como un centro de luz que disipa tanto espejismo social en todo el mundo.

Continuará…

De nuevo reunidos en el Petit Hôtel París

 

 

 

 

LA MUJER QUE ESCUPÍA DIAMANTES – IV (Género fantástico)

Desaparecen genios de la moda, la literatura y el arte / El espíritu revolucionario de un yogui, y el poder Supramental de La Madre, Mirra Alfassa

Por RAI

Desaparecen genios de la moda, la literatura y el arte

A pesar de la ocupación alemana la vida en la ciudad de París parecía casi normal, de no ser por la presencia de los numerosos vehículos y camiones llenos de soldados nazis que circulaban por la ciudad con el beneplácito del régimen antisemita y de extrema derecha de Vichy. Un estado títere dirigido por las fuerzas de ocupación del tercer Reich.

Había ambiente en las cafeterías, cines, teatros y cabarets. Los alemanes tenían órdenes estrictas de ser corteses con los franceses (sólo al principio) y en una extraña simbiosis crearon subvenciones para fomentar el teatro y la cultura en la ciudad de las luces. Aún así, se evitaba frecuentar los lugares donde estos tenían sus fiestas, generalmente en lugares populares o en sitios de lujo como el Hotel Ritz (Centro de Operaciones de las fuerzas alemanas). Por otro lado, era habitual que si no se cedía a sus pretensiones te acusaban de cómplice de la Resistencia, y había que evitarlo.

Muchos artistas se quedaron en París y tuvieron que lidiar con los alemanes. Unos a regañadientes como Edith Piaf, otros –al parecer– con sumo grado, como Coco Chanel, Maurice Chevalier, Jean M. Cocteau, Louis-Ferdinand Céline, André Derain, Maurice Vlaminck… quizás había que adaptarse al cambio, y caminar con el enemigo para poder simplemente… ¡vivir!

Pablo Picasso se pasó la guerra confinado en su estudio de París donde fue visitado por oficiales nazis. Otros se mantuvieron en la clandestinidad, y los que pudieron se marcharon a Nueva York.

Aun así, la vida continuaba, pero cada vez con más tensión.

   Nuestros amigos, Didier, Juliette y una antigua amiga, Sophie, cuyo nombre significa “sensibilidad e intuición”, cogían un taxi para ir a ver a unos amigos en la casa más antigua de la ciudad situada en el 51 de la calle Montmorency.

Se bajaron en la Rue del Temple, que estaba al lado, ya que la calle era de dirección prohibida. Las farolas de luz –sujetas a las fachadas– se encendían anunciando la llegada de la noche.

Didier vestía con un traje azul oscuro de doble botonera al igual que el chaleco, una corbata negra con topos o lunares blancos sobre una camisa de un azul claro, y zapatos Oxford de dos tonos.

Didier reía a la vez que se sujetaba el sombrero ante las ocurrencias de sus dos amigas. Ambas le cogían cada una de un brazo y lo zarandeaban delicadamente intentándole sacar un sí ante la propuesta de un viaje a la Provenza. En el Sureste de Francia apenas se veían a los soldados nazis, y tampoco patrullaban las calles como sí lo hacían en París.

Juliette llevaba su abrigo favorito de lana color vino, cubriendo un discreto traje de rayas con hombreras, entallado en la cintura y con falda tipo tubo hasta la mitad de la pantorrilla. Los zapatos de tacón alto, bolso y un sombrero ladeado en la cabeza completaban su atuendo para una velada nocturna.

Sophie, diez años más joven que Didier, y quince que Juliette, mostraba un cuerpo delgado y grácil. Llevaba un vestido de satén ajustado en la cintura y con dobladillos que llegaban casi hasta el suelo. Su espalda quedaba al aire. El cabello liso hasta la nuca caía luego formando grandes bucles de un rubio rosado sobre sus hombros y espalda desnuda. El vestido de un color cobrizo-naranja con un cinturón, zapatos y bolso a juego, iba cubierto por un abrigo de lana color ámbar que dejaba caer de un hombro en forma graciosa.

Sophie no era una chica frívola, leía muchos libros y hablaba correctamente el idioma inglés. Su belleza natural no despertaba una mueca glacial, sino todo lo contrario. Tierna, cariñosa, y algo retraída –sobre todo con sus sentimientos– le daban un toque de delicada dulzura. Una dulzura que desaparecía cuando veía algo injusto, ya que no soportaba la maldad.

Tras caminar un rato, y al dar la vuelta a la esquina para enfilar la calle Montmorency, se detuvieron. Al fondo de la estrecha calle un vehículo negro con dos banderas, la nazi y la francesa, iba rodando muy despacio. Las ventanas debían de estar bajadas a juzgar por las armas que sobresalían de ellas. Y lo que es peor, no había más gente en la calle.

Juliette dijo: –no os preocupéis, yo me adelanto.

Sophie <<empezó a temblar>>. Didier, al ver que todo su cuerpo flaqueaba, la apoyó en la pared bajo la farola de luz. Su tez estaba blanca. Entonces, Didier la abrazó. Tocó su cabello ondulado entrelazando sus dedos en él, mientras que la otra mano la apoyó en la cintura.

Ella lo abrazó con fuerza mientras su respiración buscaba calmarse. Pronto la fragancia delicada de su perfume de Helena Rubinstein envolvía ahora a los dos.

Sophie admiraba a Didier y no lo ocultaba, pero nunca había estado tan cerca de él como en ese momento. Sentía tanto temor que quería ocultarlo apoyándose en el pecho de él.

Mientras tanto Juliette ya estaba a la altura del coche alemán. Ella saludó cordialmente. El chófer francés hizo lo mismo, bajo la atenta mirada de un alto cargo alemán y los dos escoltas sentados en la parte de atrás, separados ambos por una caja de madera llena de botellas de vino.

El alemán preguntó a través del chófer si los que se quedaron atrás eran sus acompañantes.

–Sí, sí, contestó Juliette.

–¿Qué hacen parados?

–C´est l´amour!

El alemán hizo el gesto de continuar la marcha, a la vez que el chófer se despedía de Juliette.

Didier y Sophie, seguían abrazados mientras sus mejillas se tocaban. Poco a poco los labios de Sophie, delicados como pétalos de rosa, y tembloroso su carnoso labio inferior –el cual denotaba una oculta sensualidad– se desplazaron hasta la barbilla de Didier acariciándola. Luego, olvidando los escalofríos vividos, sus bocas se iban a encontrar, el aliento de ambos se volvía uno, y cuando sus labios comenzaban a rozarse, el ruido de una frenada de coche les detuvo.

Una voz germana salió del vehículo:

–¡Franceses! –Voz que sonó como a ¡libertinos! Y seguido aceleraron hasta dar la vuelta a la esquina.

Sophie les contestó: –L’insolent «fait la nique»! (¡El insolente “hace la mierda”!).

Didier hizo amago de taparle la boca, y entonces se echaron a reír. Las mejillas de Sophie ya estaban sonrojadas otra vez y más animada también, ¿por qué será?

Cuando ya estaban a la altura de Juliette, ésta les dijo:

–¡Pero bueno criaturas! ¿Estáis bien?

–Sí, sí, –contestaron los dos a la vez mientras sonrían sin parar.

Tocaron la puerta y les abrió Jolie, que significa “Alegría y Belleza” y su marido Gérard “El guardián valiente”, ambos viejos amigos de Juliette.

   Tras presentarse, pasaron a enseñarles la casa, no en vano fue el famoso albergue del alquimista Nicolás Flamel. Las vigas, techos y escaleras de madera daban una sensación de calor entrañable y hogareño. Didier y Sophie conocían este lugar pero nunca habían estado dentro. Pronto se acomodaron alrededor de una gran mesa de madera. Didier sacó una bolsa de té de su viaje a Inglaterra.

–Este té nos mantendrá despiertos toda la noche –dijo Didier.

–Y este champagne también –dijo Gérard, mostrando una botella en cada mano.

Jolie trajo una bandeja con porciones de un excelente foie gras hecho por un familiar suyo, además de unas hogazas de pan rural que cada vez era más difícil de conseguir.

   Tras el pequeño ágape, se sentaron en una sala donde cómodos sofás acogían a los invitados. Un pequeño piano y varias mesitas con revistas, diarios y fotos, además del dibujo de Nicolás Flamel orando, adornaban el lugar. El toque de queda era a las 10 de la noche y por ello era costumbre quedarse hasta el amanecer que era cuando se reanudaba la actividad de la ciudad.

Se hablaba de los nuevos acontecimientos, de los amigos desaparecidos o huidos de la guerra, del miedo de los ingleses al ataque de las bombas aéreas alemanas, y de los acontecimientos violentos en los países vecinos. Comentaban el frenético y extraño interés alemán en crear numerosas rutas de vías de tren por toda Francia. Más de 15.000 vías se contabilizaron al finalizar la guerra.

Más tarde se supo que además de trasladar soldados, armamento, y víveres, los vagones para el ganado servían para expoliar todo tipo de obras de arte. Y lo que es peor, detrás de todo ello había un plan algo más siniestro: la deportación oculta de judíos, poetas, homosexuales, prisioneros y lo que la Gestapo consideraba despojos sociales, es decir, gitanos, tullidos y enfermos mentales. Algo sin duda siniestro. Una indecente tragedia humana.

Nuestros amigos cuidaban las palabras en sus tertulias y se centraban más que en lamentar, en intentar ver o reconocer los próximos movimientos del enemigo. No, no eran espías, ni nada por el estilo, sino simplemente ojeadores invisibles de las energías en juego.

La velada transcurría con dulces, té, charlas sobre libros, y con recitales de piano que Gérard tocaba con gracia y soltura.

Mientras tanto en Pondicherry, India. El yogui Sri Aurobindo explicaba a los más ancianos la necesidad de ayudar a los ingleses en su guerra abierta contra la Alemania nazi.

El espíritu revolucionario de un yogui, y el poder Supramental de La Madre, Mirra Alfassa

     Sri Aurobindo, revolucionario, pensador, poeta y yogui, conocía muy bien las revoluciones de Europa y América. Declaraba, junto a La Madre, estar a favor de los aliados de la guerra contra Alemania. Consideraba la defensa personal y la nacional como legítimas, para luego añadir:

     “Yo no soy ni un moralista impotente ni un pacifista débil”. Y añadía: “El hombre no puede avanzar en la vida sin defender los principios morales que dan sentido a nuestra existencia física, mental y espiritual”. Esta actitud de Sri Aurobindo de defender a Inglaterra era algo que no podía ser comprendido cuando la India era aún dominada por esta potencia colonizadora. Sri Aurobindo, decía: “Si la Alemania nazi gana a Inglaterra ¡pronto llegarán a nuestras fronteras y se hará con toda la India! ¿Acaso vais a defenderos solo con la fuerza del alma? ¡Mientras alcanzáis ese grado de eficacia la maldad demoniaca de esos hombres os aplastarán, violarán, asesinarán e incendiarán como hoy ya lo estamos viendo! Y lo harán de forma cómoda y sin estorbo alguno. No basta con tener las manos limpias y el alma inmaculada, para que esa maldad desaparezca del mundo. Recordad, la inercia a rehusar los medios de resistencia al mal, hace mucho más daño que el principio dinámico de la lucha”.

Una vez más el ojo del yogui tiene la cualidad de proyectarse sobre el futuro y ver lo esencial en un momento dado.

La pregunta ahora es: ¿estaremos preparados los estudiantes espirituales en el futuro, ante horrores semejantes, para responder a la tiranía?

Mientras tanto, Madre, practicaba poderosas técnicas de yoga para traer el Mundo de lo Supramental a la Tierra. No buscaba la iluminación, no la necesitaba, no actuaba para sí misma. Ella recibió la plena y constante Unión con la Presencia Divina a la edad de 20 años.

Trabajaba para atraer a nuestro mundo, un Nuevo Plano de Existencia Superior y de Conciencia.

Madre, nació en París, la ciudad de los grandes impresionistas, fuente cultural de artistas siempre a la vanguardia de los grandes acontecimientos. De padre judío-turco y de madre judía-egipcia, eran una familia de clase media-alta.

Interesada en el arte, el tenis, la música y el canto, a la edad de 14 años se había leído casi la totalidad de los libros de la biblioteca de su padre.

Viajó y conoció mundo. Ahora en India, su presencia y su elevada realización interior atraían a muchos buscadores.

Ella y Sri Aurobindo crearon escuelas de yoga para niños para que se eduquen en la flor espiritual y en la ética, y sean grandes seres en el futuro.

Madre, cuando se retiraba a su habitación, meditaba o dormía, solía salir conscientemente fuera de su cuerpo físico y se trasladaba astralmente a París. Este hecho le suponía un gran trabajo ya que en esa dimensión su conciencia se podía extender como un hermoso manto de seda de luz, y cubrir la ciudad entera para protegerla. Con ello generaba fenómenos psíquicos de nieblas repentinas que impedían que la ciudad fuera atacada. Los ingleses en el intento de dañar las infraestructuras alemanas acostumbraban a bombardear sin piedad las ciudades, consiguiendo tan solo que hubiera más víctimas entre la población civil que entre el enemigo. Algo sin duda deleznable.

Lo que ocurría al otro lado del mundo material era que las almas de los niños muertos, mujeres y hombres en shock, se aferraban al manto de luz pidiendo consuelo mientras absorbían su amorosa energía. ¿Qué hacer? ¿Acogerlos a todos y llevarlos a su correspondiente plano de luz y retirar su escudo protector de la ciudad? ¿O atenderlos a cada uno de ellos?

Cada vez eran más los que se acercaban hasta su plano de realidad. Venían como almas en pena que deambulaban sin saber qué había pasado, y tras tocar a Madre, salían como chispeantes luciérnagas cargadas de amor hacia su siguiente destino; eran cientos y cientos… Exhausta, volvía a su cuerpo y salía de la habitación para cumplir con sus deberes en el Ashram junto a Sri Aurobindo. Y así muchas veces.

Madre, desde niña salía ya de su cuerpo y con su aura dorada atraía durante el sueño a gente moribunda y enferma que le contaba sus miedos y desgracias. Tras recibir su amor, regresaban a sus cuerpos reconfortados y muchas veces se levantaban al día siguiente curados para sorpresa de sus allegados.

Hay muchas grandes mujeres en la India y en Occidente que son unas completas desconocidas en este campo de servicio. Pero Mirra Alfassa fue sin duda un fenómeno extraordinario.

                                                                                                                                                                      Continuará…

LA MUJER QUE ESCUPÍA DIAMANTES – V

Prosigue la velada de nuestros amigos hasta el amanecer / Mujeres occidentales extraordinarias y poco conocidas

LA MUJER QUE ESCUPÍA DIAMANTES – III (Género fantástico)

La estrella de cinco puntas / Guerra de símbolos: La Cruz de Lorraine (Lorena)

Por RAI

LA ESTRELLA DE CINCO PUNTAS

      Pasó mucho tiempo después. Nuestros amigos se movieron por toda Francia. Las obras nuevas ya se habían realizado en el interior del pequeño hotel París, cuyo cartel se había quitado de la pared. También se habían reforzado los muros externos y hermosos rosales florecían aquí y allí.

En España la Legión Cóndor alemana experimentaba dejando caer cientos y cientos de bombas sobre pueblos y ciudades simplemente para medir sus efectos, ya que sus municipios carecían de importancia estratégica. Algo espeluznante.

Como se sabe, los alemanes buscaban por todo el mundo objetos de poder oculto, para aumentar con ellos la fuerza de su bestia, y extender el genocidio bajo la falsa idea de crear una raza nueva y un orden mundial único. España tampoco se libraba de ésta búsqueda. Su fijación consistía en la posibilidad de descubrir el lugar donde se ocultaba la reliquia del Santo GRIAL.

El 22 de junio de 1940 los alemanes llegaron a París.

Para que la ciudad no fuera castigada por la maquinaria de la guerra, el Gobierno francés decretó a París ciudad abierta, tan solo ocho días antes. El gobierno francés pensaba que la mejor táctica contra el enemigo es que éste no te perciba como tal. No había otro camino. Pero los alemanes no son tontos. Ahora la venganza tomaría alas poco a poco. Para empezar se mandó buscar el mismo vagón de ferrocarril en donde 22 años antes los alemanes firmaron su rendición, y ahora es en éste donde se firmaba la capitulación francesa.

Los invasores desfilarían por los Campos Elíseos hasta el Arco de Triunfo orgullosos de su poderío, marcando el paso con firmeza pero de forma lenta, saboreando el momento o quizás para no parecer un tanto abrumadores.

¿Destruir la torre Eiffel o no destruirla? Se preguntaban. Por fortuna se limitaron a colocar una gran pancarta en la que se podía leer “Alemania es victoriosa en todos los frentes”, y una gigantesca bandera con la esvástica.

Con el ruido del paso de las botas aún sonando en el aire, el grupo de amigos en torno a Juliette, se reunía ahora en forma clandestina en su cenáculo particular, como cuando Jesucristo y sus apóstoles celebraron la última cena.

Tras los saludos y comentarios propios del momento, la médium Juliette volvió a provocarse un trance, y permaneció en silencio 15 minutos. Esta vez no habló. Volvió en sí tras unas respiraciones profundas, y con ademanes suaves rechazó la copa de anís que le acercó la señora Colette.

–Traigo buenas noticias… entre las muy malas.

Todos se miraron y sonrieron con una forzada mueca.

–Sí, no sé si es un destino forzado, pero como ya sabéis el ejército Alemán ya está en París tras ocupar Polonia, los Países Bajos y Bélgica, ahora se extiende como la niebla por una gran parte del suelo francés. Las campiñas se llenan de monstruosas maquinarias de guerra y de miles de soldados entrenados para matar, y esto es algo que va más allá de la pestilencia de las ratas, los piojos y la viruela.

    [Más de 30.000 civiles perderían sus vidas tan solo en el suelo francés al finalizar el año 1940]
     [80 millones de personas morirían en lo que se llamó la Segunda Guerra Mundial]

 

–¡Por Dios! –exclamó Colette levantándose. Y rauda se dirigió a un cajón de la estantería de libros y sacó un botellín de agua bendita. Mojándose los dedos índice y corazón de su mano derecha trazó una estrella de cinco puntas en el aire y en dirección de la puerta, a la vez que pedía protección–: Esto lo hago para que ningún oído o criatura astral entre en este lugar. ¡Oh Dios, Padre Creador y Señor de todo lo bueno, protege este hogar y a todos nosotros!

Todos pronunciaron “Amén”. Excepto Armand que dijo: –¡Amenti!

Los allí presentes se le quedaron mirando.

–Sí, sí –añadió él–. Que obtengamos la bendición de la sabiduría de los Salones de Amen-ti oculta bajo la arena de Egipto. Es un decir –concluyó sonriendo.

–Amén, Amen-ti, ¡curioso! –dijo Henri.

La médium prosiguió:

–Dentro de cuatro otoños Francia volverá a ser libre.

–Dios mío ¡Cuatro años! –Dijo Colette.

–Si se hace bien, y con la ayuda de tres naciones más (Reino Unido, Rusia y EE.UU.) la ocupación durará 1520 días, añadió Juliette, con gran serenidad. Luego Colette afirmó:

–Tenemos que estar firmes. Dios nos concederá todo lo necesario. Aguantaremos esta atmósfera oscura de los enemigos contra la luz y la verdad.

Hablaron durante dos horas de los contactos establecidos con hermandades espirituales, grupos de intelectuales, e individuos con facultades psíquicas de París y otras ciudades y regiones de Francia.

 

GUERRA DE SÍMBOLOS LA CRUZ DE LORRAINE (LORENA)

      En un momento dado Didier, dijo:

Cerillero de la Segunda Guerra Mundial

–Hay que tener cuidado, ahora más que nunca, las personas pueden ser muy engañosas. Quien menos te esperas es un espía alemán camuflado o un colaborador chivato. El otro día estuve en una fiesta y un caballero del Departamento de la ciudad francesa de Nancy encendió su cigarrillo y dejó olvidado sobre la mesa su cerillero de plata. Cuando lo cogí y le di la vuelta apareció en relieve la cruz esvástica cubierta de cristales brillantes. Como sabéis es el símbolo que aparece en sus ejércitos y en todas sus arengas políticas para motivar a sus soldados.

Y ahora, la gente de gran conocimiento con la que he tratado, piensa que Francia debiera de adoptar otro símbolo de poder para proteger a nuestros soldados, y también a la tímida e incipiente resistencia que ya está surgiendo.

[Charles de Gaulle había dado un breve pero muy patriótico
discurso desde los micrófonos prestados de la BBC;
así se lo permitió Churchill que amaba París como nadie,
 palabras que incendiaron el corazón de los franceses]

Será un escudo protector tanto físico como psíquico, pero tenemos que estudiar cómo hacer llegar esta idea a los mariscales y generales del gobierno de Francia.

–¡Bravo! –dijo Armand, librero y radiestesista–. Con esto lograremos focalizar todo nuestro poder para sustentar el ánimo de nuestras gentes y oponernos como escudo psíquico a las fuerzas del mal. Lo conseguiremos con el trabajo de colaboración de los rezos de abadías y monasterios cristianos, órdenes ocultas, y de aquéllos que trabajan desde el silencio y la invisibilidad. Haremos, todos juntos, una fuerza de choque y de resistencia que permita que Francia no sea devorada por el fuego de esa estirpe negra que ha surgido como una grave enfermedad.

Exaltado René, que era el mayor del grupo dijo:

–Malditos alemanes. Otra vez han entrado en nuestros hogares ¡pero no nos doblegarán!

A todo esto, Henri comentó:

–Aún no se ha dicho con qué símbolo esotérico vamos a enfrentarnos a la Alemania nazi.

Juliette tomó la palabra de nuevo:

–Os veía tan entusiasmados que prefería escucharos, mientras os dibujaba en este papel el símbolo. Se trata de algo bien sencillo y poderoso:

¡La Cruz de Lorraine! (Lorena), conocida como la Cruz de Anjou, de origen bizantino.

NOTA: Curiosamente esta cruz también es el símbolo de la Asociación Internacional de la Lucha de la Tuberculosis, creada en 1902. En España cada 12 de octubre, desde 1960, se usa la Cruz de Lorena en la ofrenda floral a la Virgen del Pilar, en Zaragoza. Y de idéntica forma se venera esta cruz como La Cruz de Caravaca, en Murcia. El palo o barra de la cruz primera es la de Cristo, y la segunda barra horizontal, un poco más larga, representa la muerte y el sacrificio de sus discípulos y de todos sus seguidores. Para otros el primer travesaño representa el Titulus Crucis (Jesús de Nazareth, Rey de los judíos).

–Su radiación protectora es muy grande, –manifestó Armand, para luego sentenciar–: El péndulo así lo expresa (acababa de testar el dibujo).

Didier comentó entonces:

–Viajaré a Inglaterra, ya que allí se reunirán los militares de Francia e invitados de otros países que quieren unirse a la causa, y les hablaré de La Cruz de Lorena. Presente como está en muchos lugares históricos de Lorena, particularmente en la ciudad de Nancy en el noreste de Francia. Ahora que caigo en ello… me resulta curioso que el cerillero de plata perteneciera a alguien que venía de esa ciudad… ¿Estaría investigando por allí alguien con intereses alemanes?

Colette intervino afirmando:

–Conozco bien esa ciudad. La puerta Craffe en Nancy, es parte de lo que queda de una importante fortificación medieval del siglo XIV. Sobre la misma se puede ver la Cruz de Lorena horadada en la piedra, bajo un arco ojival y rodeada por cuatro ventanas con gruesas verjas de hierro, debajo de ésta hay una virgen de piedra. Es probable que un espía ojeador tomara nota de la fortificación de la ciudad.

La Cruz de Lorraine

Un tiempo después…

 

La Cruz de Lorena fue adoptada oficialmente en 1941 como símbolo de Francia Libre, en oposición a la cruz gamada de la Alemania nazi. Este hecho ocurrió casi de carambola –al menos aparentemente– ya que el líder de la marina de Francia Libre, el vicealmirante Émile Muselier se la propuso a De Gaulle. Al parecer conocía su uso en Francia por parte de una División de Infantería estadounidense en la Primera Guerra Mundial. El caso es que todo fue aconteciendo de manera ideal y con muy buena fortuna. Se engalanó en vehículos y uniformes hasta dos años después de la desocupación. Más tarde, se estableció como Medalla Conmemorativa de los servicios de voluntarios por una Francia Libre. Según decía Churchill, la Cruz de Lorena… ¡la cruz más pesada que tengo que soportar es la del propio De Gaulle por su mal carácter!

Mientras Francia sufría lo indecible y el más terrible drama, en India entraba en juego la fuerza psíquica de una mujer francesa: Mirra Alfassa, conocida como La Madre, compañera espiritual de Sri Aurobindo en Pondicherry, que por aquel entonces era territorio del Imperio Colonial Francés…

Continuará…

LA MUJER QUE ESCUPÍA DIAMANTES – IV

Desaparecen genios de la moda, la literatura y el arte.

El espíritu revolucionario de un yogui, y el poder Supramental de La Madre, Mirra Alfassa.

LA MUJER QUE ESCUPÍA DIAMANTES – II (Género fantástico)

Ayuda del otro lado / Los tentáculos de la Bestia

Por RAI

AYUDA DEL OTRO LADO

  En la reunión siguiente, una vez juntos y tras degustar un té y café con dulces, el abogado extrajo de su maletín una gran cantidad de dinero con su correspondiente recibo. Se trataba de la venta de dos de los tres diamantes materializados por Juliette, y dijo:

–Con esto podréis afrontar todas las deudas del banco y a la vez podréis hacer alguna reforma en el hotel.

Colette y René se miraron agradecidos:

–Además, podremos agrandar la cocina y arreglar algunas de las habitaciones. Hemos pensado quitar el cartel del hotel, para no llamar la atención, y usar varias de las habitaciones para niños sin hogar, y habilitar otras para que las usen tres matrimonios con sus familias. A una de ellas la conocemos, a otras no, pero todas colaborarán con la casa. Haremos todo lo que podamos por darles de comer, y repartir alimentos entre los más necesitados, –dijo entusiasmada Colette.

René añadió: –Prepararemos un almacén adecuado para guardar harina de trigo y centeno, arroz, sal, azúcar, tocino, leche, galletas y otros víveres, y así ayudar al máximo número de personas.

–Eso está bien –dijeron todos. El abogado Didier comentó:

–Antes de que me preguntéis por el tercer diamante os diré que tal y como me dijo Juliette, lo he guardado en la caja fuerte de mi despacho. Más adelante lo cambiaremos por dinero en el lugar que lo he hecho ahora, un conocido barrio de judíos de París (tan solo unos pocos años después el barrio quedó totalmente dañado por el régimen nazi en lo que se llamó Viento Primaveral. Una persecución en la que colaborarían altos funcionarios franceses).

Entró en conversación Juliette, que lucía un collar de piedras negras. Una de ellas tenía unas suaves y finas inscripciones doradas, casi imperceptibles, dedicadas al planeta Júpiter.

–No os preocupéis por la procedencia de la materialización de los diamantes, ya que nada viene de la nada. He obtenido el permiso de los espíritus para extraerlos de la caja fuerte de un banco en el que hay cientos de pequeñas cajas en su Cámara de custodia. Cajas en una zona acorazada que contienen los tesoros de las fortunas de este país. Una de éstas, contiene 15 diamantes en una bolsita de terciopelo negro. Pertenecieron a un judío que falleció en la Primera Guerra Mundial, y que no tiene descendientes. Nadie sabe de la existencia de esa bolsa, ni siquiera el propio banco. Su custodia fue abonada por 50 años. Muchas de estas cajas quedan huérfanas, sobre todo con los conflictos armados, para mayor riqueza de… –Juliette, tosió suavemente sobre su pañuelo y añadió:

–Insisto, nadie sabe la cantidad de diamantes que hay. Y nadie los va a echar en falta. Hay muchos y distintos tesoros repartidos por el mundo a disposición de los espíritus guardianes, para momentos puntuales.

Armand, el librero, ya había leído en sus libros de ocultismo acerca de la materialización, –dijo:

–De vez en cuando se dan estos hechos, en particular en la India y en el Tíbet.

Henri, Didier y el matrimonio mayor Colette y René, miraban y escuchaban en silencio, pues ya habían visto otros fenómenos muy interesantes por parte de su amiga la médium. En cierta ocasión ella trajo un espejo de cobre perteneciente al Antiguo Egipto, propiedad de una amiga suya. Tras la sesión de concentración surgió del espejo una leve niebla azul, y acto seguido todos los allí presentes oyeron los sonidos de unos platillos metálicos y de un arpa o lira. Sonidos que parecía venir de muy lejos y por todos los lados de la habitación, para acto seguido desaparecer como vino.

Luego Juliette dijo:

–Dicen que hay que tener amigos hasta en el infierno, yo los tengo en el Cielo-Astral. Ahora debemos de meditar ¿estáis listos? Tratemos de descubrir soluciones ante lo que se avecina. Dejadme que haga una nueva exploración psíquica en este sentido.

Y entraron en silencio.

Cuando uno se sumerge en la calma de la meditación y actúa como observador expectante, se abre o se crea un espacio de felicidad.

Ahora eran las velas las que alumbraban mortecinamente el recinto, ya que se procedió a apagar las pequeñas bombillas de 125 voltios. A veces su tintineo del ir y venir la luz, molestaba. Mientras que la llamita de las velas creaba el ambiente adecuado para la conexión con los espíritus que ayudan desde el otro lado.

 

LOS TENTÁCULOS DE LA BESTIA

  De pronto, la médium comenzó a hablar y dijo: –Hay unas fuerzas oscuras que buscan la dominación mundial. Más allá de nuestro espacio y tiempo, está viniendo un horrible espectáculo. Algo está naciendo que va a devorar el mundo que conocemos. Se trata de… –titubeó un poco– de algo ponzoñoso, que quiere anular la vida. Veo ejércitos negros, y lo que es peor, muchos franceses colaborando con ellos… ¡con la oscuridad!

Luego hizo una respiración profunda y volvió en sí, aunque tampoco estaba totalmente sumida en el trance. Muchas veces no necesitaba cerrar los ojos para ver lo que luego pronunciaba por su boca. Sólo tenía que concentrarse en una joya brillante depositada sobre la mesa, para desencadenar con ella un torrente de imágenes en su mente. Tal era su poder de concentración.

Esta vez, una copita de anís le aguardaba preparada por René.

Tras recuperarse plenamente, dijo:

–En los próximos años, Francia será ocupada por un ejército negro y diabólico. Portan símbolos extraños –(Luego se supo que algunos de éstos fueron arrebatados del Tíbet, como es la esvástica convertida en un icono de la propaganda nazi).

Después añadió:

–He apartado mi visión de la escena, ya no podía seguir viendo tal locura, muerte y más muerte –balbuceó–, y de pronto su rostro se volvió a mostrar pálido. Entonces Colette preguntó:

–¿Acaso lo divino no nos protege?

Y Juliette contestó:

–Es una lucha que viene de los planos inferiores del astral. El olor a azufre y a un gas pestilente lo impregna todo… y se extiende como corrientes de aire infectando por el norte de Europa, Italia y España.

Armand el librero dijo:

–Para vencerlos, nuestra voluntad debe ser soberana para ellos. No hay que tenerlos miedo, si no ¡nos dominarán!

Y luego añadió:

–Todo cuanto existe en la Tierra tiene su contraparte astral. Esto es un hecho, enseñado por las escuelas ocultas. Lo que ocurre en un plano afecta al otro, y viceversa.

–¿Qué quieres decir? –preguntó Henri (que solía acompañar a su amigo a las conferencias de radiestesia parisinas).

–Pensad y reflexionad acerca de las falsas ideas que conducen al ser humano hacia su propia destrucción.

Tras un silencio, como para que los contertulios asimilen sus palabras, añadió: –Tenemos que desechar los viejos hábitos de pensar. Hay que descubrir la manera de vencer este mal, y sobre todo, descubrir aquellas personas, hombres y mujeres que sean puros. Que trabajen con la luz de nuevas ideas y descubrimientos. Solo así podremos vencer a lo que se avecina.

–Pronto imperará solo una ley… ¡la del miedo! –comentó Juliette.

El abogado Didier dijo: –¿Cómo es posible que muchos individuos se desvíen del amor y se conviertan en amos dominadores? –Y luego con cierta firmeza dijo:

–Quien busca dominar, no son humanos. Ni en lo político, ni en lo social, ni en lo sexual –(Didier, era un gran admirador del modisto Paul Poiret, quien libró a la mujer de los corsés y de toda ropa incómoda llevándola a seguir su propio estilo y a descubrir su propia individualidad. Fue precursor del estilo oriental y el primer modisto en crear un perfume. Organizaba grandes fiestas, así le conoció Didier, hasta que se arruinó. Ahora vivía retirado en la campiña francesa dedicado tan solo a pintar, tras escribir sus memorias unos años antes).

Se produjo un nuevo silencio. Los ojos de Juliette estaban fijos en el tapete de color magenta, y seguido pronunció con voz firme:

–¡Debemos colaborar todos juntos!

–Y por supuesto ¡en secreto! –añadió alguien.

Acto seguido se levantó Colette y encendió la luz eléctrica, de las pocas bombillas que alumbraban aquel cenáculo tan especial. Didier volvió a tomar la palabra: –Mientras Collette y René hacen obras y los cambios pertinentes en su casita-hotel, nosotros viajaremos para buscar esas personas especiales, y nos mantendremos en contacto por teléfono. Quizá sea interesante que hagamos una lista de hermandades, logias y escuelas ocultas, para hablar con ellas y así hacer un frente común. Yo conozco a muchos de sus dirigentes. Buscaremos a gente de buena voluntad que esté en nuestra línea, y todos juntos influir en hacer un frente común, contra esta fuerza que parece crecer cada vez más y que ahora amenaza a nuestro País.

Armand añadió con gran entusiasmo:

–¡Pardiez! Hay que defenderse del mal a través de la Ley de la Verdad Absoluta, que es justa.

–Creo que esas leyes espirituales solo intervienen cuando la llamada invocativa es fuerte y poderosa –Interrumpió Didier.

–Amigo Didier, aunque sólo fuéramos una veintena en toda Francia, la fuente universal invisible y poderosa, nos ayudará. –Luego sentenció–: ¡El centro de la vida es el corazón y no podemos permitir que este corazón sea destruido por una fuerza oscura!

Didier añadió:

–Nos enfrentamos de nuevo a la destrucción social y al genocidio como personas, no cabe duda. Dañan la economía de los países y luego restringen sus libertades. Se trata de algo más que geopolítica. Esto es una megalomanía y un poder social que quieren implantar.

–Bien –dijo alguien– busquemos a esas personas y a las hermandades secretas, y utilicemos la Magia Blanca, la Magia de Dios, y de los secretos del Templo de Salomón y del Antiguo Egipto para vencerla.

A lo que René añadió:

–Napoleón, aun con sus errores, mostró siempre una fuerza vital extraordinaria. ¡Evoquemos esa fuerza Napoleónica y busquemos por toda Francia!

Después Colette vertió en las tazas que tenía ya preparadas un nuevo té y café, que degustaron hasta levantarse la sesión.

Continuará…

LA MUJER QUE ESCUPÍA DIAMANTES – III

La estrella de cinco puntas / Guerra de símbolos: La Cruz de Lorraine (Lorena).

La 2ª Guerra Mundial y París